MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 249 JUNIO DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

El alto precio de los medicamentos comienza a golpear a las grandes economías

Por: Redacción EL PULSO
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Es innegable que Suiza pertenece al selecto grupo de países considerados como los más ricos del planeta, pero además, el nivel de vida de quienes allí residen se ubica también como uno de los más elevados. La tierra del chocolate y los paisajes idílicos ha vivido en medio del bienestar desde hace muchas décadas, y las cifras de la OCDE lo confirman.

En Suiza, el ingreso familiar neto ajustado promedio per cápita es de 37.466 USD al año, cifra mayor que el promedio de la OCDE; el 80% de las personas entre 15 a 64 años tienen un empleo remunerado; solo el 0.4% de los empleados tienen un horario de trabajo muy largo; el 88% de los adultos entre 25 a 64 años han terminado la educación media superior. En el campo de la salud, en Suiza la esperanza de vida al nacer es de 84 años, cuatro años más que el promedio de la OCDE, siendo en las mujeres de 86 años, y 82 años para los hombres.

Sin embargo en los últimos meses algo ha cambiado en la tranquilidad de los suizos, han descubierto que uno de esos problemas tercermundistas a los cuales están acostumbrados a mirar desde la periferia los venía tocando a sus espaldas, o mejor, desde adentro, sin que se dieran cuenta, y podría acabar con uno de sus baluartes de bienestar. El sistema de salud.

Este año contra cualquier predicción, funcionarios del gobierno suizo, parlamentarios, y los ciudadanos de a pie, han comenzado a protestar frente a los altos costos de los medicamentos, situación hasta ahora impensable en la meca de la industria farmacéutica, o Farmaland, como en forma cariñosa llaman a Suiza. El Pulso conversó de manera exclusiva con Patrick Durisch, director de la ONG Eye Public, sobre lo que está sucediendo en centro mundial de la farmacéutica.

El mercado farmacéutico hacia el público en suiza funciona con precios regulados. El sistema de salud se basa en un aseguramiento obligatorio para todos los residentes en el país, donde el seguro cumple con un paquete básico de servicios, y todos los aseguradores, que son privados, aceptan a todas las personas sin importar el estado de salud. Existe también un seguro complementario para acceder a una lista adicional de medicamentos y de servicios. El seguro básico incluye medicamentos esenciales a los que se tiene acceso, y existen subsidios para quienes no pueden pagar las primas de los seguros, que, como todo en suiza, son bastante altas.

En el caso de los medicamentos hay una lista llamada de especialidades y cuando un medicamento es incluido en ella significa que sus precios han sido negociados con el gobierno, y que los aseguradores tienen que entregar a quienes los necesitan. Hasta acá la teoría de cómo ha funcionado el sistema en los últimos 25 años, pero este ha cambiado de manera reciente.

Hasta 2010 aunque un medicamento fuera muy caro el gobierno suizo lo cubría con relativa comodidad, y si el precio era excesivo, simplemente no se admitía en la lista de medicamentos, y esto sucedía la mayoría de las veces para enfermedades raras, relata Patrick Durisch. Sin embargo la situación ha cambiado ante todo frente a medicamentos para cáncer, hepatitis C. “Lo que sucedió fue que para medicamentos para la hepatitis C el reembolso fue racionado y eso significó que algunos pacientes lo podían recibir y otros no, dependiendo del estadío de la enfermedad, lo que nunca había pasado en Suiza, y menos para enfermedades comunes como el cáncer que siempre había tenido los medicamentos necesarios en la lista del seguro”.

Lo que fue un precedente con un medicamento para hepatitis C, se convirtió pronto en el primer caso de un problema que ahora se extiende a medicamentos para cáncer, sobre todo con las combinaciones terapéuticas, lo que para Durisch está mostrando que los mecanismos de control de precios no están funcionando “cada vez hay más voces que señalan que si continuamos en esta vía puede ser el final del aseguramiento público obligatorio en Suiza, ya que el costo actual de los medicamentos está llegando a un cuarto del costo total de todo el paquete básico de salud, entonces estamos ante una alternativa grave: o colapsa el sistema público de aseguramiento, o las autoridades tendrán que racionalizar el gasto”.

El tema es universal, Patrick Durisch plantea una disyuntiva que se vive tanto en Suiza, como en Colombia, el África o cualquier lugar donde exista un paciente que requiere un fármaco para recuperar su salud: “En el caso del cáncer, cuando se habla de racionalizar su tratamiento nos enfrentamos ante la decisión de cuál paciente puede tener acceso, y considerando el nivel de gravedad ¿cómo escoger a quien dar el tratamiento y a quién no? Y esa es la situación en la que Suiza está actualmente. El panorama es que las autoridades no pueden controlar los precios, al menos con las medicinas para el cáncer, pero al mismo tiempo, las autoridades protegen a la industria farmacéutica generando una situación esquizofrénica, de ahí que sugerimos de manera un poco provocadora, la expedición de licencias obligatorias en Suiza para estos medicamentos, para mostrar que se puede luchar contra su alto precio se tiene la voluntad política y valentía política”.

Y es que la propuesta que viene escuchándose, es que Suiza, la todopoderosa, haga uso de las posibilidades que dan los tratados internacionales y expida licencias obligatorias para los medicamentos que desbordan cualquier lógica comercial. Obviamente el gobierno suizo no lo tiene claro todavía, pero para Durisch es posible que con el tiempo, cuando las autoridades constaten que el seguro público está colapsando, replanteen su posición y al menos acepten que las licencias obligatorias son una vía potencial para solucionar el problema.

Aunque la propuesta es reciente, algunos parlamentarios incluyendo de la derecha han planteado apoyar esta posición de cuestionar a la industria, lo que ya es un cambio que evidencia la gravedad del problema, y lo impensable sucedió, un funcionario del gobierno suizo ante la asamblea de la OMS pidió explicaciones sobre los altos costos de los medicamentos, lo que resulta bastante particular al ser Suiza sede de varias de las casas farmacéuticas más grandes del mundo. La posición de los suizos definitivamente es nueva, y así se refleja en las redes sociales donde según cuenta Patrick se ha comenzado a notar la sensación de la gente de estar frente a un abuso de la industria.

La postura Suiza

La ambivalencia podría ser el término que define lo que ha sido la postura de Suiza frente al tema farmacéutico. Patrick Durisch, la califica de “esquizofrénica”, y al escucharlo podría tener la razón: “El problema son las posturas ante diferentes organizaciones, en la Agencia de Apoyo para el Desarrollo se podrían apoyar medidas para el control de precios de los medicamentos, pero el ministerio de economía se opone con un argumento: lo más importante es que la industria esté bien. Entonces en una misma frase se reconoce que hay problemas de acceso, pero que las patentes son importantes para la innovación”.

Y la confrontación entre dos realidades tan dispares se explica según Patrick en que la industria farmacéutica tiene un gran poder de lobby en Suiza, y su poder abarca el parlamento y cuando se sospecha la posibilidad de tomar medidas, la industria reacciona, “hay temor de confrontar la industria y esta es una situación muy complicada, el gobierno trata de mover los límites pero es muy difícil”.

Y para demostrarlo relata la siguiente anécdota: “por ejemplo el director de la oficina de salud pública, encargada del control de los precios medicamentos en Suiza, dijo en público - sabemos que los precios son abusivos, pero esto es legal-, esto evidencia la esquizofrenia de la posición porque el margen de maniobra del gobierno es limitado, saben que los precios están inflados, pero deben aceptarlos. Si hubiera una oportunidad de acción como las licencias obligatorias, opción lejana pero posible, se podrían contener los abusos y mantener la cobertura del paquete de salud. Este es un tema solo de voluntad política”.

Lo más curioso de la propuesta que impulsa Eye Public, es que hasta ahora la aplicación de las excepciones del ADPIC en propiedad intelectual se han visto en los países menos desarrollados, principalmente del áfrica, como si ningún gobierno entendiera que las licencias obligatorias son un componente integral del sistema de patentes, sin que adoptarlas signifique estar violando el sistema de patentes. “Su uso está dentro de los alcances del tratado e incluso dentro de la OMS y el ADPIC tiene un margen de maniobra muy amplio, incluso Francia y Alemania lo han hecho recientemente y si Suiza toma esta decisión puede ser un ejemplo para otros países y generar una reacción en cadena interesante para enfrentar los problemas de sostenibilidad de los sistemas de salud. Hoy en la UE todos están enfrentando el mismo problema” explica Durisch .

La gota que rebosó el vaso

Los ciudadanos suizos no se caracterizan por su beligerancia al momento de exigir derechos o protestar ante su gobierno, casi siempre trasladan sus inquietudes de manera directa a su representante o diputado local; tal vez por eso su enojo por el alto precio de los medicamentos no ha llegado a los titulares de prensa, aunque si sea una tendencia que toma fuerza en las redes sociales informáticas. El caso puntual que rompió el silencio suizo se dio con un medicamento contra el cáncer, Perjeta (principio activo Pertuzumab) para el tratamiento de cáncer de mama metastásico positivo al HER-2.

La situación descrita por Patrick fue así: el laboratorio propietario de la patente tiene una posición dominante en el mercado con un 95% lo que le da el poder de colocar los precios mucho más allá de la imaginación, y presionar a las autoridades con la solicitud para que su medicamento se incluya en el paquete básico de medicamentos. Frente a esta realidad si el gobierno se opone, ellos asumen la posición, al ser los únicos en el mercado con este tipo de medicina y para este tipo de pacientes, de excluir al mercado suizo de su distribución. En una negociación realizada en 2013 para incluir Perjecta en el listado de la seguridad social, se introdujo un mecanismo muy controversial que permitía mantener el precio muy alto, con un doble interés, buenas ventas, y además, debido a que los precios en Suiza son utilizados como referencia en otros países europeos, impulsaba al alza el precio para el resto de Europa, a cambio entregaron unos descuentos especiales solo para Suiza.

Cuando las autoridades sanitarias solicitaron bajar el precio sucedió algo muy inusual y fue que el laboratorio decidió retirar voluntariamente el producto de la lista de medicamentos básicos: La consecuencia fue que los pacientes que estaban cubiertos por el seguro básico tuvieron que negociar individualmente caso por caso el precio del medicamento con sus respectivas aseguradoras, lo que implica una carga muy grande para el gasto de bolsillo, además de que no todos los pacientes tuvieron acceso. Ante la situación el gobierno suizo renegoció un año después para incluir el medicamento a la lista, pero con un precio aún más alto. La estrategia de retirarlo del listado básico de medicamentos, rindió dos frutos: primero se regresó a un mayor valor, y segundo la táctica de presión permitió ganar más poder para determinar los precios.

“Esta situación es muy problemática, entre otras razones porque este medicamento es subsiguiente al Herceptin, por lo tato su precio es demasiado alto para ser un medicamento me too que ya ha generado mucho lucro, pero por otro lado, y que agrava la situación, es que las investigaciones para obtener estas tecnologías de anticuerpos monoclonales ha sido financiada con recursos públicos, es decir que fueron descubiertos por el sector público y este esfuerzo detrás del producto nunca ha sido tomado dentro de la ecuación para definir el precio final cuestiona Patrick, quien agrega: “Si se toman todos estos puntos y se mira que este no es el medicamento más costoso, sí es un caso simbólico del abuso de los mecanismos regulatorios para utilizar una posición dominante y colocar el precio que los laboratorios quieren, y dada la cantidad de pacientes con cáncer, estamos ante el compromiso de la continuidad del seguro básico de salud en Suiza”.

Investigaciones muestran que para medicamentos blackbuster el margen de ganancia es de alrededor del 85% lo que significa que solo el 15% del valor equivale a los costos de innovación, desarrollo y de producción. “Esto ha hecho cambiar a la gente de opinión, antes decían estar bien con una industria farmacéutica fuerte que contribuye a la prosperidad de Suiza, y justificaban los precios altos por los costos de la investigación, pero el discurso ha cambiado y las personas están cuestionando los márgenes de ganancia de las farmacéuticas, rechazan su comportamiento es abusivo y las personas han notado que es un fenómeno que viene desde hace años y que las personas obtenían el tratamiento a través del aseguramiento pero que este podía superar los 100 mil francos suizos al año, gasto que lleva a Suiza a tener problemas para entregar tratamientos a otras enfermedades no transmisibles”.

Para Patrick Durisch toda esta situación encierra varios dilemas, en gran medida éticos, el primero es crear la necesidad de “escoger” si atender o no, y a quien; pero además lleva a tomar decisiones por el precio. “EL gobierno está preocupado, cuando hacen encuestas públicas el acceso a los servicios de salud siempre es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos suizos, y con el debate de los precios de los medicamentos y los márgenes de utilidades de la industria, el gobierno ha comenzado a preocuparse por la sostenibilidad del sistema público de salud”.

La lucha de una ONG como Eye Pubklic, es colosal, y Durisch lo sabe, se enfrenta a uno de los sectores más poderosos de la economía global. “Las compañías tienen una estrategia, si a usted no le gusta el precio nosotros no comercializamos el producto en su país. Para ellos no es relevante siquiera el mercado suizo, otra estrategia cuando el estado plantea posibles es controles es amenazar con llevarse las plantas del país, con las implicaciones que eso tiene en el empleo”.


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