MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 247 ABRIL DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

Espiritualidad y Atención Primaria en Salud (II)

De: Julián H. Ramírez Urrea. Médico internista, Hospital Universitario San Vicente Fundación. Jefe del Departamento de Medicina Interna, Universidad de Antioquia.
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El mes anterior analizábamos la importancia de comprender el contexto cultural de nuestros pacientes (incluye también creencias religiosas y espirituales) para desentrañar sus percepciones frente a la enfermedad. A esta capacidad profesional de abordar el componente social y responder de forma efectiva al mismo, se le denomina “competencia cultural”.

Ahora, describiremos dos escenarios en los cuales demostramos la utilidad de invertir más tiempo en los pacientes para comprender cómo sus creencias pueden favorecer o no, las intervenciones en atención primaria por parte del personal de salud.

1. Actitudes activas o pasivas de los pacientes frente a su salud. En la literatura se ha analizado que si el paciente tiene una actitud espiritual activa, tendrá comportamientos preventivos por la creencia en un ser superior que le ayuda, le empodera y le guía para tomar control de su propia vida; por el contrario, una actitud pasiva hará que “delegue” en un agente externo, toda su responsabilidad de autocuidado. A esa pasividad, pueden sumársele creencias fatalistas que consideran los resultados en salud como consecuencias directas y exclusivas del actuar divino; por lo tanto, no considerarán importante tomar medidas para prevenir enfermedades y las afrontarán negativamente pues esperan que un ser divino los cure, sin ellos hacer ningún esfuerzo. Así, según sea su concepción religiosa, los pacientes pueden tener percepciones distintas sobre el grado de susceptibilidad y gravedad frente a la enfermedad: los activos, tendrán mejores estrategias de afrontamiento, mientras que los pasivos, podrían no movilizar sus recursos interiores por la idea que tienen acerca de las curaciones y los milagros.

2. Otro hecho que ilustra la importancia de conocer las creencias del paciente es el darse cuenta que la espiritualidad y la religión influencian actitudes, comportamientos y elecciones (consumo de licor, dieta, actitudes hacia la donación de órganos, nociones de culpa y auto-cuidado), así como la calidad de comunicación con el personal de la salud y el género de estilo de vida saludable que adoptarán (Isaac, et al, 2016, p.3). Si tomamos en cuenta que la promoción de la salud se relaciona con los esfuerzos que ayudan a la población general a cambiar el riesgo de enfermar, a través de cambios en el estilo de vida, tanto a nivel individual como comunitario (Allicok et al 2013, citado por Isaac, et al, 2016, p.3), la eficacia de las campañas de promoción de estilos de vida saludable y la prevención en salud, deberían tener en cuenta los presupuestos culturales tanto de la población, como del individuo hacia el cual van dirigidos para ser realmente eficaces.

Por eso, dentro de nuestras prácticas de atención primaria habitual, podríamos establecer un diálogo abierto con los pacientes para tratar de entender cómo sus creencias condicionan sus actitudes activas o pasivas frente a las intervenciones que pretendemos efectuar, así como anticiparnos a las medidas que hemos de adaptar para que el cambio en el estilo de vida promovido, efectivamente impacte en la salud de los individuos y las comunidades. Así, dime cómo crees y te diré cómo te cuidas.

Referencias:

Isaac, K. S., Hay, J. L., & Lubetkin, E. I. (2016). Incorporating spirituality in primary care. Journal of religion and health, 55(3), 1065-1077.

Kirmayer, L. J. (2012). Cultural competence and evidence-based practice in mental health: Epistemic communities and the politics of pluralism. Social science & medicine, 75(2), 249-256.


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