MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 136 ENERO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Reflexión del mes

"Que el hombre pasa como las naves,
como las nubes,
como las sombras".
(Fragmento de “A Kempis”)
Amado Nervo (Méjico 1870 - Uruguay 1919). Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, conocido como Amado Nervo, poeta cuya vida estuvo signada por la tragedia ante la recurrente muerte de seres queridos. Estudió Ciencias, Filosofía y Teología. Fundó la “Revista Azul” y la “Revista Moderna”, en cuyas páginas se desbordaba todo el ímpetu del modernismo americano. Entre el conjunto de su creación, se destacan sus libros «Serenidad», «Elevación», «Plenitud» y «La amada inmóvil».
.

El proyecto de darle a Medellín un hospital o clínica donde se concentre el recurso humano más calificado, y las facilidades técnicas y científicas necesarias para atender como se debe a nuestras mujeres, es una idea excelente que aparentemente no admite discusión. Todas las grandes ciudades del mundo, y Medellín lo es, tienen un Hospital con estas mismas características. ¿Qué es entonces lo que mueve a sus opositores y hace que adopten actitudes beligerantes y utilicen un lenguaje hosco, que no se compadece con su posición, llamando a sus colegas asesinos por el mero hecho de que de buena fe abogan por la construcción de la Clínica y la apoyan?
Tengo la impresión de que lo que pretenden estos nuevos cruzados con su aguerrida estrategia, es crear una cortina de humo, confusión, miedo, pánico, es hacer terrorismo literario para que las autoridades y las gentes no apoyen el proyecto, y así la llaman mentirosamente clínica de abortos, una palabra que denota una acción criminal, y que en manera alguna es equivalente a la interrupción legal del embarazo, que tampoco es eufemismo. Este término es lenguaje decente, que denota que la solicitud de una mujer para lograr tal propósito, está amparada por la razón, y tiene el soporte de los médicos capaces de asumir con un tris de autonomía sus decisiones, y sobre todo, cuenta con la protección de la Ley, que, entre otras cosas obliga a todos los centros hospitalarios del país y a sus médicos. Negarse a atenderlas es punible, por razones elementales que incluyen el mandato legal y la obligación que tiene el médico de prevenir las miles de muertes y miseria que dejan los abortos clandestinos, inseguros, criminales, a que obligamos a las madres, si no les damos la atención debida.
La vida me permitió visitar muchos hospitales en distintos países, entre ellos los que se dedican a atender la mujer, o la mujer y el niño, estos con el nombre de materno-infantiles. La inmensa mayoría de consultas que ellas hacen, nada tienen que ver con los abortos: son los partos normales o de alto riesgo, las infecciones, el cáncer, los cambios metabólicos y endocrinos, las afecciones psico-emocionales y muchos otros motivos, los que llevan la mujer a consultar. Pero si a una de estas clínicas se presenta una mujer embarazada solicitando que le ayuden a interrumpir su preñez, y reúne las condiciones establecidas por la Ley, estos hospitales y sus médicos no pueden negarse a hacerlo.
¿Podemos lícitamente descalificar un proyecto como el que nos ocupa, porque va a tener que atender unas cuantas mujeres que, de acuerdo con la Ley, tenemos que atender? No. De ninguna manera. Le haríamos daño a la ciudad y a su gente, y no es ético ni moral, hacerle daño a los demás. Y si no le damos atención a nuestras mujeres cuando buscan un lugar seguro para que atienda su necesidad de interrumpir el embarazo, las estamos enviando a los mataderos clandestinos. ¿Es esto lo que quieren los opositores a la idea de dar un hospital para las mujeres a la ciudad? ¿Es esto lo que quieren quienes denigran de la legislación que las protege y que, aunque llegó tarde, gracias al perverso accionar de todos los fanáticos, llegó al fin, y llegó para quedarse. Cierto señor Procurador? Estudie un poco sobre el asunto y confirmará cómo en los últimos dos mil años de historia, que sepamos, ninguna fuerza espiritual o material ha sido suficiente para impedir que las mujeres, ocasionalmente, renuncien a su función de llevar a término un embarazo. Y tenga la seguridad que no pertenecen al eje del mal.
Quien haya leído un poco siquiera sobre historia de las religiones, sabe muy bien que esta historia está saturada de conflictos, guerras, violencia, porque quienes asumen el papel de defensores de los principios religiosos -incluyendo buena parte de la feligresía-, nunca estarán dispuestos a ceder un milímetro acerca de sus creencias. Y esta es una posición que debemos respetar quienes no pensamos así, pidiendo con el mayor respeto y comedimiento que ellos también respeten nuestras ideas, las ideas de los demás; pero esto tampoco se da con mucha frecuencia. Lo que si se da en la frecuente controversia sobre la interrupción del embarazo, es un derroche de mojigatería y fanatismo.
Leyendo artículos de prensa nos enteramos de sus autores y su modo de pensar. En titular aparecido en EL PULSO, leemos: “Clínica de abortos”, suficiente para saber qué dice su autor y cómo lo dice. Nos llama asesinos. En cambio, en el Boletín Informativo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, apareció uno titulado “Lapidación mediática de la Mujer” (Nota de la editora: También publicado en EL PULSO, en la misma página de OPINIÓN de la edición No. 132 de septiembre de 2009 en la cual se publicó el artículo referenciado), refiriéndose al trato cruel que la humanidad le ha dado históricamente a la mujer, llevándola muchas veces a la muerte. Pero estos, si no son asesinos, ¿verdad? “Posición de la Facultad de Medicina frente al Proyecto de Clínica de la Mujer” dice el Sr. Decano Elmer Gaviria, en el Boletín Informativo de la Facultad, recomendando que se haga realidad el proyecto de la Clínica.
Doctor, ¿me puede asegurar usted que allí, en la Clínica de la Mujer, no se van a interrumpir embarazos? Me pregunta una señora en una reunión familiar. Y le respondo: “No. Mejor dicho, sí, sí le puedo asegurar que se van a interrumpir unos cuantos embarazos, en las condiciones que la Ley colombiana estableció para que hospitales y clínicas lo hagan, ofreciéndole a la mujer todas las seguridades posibles para librarla de un aborto clandestino, criminal. Además, déjeme contarle, que pertenezco a ese grupo creciente de ciudadanos que cree que la mujer es libre para determinar lo que debe hacer con su cuerpo dentro del respeto por la Ley. Libre para hacer el amor, como lo es el hombre, siempre que lo haga responsablemente y proteja su dignidad. Libre para pactar con su pareja si quiere tener hijos y cuándo quiere tenerlos. Libre para romper cualquier vínculo conyugal cuando su compañero sentimental le falte al respeto, la maltrate o amenace su dignidad. Libre para rechazar y denunciar cualquier intento de violación dentro o fuera de la unión conyugal, cualquiera que sea su registro: religioso, civil o de unión libre. Soy del grupo de los que cree que la mujer tiene los mismísimos derechos que los varones y que en el poco resquicio que le ha dejado la sociedad para asomarse en público, ha demostrado ser más inteligente, más constante, más honesta, que sus congéneres masculinos” .

 
  Bioética
Ignorancia crasa
o fanatismo impertinente

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
Hay temas o hechos que sin duda porque hacen relación a situaciones vitales importantes para todo ser humano -cualquiera sea su grado de preparación académica-, agitan profundamente nuestro interés participante. Temas o hechos que nos deben hacer reflexionar y ante los cuales asumimos con más frecuencia de lo conveniente actitudes que demuestran ignorancia crasa y, unida a ésta, un fanatismo que como todo fanatismo es impertinente y revela, además, una elemental carencia de buenos modales.

Ejemplos de estos temas o hechos pueden ser el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido, etc.
Veamos: en los últimos meses se presentaron en el debate público manifestaciones en pro y en contra de la llamada Clínica de la Mujer, en la cual según criterio de autoridades municipales convencidas de la “ideología de género” se debe hacer la interrupción voluntaria del embarazo y reconocer en toda su extensión los llamados “derechos sexuales y reproductivos” de la mujer.
Surgen entonces como por arte de magia adalides vacuos, seres iluminados, que carentes de argumentos para oponer a una u otra opinión -ignorancia crasa- no encuentran otra forma de hacerse presentes más que por medio de la ofensa rabiosa -fanatismo impertinente-. Bien sabido es que frecuentemente a falta de argumentos se echa mano del insulto como estandarte de vencedor, dando a conocer no sólo carencia de conocimientos sobre la materia sino también carencia de buena crianza.
Los interrogantes que plantean el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido y otros temas propios de esta área, son antropológicos antes que legales y religiosos. En relación con el aborto los interrogantes son: ¿Qué es, ontológicamente, lo que se elimina o suprime? ¿Cuál es el estatuto del embrión humano? ¿Es realmente sólo un cúmulo de células y órganos o posee estructuralmente la condición de ser humano, de persona humana? ¿Cuándo adquiere y por qué razón la calidad de persona humana?
No es el momento de hacer un amplio análisis de cada uno de los temas mencionados. Bástenos expresar que la biología y la antropología filosófica permiten afirmar que el zigoto (o cigoto), resultado de la unión de un óvulo y un espermatozoide humanos, es una realidad humana, una persona humana en acto, que evidencia su existencia en cada momento según su circunstancia.
Ya a finales del siglo V antes de Cristo, es decir antes de que existieran Iglesia Católica, sacerdotes y monjas cristianos, el Juramento (Hórkos) llamado hipocrático exigía a los médicos -insisto, bajo juramento-, no practicar ni el aborto ni la eutanasia: «No daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco letal, ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte» -IV voto-.
Los interrogantes que plantean el aborto, la eutanasia, el suicidio asistido y temas afines, son antropológicos antes que religiosos o legales, y en este contexto deben ser discutidos.
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

 

 
 











Arriba

[Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved