MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 229 OCTUBRE DEL AÑO 2017    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

 
 
Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director E: Diego José Duque O.
Comite Editorial: Alba Luz Arroyave Z, Diego José Duque O, Jorge Andrés
Hernández H, Diana Cecilia Arbeláez G y Gonzalo Medina P. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Paola Aristizábal G.
Web master: Santiago Ospina Gómez. 8.000 ejemplares impresos

El juego de las reformas

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Tal vez impulsados por el malestar general de los colombianos frente al sistema de salud, por la acumulación de quejas y de noticias que muestran deficiencias operacionales, por las continuas fallas en procesos que deberían ser transparentes para los usuarios, y muchas posibles razones más, un grupo de congresistas de todos los matices políticos, decidió unirse en buena hora para impulsar de manera conjunta un paquete de leyes con objetivos variopintos pero relacionados todos con la salud como eje articulador.

Y se puede calificar el hecho como positivo por cuanto la salud requiere retomar su puesto en la agenda del país ocupada desde hace meses en discusiones en torno a los procesos de paz, lo cual es entendible, y en temas menos agradables como los escándalos de corrupción.

Sin embargo la coyuntura planteada por un grupo de parlamentarios decididos a presentar una serie de proyectos de ley que buscan reglamentar aspectos sanitarios de innegable importancia, nos debe llevar a consideraciones un poco más de fondo.

El sistema de salud de Colombia sufre lo que podríamos llamar una obesidad normativa, y este hecho tiene una explicación más allá de la de ser este un país con un legado santanderista que nos hace proclives a normar lo divino y lo humano, nos muestra por el contrario que las miles de leyes, decretos, resoluciones, circulares y demás actos administrativos expedidos de manera generosa por el Ministerio de Salud, la Supersalud, y el mismo Congreso, son insuficientes para garantizar desde el estado y de una vez el nivel de bienestar en salud de sus ciudadanos.

Esta ineficacia nos debe llevar a otra reflexión sobre qué tan integral es nuestro sistema de salud. Si bien es comprensible que la construcción del estado moderno es un proceso que se recorre paso a paso, también es claro que sus bases deben ser lo suficientemente sólidas y bien encaminadas como para permitir que cada arista vaya cubriéndose de manera gradual y eficaz, de lo contrario se generan distorsiones y surgen los vacíos que conducen a la expedición de nuevas normas para corregir el rumbo.

Dos ejemplos sencillos. Dentro del paquete de proyectos que el grupo de parlamentarios por la salud impulsan aparece uno que prohíbe el asbesto como materia prima debido a su correlación con el cáncer. Definitivamente es importante la iniciativa, pero, cabe preguntarse porque no pensar de una vez en una política general que controle toda la producción nacional que utilice elementos peligrosos para la salud humana, e incluso para el ambiente. Además del asbesto, otros como el plomo, el mercurio, los materiales particulados, ciertos ácidos y bases, entre muchos, pueden generar problemas de salud, y bajo la dinámica actual deberá esperarse que nuevas iniciativas legislativas se ocupen de su reglamentación, cuando lo sensato sería abordar su estudio de manera integral.

El otro ejemplo tiene que ver con el proyecto de ley para regular la publicidad que conlleve mensajes que se traduzcan en posibles aumentos del peso en niños y adolescentes; otro tema importante, pero donde también cabría pensar si lo que le hace falta a Colombia es toda una estrategia que conduzca a la creación consiente de buenos hábitos alimenticios en toda la población, incluyendo una revisión sobre nuestra soberanía y suficiencia alimentaria, porque si bien la obesidad es un problema que toma cada vez mayor relevancia, también es cierto que subsisten altos grados de desnutrición en niños y adultos mayores. En Francia las escuelas sirven agua a los estudiantes acompañando las comidas, y nunca se verá una hamburguesa en los menús escolares, y la explicación es simple, se obedece a una política integral para la buena alimentación de los menores en edad escolar, así se crean costumbres que una vez adultos funcionarán como leyes personales de autocuidado.

Y volviendo a la integralidad, los dos ejemplos expuestos se enmarcan dentro de los cuidados a la salud pública, los cuales deben estar en cabeza del estado como gran rector y gestor del bienestar ciudadano, es como las acciones de prevención de la enfermedad y promoción de la salud desde donde se puede incidir realmente sobre el estado general de salud de una comunidad, y acá debemos plantear el gran cuestionamiento de fondo, hacía dónde apunta nuestro sistema de salud.

Desde la expedición de la Ley 100 y hasta ahora, nos hemos enfocado en ampliar coberturas dentro del modelo de aseguramiento financiero del sistema, en otras palabras, garantizar la prestación de servicios a quienes tienen capacidad de pago o a quienes son subsidiados para recibir atenciones, la razón, el sistema se estructuró para buscar atender la enfermedad y darle sostenibilidad económica a esa tarea, y esto lleva a que giremos alrededor de la transacción y no tanto a la salud. Pensar en salud es mucho más complejo que pensar la enfermedad, porque en esta última circunstancia se enfrentan condiciones específicas individuales que pueden ser atendidas desde la aplicación de técnicas médicas, que si bien deben aplicarse bajo modelos sanitarios eficaces y eficientes también es cierto que si han sido suficientemente probadas deben operar igual de bien bajo cualquier modelo sanitario.

Pensar la salud es mucho más estructural porque implica tener en cuenta condiciones por fuera de la esfera de la medicina y ciencias afines, es incluir determinantes sociales, culturales, filosóficos, geográficos, ambientales e incluso políticos, y esto agranda la tarea, pero también enriquece el ejercicio. Si el camino a seguir por Colombia en las siguientes décadas es constituirse en un estado moderno, como parece indicar con su insistencia en hacer parte de la OCDE, los primeros pasos deben ser pensarse con una proyección real de estado generador de bienestar para sus ciudadanos, y esto será imposible sin contar con políticas integrales, incluyentes, y ante todo, pensadas en romper las brechas en equidad.

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