MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 252 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

No había lugar para ellos en la morada: Una solución desde el pluralismo estructurado

Por: Abraham Chams Anturi, Director Unidad Funcional Materno-Infantil de San Vicente Fundación, Profesor Asociado Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia.
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América Latina es todo un fenómeno. Es un laboratorio con un gran caldo de cultivo, se trata de una sociedad con valores y principios pre-modernos, y con un desarrollo biotecnológico post-moderno. En la actualidad la corrupción, la violencia, la reactivación de enfermedades infecto-contagiosas, el narcotráfico, la corrupción y los desplazados, evocan la dramática imagen de jinetes apocalípticos. La base poblacional se invierte con una mayor expectativa de vida y un menor índice de natalidad, aumentado la población anciana y disminuyendo la productiva, haciendo cada vez más insostenible el sistema.

De forma especial quiero referirme a la población materno-infantil, en ciudades como Bogotá y Medellín, donde la mortalidad materna y neonatal es similar a la de países desarrollados, pero en muchos municipios, poblaciones desplazadas, gitanos, región Caribe y Pacífica, tenemos indicadores similares a los de países subsaharianos y condiciones semejantes a las del siglo primero. La navidad nos cuenta la historia de una gestante adolescente, pobre y desplazada que siguiendo una política del César para censar a la población (probablemente para establecer impuestos y no para mejorar el sistema de salud) le llega la hora del parto, pero como menciono en el título de este ensayo “no había lugar para ellos en la morada”. En Colombia cada año se cierran servicios de maternidad y camas pediátricas por no ser sostenibles, desconociendo que según la ONU y OMS son indicadores de desarrollo de un país.

Para dar solución a esta problemática los diferentes gobiernos latinoamericanos han desarrollado modelos de servicios de salud, lamentablemente influenciados por sus sistemas socio-económicos, y con políticas de estado en muchos casos miopes, que estratifican a la población según su nivel de ingresos y desarticulando las funciones del sistema.

En países socialistas el modelo público unificado postula la financiación única del estado y la prestación absoluta del servicio, lo que conlleva a la pérdida de libertad de elección, los usuarios no tienen voz ni voto, no hay sana competencia.

En la otra cara, puramente capitalista, se encuentra el modelo privado atomizado en donde los fondos provienen de los usuarios o de seguros privados (separándolos), hay mercado libre (segregándolos), pobre o nula regulación estatal, perdida de la articulación.

Un modelo intermedio es el de contrato público, en donde existe financiación pública con participación privada (separación), hay mayores opciones para los usuarios (Integración horizontal), proveedores con autonomía y más pluralismo. Tiene el inconveniente de desarticular al financiador del proveedor, fragmentación de la atención y difícil control de calidad y de los costos, sin mencionar la debilidad en la modulación (reglas del juego).

La mayoría de países de América Latina han optado por el modelo segmentado, el cual segrega a la población (por la situación económica), manteniendo la integración vertical del estado. Aquí la modulación está fragmentada y el Ministerio de seguridad social tiene todas las funciones, duplicando el trabajo, desperdicio de recursos y diferentes niveles de calidad; no refleja la población, sufren los pobres.

en el punto medio de beneficios de los anteriores modelos, disminuyendo las desventajas, consiste en una población horizontal con los mismos derechos y deberes. El Ministerio de salud es fundamental en la modulación de las reglas transparentes y justas, con dirección estratégica que garantice un sistema equilibrado, eficiente y equitativo, sin burocracias. Se postula una política universal de financiamiento público y el pago articulado por intermediarios que conozcan las características de sus poblaciones y de sus prestadores. Este sistema evitaría los puntos extremos, menor manipulación del sector público y privado, mayor control de resultados y control de la anarquía. Para lograr este modelo se necesita de la creación de políticas de estado que protejan a los usuarios y la destinación de recursos gubernamentales.

Nuestro papel como actores protagónicos sería desarrollar un adecuado plan estratégico con cuatro pilares fundamentales: Mejorar la operación financiera, disminuyendo costos y mejorando la eficiencia y eficacia, de esta forma usar el recurso para el mayor número de personas. Trabajar por los mejores indicadores clínicos posibles, desarrollando clínicas especializadas, gestionando adecuadamente las poblaciones, conociendo el medio e interactuando con ellos. Creando valor agregado compartido: Educación, investigación e innovación. Y con fortalecimiento de capacidades: Mejorando ambiente laboral, liderazgo, motivación, etc.

Como gestores de cambio debemos además acompañar a los entes gubernamentales en la construcción de políticas de salud pública y en la creación de leyes que reformen el sistema.

Quizás si logramos todo esto la historia de la Navidad sea diferente, salud y calidad para todos, en especial para las maternas, los niños, los enfermos y los pobres. Cuando una sola persona está enferma, todos estamos enfermos. Guardo la firme esperanza que: “Sí tengamos todos lugar en la morada”.


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