MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 239 AGOSTO DEL AÑO 2018 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

“Inquietud porque el halago puede ser intimidatorio y el aplauso es corruptor”. Alejandro Gaviria Uribe

Por: Andrea Ochoa Restrepo
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" Siempre he creído que uno se defiende más fácil de las críticas que de los elogios”. Con una expresión sincera y mirada recta, el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, habla espontáneamente y con voz fuerte, sin esconder afanes, en el anochecer del 18 de julio del presente año, esta vez no para enfrentar la feroz y usual crítica de la opinión pública, sino a un auditorios de aproximadamente 100 médicos de la Academia de Medicina de Antioquia que le agradecía con el galardón al personaje del año del departamento.

Ha sabido vivir bajo la zozobra de un cáncer, pero también desempeñarse en una democracia mediatizada: “Vivimos un mundo extraño, donde los que trabajan son mitificados y los que critican son exaltados, el dedo acusador tiene más prestigio en estos momentos que la mano laboriosa” frase que se acomoda al mundo de un funcionario que está siempre bajo el dedo acusador por la profunda crisis de salud que ha atravesado el país y a quien le tocó laborar en los años más difíciles de sector. La ingeniería civil lo llevó al terreno de la economía y acabó llegando al Ministerio de Salud, rodeado de médicos que no le presagiaban más de dos meses en la cartera, cinco años después es el ministro más duradero de la historia.

Para sus amigos es un hombre empático pero frio, un hombre que se extiende al hablar, de corazón sensible y humano. De constantes reflexiones de las cuales una lo define tanto en su labor pública como académica “la complejidad de todo”. Muchos de sus colegas maestros se burlaban porque: Alejandro no era capaz de dar un discurso sin decir la palabra complejidad.

Para el ministro los problemas del sistema de salud son muchos. “Portentosos. Algunos en vía de solución. Otros crónicos, manejables, pero no curables plenamente”.

Fue entre debates y fuertes enfrentamientos que promovió el derecho a la vida digna y por tanto a la muerte digna, vino con ello la eutanasia en tiempo de pensamientos vanguardistas. Considera que las labores de los funcionarios son siempre incompletas, parciales, inacabadas: “Siempre defraudaremos a alguien. Siempre, esa es la naturaleza de la democracia, habrá expectativas frustradas. Promesas incumplidas. Asuntos sin resolver” así lo narra Gaviria.

Según Gaviria: “una transformación reciente del sector es que históricamente hemos sido adversos a la cooperación, dados al conflicto, a una pugnacidad instintiva, convertida casi en norma de comportamiento. Aprendimos, con los años, con una destreza perversa, digámoslo así, a disfrazar el interés individual de bienestar general. Por mucho tiempo vimos a los otros agentes como adversarios. El sector solo se une, solía decir en mis tardes de desespero (y desamparo), para pedirle plata al gobierno”.

Alejandro Gaviria percibe que el sector parece estar aprendiendo a cooperar. Ya no todo se concibe como un conflicto, y deja un mensaje claro de sus convencimientos: “En Colombia ya existen varios sistemas sin EPS, basados en pagadores únicos estatales, el Magisterio, las Fuerzas Armadas y el Inpec. Todos funcionan peor (tienen más quejas por afiliado) que el sistema general”.


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