DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 182  NOVIEMBRE DEL AÑO 2013    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 

Colombia y su eterna
lucha contra la tuberculosis

Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
En Colombia anualmente se reportan cerca de 12.000 casos de Tuberculosis: en los últimos años se notifican entre 24 y 26 casos por 100.000 habitantes. Antioquia, Valle y Bogotá tienen casi el 40% de los casos nuevos. En Colombia, cada año hay unas 1.000 muertes por tisis, aunque la mortalidad bajó 40%, de 3,45 casos por 100 mil habitantes en 1999 a 2,1 en 2010.
Alguien dijo que cuando el hombre apareció en la tierra, los demás animales se dieron cuenta porque tosió, posiblemente infectado de tuberculosis. Mal chiste o hipérbole, se apoya en un hecho aceptado: la tuberculosis es más vieja que el hombre, evolucionó más rápido que él: el carácter parasitario del Mycobacterium tuberculosis es anterior al Homo sapiens, al parecer del período neolítico cuando el hombre inició labores de ganadería y el Mycobacterium bovis mutó a Mycobacterium tuberculosis.
El investigador Enrique Fliess señaló que hay hallazgos arqueológicos de momias egipcias de 3000 a.C. con signos óseos que sugieren la enfermedad. Y 700 años antes de nuestra era, textos médicos de la Mesopotamia hablan de pacientes que “continuamente tosen y con frecuencia escupen sangre”, y la medicina védica de la antigua India registra la “consunción o enfermedad consuntiva” llamada yaksma. La tisis precedió en Grecia a las guerras del Peloponeso (431-404 A.C.) y en los primeros siglos de esta era, la describen clínicamente los textos clásicos de la medicina china.
Todo indica que la tuberculosis es compañera del hombre hace unos 6.000 millones de años.
Colombia y el mundo luchan pues, contra un mal eterno. Una persona se infecta de tuberculosis cada segundo en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, precisa el informe, se reportan cerca de 9 millones de casos nuevos, y más de 1 millón de personas mueren por esta causa, 350.000 de ellas en co-infección con VIH, y la prevalencia global se estima entre 16 y 20 millones de personas.
Una persona se infecta de tuberculosis
cada segundo en el mundo, según la OMS.
Cada año se reportan casi 9 millones de casos
nuevos y más de 1 millón de personas mueren por
esta causa, 350.000 de ellas en co-infección con VIH.
En América, el mal afecta a 270.000 personas al año, de ellas 44.000 son niños y más de 23.000 fallecen por el mal. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM-, meta 8, numeral 6 dice: “Haber detenido y comenzado a reducir para el año 2015, la incidencia del paludismo y otras enfermedades graves”. Acorde con las metas de ODM, el Plan Estratégico 2010-2015 “Colombia libre de tuberculosis” del Ministerio de la Protección Social, plantea como metas generales: notificar más del 70% de casos nuevos y curar al menos 85% de ellos, y reducir la mortalidad y la prevalencia al 50% a 2015.
Mil muertes al año por tuberculosis en Colombia
El Colombia, entre 1998 y 2012 la tasa de mortalidad por tuberculosis (TB) por cada 100.000 habitantes bajó de 3.43 a 1.91 personas. En 2011 la situación aún era preocupante, según el Observatorio “Así Vamos en Salud”: había 11.708 casos confirmados, o sea, 24 casos por cada 100.000 habitantes. En indígenas era 2.5 veces más alta que el promedio nacional (61 casos, y en algunos pueblos más de 500 casos por 100.000 habitantes).
En marzo de 2012, la entonces ministra de Salud, Beatriz Londoño Soto, anunció una asignación cercana a los $11.000 millones para acciones anti-tuberculosas, en asocio con el Fondo Mundial de Lucha contra la Tuberculosis, la Malaria y el VIH, y enfocado a 46 municipios del litoral pacífico de especial vulnerabilidad.
El director del Instituto Nacional de Salud, Fernando de la Hoz Restrepo, informó a principios de 2013 que en Colombia anualmente se reportan cerca de 12.000 casos de TB: en los últimos años se notifican entre 24 y 26 casos por 100.000 habitantes. Las entidades territoriales de Antioquia, Valle del Cauca y Bogotá tienen cerca del 40% de los casos nuevos. En Colombia, cada año hay unas 1.000 muertes por tisis, aunque la mortalidad bajó 40%, de 3,45 casos por 100 mil habitantes en 1999 a 2,1 en 2010.
En el mundo, se estima que cerca de 10%
de los casos nuevos de tuberculosis ocurre
en menores de 15 años, en Colombia es de 6%
el índice; y el 80,7 % de los casos del país,
corresponde al tipo pulmonar.
En el mundo, se estima que cerca de 10% de los casos nuevos de tuberculosis ocurre en menores de 15 años, en Colombia es de 6% el índice; y el 80,7% de los casos del país, corresponde al tipo pulmonar. Según el Boletín Epidemiológico del Instituto Nacional de Salud, en el primer trimestre de 2013 las entidades territoriales con las incidencias más altas (casos nuevos notificados) fueron Amazonas (32,2 por 100.000 habitantes), Chocó (14,48), Risaralda (11,9) y Barranquilla (11,43); la incidencia nacional es de 6,11 por 100.000 habitantes.
En 2012, la cobertura de la prueba voluntaria de VIH alcanzó el 61% en los pacientes con tuberculosis y se detectaron más de 1.000 casos con co-infección TB/VIH (cerca de 11%). Entre 10 y 20% de los casos de TB reportados en Colombia presentan co-infección con el VIH, 4% en población pediátrica, con alta presencia en niños menores de un año.
Tisis tras las rejas
Sin libertad, con menguados derechos humanos, la población carcelaria tampoco tiene salud adecuada. El hacinamiento, la humedad, la desnutrición, las malas condiciones de luz y ventilación, y la deficiente atención médica, hacen de los presos una población altamente vulnerable a la tuberculosis. En agosto de 2012, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) registró dos internos contagiados de tuberculosis en la cárcel La Modelo, de Bogotá, uno de ellos con el VIH. El mismo año hubo 1.832 casos nuevos de tuberculosis en Valle del Cauca, 124 de ellos en menores de 15 años, siendo Cali, Palmira y Buenaventura las ciudades más afectadas. En abril de 2013, se informó que tres internos de la cárcel “La 40” de Pereira padecían el mal. El 5 de agosto de este año, el periódico El Tiempo registró que Jesús Uribe Pérez, de 31 años de edad, era el tercer recluso muerto en prisión en Barranquilla, en la Penitenciaría El Bosque por esta causa, en menos de un mes; los otros dos en la Cárcel Modelo, en donde había otros 7 casos confirmados.
 
La locura: reflejo de la
cultura intelectual y moral de los pueblos
Ciento treinta y un años después de la primera descripción del bacilo de la enfermedad, por el alemán Robert Koch (marzo de 1882), la médica cirujana de la Universidad Nacional, Magnolia Arango, posgraduada en Pediatría y Neumología y magíster en Historia, descubrió que Colombia participó del boom médico de este descubrimiento, como parte de la comunidad que investigó el asunto y lo incorporó al ámbito clínico.
“La tuberculosis es un problema de hace 100 años que no se ha superado, y constituye aún un desafío del presente y del futuro, si el país no toma el comando para controlar esta enfermedad”.
Dra. Magnolia Arango
Dijo la investigadora: “Esto cambió los conceptos y la aplicación médica y abrió posibilidades terapéuticas. En septiembre (de 1882), seis meses después de la descripción de Koch, en Colombia ya existían comunicaciones e informaciones del descubrimiento, porque a pesar de las distancias, había una comunicación muy activa entre los médicos colombianos y franceses. Entonces, la Academia Colombiana de Medicina replanteó la concepción de la enfermedad y en la Universidad Nacional de Colombia emergió una corriente de investigación, constatada en trabajos de grado de los estudiantes de Medicina sobre el siglo XIX”.
La médica dijo que a fines de ese siglo los estudios se enfocaron a la tuberculosis y otras enfermedades infecciosas en el Hospital San Juan de Dios y otros, muy cerca de los avances internacionales. Con la científica, podemos concluir: “La tuberculosis es un problema de hace 100 años que no se ha superado, y constituye aún un desafío del presente y del futuro, si el país no toma el comando para controlar esta enfermedad”.
 
 

Tuberculosis, la
“plaga blanca” del romanticismo

Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Edgar Allan Poe
Lord Byron.
Frèderic Chopin.
Morir por la peste bubónica en el Medioevo o por la lepra, además de cruel era vulgar y de mal gusto. Pero morir de tuberculosis en la época de romanticismo del siglo XIX confería nobleza y status intelectual. También llamada tisis, consunción, plaga blanca, “mal du siècle”, “príncipe de la muerte” o “enfermedad de los artistas”, en vez de penosa y estigmatizante se volvió un mal deseado, y contraer la infección era la forma más bella de morir.
La tisis se mitificó y hasta se creyó que producía
"raptos" crecientes de creatividad llamados "Spes phtisica",
que estallaban en un clímax supremo de genialidad y
belleza justo antes de la muerte.
Amedeo Modigliani. El aspecto fantasmal del tuberculoso era en el mundo romántico la renuncia a lo mundano, fruto del desencanto con la rigidez social del racionalismo y la Ilustración y con la nueva sociedad burguesa, traidora de las promesas de la Revolución Francesa; y era otra forma de afirmar el imperio de la libertad y de la sensibilidad. Así como hoy la globalización de la moda creó el estereotipo de modelo ultra-delgada, la “mujer gancho” para colgar prendas móviles en una pasarela, el ideal de belleza romántica hizo lo propio. Muchas damas del siglo XIX siguieron estrictas dietas de vinagre y agua, para provocarse anemias hemolíticas que empalidecieran su semblante. Ayer morían tísicas, hoy mueren anoréxicas o por complicaciones de peligrosas cirugías estéticas.
La tisis se mitificó y hasta se creyó que producía "raptos" crecientes de creatividad llamados "Spes phtisica", que estallaban en un clímax supremo de genialidad y belleza justo antes de la muerte.
La estancia de muchos jóvenes intelectuales de buena posición social en las casas de curación, propiciaba una vida ociosa de élite y ocasionalmente favorecía el impulso creativo, sin responsabilidades familiares o sociales, una apetecible “fuga mundi”.
Padecieron la enfermedad escritores como Novalis, Schiller, John Keats, Bécquer, Chéjov, Edgar Allan Poe, Lord Byron, Shelley, Molière, Kafka; los músicos Chopin, Paganini y Carl María von Weber; el pintor Modigliani y muchos otros artistas e intelectuales, admirados en vida pero más envidiados por su muerte. La madre de Poe y su joven esposa Virginia, también murieron tísicas. Tristemente, la “peste blanca” no sólo se ensañó con los espíritus selectos: mató a 25% de la población europea, arrasando con urbes completas entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX.
Marie Duplessis, quién inspiró el personaje de “La dama de las camelias”, de Dumas. La guadaña de la Parca y la actividad científica de Robert Koch, despertaron al fin a las élites románticas de su lánguido sueño. En 1882 Koch descubrió el bacilo infectante, enunció los principios y desarrolló las técnicas de la bacteriología moderna. Así, el mundo supo que la tuberculosis nada tenía que ver con la riqueza y sensibilidad del intelecto, y sí mucho con la pobreza y la insalubridad públicas. La aparición de grandes centros industriales como Manchester y Glasgow, antes poblaciones rurales, el rápido crecimiento demográfico de Londres y otras populosas urbes, y una insalubridad incontrolada, fueron caldo de cultivo para la propagación de la enfermedad. En 1900 se registraron en Gran Bretaña 43.000 muertes por esta causa, para una población de 33 millones de habitantes, esto es, una tasa de mortalidad de 1.33%. Entre tanto, Francia, Alemania y Estados Unidos tenían tasas de 0,88%, 2,01% y 2,06% respectivamente.
La tos, otra de las bellas artes
Los estereotipos de belleza que hoy imponen la Internet, el canal de TV “Fashion”, y las pasarelas de Milán y Colombiamoda, en el Renacimiento los legitimaban pintores como Sandro Botticelli, quien plasmó el ideal de mujer pálida y lánguida, en “La primavera” y “El nacimiento de Venus”, con los rasgos de Simonetta Vespucci, su amante florentina, bella, elegante y además, tuberculosa. Aunque improbable, para algunos la modelo de Goya en su “Maja desnuda” fue la Duquesa de Alba, aquejada de tisis y dengue en 1796. Modelos estéticos que influirán tardíamente en la plástica del romanticismo.
En 1882 Koch descubrió el bacilo infectante, enunció los principios y desarrolló las técnicas de la bacteriología moderna. Así, el mundo supo que la tuberculosis nada tenía que ver con la riqueza y sensibilidad del intelecto, y sí mucho con la pobreza y la insalubridad públicas.
Las tres hermanas Brontë, ilustres escritoras, Emily (“Cumbres borrascosas”), Anne (“La inquilina de Wildfell May”) y Charlotte (“Jane Eyre”), murieron de tuberculosis en un lapso de 7 años, entre 1848 y 1855.
Entonces, sobresalen el alemán Caspar David Friedrich (17874-1840) con sus paisajes sombríos y personajes melancólicos; en Francia Théodore Gericault (1791-1824) y Eugéne Delacroix (1798-1865), consagrado éste con "La

balsa de la Medusa"; el noruego Edvard Munch, quien en “El grito” descargó la angustia por la temprana muerte de su madre y su hermana, minadas por la tisis. El cuadro “Baroness Burdett-Coutts garden party at Holly Lodge, Highgate”, óleo pintado en 1882 por tres hermanos artistas: Alfred, Archibald y Arthur Preston Tilt, muertos todos por la “plaga blanca” poco después de terminar la obra, muestra una reunión social dentro del Congreso Médico Internacional de Highgate de 1881, al cual asistieron médicos que investigaban el bacilo de la tuberculosis.
Las tres hermanas Brontë, ilustres escritoras, Emily (“Cumbres borrascosas”), Anne (“La inquilina de Wildfell May”) y Charlotte (“Jane Eyre”), murieron en un lapso de 7 años, entre 1848 y 1855, víctimas de idéntico mal, lo cual estimuló más la leyenda romántica que asocia el “mal du siècle” con una sensibilidad exquisita y hasta hereditaria. También murieron tísicos Laennec, autor de las descripciones más detalladas de esta sintomatología; Simón Bolívar y Napoleón II, duque de Reichstadt, entre otros personajes célebres.
Tísicos y tísicas de todas las condiciones discurren por cuentos, relatos y novelas, en calidad de autores y/o personajes. En 1848, el escritor y periodista francés Henri Murger, antiguo secretario de Tolstoi, publicó un folletín por entregas: “Escenas de la vida bohemia”, relato de los amores y pesares de un grupo de artistas y estudiantes parisinos; Rodolfo, el protagonista, es un alter ego de Murger.
Llega al teatro y luego a la ópera, nada menos que “La Boheme” de Puccini. Murger muere de tuberculosis en el hospital; su heroína Mimí fallece de lo mismo, esperando en vano un ramo de violetas de su amante. Contemporáneo de Murger, Alejandro Dumas publicó “La dama de las camelias”, meses después de “Escenas de la vida bohemia”. Los personajes de Dumas no serán pintores y poetas, sino aristócratas y burgueses ricos, y Margarita Gauthier, una cortesana de mucho glamour, quien igual que Mimí, muere tuberculosa. Y lo mismo que el relato de Murger, “La dama de las camelias” se eterniza en la ópera, en este caso en “La Traviata” de Verdi, con libreto de Francesco María Piave 6

 
Ocioso lector

Tuberculosis: una presencia en la literatura y el cine
En la novela de los siglos XIX y XX hay numerosos ejemplos de la influencia de la tuberculosis en el pensamiento cultural: “La montaña mágica” de Thomas Mann relata las vivencias de un paciente en un sanatorio para tuberculosos. En la literatura rusa del siglo XIX muchos personajes de novela padecen tuberculosis, pero el autor más recurrente con el tema es Dostoyevski: Katerina Ivanovna en “Crimen y castigo”, Kirillov en “Los endemoniados” o Ippolit y Marie en “El idiota” la padecen. En “Los miserables” de Víctor Hugo, Fantine muere de tuberculosis por las condiciones en las que se prostituye. Rachel Weisz en “El jardinero fiel”, película sobre ensayos en pacientes de África de una multinacional farmacéutica, ante posible pandemia mundial de tuberculosis.
En la novela de John Le Carré “El jardinero fiel” así como en la película homónima de Fernando Meirelles, la trama alrededor de las pruebas para un fármaco anti-tuberculoso de una multinacional farmacéutica en África, desarrolla el tema de una posible pandemia mundial por la aparición de cepas muy resistentes a los tratamientos antibióticos conocidos. Y Camilo José Cela, Nobel de literatura 1989, describe en "Pabellón de reposo" (1943), sus vivencias en el tiempo que vivió en un sanatorio para tuberculosos.
En la literatura iberoamericana también hay obras centradas en el tema de la tuberculosis, como “Boquitas pintadas” de Manuel Puig (también llevada al cine), “Los adioses” de Juan Carlos Onetti, “María Luisa” de Mariano Azuela, “Cabocla” (La Mestiza) de Ribeiro Couto (fue popular telenovela), el poema “Pneumotórax” de Manuel Bandeira, entre otros.
 



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