MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 260 MAYO DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

El sube y baja de las medidas frente al Covid-19

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Que el gobierno nacional ha mostrado liderazgo frente a la emergencia generada por la pandemia del Covid-19 es innegable. Que las buenas intenciones han estado en fondo de cada medida adoptada, también es cierto. Que un acto de inteligencia se ha sabido rodear de profesionales idóneos y con amplio conocimiento en el área de la salud, es un acierto del gobierno que se debe reconocer, así como el hecho evidente de que se ha sabido escuchar las recomendaciones.

Otro elemento positivo en la gobernanza de la emergencia es el consenso generado en torno a las medidas, con unas pocas y naturales excepciones, estas han sido asumidas por las instituciones y por la mayor parte de la ciudadanía como convenientes para enfrentar un problema que nadie se habría imaginado hace unos pocos meses, y esta realidad se evidencia en la recuperación de la percepción positiva que los colombianos muestran en las más recientes encuestas sobre la favorabilidad del presidente Iván Duque y del ministro de salud y protección social Fernando Ruiz Gómez, y que más allá de aumentar el “ego” del gobierno, este debe asumir como una voz de respaldo a su liderazgo.

Las cifras muestran que por el momento Colombia ha evitado llegar a los escenarios catastróficos que mostraban los modelos algorítmicos iniciales, y que de haberse cumplido, a 60 días del primer caso reportado, con seguridad nuestro sistema estaría colapsado. No por ello se debe bajar la guardia, estamos a semanas de alcanzar el pico epidemiológico, pero además venimos enfrentando una pandemia que puede tener varias olas, y para ellas también debemos estar preparados; estos dos meses han permitido mejorar la capacidad instalada en camas de UCI, de cuidados especiales, se han instalado hospitales temporales, y la industria y el emprendimiento nacional se han puesto a la altura de las necesidades, adaptando sus estructuras productivas para dotar al país, y porque no a otras naciones, de elementos fundamentales como respiradores, cabinas de aislamiento, mascarillas de alto rendimiento, trajes de protección, entre otros insumos, y esto también es más que positivo.

Pero así como hay elementos positivos, un gran lunar impide que el balance sea perfecto. Y es que el sector que más blindado debería estar para enfrentar al Covid-19, es el hospitalario, se hunde en una crisis financiera que viene de tiempo atrás, y que ahora se ve empujada por los efectos colaterales de la misma pandemia y que de no tomarse medidas efectivas y urgentes, podría desencadenar en la muerte de más de una institución.

La Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas en su más reciente informe de cartera dado a conocer el 3 de mayo, muestra que la deuda alcanza ya los 10.5 billones de pesos, que sumados a los 9 reportados por los hospitales públicos, nos colocan al borde de un abismo de 20 billones de pesos que hace casi inoperable al sistema.

Lo más grave de la crisis es que tiende a agudizarse aún más, si es que acaso esto es posible, debido a la reducción en las prestaciones ambulatorias, procedimientos programados, y otras atenciones que se han visto reducidas hasta en un 70 por ciento ya sea por la falta de autorizaciones de las EPS, por las medidas para evitar el contacto social, o incluso por el miedo de las personas a contagiarse.

Y el asunto no es que el gobierno nacional no haya tomado medidas para que la atención de la pandemia se financie y cuente con los recursos suficientes, acá debemos preguntarnos por las causas para que los dineros no fluyan y la poca efectividad de la avalancha de decretos y resoluciones expedidos en estos 60 días.

Temas que se venían trabajando desde 2019 como el acuerdo de punto final, o la asignación de techos para cubrir lo no PBS han recibido recursos pero estos no se reflejan en la situación de los hospitales. Medidas como la asignación de 700 mil millones para la compra de cartera están a años luz de ser solución cuando la deuda es de 20 billones.

Definitivamente no es el momento para pensar en cambios estructurales al sistema de salud, pero si es claro que pasada la crisis se debe plantear una discusión seria sobre el tema porque el problema financiero de los prestadores no da más espera. Incluso el más reciente informe de indicadores de solvencia de las aseguradoras muestra un defecto cercano a los ocho billones de pesos, pasados cinco años del plazo de 10 que se les otorgó para su recuperación.

Por ahora, el gobierno nacional debe centrarse en que además de designar recursos, y pasar dineros de una cuenta a otra, hay que garantizar que estos lleguen de manera expedita y oportuna a quienes más lo necesitan para atender la emergencia.


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