MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 247 ABRIL DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

La crisis de imagen y reputación de las multinacionales farmacéuticas

De: Francisco Rossi. Fundación IFARMA.
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El fin de 2018 y el inicio del 2019 ha sido una época muy difícil para la gran industria farmacéutica, muy especialmente en los Estados Unidos. Tal vez como nunca antes en su historia.

No desde una perspectiva financiera. No. Sigue siendo una industria muy rentable y la salud de sus cuentas es poco menos que inmejorable. Sus gerentes (CEOs) recibieron ingresos cercanos al millón de dólares mensuales en promedio. Mister Richard González, de Abvvie, ajustó la suma de 22,6 millones en el año 2017, casi 2 millones por mes.

El problema no es de esa índole. El problema es de imagen, de reputación. Está claro que los ciudadanos de los Estados Unidos pagan los precios más altos del mundo por los medicamentos. Pero por alguna razón, parece que tales ciudadanos (los que eligieron a Trump, justamente por sus críticas a las grandes farmacéuticas) no consideran apropiado, ni justo ni aceptable, que tengan que seguir pagando los precios más altos del mundo.

Uno, desde el sur, se pregunta; ¿cómo fue posible que en el país de la sana competencia y del máximo desarrollo y perfeccionamiento del mercado, los precios fueran los más altos? La respuesta con mejor poder explicativo viene de Greg Palast: The best democracy, Money can buy. La mejor democracia que el dinero puede comprar, o lo que algunos críticos han denominado la “Democracia Corporativa”. Democracia Corporativa que consiste en que mediante instrumentos legales como el lobby, el apoyo financiero a las campañas de los legisladores y a los partidos políticos, las corporaciones consiguen que se legisle en su favor. O por el contrario, y mirando lo que pasa en nuestras democracias, se impide que la Ley y el Gobierno actúen en defensa de los ciudadanos y en contra de sus intereses.

Las organizaciones de la sociedad civil del mundo entero, que se han comprometido con el acceso a los medicamentos y con su uso razonado (Médicos sin fronteras, Oxfam, Health Action International, Public Citizen, entre otras) han llamado la atención del mundo por la forma en que, día a día, mueren ciudadanos pobres en los países pobres, como consecuencia de la falta de acceso a medicamentos. Medicamentos que, como en el caso del VIH o la hepatitis C, son extremadamente caros para las personas, para las familias y para los sistemas de salud de esos países. Ese ha sido el caballito de batalla del Comité de Veeduría y Cooperación en Salud, - CVCS - que en Colombia agrupa a Misión Salud, la Conferencia Episcopal, IFARMA, la Federación Médica Colombiana y el Centro de Información de Medicamentos de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, desde hace ya algún tiempo, y muy especialmente el año anterior, el problema de la falta de acceso a medicamentos como consecuencia de los precios “exorbitantes” (el adjetivo lo han utilizado repetidamente los medios) ha llegado a los Estados Unidos de América, y llegó a las primeras páginas estrechamente ligado con las críticas a la codicia de los CEOs de estas industrias.

Primero de la mano del escándalo del precio del EpiPen, un medicamento que contiene epinefrina, adaptado para auto-aplicación en caso de shock anafiláctico. EpiPen era un producto de Merck KgaA, una rama de Merck especializada en genéricos, que fue adquirida por Mylan en 2007, la mayor productora de genéricos de los Estados Unidos. En 2009, el precio del producto era de US $ 103,50. Para 2013 había subido a US$ 264,50 y subió a US$ 461 en 2015. Para 2016 estaba en US $ 608,61. Heather Bresch, la CEO de Mylan desde 2011, fue duramente criticada en una audiencia en el Congreso, tanto por la estrategia de precios como por la intensa campaña promocional. También por su salario. Su defensa fue argumentar que no era superior al promedio de sus colegas, lo que era cierto.

Martin Shkreli, un exitoso hombre de negocios, fue llevado a juicio por el manejo que una de sus empresas, Turing Pharmaceuticals le dio al precio de otro producto muy antiguo; el daraprim, un antiparasitario. Su precio había subido de US$ 13,5 hasta US$ 750 por tableta. ¡56 veces! No era el único escándalo de este joven y exitoso businessman. En 2018, Shkreli fue sentenciado a siete años en prisión y debió pagar multas por US$7.4 millones.

Luego, y también con una audiencia en el congreso norteamericano, Gilead fue sometido a investigación por abuso en el precio de sus medicamentos para la Hepatitis C. El sofosbuvir -sovaldi®- salió al mercado a US$ 1.000, cada tableta de 400 mg. Gramo a gramo, vale más el sofosbuvir que el oro o que los diamantes. Para un tratamiento de 12 semanas, el costo en Estados Unidos fue de US$ 84.000. Gilead no invirtió un dólar en la investigación o el desarrollo del producto. Compró la empresa dueña de la patente, aunque el producto había sido desarrollado en una universidad. La compra de Pharmasset de acuerdo con la información pública fue por US$ 10.000 millones. Sólo en 2014, y solo con este producto, Gilead se embolsó más de US$ 12.000 millones. Gilead también está bajo escrutinio por trasladar sus oficinas a Irlanda, un paraíso fiscal, para evadir impuestos en los Estados Unidos.

Pero el caso que ha despertado las mayores sensibilidades es el de la insulina para la diabetes. En noviembre de 2017, tres congresistas de los Estados Unidos, Raúl Grijalva (D-AZ), Mark Pocan (D-WI), y Jan Schakowsky (D-IL) solicitaron al Presidente Donald Trump no posesionar al doctor Alex Azar, ex CEO de Elli Lilly como Secretario de servicios de salud, cargo equivalente a Ministro de Salud. En una audiencia en el Congreso, la madre de Alec Raeshawn Smith relató cómo su hijo murió a consecuencia de un racionamiento intencional de la insulina por no poder pagar su costo. Alec era beneficiario de la seguridad social de su madre, una funcionaria del Gobierno de los Estados Unidos, pero al cumplir 25 años, perdió esa condición. Los Congresistas argumentaban que la insulina, un producto muy antiguo, había sido sometida a un oligopolio por Elli Lilly, Novo Nordisk y Sanofi, con un incremento en su precio (colusión) que estaba bajo investigación por las autoridades de defensa de la competencia de los Estados Unidos, y también en la Unión Europea. No parecía razonable que el equivalente al Ministro de Salud asumiera con semejante conflicto de interés. Alex Michael Azar fue finalmente confirmado en el cargo por el Congreso en enero de 2018. Su CV reza; es un político, abogado y lobista de industria farmacéutica, ex-CEO de Elli Lilly. La mejor democracia que se puede comprar.

El 11 de febrero de 2019, el congresista y derrotado precandidato demócrata Bernie Sanders trinó: “hoy, en 1922, un grupo de investigadores de la Universidad de Toronto anunció el descubrimiento de la insulina. Ellos vendieron la patente por 1 dólar, para que estuviera al alcance de todos. 97 años después, Elli Lilly cobra 300 dólares y los norteamericanos mueren porque no pueden pagar sus medicamentos. Indignante.”

Con toda esta historia a sus espaldas, el 26 de febrero fueron citados al Congreso a una audiencia pública (transmitida al mundo entero en vivo* ) los CEOs de estas “exitosas” empresas. La pregunta principal de los congresistas fue: ¿Por qué los precios de los medicamentos en los Estados Unidos son más altos que en cualquier otro lugar del mundo? ¿Estarían ustedes dispuestos a reducirlos? ¿Aceptarían un esquema de referenciación internacional de precios?

Las respuestas fueron las ya conocidas. Que la innovación es costosa, que es riesgosa, que es complicada. Que la industria es una gran generadora de empleo de calidad y de impuestos. Que se respeta la regulación de cada país y se hace lo que las leyes permiten. Que el medicamento más costoso es el que todavía no existe.

Esta audiencia ha llevado a que algunos medios comparen a esta industria con la industria del tabaco. No en vano, hace 25 años, los productores de tabaco enfrentaron una crisis de imagen, de la que salieron mejor librados de lo que la salud pública hubiera querido. Pero su negocio no volvió a ser el mismo. ¿Le pasará a la gran industria farmacéutica?


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