DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 124 ENERO DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

"El sueño de la razón produce monstruos"
En Medellín, Los Caprichos de Goya

Goya:
testigo de época
y reportero social
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co

En Medellín y en Colombia, con el más agudo contraste entre riquezas y males, en esta sede de lo real maravilloso, aterrizó la obra gráfica de uno de los espíritus más libres, de los artistas más grandiosos que ha visto la humanidad: el pintor y grabador español Don Francisco de Goya y Lucientes. Después de Madrid (España), la capital de Antioquia es la segunda ciudad del mundo en tener dos exposiciones simultáneas de sus grabados: Los Desastres de la guerra en la Biblioteca de EPM y Los Caprichos en la Casa Museo Pedro Nel Gómez. En la Medellín que se asoma al futuro luminoso desde sus espasmos de violencia, pobreza y dolor, desde las postrimerías del siglo XVIII Goya nos habla como si fuera hoy, con obras que retratan una situación social sin tiempo ni espacio.
Hasta el próximo 8 de febrero podremos ver la muestra de los 80 Caprichos, con técnica mixta de aguafuerte, aguatinta y retoques de punta seca, compromiso del artista con su tiempo y con esa “triste España sin ventura” como canta el romance antiguo, destrozada por la corrupción, las guerras civiles, el hambre y la miseria, llena de contrabandistas, ladrones, adivinos, soldados, aventureros, políticos y clérigos corruptos. Goya llamó a sus estampas "asuntos caprichosos que se prestaban a presentar las cosas en ridículo, fustigar prejuicios, imposturas e hipocresías consagradas por el tiempo”. Compartía la diatriba frontal de los ilustrados de su época contra los excesos del poder real, clerical o nobiliario, contra la Inquisición, la superstición, la ignorancia, la hipocresía, la corrupción y la decadencia general de las costumbres. Como buen humanista, odió visceralmente la guerra y la violencia. Por todo ello y por romper con los moldes tradicionales de la pintura y el grabado, es un precursor del arte moderno, de gran influencia en movimientos posteriores como el impresionismo, el expresionismo y el surrealismo.
Goya: reportero social
Álvaro Morales Ríos, director de la Casa Museo Pedro Nel Gómez, valora así la muestra: “Goya en 1797, cansado de ser el pintor oficial de la Corte, sumido en los retratos del poder, se dedicó en una especie de año sabático a hacer lo que quería, lo que llamó 'temas de asuntos caprichosos', entendidos como la libertad creadora. Lo que hace es ver lo que pasa en su sociedad, encontrar sus grandes taras, una sociedad sumida en la ignorancia, supersticiosa, envidiosa. España es un país que por su anclaje medieval se le impide llegar al iluminismo, al que otros países europeos están llegando; la banalidad, la corrupción de la nobleza y del clero, los refleja Goya en estos retratos de época, un anticipo del reporterismo gráfico.
En los 80 grabados se ven desde los matrimonios de conveniencia hasta la delirante condición del hombre que sueña monstruos, las pesadillas, la brujería, la ignorancia, la estupidez, la Inquisición -tema muy denunciado- y la manera en que compara a ciertos animales con la conducta de los seres humanos. Es tal el realismo, que uno puede ver hasta dónde estaba parado Goya mirando esos episodios: la gran virtud es que ese testimonio de época queda grabado con la simplicidad que sucede el hecho, que se le vuelve a uno paisaje y costumbre, pero con profundidad. Es un reportero gráfico con todas las de la ley, de los defectos sociales de la época y de esas pasiones humanas que nunca dejan de ser, antes y después de Goya. El sueño de la razón produce monstruos es el punto focal de la creación artística misma, es esa razón que se pretende imponer y no permite calidad a la poesía, a la creación, ni que la sociedad se manifieste como es en realidad, que sus expresiones sean en cierto momento el no-deber ser”.
Goya llamó a sus estampas
"asuntos caprichosos que se prestaban
a presentar las cosas en ridículo,
fustigar prejuicios, imposturas e
hipocresías consagradas
por el tiempo”
FuMorales Ríos aludió al claroscuro que logra Goya: “En el grabado, técnica tan compleja y de tanta destreza, logra Goya un claroscuro admirable, de mucha precisión: en él no hay espacio para la equivocación. Su estilo particular, son trazos sencillos, vistos a la lupa, escuetas líneas que para dar imagen de un conjunto armonioso se necesita genialidad”. Es distinto del trazo de Rembrandt, de quien toma Goya al parecer elementos técnicos, a juzgar por las estampas que poseía del gran maestro del claroscuro. Los grabados de éste son la perfección del detalle, el dibujo perfecto, fotográfico, trasladado al metal. Una muestra artística de este calibre requiere una curaduría especializada y la Casa Museo Pedro Nel Gómez se la dio, con una tecnología singular. “Las cosas -refirió el director-partieron de un suceso trágico pero afortunado: un daño severo en las salas por el invierno a fines de 2007, que aprovechamos para una renovación completa. Y recurrimos a una tecnología nueva en iluminación que se llama luz fría, una luz amplificada con letz que no generan calor ni rayos ultravioletas ni infrarrojos y son muy amables para la conservación de las obras, el ambiente, y apenas consumen 6% de la energía de una bombilla normal. Contamos además con la curaduría interna de Ángela María Parra”.
Goya y Quevedo: sueños compartidos
Bautizados primero “Sueños”, “Los Caprichos” son la versión gráfica de los Sueños, escritos satírico-morales de Quevedo (1580-1645). Del Siglo de Oro al de las Luces, las vidas de Francisco de Quevedo y Francisco de Goya (1746-1828) guardan relativo paralelismo. Ambos: blanco de persecución, ataques y difamaciones. Mucho antes que Goya, Quevedo estuvo en la mira de la Inquisición, a la cual llegó un Memorial contra sus escritos en 1629; el libelo de 1635, titulado “El tribunal de la justa venganza”, lo califica como “maestro de errores, doctor en desvergüenzas, licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático de vicios y proto-diablo entre los hombres”. Ambos matizaron la vida cortesana con el valiente ejercicio de la libertad de expresión artística. Quevedo, más mesurado en sus críticas a la nobleza, con la cual tenía vínculos, tomó distancia de ella cuando en El sueño del infierno dijo: “Tres cosas son las que hacen ridículos a los hombres: la primera la nobleza, la sigunda la honra y la tercera la valentía”. En el Juicio final expresó: “Las justicias llevan tras sí los negociantes, la pasión a las mal gobernadas justicias, y los reyes desvanecidos y ambiciosos, todas las repúblicas. No faltaron en el camino muchos ecclesiásticos, muchos teólogos”. Goya traduce esto en “Tal para cual”, donde están la reina y Godoy, en sucesos políticos de la época. Grabados político-sociales son también “Se repulen: Los empleados que roban al Estado se ayudan y entretienen unos a otros”, “Nadie se conoce” (la hipocresía) o “Muchachos al avío: Los contrabandistas en acecho de cuantos pasan cerca de un camino, poco se diferencian de los ladrones”. Parecen de la misma pluma los siguientes textos de Los sueños de Quevedo, y las imágenes y comentarios a Los Caprichos:
“Después ya que a noticia de todos llegó que era el día del Juicio, fue de ver cómo los lujuriosos no querían que los hallasen sus ojos por no llevar al tribunal testigos contra sí, los maldicientes las lenguas, los ladrones y matadores gastaban los pies en huir de sus mismas manos” ...“Pero lo que más me espantó fue ver los cuerpos de dos o tres mercaderes que se habían calzado las almas al revés y tenían todos los cinco sentidos en las uñas de la mano derecha” ...“Era de ver una legión de demonios con azotes, palos y otros instrumentos, cómo traían a la audiencia una muchedumbre de taberneros, sastres, libreros y zapateros, que de miedo se hacían sordos, y aunque habían resuscitado no querían salir de la sepultura” ...“Una que había sido casada siete veces, iba trazando disculpas para todos los maridos. Otra dellas, que había sido pública ramera, por no llegar al valle no hacía sino decir que se le habían olvidado las muelas y una ceja” ...“Hase de advertir que las cosas de más valor en vosotros son la honra, la vida y la hacienda. La honra está en arbitrio de las mujeres, la vida en manos de los dotores y la hacienda en las plumas de los escribanos. Desvaneceos, pues, bien, mortales”.
"Se repulen"
Y también discurren por Los Sueños, aduladores, alguaciles, sodomitas, taberneros, poetas, astrólogos, supersticiosos, boticarios, entre otros pecadores. Así en Goya, en “Ni así la distingue2”, se comenta: “Se ciegan tanto los hombres lujuriosos que ni con lentes distinguen que la señora que obsequian es una ramera”. Sobre “Que se la llevaron” dice: “Un eclesiástico que tiene un amor ilícito busca un gañan que le ayuda al rapto de su querida”. Álvaro Morales subraya en este y otros cuadros la postura política frente al poder y frente a la Iglesia, y una de las razones para que Goya sufriese censura y persecución: “Por ello, desde que se publicaron Los Caprichos, muy rapidito hubo que sacarlos de circulación, pues sus ingresos dependían en buena parte de ser pintor de la Corte. El comentario a “Soplones” dice: “La confesión auricular no sirve más que para llenar los oídos de los frailes de suciedades, obscenidades y porquerías”. O “Duendecitos: “Los verdaderos duendes de este mundo son los curas y frailes que comen y beben a costa nuestra”. “Tántalo” recuerda al mítico rey de Frigia, condenado por los dioses al hambre y la sed eternos, con agua y manjares a su vista, como castigo a sus horrendos crímenes. Un manuscrito reseña: “Una buena hembra al lado de un viejo que no la satisface, tiene deliquios, y es como el que tiene sed, está junto al agua, y no puede gustarla”. De “El amor y la muerte” dice: “De los amores ilícitos no se suele seguir más que ruidos y pendencias”.
En “Están calientes”, los frailes se atragantan en sus refectorios. “Qué sacrificio: El vil interés obliga a los padres a sacrificar una hija joven y hermosa casándola con un viejo jorobado...”. “Bien tirada está: Una prostituta se estira la media para enseñar su bella pierna...”. “Y se le quema la casa: Los viejos lascivos se queman vivos, están siempre con las bragas en las manos”. “Todos caerán: Una puta se pone de señora en la ventana...” y alrededor suyo revolotean “militares, paisanas y hasta frailes y toda clase de avechuchos...”. El mundo de la hechicería y las supersticiones se palpa en grabados, como “Aquellos polvos: Un vulgo de curas y frailes necios hacen su comidilla de semejantes funciones”. “Lo que puede un sastre: La superstición general hace que todo el pueblo se prosterne y adore con temor un tronco cualquiera vestido de santo”.
Goya, querido por muchos, atacado por otros, también lo fue por un ataque de apoplejía. Luego, no se sabe si un mal venéreo, trombosis, síndrome de Menière, intoxicación por plomo o quién sabe qué, le generó sordera al final de su vida, que agudizó su sensibilidad interior, como a Beethoven. Sordos, éste escribió su inmortal Novena Sinfonía, aquél plasmó un retrato eterno de la humanidad.
 



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