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Foto tomada de El País

Frankenstein

Por: Abraham Chams Anturi, Director Unidad Funcional Materno Infantil de San Vicente Fundación. Profesor Asociado de la Sección de Cirugía y Urología Pediátrica, Universidad de Antioquia.
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El moderno Prometeo fue publicado por Mary Shelley en 1818, y es considerada la primera obra literaria de ciencia ficción. Todo comenzó en Ginebra durante el verano de 1816 cuando un grupo de novelistas decidieron hacer una apuesta, cada uno debía escribir un relato de terror relacionado con la perfectibilidad del hombre. Una de las inspiraciones eran los trabajos de Erasmus Darwin (abuelo de Charles Darwin) del que se decía que había animado materia muerta, y que sostenía la posibilidad de devolverle la vida a un cadáver o a distintas partes del cuerpo. Al mismo tiempo se relaciona con leyendas medievales sobre la creación de vida artificial, tales como Fausto o el Golem, en las que el componente mágico o sobrenatural habría sido sustituido por la ciencia.

Mucho antes del modernismo y de la edad media, los griegos intentaron explicar desde el mito la perfectibilidad humana. Prometeo era un titán al que se le atribuía la creación del hombre a partir del barro, los amaba profundamente y se lamentaba porque vivían miserablemente. El titán sabía que el fuego les permitiría obtener luz y calor en las noches, defenderse de fieras, trabajar metales, forjar armas, cocinar alimentos. Dicho de otra forma, el fuego les permitiría la inteligencia y transformar el mundo, por eso Prometeo corrió el riesgo de desafiar a Zeus (padre de los dioses) y robar este elemento (fuego) para el hombre la causa de su perfección, eso le costó ser encadenado al Cáucaso y ser devorado su hígado (regenerado) diariamente por un águila.

Lo interesante de esta novela, como su misma autora lo narra, comenzó como un cuento corto, pero al escribir fue cobrando vida propia, planteando preguntas sobre la ciencia, la perfección y la dignidad del hombre, la felicidad, la soledad, la vida plena, etc.; dilemas bioéticos desde antes de nacer la bioética. La obra de Mary Shelley fue llevada por primera vez al teatro en 1823 por Richard Brinsley Peake, el personaje ha llegado a formar parte de la cultura popular y ha sido fuente para la creación de otros personajes de novelas, cómics, series televisivas y películas. La imagen más conocida del Monstruo es la de Boris Karloff en la película de 1931: “El doctor Frankenstein”, dirigida por James Whale y producida por los estudios Universal. Según la crítica la adaptación más fiel del libro se consiguió en la miniserie de 2004: “Frankenstein”, dirigida por Kevin Connor y producida por Hallmark.

Se trata de un experimento a partir de partes de diferentes cadáveres, su inventor Víctor Frankenstein tiene conocimientos en diferentes áreas de las ciencias: física, química, biología, etc. La intención de nuestro Prometeo moderno es crear un nuevo hombre, una raza superior valiéndose de la ciencia, sin enfermedades, sin sufrimiento, sin muerte, lo anterior en relación a la fecha en que se escribe, en los albores de la revolución industrial.

Esta creación a pesar de ser construida con partes perfectas de diferentes personas termina siendo deforme, a pesar de estar vivo no es reconocido por sus semejantes, lo curioso de este nuevo ser es que al ser perfecto casusa horror y rechazo. En la novela, originalmente la criatura no tiene nombre, un símbolo de su orfandad, alienación y su carencia de sentido e identidad humana; los diferentes personajes de la historia se refieren a él usando diversos apelativos: demonio, miserable, desgraciado.

Contrario a lo que muestra el cine, la creatura es un ser bastante inteligente, sensible y emocional, anhela la compañía y el afecto, y su único objetivo es compartir su existencia con otro ser dotado de sentimientos, semejante a él. Habla, lee y escribe con gran fluidez, admira la belleza, tiene inclinaciones pacíficas y es vegetariano. Sufre al descubrir que los seres humanos son violentos, ambiciosos, envidiosos y dañan la belleza, sufre al sentirse solo e incomprendido, sufre por el rechazo. Desea una compañera, una igual, alguien con quien compartir la eternidad, de lo contrario es mejor morir, es más clemente la muerte.

El objetivo inicial de crear un hombre perfecto termina en una tragedia, donde debería residir el secreto del triunfo radica el rotundo fracaso. En palabras de Adela Cortina (La ética: ¿para qué sirve realmente?): “el monstruo no encuentra a nadie semejante a él, a nadie que pueda reconocerle como igual en humanidad, ni siquiera tiene un nombre con el que alguien pueda nombrarle como miembro de la familia humana.”, “el monstruo maldice a Frankenstein por haberle creado con gran anhelo de felicidad y sin los medios para saciarlo, porque no le ha dado a ningún igual con el cual compartir la vida y el destino.”, “el mayor sufrimiento de un ser humano es la soledad radical, la condena a la invisibilidad, a la exclusión”.

Gracias a los avances bio-tecnológicos el ser humano ha logrado mejorar su expectativa y calidad de vida, en menos de cien años hemos logrado triplicar la longevidad. El descubrimiento del genoma humano, la ingeniería genética y de tejidos, la medicina regenerativa, los ciborgs y la nanotecnología, nos han colocado a las puertas de la inmortalidad. Hoy más que nunca surgen nuevos dilemas: ¿Monstruos o humanos?, ¿Qué nombre llevamos?, ¿Quiénes son nuestros semejantes?, ¿Qué nos hace y mantiene humanos?, ¿Dónde radica la dignidad?, ¿Soledad Vs Felicidad?


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