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Dos obras olvidadas

Por: Damián Rúa Valencia. Magister en Literatura Francesa comparada Universidad de Estrasburgo – Francia
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Durante esta cuarentena me he dejado conducir por la laberíntica voluntad de Youtube y en uno de esos vericuetos, después de atravesar rutinas para mantenerme en forma, recetas para conservar la línea sin derrochar una fortuna, videos de extraterrestres tomando el té y profecías mayas, egipcias, bíblicas y pastafaristas, di por azares matemáticamente calculados con dos películas que yo ni siquiera había escuchado mencionar y en las que trabajó nada más y nada menos que Gabriel García Márquez.

Ahora bien, la relación de Gabo con el cine es más bien amarga. O agridulce para ser amables. Él mismo decía que eran como un matrimonio malavenido, porque no podían vivir ni juntos ni separados. Y, en efecto, era un amor no correspondido en el que él daba todo y no recibía casi nada a cambio. Un amor que lo llevó incluso a matricularse en el Centro sperimentale di Cinematografia de Roma en el año 1955.

Las incursiones de Márquez en el cine son de índole diversa: primero, como respetado columnista cinematográfico, luego como guionista e incluso como actor, si se tiene en cuenta su aparición silente en la película En este pueblo no hay ladrones, basada en un cuento suyo, en la que también actúan Luis Buñuel, Juan Rulfo y Carlos Monsiváis. Por último, en 1986, como cofundador, en Cuba, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en la que invirtió tiempo y dinero con el fin de apoyar y financiar la carrera de jóvenes de América latina, África y Asia.

Sin embargo, pese a los esfuerzos, no sólo suyos, sino también de aquellos que se han atrevido a llevar a la pantalla alguna de sus obras, y a la participación de un elenco de primera, todos o casi todos los proyectos han dejado un mal sabor de boca. Las causas pueden ser muchas. Puede que sea, como piensa la mayoría, por la dificultad de adaptar la mezcla de realidad y magia que caracteriza sus libros o la imposibilidad de resumirlos en un par de horas o porque, según creo yo, el talento descomunal del autor se halla más del lado de la narrativa que del de la dramaturgia (más cercano a Homero que a su admirado Sófocles), lo cierto es que sus películas se asemejan más a piezas raras de coleccionista con valor documental que a verdaderas obras de arte.

Dicho esto, los dos filmes que escogieron los algoritmos para mí no se basan en las grandes novelas del autor, sino en pequeños relatos muy oportunos en la situación actual.

El primero de ellos es Presagio de 1974 en cuyo guión trabajaron Luis Alcoriza y el propio García Márquez. La película está basada en un cuento que, hasta donde yo sé, nunca llegó a escribir. La versión que conocemos es la que él diera alguna vez, de manera oral, durante una conferencia y que, una vez transcrita, no ocupa más de una cuartilla. En un pueblo caluroso, una señora amanece con el presentimiento de que algo malo va a suceder. Se lo cuenta a un hijo suyo que yerra una carambola facilísima y lo atribuye al mal presagio. Este hijo se lo cuenta a alguien que a su vez le cuenta otro que, en lugar de comprar una libra de carne, compra dos para estar preparado. Durante el día, el carnicero les recomienda a los demás adquirir más carne de lo habitual. Así, la noticia se difunde tanto que en poco tiempo todo el pueblo se paraliza de miedo esperando que suceda algo. No cuento el final, que acaso ya imaginan ustedes, para motivar la lectura. La película, que dura alrededor de dos horas, desarrolla la idea original agregándole unas cuantas variaciones. En ella aparecen motivos característicos del creador de Macondo: la presencia de gallinazos, las supersticiones, el clima árido y el mundo rural.

Por otro lado, la producción misma de la película es tan pintoresca que podría servir de argumento para otro guión. Deseoso de adaptar alguna obra del autor, el productor y director colombiano Ramiro Meléndez tuvo que viajar por lo menos tres veces a España para entrevistarse con Carmen Balcells, la agente literaria de García Márquez, que exigía sumas exorbitantes. Para poder llegar a algún acuerdo, le propuso hacer una obra que aún no había sido publicada. Cerrado el trato, Meléndez no conocía ni si quiera la historia. Fue Luis Alcoriza quien se la dijo de viva voz porque, a pesar de muchas reescrituras, el guión estaba a penas en germen. Pero fue tal el entusiasmo que Gabo mismo se comprometió a participar en la escritura.

El segundo largometraje tiene que ver también con el tema la peste y las epidemias. Se trata de una adaptación de Diario del año de la peste de Daniel Defoe hecha por García Márquez, José Agustín y Juan Arturo Brennan. A diferencia de la película anterior y del clásico inglés, la trama está ambientada en la actualidad, en una metrópoli de más de trece millones de habitantes que el espectador podría asociar fácilmente con ciudad de México. La cinta analiza un proceso contrario al de Presagio. En lugar de un miedo generalizado causado por una superstición sin fundamento, la cinta muestra las maneras en que las autoridades intentan disimular el brote de una epidemia que, al comienzo, se confunde con una bronconeumonía habitual. Pese a los esfuerzos de los dos protagonistas, los doctores Sierra y Martínez, la peste ganará terreno y las calles comenzarán a llenarse de cadáveres y de banderas amarillas.

Ahora bien, a pesar de los diálogos a mi parecer un tanto postizos y sentenciosos y de un dramatismo de telenovela, estas dos películas resultan más que pertinentes para comprender la crisis que atraviesa hoy el mundo. Que cada quien juzgue si Youtube es como la marea que trae botellas repletas de mensajes premonitorios, o un tierrero del que salen fósiles carcomidos por los años.

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