MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 252 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

Minimalismo

“La vida es el paraíso, y todos estamos en el paraíso, pero nos negamos a verlo” (Fiodor Dostoyevsky)

Por: Julián H. Ramírez Urrea, MD, MSc; Médico internista, Hospital Universitario San Vicente Fundación. Jefe del Departamento de Medicina Interna, Universidad de Antioquia.
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"Uno se muere y nada se lleva”… frase muy reconocida con efectos lúgubres cada vez que la repetimos. Si nos ponemos a pensar en la cantidad de objetos, ropa, electrodomésticos y otros artículos que dejaremos al morir y que seguramente pasarán al dominio de otros (incluso seres desconocidos), reconoceremos lo absurdo que es vivir acumulando amenidades.

Otra realidad tiene que ver con lo laboral: nos desgastamos trabajando y vamos notando como nuestro salario va menguando año tras año, quizá por el efecto de leyes económicas que apenas sí comprendemos (la inflación y la ley de oferta-demanda: entre más personas sepan hacer lo que yo hago, menos pago habrá en promedio para mí y los demás). Por eso no sería sabio pensar en ganar cada vez más para gastar cada vez más, sino procurar vivir austeramente y sin una excesiva confianza en lo que tenemos y ganamos, de forma que el día de mañana nuestra situación financiera no se vea afectada por una crisis imprevista, buscando al mismo tiempo una mayor cualificación profesional y académica, entre otras innovaciones y emprendimientos personales.

Las reflexiones anteriores son reflejo de la invitación que les hago este mes: vivir de forma minimalista. Esto es, saber que menos es más. Menos palabras pueden significar mucho más que un montón de discursos. Pequeños actos de bondad pueden ser más impactantes que los sueños de grandes realizaciones. Pequeñas mejoras resultarán en mayores efectos que proyectos ambiciosos que nunca verán la luz. Los detalles cotidianos con nuestros seres queridos pueden importar más que grandes compras que desvíen la atención de lo realmente significativo.

El minimalismo también es la mejor forma de ayudar al planeta. No es cierto que necesitemos un automóvil o que incluso este deba ser último modelo. Tampoco necesitamos ampliar nuestro armario para guardar más vestuario: prendas que probablemente usemos ocasionalmente y que lleven un tiempo más o menos prolongado en nuestras pertenencias, deberían ser obsequiadas. Pensemos también en los accesorios tecnológicos: no necesitamos el último celular ni el último computador. Vivir con austeridad es minimalismo puro.

Y esta perspectiva mínima de la vida tiene relación también con asuntos de orden práctico: no buscar dificultades donde no las hay, no complicarse la vida inmiscuyéndonos en asuntos ajenos y no imaginando desgracias que tal vez nunca llegarán. Es importante ser precavidos pero no de forma excesiva.

Vivir de forma minimalista es saber que necesitamos realmente poco para vivir y que probablemente tenemos más cosas de las que necesitamos. No compremos más: donemos más. No trabajemos más: busquemos trabajar un poco menos, ganar un poco menos y aprender a vivir con lo mínimo necesario.

El afán por acumular está afectando a nuestro planeta y nuestro bolsillo. Quizá el minimalismo sea la respuesta.


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