DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 195 DICIEMBRE AÑO 2014    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 
San Francisco de Asís,
trovador de Dios y cantor de la paz
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Predica el amor en el primer pesebre vivo, busca la paz en las sangrientas Cruzadas, es bálsamo para enfermos y desvalidos, se une místicamente con Dios en la naturaleza. Ocho siglos después, San Francisco de Asís vuelve a ser la más bella lección de paz y mansedumbre. Frente a la escalada de la violencia humana, resuena el canto sublime del trovador de Dios.
Nace en 1182 en Asís (Italia) y aquí muere a los 44 años. Se llama Juan, lo apodan Francesco por su afición a los cantos y romances franceses de los trovadores que topa en el camino de Francia, Flandes y otras tierras adonde viaja con su padre, Pedro Bernardone, rico comerciante de ropas finas; se cruza con vagabundos, mendigos, bandidos y prostitutas, malgasta dinero en juergas con una tropa de alegres libertinos. Cantante exquisito y futuro juglar de Dios, se le atribuye la primera canción italiana.
En el licencioso siglo XIII, no hay agua potable y escasean las mujeres castas; con sus maridos en la guerra, quedan a merced de ladrones, violadores y clérigos, procreadores de niños en ese mundo de peste, lepra, sífilis y malaria. Francisco sueña con la vida caballeresca, estrena su valor en el ataque burgués a la fortaleza aristocrática de Asís, mueren nobles a manos de zapateros, carniceros y escribanos.
Los sobrevivientes exiliados en Perusa, en 1200 derrotan a los burgueses en Asís y apresan a muchos. Confinado en insalubre mazmorra, Francisco adquiere la malaria y sale libre un año después, previo pago de rescate.
Aguda ruina moral vive la Iglesia Católica. En “Francisco de Asís, el santo que quiso ser hombre“, la más reciente biografía, Donald Spoto narra la constante pugna entre papas y emperadores por el poder, y anota: “Francisco había sido testigo directo de lo ocurrido en monasterios y diócesis que tenían propiedades: la riqueza confería poder, y el poder se oponía al espíritu del Evangelio”. El obispo Guido es dueño de la mitad de las casas de Asís. Ricas y nobles familias cristianas, herederas del imperio romano, en los siglos IV y V fundan monasterios en el sur de Francia.
El propio Papa Inocencio III describe en un documento la debacle religiosa: “Muchos sacerdotes han vivido en el lujo. Han participado en fiestas de bebedores, descuidando los ritos religiosos. Han hablado de asuntos comerciales durante la misa. Han dejado las iglesias y los templos en un estado lamentable, vendido cargos y sacramentos (…). Muchos obispos se han apropiado de los ingresos de una parroquia, dejando en la indigencia a los parroquianos. Han llegado a cometer el terrible abuso de obligar a los parroquianos a pagar tributos especiales para lucrarse aún más. Han extorsionado a los feligreses con cualquier pretexto. Han comerciado de forma escandalosa con reliquias. Han permitido que los hijos ilegítimos de un canónigo sucedan a su padre”.
“Que la paz que anunciáis
de palabra, la tengáis, y en mayor
medida, en vuestros corazones.
Que por vuestra mansedumbre
todos sean inducidos a la paz, a la
benignidad y a la concordia”.
Palabras de Francisco a los “Hermanos Menores”
Verdad o leyenda, la conversión de Francisco empieza cuando la imagen del Crucificado le habla en la iglesia de San Damián: “Francisco, ¿no ves que mi casa se derrumba? Anda pues y repárala”. No habla tanto de la reparación material de un templo, como de la restauración moral del cristianismo. Francisco sustrae telas de su padre y las vende para reparar el templo; airado, el viejo Bernardone lo azota en público. El joven sale desnudo a la calle y en público exclama: “Señor, no sólo quiero devolver con gozo de mi alma el dinero adquirido al vender sus cosas, sino hasta mis propios vestidos”, y agrega: “Como tengo propósito de consagrarme al servicio de Dios, (…) quiero desde ahora decir: Padre nuestro, que estás en los cielos, y no padre Bernardone”.
A unos mendigos enfermos regala las monedas que le quedan. En adelante, cuida los leprosos y lava sus heridas. “Al servir a los marginados del mundo, Francisco comenzó a elevarse hacia la auténtica nobleza que había buscado durante tanto tiempo y que no descubriría en las armas, en los títulos”, dice Spoto, quien niega una intención masoquista en el ascetismo del santo. “¿Acaso nuestra obsesión actual por la perfección física resulta menos patológica que el comportamiento del asceta?”, inquiere, y anota que negando sus necesidades, “El Poverello” tonifica su espíritu; su austeridad “encerraba una crítica tácita al lujo y los privilegios de la vida eclesiástica”.
Los “Hermanos Menores”, doce como los Apóstoles, viven entre el cuidado de los enfermos pobres, la vida contemplativa y la predicación ambulante. “Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones. Que por vuestra mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia”, les dice su líder Francisco. No censuran ni condenan a nadie, enseñan con el ejemplo, y resisten los embates del Papa y los obispos para que adopten la Regla de San Benito -modelo de las órdenes existentes- y que prescribe cómo vestir, qué comer, cuándo hablar y cuándo callar; el de Asís les concede libertad como Jesús a sus apóstoles, para algunos son fanáticos y locos. Francisco no quiere ser abad ni fundar una orden ni exponer su hermandad a la decadente vida monástica. Pero cede, a instancias del obispo Guido, para solicitar al menos la aprobación de su fraternidad y evitar la acusación de herejía.
Francisco, gestor de paz
Francisco de Asís encarna la paz y la promueve en la sangrienta Quinta Cruzada, liderada por el cardenal español Pelayo Galván. Calificado éste por Spoto como “arribista, autoritario, vanidoso, terco e inflexible”, siempre rechazó la generosa tregua que ofrecía el sultán Al Kamil, aceptada por comandantes y soldados cristianos y apoyada por el de Asís. Pelayo es aliado de comerciantes italianos y sus jugosas transacciones con Egipto.
Anhelante de la paz, enemigo del desangre y ansioso del martirio, Francisco entra al campamento islámico y habla con el Sultán. De momento fracasa en su gestión de paz, pero logra un triunfo moral: el Sultán aprecia su valor, sólida fe y desapego de los lujos humanos. Francisco ve en Al Kamil un hombre pacífico y devoto que también cree en un solo Dios. El moro renueva su pedido de tregua, Pelayo se obstina en la guerra. Su aventura termina en cruenta derrota para los cruzados, obligados a firmar el armisticio en 1221. El magnánimo Sultán los colma de obsequios, sella una tregua de 8 años, canjea prisioneros y rehenes, y devuelve las reliquias de la cruz verdadera. La gestión cristiana y humanista de Francisco no fue en vano.
 
Mitos franciscanos
San Francisco de Asís no tuvo los estigmas de la cruz, ni inventó el pesebre, ni escribió la famosa “Oración de San Francisco”.
El franciscano Tomás de Celano, primer biógrafo del santo, dice que los estigmas no eran “vestigios de clavos, sino los clavos mismos, hechos de su propia carne”, martirio auto-infligido. A los 40 años -refiere Spoto-, el cuerpo del santo está cubierto de llagas y heridas, algunas al parecer de lepra, que trata de ocultar con guantes o vendas, como lo hacían los leprosos; sufrió también de malaria, úlcera gástrica, del hígado, del bazo y de ceguera. Las pinturas medievales del santo, brotadas de la religiosidad popular donde los sufrimientos de Jesús eran premio para los enfermos, en una época carente de medicina científica, legitiman la creencia en los estigmas.
En 1235 Berlinghieri pinta el primer cuadro de Francisco con estigmas en manos y pies, 20 años después un pintor anónimo le agrega la herida del costado. El santo nunca habló de eso y el propio Papa Gregorio IX (ex cardenal Hugolino, amigo personal del santo) desmiente durante 10 años el mito, pero cambia de opinión en 1237 y lo defiende por motivos políticos: ganar el apoyo franciscano a las reformas eclesiales y neutralizar a sus rivales, los dominicos, quienes se habían burlado de esas señales. Ayuda además a equilibrar la feria de canonizaciones: en 1232 sube al altar el franciscano San Antonio de Padua, en 1234 le toca a Domingo de Guzmán, por ejemplo. Los franciscanos postulan a Clara de Asís, los dominicos a Catalina de Siena.
El autor citado afirma que Francisco no inventó el pesebre, ya existente en las celebraciones navideñas de las catedrales de Roma y otras ciudades, pero sí fue el primero en representarlo en vivo como imagen de la pobreza evangélica. A mediados de diciembre de 1223, en una ermita de Greccio y basado en un verso del Antiguo Testamento -“Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo”-, pone los animales junto a un matrimonio del lugar que representa a María y José, tres frailes hacen el papel de los magos. Francisco predica en lenguaje sencillo sobre el nacimiento de Cristo en pobreza, y el renacimiento espiritual de Jesús en el corazón de quien lo acepte; remata el acto con un banquete para todos, incluida doble ración de heno y avena para el asno y el buey. Casi 8 siglos después, el Papa Ratzinger saca esos ejemplares del pesebre y le daña el milagrito a San Francisco.
La famosa oración “Señor, hazme un instrumento de tu paz, que donde haya odio yo siembre amor…”, no es del de Asís, aunque sí posee su espíritu. La publicó el Marqués de La Rochetulon en L´Osser-vatore Romano en 1916, como plegaria por el fin de la Primera Guerra Mundial. Gregorio IX canonizó a San Francisco, Dante lo llevó al Paraíso de su Divina Comedia (Canto XI): “Uno fue todo seráfico ardor (Francisco)”. (…) Nacióle un sol al mundo”, y al tiempo sepultó en el Infierno al Papa Bonifacio VIII, quien pretendía la soberanía legítima de todo el universo para El Vaticano. El 3 de octubre de 1226 muere el juglar de Dios, no sin antes pedir a sus frailes que cuando lo viesen a punto de expirar, lo pongan desnudo sobre la tierra. En su beatífica muerte, los monjes Menores entonan el “Cántico de las Criaturas” que el Hermano Francisco les había enseñado.

Francisco de Asís, la alegría natural
El Buda Shakyamuni y San Francisco de Asís se asemejan por recorrer el camino de la opulencia al vacío, en concepto del novelista y ensayista argentino Mario Satz, para quien ambos comparten igual sensibilidad ecológica y la concepción del anima mundi, “la materia como forma visible de la conciencia”.
“Entre los santos y los hombres ilustres que han tenido un singular culto por la naturaleza, como magnífico don hecho por Dios a la humanidad, se incluye justamente a San Francisco de Asís. El, en efecto, tuvo en gran aprecio todas las obras del Creador y, con inspiración casi sobrenatural, compuso aquel bellísimo 'Cántico de las Criaturas', a través de las cuales, especialmente del hermano sol, la hermana luna y las estrellas, rindió al Omnipotente y Buen Señor la debida alabanza, gloria, honor y toda bendición”. Proclama de San Francisco de Asís como patrono de la ecología por Juan Pablo II en 1979.

Y precisa: “Francisco admirará la música y la belleza casi tanto como después el silencio y el sufrimiento de los hombres, que buscará mitigar con un amor como el que Occidente no conocía desde las parábolas y los hechos del maestro de Nazaret”. Para D.H. Lawrence, mientras el cristianismo español vive del sufrimiento ascético del Crucificado, el italiano se solaza en el culto sensual a la Madonna; pese a ello, acota Satz, un Fray Luis de Granada describe las libélulas y las flores de su convento, y algunos santos del sur de Italia, no conciben “ninguna proeza espiritual sin sangre, espinos y ascetismo”.
Agrega: “El cristianismo franciscano hereda del paganismo grecolatino el gusto por lo sensible, una estética de la creación que recuerda la visión adánica”, el santo redescubre aspectos de la naturaleza y del hombre que son su más bello tesoro: “La alegría, pero una alegría natural, sencilla, captada en sus mismas fuentes, sin adulterar”. La imperturbabilidad de Francisco es la de Job y es la alegría interior de los sanyasines de la India, para quienes uno sólo puede relacionarse con otros cuando aprende a estar solo.
Considera Satz que al aproximarse San Francisco a los leprosos, entiende que debe besarlos para superar el horror y “transformar lo estético en ético, el egoísmo en verdadera generosidad”. Esa paciencia o ataraxia la aprendió de sus pájaros a los cuales puede sepultar la nieve y sorprender la muerte cantando, y de la fascinante mansedumbre de Jesús. “IL Poverello”, añade el escritor, invita a descubrir la felicidad o beatitud interior, quinta envoltura del ser humano. Al valorar esa dimensión interna, el de Asís descalifica a los poderes de reyes o prelados, y a la posición social como camino espiritual.
La paciencia de Francisco -dice Satz- no es masoquista, “quiere mostrar que la caridad y el amor, para serlo, deben contar con lo imprevisible”, como la bondad del agua taoísta, que beneficia a todos sin quedarse con alguno, y con la impasibilidad de los Sufíes, místicos del Islam, propensos a la mendicidad contemplativa y al rescate de la alegría natural. Para el teólogo franciscano y escritor brasileño Leonardo Boff, “San Francisco quiso ser radicalmente pobre, para ser plenamente hermano”. Agrega Satz que Plutón, dios de los infiernos, lo es también de las minas que guardan tesoros.

“T“Alabado seas Señor por
todas tus criaturas. Y en especial por el
querido hermano sol, que alumbra y abre el día,
y es bello en su esplendor y lleva por los
cielos noticias de su Autor”.
Del “Cántico al Hermano Sol”, primer poema escrito en italiano, considerado por
Dante una gran obra de la literatura italiana.
Sin la instrucción profunda de Santo Tomás o San Agustín, Francisco enseñó desde la sabiduría del alma; su sermón a una bandada de pájaros posee la hondura de un discurso teológico: “Hermanos míos, tenéis que alabar siempre a vuestro creador y amarlo porque os ha dado plumas para vestir, alas para volar y todo lo que necesitáis, os ha dado un buen lugar entre sus criaturas y os ha permitido morar en la pureza del aire; y aunque no sembréis ni cosechéis, no necesitáis preocuparos de nada porque Él os protege y os guarda”. Reflexión válida para “nuestra especie, que siembra, cosecha y pone precio a su alimento”, que “raramente celebra por celebrar la aparición del alba”.
Recomienda, cuando “yacemos sobre el complejo cuerpo de un planeta herido de muerte”, recuperar la alegría natural con sus grandes maestros, como el filósofo chino taoísta Chuang Tse, para quien el acceso al Tao, a la totalidad cósmica, implica el “ayuno del corazón”, pobreza voluntaria que en vez de desacreditar los sentidos, los desarrolla al máximo para ejercer la contemplación. Francisco dice: “Donde la pobreza se une a la alegría, no hay codicia ni avaricia”.
El argentino ve en el “Poverello” la poesía de la vida y una “fraternidad universal”, donde el “Hermano Sol” y la “Hermana Luna” plasman la ecología de la creación, sus leyes de cooperación y armonía. Para Francisco no es fácil “sufrir con alegría”, pero alegría y sufrimiento sólo en apariencia son antagónicos; los vemos así por pasar la mayor parte de la vida persiguiendo vanidades, títulos y posesiones. Mario Satz asimila este espíritu al del Zóhar, texto capital de la Kábala española del siglo XIII, que reza: “Los hombres creen que el paraíso está en el cielo, los ángeles saben que está en la tierra”.
Francisco, el místico medieval
“Ser otro Cristo fue para él un programa místico de vida”, conceptúa Gonzalo Soto, doctor en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, quién agrega: “Ver en todos los seres la presencia de Dios y una posibilidad de ascenso místico fue una experiencia ordinaria en el pobre de Asís, la intuición de Dios fue en él continua y directa, y un permanente rapto extático”.
En su libro “Diez místicos medievales”, Soto Posada dedica un capítulo a la hermenéutica de los escritos religiosos del santo, a su Oración ante el crucifijo de San Damián, Bendición al hermano León, Alabanzas que se han de decir en todas las horas, Cartas (a todos los fieles, a las autoridades, a los custodios, a San Antonio, etc.), Admoniciones, Reglas y textos poéticos como el “Cántico de las Criaturas”. San Francisco también produjo poemas y cánticos profanos en su juventud. Para el autor, la mística franciscana es “la experiencia de seguir a Cristo pobre y crucificado; es la valoración de la Encarnación con su significado de anonadamiento y vacío en la donación total; es el seguimiento de los consejos evangélicos; es la fraternidad y práctica del amor; es la acción de gracia continua y agradecida, (…) es aceptar las afrentas sin turbación, humildemente y como fuente de honra, (…) es el no apego a los cargos, (…) es la dulzura en el trato con los demás, (…) es el respeto a todas las criaturas, en especial a los animales y a la naturaleza”.
 

 

 
Medicina en la pintura

“Anestesia”, primera demostración
pública eficaz del éter

Isabel Cristina Rueda Calle Comunicadora Corporativa - elpulso@elhospital.org.co
“Anestesia" o "The first operation under ether", de Robert Hinckley, 1882, muestra la primera cirugía en que se usó la anestesia el 16 de octubre de 1846 en el Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos). En esta pintura del norteamericano Robert Hinckley, el hombre al lado izquierdo, con un frasco de vidrio en sus manos, es William Thomas Morton, antes asistente del odontólogo Horace Wells, quien inició el uso del óxido nitroso (llamado “gas hilarante”) como anestesia, tras ver espectáculos sociales donde un químico lo administraba a voluntarios del público, que los ponía en estado de euforia y excitación. En una ocasión, un voluntario bajo el efecto del gas se hirió y Wells observó que no sentía dolor, por lo que probó una extracción molar en él mismo bajo sus efectos, comprobando que era útil para ese fin.

Como su asistente, William Morton aprendió los efectos anestesiantes de este gas y del ether, por lo que el 16 de octubre de 1846 prepara en su contenedor de vidrio la mezcla necesaria para sedar al paciente Gilbert Abbott del cirujano John Collins Warren, distinguido profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, quién se inclina hacia adelante, sosteniendo delicadamente una herramienta quirúrgica con la cual eliminó un tumor del cuello de su paciente sin que éste sintiera dolor al estar completamente sedado.
Otros 11 hombres ven el proceso desde el piso del anfiteatro, con diversos niveles de sorpresa y concentración. Uno de ellos (a la derecha) parecía estar sentado previamente, pero decide dar unos pasos al frente para ver mejor. Dos personas asisten al paciente: una sostiene la cabeza y la otra la mano derecha y revisa el pulso en la muñeca. También se ven numerosos hombres en las gradas, los cuales pinta Hinckley con menos detalle cuanto mayor es la fila, para generar el efecto correcto según su distancia e iluminación.
El artista investigó este suceso durante más de 10 años antes de pintarlo. Actualmente el anfiteatro de la escena se conserva como el célebre "Ether Dome" en Boston y el éter desapareció como anestesiante, mientras el gas hilarante u oxido nitroso sigue siendo usado en algunos procedimientos y lugares del mundo.

Referencias:
- http://franciscojaviertostado.com/2013/01/28/la-medicina-en-el-arte-pintura-la-primera-anestesia-con-eter/
- http://litmed.med.nyu.edu/Annotation?action=view&annid=10331
- http://neurosurgery.mgh.harvard.edu/history/artists.htm

 



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