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Depresión y ansiedad trastornos que se suman en el aislamiento obligatorio preventivo

Por: Andrea Ochoa Restrepo
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Los trastornos de depresión y ansiedad han sido notorios durante años, estos pueden ser causados por desencadenantes determinados o bien, por patologías genéticas, las cuales pueden verse en aumento o agravadas durante el aislamiento preventivo ordenado como medida de contención contra el Covid-19. En nuestro país, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el 4,7 % de los ciudadanos sufren de depresión, uno de los porcentajes más altos sobre el promedio mundial. Además, se ha demostrado que el 80% de los colombianos han presentado entre uno y tres síntomas de depresión en algún momento de su vida, de los cuales un 25 % son en niños y adolescentes.

Para el Ministerio de Salud y Protección Social: “En Colombia, la depresión es frecuente, tanto así, que 5 de cada 100 colombianos puede tenerla; mientras que 3 de cada 100 pueden tener ansiedad diagnosticada”.

Nubia Bautista, subdirectora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud reconoció que: “El aislamiento preventivo por el Covid-19 puede generar cuadros de depresión y ansiedad, por eso es importante reconocer que durante este periodo se deben encontrar nuevas formas de enfrentar la adversidad, de ser resilientes y altruistas”.

Pero además, el aislamiento obligatorio puede traer múltiples efectos psiquiátricos y sea en pacientes con antecedentes de este tipo de afecciones, como para personas que no estén diagnosticadas. Para Felipe Marino Mondragón, Médico Psiquiatra de la Universidad de Antioquia “personas que viven solas un aislamiento social prolongado pueden tener efectos deletéreos sobre la salud mental. El hecho de que lo hayan despedido del trabajo o que le hayan suspendido el contrato o que el ingreso económico haya disminuido también es un factor estresante que contribuye a que despierten enfermedades mentales, que debuten trastornos de ansiedad y trastornos del estado de ánimo, específicamente trastorno depresivo”, afirmó el psiquiatra.

De otro lado, Jorge Guillermo Soto Vega, médico psiquiatra del Hospital San Vicente Fundación, expone que: “esto ha sido estudiado en las pandemias anteriores, y son muy pocos los datos que hay. Sin embargo, ya han surgido algunos y lo principal es entender que el efecto psicológico depende de lo que a usted le toque. Durante la cuarentena y aislamiento, el personal de salud va a tener mayor riesgo de presentar agotamiento que puede ser causado por el exceso de trabajo, por cambios en la modalidad de trabajo o en su dinámica, o simplemente por la carga emocional que puede generar una situación como esta. Y cuando hay agotamiento, hay predisposición a presentar trastornos de ansiedad, episodios depresivos o incluso trastornos de estrés postraumático y llegar a extremos tan graves como un intento de suicidio o un suicidio consumado”.

De la misma forma, la cuarentena puede producir cambios psicológicos dentro del núcleo familiar, un entorno en el que lo niños pueden evidenciar ciertos cambios. Según Stephanie Múnera Vanegas psicóloga con experiencia en atención en la primera infancia: “la cuarentena ha dejado al descubierto entre las familias la falta de la comunicación asertiva de los miembros, el desconocimiento, o mejor dicho, la falta de práctica de las normas y pautas de crianza en el hogar, también ha dejado ver la falta de disposición de algunos padres a la hora de acompañar a sus hijos en la realización de actividades pedagógicas o escolares, ya sea por la ausencia de interés o porque ese adulto también se encuentra afectado psicológicamente por la situación y por más que lo intente no logra conectarse con su hijo y estar para él. Si un menor cuenta con un adecuado acompañamiento por parte de sus padres o cuidadores, no es de extrañarse que su comportamiento cambie”.

“Los niños podrían tornarse irritables, sentirse enojados, frustrados por no entender lo que sucede, porque no pueden salir a jugar al parque, porque no pueden volver al hogar infantil, pueden fácilmente tener cambios en su estado de ánimo, generando discusiones con sus hermanos o incluso con los adultos que tampoco saben manejar la situación”. Añadió Múnera Vanegas.

¿Efectos en pacientes ya diagnosticados?

El Psiquiatra Felipe Marino afirma que: “podría ser un escenario nefasto, pero por ejemplo, un paciente con una esquizofrenia paranoide al que le digan que hay un virus de China que se regó por todo el planeta y está haciendo guardar a todos en la casa, generalmente, lo va a descompensar. Los pacientes con trastornos ansiosos ni hablar. Un paciente deprimido que le toca aislarse solo en la casa, que no tenga acceso a salud mental, que no pueda reclamar los medicamentos, o que tenga problemas económicos, aumenta el riesgo de suicidio. Entonces, todas estas cosas pueden empeorar el pronóstico de los pacientes que ya tienen diagnosticada una enfermedad mental”.

Por su parte el residente de psiquiatría, Jorge Guillermo Soto, describe que para el paciente: “su propia salud es una preocupación importante, ¿Qué va a pasar con ellos? ¿Por qué me están atendiendo así (separado?), ¿Por qué nadie me habla? o ¿Por qué nadie me puede visitar? Estoy lejos de mi familia, no sé qué va a pasar conmigo. Mientras que los familiares de esas personas también tienen una preocupación adicional y familiar. ¿Qué van a hacer con él, cuándo lo van a poder visitar? También hay que tener en cuenta que el aumento del consumo de sustancias químicas y alcohol, cigarrillo y sustancias psicoactivas preocupa mucho en esta época, tanto en la población general como en los profesionales de la salud”.

¿Qué debe garantizar el Gobierno para la población con problemas de salud mental?

El doctor Felipe Mondragón argumenta que: “Lo ideal sería asegurar que todos esos pacientes tuvieran un seguimiento estrecho y una entrega de su tratamiento farmacológico y psicoterapéutico. Con eso se podría minimizar el deterioro de la salud mental. Y ¿si requieren hospitalización? ahí sí hay un problema, porque la hospitalización en psiquiatría enfrenta un problema desde hace muchos años porque no hay casi camas de psiquiatría, y en los hospitales generales, son muy pocos los que permiten que los pacientes sean hospitalizados si están exclusivamente por la especialidad de psiquiatría”.

A lo que agregó: “a los pacientes que solo ingresan por psiquiatría, no los dejan hospitalizados y se les comienza un proceso de remisión que muchas veces es muy complicado porque no hay suficientes instituciones ni camas de psiquiatría para hospitalizar, y terminan dándoles de alta antes de tiempo”. Concluyó el Psiquiatra.

Es así como que para Jorge Guillermo: “El Gobierno debe utilizar estrategias alternas como la telemedicina para hacer seguimiento a los pacientes que ya estaban en riesgo, es decir, que estaban en control por psiquiatría para garantizar la continuidad y que no haya una recaída y disminuir la posibilidad de ir a los hospitales. Lo segundo es que nada nos ganamos con garantizar la atención si en las farmacias van a continuar poniendo trabas administrativas o exigir papeles que en este momento es imposible suministrar. Y ya en el caso que requieran hospitalización, sería necesario garantizar todas las medidas de bioseguridad”.

En el caso de los niños, para la psicóloga Stephanie Múnera “El Gobierno puede implementar muchas estrategias, las instituciones de educación podrán enviar tareas, las agentes educativas de primera infancia podrán realizar acompañamiento telefónico a las familias y enviarles actividades planeadas de acuerdo a la edad, pero nada de eso podrá servirle a un niño que se encuentre solo, sin el acompañamiento físico y emocional de un adulto significativo.”

Por el momento para el Ministerio de Salud “es importante que la ciudadanía conozca que se dispone de líneas de atención de salud mental en los diferentes departamentos y ciudades las cuales reciben inquietudes y brindan apoyo. A su vez, se está trabajando en un componte en la línea 192 del Ministerio de Salud y Protección Social, a la cual la ciudadanía puede llamar para solicitar ayuda ante situaciones de depresión o ansiedad”.

Inversión en salud mental, una urgencia

Según la OMS en muchos países solo se invierte en salud mental el 2% del total de los recursos de la salud, siendo el gasto anual promedio inferior a US$ 3 por habitante y en los países de bajos ingresos, US$ 0,25 por persona, y donde la escasez de psiquiatras, enfermeras, psicólogos y trabajadores sociales, son algunos de los principales obstáculos. Casi la mitad de la población del mundo habita en países donde se dispone de un psiquiatra o menos por 200 000 personas y en países de bajos ingresos hay menos de un especialista por millón de habitantes.


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