MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 67   ABRIL DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.

¿Ley para los
pacientes o pacientes
para la ley?

Va tomando fuerza la idea de reformar la Ley 100. Esa reforma, sin duda, es una necesidad. Lo saben los médicos, las enfermeras, las clínicas y hospitales, pero sobre todo lo saben los pacientes. Ellos si pueden dar mil y mil razones para argumentar porqué se debe clamar por una reforma que prioritariamente piense en ellos, una reforma que privilegie los enfermos y no los procesos ni los flujos de dinero, porque cuando se toca el tema de repensar la Ley 100, brota de manera ágil la idea de que hay que mirar y corregir la función de las ARS, el papel de las EPS, lo de los regímenes, el asunto del Fosyga, el tema de las glosas, lo de la doble afiliación, y en fin, mil cosas más que sólo de lado tienen que ver con la angustia del enfermo y con la preocupación de sus allegados por lograr arribar a un centro donde si lo reciban.
La Ley 100 tiene su entelequia. Eso está claro. Hubo argumentos para llegar a ella y los hay, dentro de ella misma, para dejarla. En el fondo es ella la que impide una prestación de servicios de salud como el médico cree que el paciente requiere. Ella misma impide lo que parece propiciar. Parece contradictorio y un simple juego de palabras, pero no lo es. Por eso es una entelequia, porque en su favor está su desfavor.
Visualizando esto, el periódico El Pulso ha propuesto muchas veces que se revise la Ley 100. Se han tenido muchas preocupaciones y conocemos, como todos, los problemas y los obstáculos, los sinsabores y los desagrados que ha ocasionado.
Hemos manifestado en repetidas ocasiones nuestra preocupación en distintos aspectos de la ley, preocupaciones que son las mismas que conocemos por vivencia propia y también por experiencia ajena.
De la ley nos ha preocupado el desbordado afán de controlar los costos, por encima de todo, incluso muchas veces del bienestar del paciente. Nos ha preocupado la pérdida que ha generado del derecho a la intimidad del enfermo; la estandarización y la igualdad a que ha llevado, en desmedro de la libertad; el interés que despierta por el sector como mercado, como algo que con ella se descubrió y que presentó como fácil de explotar. Nos ha preocupado la postración en que ha dejado los principios del ejercicio médico; la expropiación que realizó, del paciente a su médico; el rótulo de oferta de servicios que le puso a médicos, enfermeras, odontólogos y demás profesionales, lo mismo que a las instituciones, haciéndolas ver como mera mano de obra. Nos ha preocupado el papel que puso a jugar al médico al hacerlo vigilante de las condiciones económicas de terceros, pero sobre todo, por encima de todo lo anterior y de lo que quedó faltando por decir, nos ha preocupado el hecho de que el enfermo no sea el centro de todos los esfuerzos.
El país, la ciudadanía, los pacientes, todos necesitamos que se haga una revisión de la Ley 100. Creemos, además, que un sistema de salud, un solo sistema de salud, debe tener una identificación única de sus afiliados, y no tantas como ARS y EPS existan. Hemos clamado también cientos de veces y dentro del concepto de único sistema, porque los recursos se manejen de una sola forma, y no que estén desparramados en mil bolsillos de municipios, gobernaciones, EPS, ARS y demás entes, como hoy están; y como complemento a ello, hemos insistido en que exista un solo pagador.
Por otra parte, hemos propuesto que la financiación del sistema esté ligada al consumo y no al impuesto al trabajo como ahora está, y hemos propuesto que la salud pública tenga su propio pedestal para que la seguridad social en salud sea, como debe ser, obediente al principio de que es mejor prevenir que curar.
Antes de seguir adelante con la discusión de la reforma a la Ley 100, es necesario definir qué queremos lograr. Si es en busca de dinero que vamos, al camino que elegimos en 1993, puede ser el indicado; si es en búsqueda de privilegiar intereses particulares, también; si es con pretensiones de copiar modelos extranjeros que defendemos la ley, dejémosla tal cual. Pero si es pensando en la gran masa de población desprotegida y pobre, y en el resto mal protegido y en verdad cada vez más pobre, es evidente que estamos perdidos y que sí hay que reformar, y reformar con ganas, con decisión, porque no puede ser que sigamos manteniendo un sistema que ha puesto al descubierto tantas y tan graves falencias, y que ha ofendido tanto y en tantos aspectos al hombre y a su dignidad.
 




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