MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 252 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

Con el cannabis medicinal, Colombia da un paso adelante y otro atrás

Por: Redacción EL PULSO
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No puede negarse que la industria del cannabis ha tenido un lento despegue en el país, que no coincide con las expectativas de los empresarios del mundo que han visto en Colombia la oportunidad de oro para producir aceites, gotas y otro tipo de medicamentos con los agentes activos de la marihuana y participar de un negocio que, según la consultora Grand View Research, sería de 146.000 millones de dólares para el 2025.

En el último mes dos compañías lograron exportar derivados del cannabis no psicoactivos, se trata de Clever Leaves que envió el primer cargamento de Esenia, un spray sublingual con cannabidol recomendado como tranquilizante y desinflamatorio, al Reino Unido; y PharmaCielo, que despachó cannabidol a la casa matriz Suiza de Creso Pharma, una compañía farmacéutica dedicada a productos derivados de cannabis y cáñamo para el uso humano y veterinario.

El presidente de Clever Leaves, Andrés Fajardo, anunció que en pocos días iniciará la exportación hacia Canadá. Esa empresa tiene en producción 15 hectáreas de cultivo y una planta de extracción de cannabis, con capacidad de producir 30 millones de mililitros de aceite cannábico al año. Su meta en 2019 es llegar a 23 hectáreas y 100 hectáreas para 2023.

PharmaCielo, por su parte, amplió su capacidad de extracción a 265 toneladas de flores secas con el fin de satisfacer la anticipada demanda mundial de sus aceites de cannabis medicinal (no psicoactivos) de alta calidad, alimentando los canales de suministro internacionales y líneas de producción. Además, anunció que superó las 18 toneladas de flores secas en inventario y están listas para el procesamiento.

Sin embargo, hasta la fecha no se ha realizado ninguna exportación de derivado psicoactivo ni existen productos autorizados para el consumo interno del país.

Reducción del cupo

Este mismo mes llegó una mala noticia desde la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), una dependencia de las Naciones Unidas, que autorizó un cupo máximo para el consumo interno de cannabis con fines medicinales e investigación de 1,2 toneladas y los 750 kilos de resina en 2019.

La cantidad representa una drástica reducción si se tiene en cuenta que para Colombia en el periodo anterior la JIFE había determinado una provisión de 40 toneladas y la solicitud para este periodo era 47, en consecuencia con los cupos pedidos por las empresas dedicadas a la producción de cannabis medicinal asentadas en el territorio nacional.

En 2018, las estimaciones totales de producción de cannabis psicoactivo de la JIFE que era de 96,9 toneladas, la participación colombiana era de 46%. Para este año representa solo 4,7% con 1,95 toneladas de 41,7 en total. Para poner la cifra en contexto puede compararse con Reino Unido con un cupo de 6,7 toneladas de cannabis y a Estados Unidos 150 kilos.

Para Rodrigo Arcila, presidente de Asocolcanna, gremio que reúne a las principales industrias de cannabis medicinal en el país, la determinación de la JIFE no tiene por qué convertirse en una tragedia para la industria, pues este es un negocio que apenas se está desarrollando y falta legislación para que esté completamente reglamentado: “Es posible que para el 2020 Colombia pueda mostrar mayores avances y la JIFE aumente significativamente el cupo”, señaló.

Por ahora, según Arcila, la reducción no afecta los cupos de exportación, que los autoriza cada país, y únicamente lo hace con el consumo nacional que no ha despegado.

Así van las licencias y cupos

El Gobierno en los últimos tres años ha venido desarrollando una reglamentación muy robusta, que va en concordancia con las exigencias globales, ya de por sí exigentes por aquello de la lucha contra las drogas.

Andrés López, quien fue hasta mayo pasado Director del Fondo de Estupefacientes del Ministerio de Salud, explicó que la normativa promueve la industrialización, el desarrollo científico, la separación de mercados (medicinal vs ilegal) y previene el desvío al basarse en extractos estandarizados. Por ejemplo, las flores secas no podrán ser consumidas ni exportadas y tampoco habrá dispensarios. Contiene estrictas condiciones para la venta bajo prescripción médica, dependiendo del contenido de THC (el derivado psicoactivo); facilita acceso a semillas (fuente semillera) pero obliga a su registro ante el ICA y no hay restricciones en modalidades de cultivo (indoor, outdoor, grenhouse).

Así las cosas, en Colombia se han otorgado 91 licencias de fabricación de derivados, 35 de semillas para siembra, 83 de cultivo de plantas con cannabis psicoactivo y 129 de cultivos de plantas con cannabis no psicoactivo. También se han autorizado cupos para 138.776 plantas de cannabis y 4,5 toneladas de fabricación de sus derivados.

Pero “nadie en Colombia puede todavía vender o exportar derivados del cannabis psicoactivo, ya que todos los cupos asignados son únicamente para investigación, caracterización y registros ante el ICA y desarrollo de especificaciones técnicas de extractos”, señaló López.

Por lo que Arcila consideró que el Gobierno debe ser más activo a la hora de otorgar los cupos y licencias, teniendo en cuenta que hoy los empresarios han invertido muchos recursos que quieren ver retornados con celeridad, y que muchos países están abriendo sus puertas a estas industrias.

Y es que desde el 2012 en el mundo se viene dando el auge del cannabis medicinal y para el 2017 la producción superó las 400 toneladas. Para 2017 había 78,20 hectáreas cultivadas en el mundo, y se produjeron 406,1 toneladas de cannabis medicinal. Canadá produjo, por ejemplo, 131,3 toneladas, Chile 444 kilos, Austria 259 kilos, Australia 224 y en Colombia apenas se empezaba a reglamentar, lo que preocupa a algunos analistas con respecto a la posibilidad de que el país hubiera llegado tarde al negocio y la demora en los trámites administrativos aumenten las desventajas competitivas en comparación con otras naciones.

Las demoras pueden tener que ver con que con el cambio de gobierno los funcionarios de los dos ministerios implicados en las autorizaciones (Justicia y Salud) salieron de sus cargos y tardó mucho la contratación de sus reemplazos. EL PULSO consultó en el Secoop, que es la plataforma de contratación pública, y evidenció que en los últimos dos meses se han incorporado 19 personas para estas labores específicamente.

El viceministro de Salud, Iván González, advirtió que los retrasos en el otorgamiento de las licencias y los cupos de los que vienen alertando los empresarios se deben al aumento de las solicitudes, que en el último año se han triplicado, pasando de 10 a 30 cada mes, pero que en próximos días el equipo del ministerio contará con 10 profesionales más dedicados exclusivamente al cannabis medicinal, ahora son solo seis.

Más regulación en camino

El Ministerio de Salud viene cocinando un decreto que le ajustará algunas tuercas a la normativa. EL PULSO conoció que la entidad viene construyendo con los empresarios del sector un borrador con el que piensan reemplazar el Decreto 613 de 2017, que a su vez modificó el Decreto 780 de 2016.

Algunos ajustes que contemplaría la normativa tienen que ver con la regulación de los productos de cannabis no psicoactivos, que al tener un componente alucinógeno inferior al 1% (Tetrahidrocanabinoide o THC), tienen menos controles, y son precisamente los que se convirtieron en una alternativa más rápida de comercialización. La regulación podría poner las condiciones más difíciles, ya que seguramente aumentaría los costos de producción. Por otro lado, pretenden permitir la exportación desde zonas francas, lo que generaría mayores beneficios tributarios para las empresas y atraería nueva inversión extranjera.


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