MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 259 ABRIL DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

¿Puede un sistema de salud basado en el mercado, responder a una epidemia?

Por: Francisco Rossi. Fundación IFARMA.
elpulso@sanvicentefundacion.com

Ante una situación que cambia dramáticamente cada día y casi que cada hora, en un medio de comunicación como este es forzoso tratar de proponer reflexiones un poco más de mediano plazo. Esa es la intención. Pero la pregunta, ¿Puede un sistema de salud basado en el mercado, responder a una epidemia? evidentemente, está mal formulada. En nuestro caso, es el sistema que tenemos y cualquiera que sea el resultado, es lo que hay. Pero la pregunta tiene sentido si nos sirve para identificar las debilidades del enfoque de nuestro sistema de salud y, quien sabe, corregirlas. No solo por si esta catástrofe se repite. Si no para que la salud pública, la gran olvidada por el mercado de bienes y servicios de salud, vuelva a tomar el mando. La rectoría.

A los críticos de un sistema de salud basado en el mercado, nos preocupan varias cosas que están emergiendo con la pandemia, pero que, sin duda, corremos serios riesgos de que pasen desapercibidas. Al fin y al cabo, cada quien ve lo que quiere ver y sobre todo, lo que puede ver, y nos afana que los actores relevantes del sector (los que tienen poder) solo vean las oportunidades de negocio y las necesarias garantías a sus ingresos.

Empecemos por la situación de los trabajadores de la salud. Fedesalud y la Federación Médica Colombiana llamaron enérgicamente la atención del ministerio de Salud sobre el problema de los uniformes de uso hospitalario. Hoy, una fracción importante de los profesionales ingresan al hospital, la clínica o el establecimiento de salud, con uniforme de trabajo, trabajan todo el día con el uniforme puesto y después toman el transporte público para llegar a sus casas y lavarlo en casa. Si la intención fuera expandir las enfermedades transmisibles, no hubiéramos podido hacerlo mejor.

Pero la reforma (ley 100 de 1993 y todas sus sucesivas reformas) lo que buscaba era maximizar la eficiencia, minimizar los costos y fomentar la inversión. Costos marginales.

En un sistema como el que tenemos, los profesionales de la salud que atienden a los pacientes no suelen tener dotación. Y no la tienen porque, en un porcentaje alto, no son funcionarios del hospital o de la clínica. Los hospitales ya no son instituciones de salud pública (lo que hacían antes de 1993 los hospitales regionales) y su prioridad ni siquiera es la atención a los enfermos. Son empresas y su imperativo es generar los recursos necesarios para su subsistencia.

Es verdad que la sociedad tiene una deuda de gratitud con los que hoy, arriesgan su vida por atender a los enfermos, y está bien que eso se reconozca en la publicidad y en los medios de comunicación. Pero parecería sano que se revisaran las formas de contratación de quienes venían haciendo eso todos los días.

Y que diremos de la lentitud con la que avanzan los planes de acopio de suministros para garantizar la seguridad de quienes atienden a los pacientes. En Italia, dicen las noticias, el 20% de los casos y de las muertes, son del personal de salud.

Algo más. Colombia era el segundo país del mundo que no pagaba a los residentes de medicina por su trabajo. Por el contrario, les cobra matrícula. Al fin y al cabo se trata de personal en entrenamiento. No me queda ninguna duda de que, en esta pandemia, los residentes trabajarán 24 horas 7 días a la semana. Pero la Ley que había acabado con tan vergonzosa situación, no se ha reglamentado. Es decir, no se les pagará.

Toquemos un segundo asunto. El verdadero riesgo de esta pandemia, es la saturación de las UCI. De camas con una dotación que hoy, no parece suficiente para responder a lo que se está previendo. ¿Serán las EPS o las IPS privadas las que van a hacer inversiones para aumentar las camas a los niveles necesarios? Seamos serios; es una inversión económicamente irracional. Cuando pase la emergencia serán un costo muerto y una inversión sin retorno.

El Gobierno ha “tomado” prestados los recursos de los fondos de pensiones de los entes territoriales. Para invertir en camas, equipos y suministros para las EPS y las IPS. Para el sector privado de la salud. Pero no dejó la decisión a los entes territoriales, que seguramente habrían privilegiado los hospitales públicos.

Todas las cuentas de cuántas camas tenemos para atender la emergencia, terminan con una muy mala noticia. Las camas existentes están ocupadas más allá del 80%. Eso tiene sentido en una lógica de mercado. Tener camas en exceso con personal en exceso, debidamente dotado, no es eficiente. Hay que hacer el máximo posible, con lo estrictamente necesario. Es lo rentable.

Terminemos estas reflexiones con un tercer asunto angustioso. Todos los países, al parecer, están esperanzados en que tendremos una vacuna o un medicamento, no tan pronto como queremos, pero antes del fin de este año. Y asunto arreglado. Todo volverá rápidamente a la normalidad gracias a la ciencia y a la técnica. Seguramente algún laboratorio farmacéutico repetirá la historia de unas ganancias astronómicas, pero es el mundo que tenemos.

Académicos, activistas por los derechos humanos, muchos profesionales de la salud, están pidiendo a los gobiernos del mundo y en particular a la Organización Mundial de la Salud, que esta pandemia se enfrente con el concurso de todos, para el beneficio de todos en todos los países. Que el conocimiento se comparta, que la información circule y que actuemos como humanidad. Tan rápido como se pueda.

El Presidente de la República de Costa Rica le envió una carta al Director de la OMS para que tome el liderazgo global, convoque los esfuerzos y los conocimientos del mundo entero y los comparta, evitando derechos exclusivos de propiedad intelectual que retrasen el combate al virus y a su expansión. Chile ya tomó medidas legales para otorgar licencias obligatorias en todo aquello que pueda ayudar. Ecuador hizo lo mismo. Israel ya concedió licencia obligatoria para un producto para el VIH que quizás ayude.

Pero no parece posible. Los medicamentos que nos pudieran servir, tienen dueño y tienen patentes. Y para mantener sus derechos exclusivos tienen que hacer sus propios estudios clínicos y obtener su autorización comercial, aunque eso se demore y algunos se mueran mientras tanto. Aunque después, cuando el medicamento se comercialice, llegue primero al primer mundo, y luego al segundo y finalmente, tarde mal y nunca, al tercer mundo. Lamentaremos muchas muertes de la gente pobre, en los países ricos y, especialmente, en los países pobres.

El Remdesivir, de Gilead, el medicamento más prometeder para el Covid-19, que obtuvo registro en la FDA para una enfermedad huérfana (en realidad rara) ya está patentado en Colombia. ¿Repetiremos la historia de la hepatitis C, con un medicamento como el Sofosbuvir (de Gilead) que llegó a Colombia a 300 millones de pesos, bajó a los dos años a 100 millones, luego mediante una compra centralizada (solo para el contributivo) a 30 millones y que hoy vale 13 millones? Gracias a la patente, Colombia no puede comprar, centralizadamente, un genérico que le ofrece la OPS a 500.000 pesos. Y el Gobierno completó 4 años y 4 meses pensando si se trata o no de un asunto de interés público.

A uno no le parece que los sistemas de salud debieran basarse en el mercado. Pero esa decisión ya se tomó y tenemos lo que tenemos. Pero dentro del mercado hay mecanismos que pueden ayudar. También hay oportunidades de negocio. Ojalá privilegiemos los mecanismos que ayuden.

EL PULSO como un aporte a la buena calidad de la información en momentos de contingencia, pública y pone a disposición de toda la comunidad, los enlaces donde se pueden consultar de manera expedita todo lo relacionado con el Covid-19-


Dirección Comercial

Diana Cecilia Arbeláez Gómez

Tel: (4) 516 74 43

Cel: 3017547479

diana.arbelaez@sanvicentefundacion.com