MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 35  AGOSTO DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

En la medianoche de Colombia El maestro no ha apagado la lámpara

Ana C. Ochoa - Periodista, Medellín

Medellín aparece como un punto rojo, prendido entre las laderas verdeazules de la cordillera. Es un paisaje bermejo de tejas y ladrillos sacados de la tierra, que desafían con su roja austeridad mate los brillos confusos de la modernidad. Medellín es también roja "como la sangre", dijo un joven pintor al que se le preguntó por el color de esta ciudad, herida no sólo por sus 300 bandas de sicarios. "Las gentes de aquí son propensas a la vida vagabunda y volante" escribían viajeros antiguos acerca de los habitantes este valle templado, hombres y mujeres combativos, herederos de aburráes, africanos, españoles, cristianos arruinados que vinieron olfateando el oro por los "caminos de peña tajada más grandes que los de Cuzco" y por su río de "agua saludable y delgada" a la que iban a parar también los muertos. Los muertos de entonces y los de mucho después, en épocas de violencias oscuras que algunos han padecido y otros apenas leído en los párrafos porcionados al gusto de la prensa. Pero la historia del crimen y, en general, de los llamados "asuntos de la justicia" no es la de las crónicas de prensa, la de los relatos del popular Don Upo, o la de aquellas narraciones excesivas sobre homicidas como el Pote Zapata o Posadita que descuartizó a su víctima y la repartió entre muros y tejados como el de la Iglesia de la Candelaria. Esas historias se dejan leer en una silla, recorriendo sin riesgo las páginas de unos periódicos que, por décadas, han informado con igual acento de los muertos que del embarazo de una reina; igual de la familia asesinada sistemáticamente que de los políticos en pantuflas o de los chismes desempolvados de otras épocas: "¿Sabía que Armando Duval, personaje de la Dama de las Camelias dejó en su momento Francia para vivir en Medellín -más concretamente en la Avenida Primero de Mayo- el peso de su enorme tragedia?".

Se reconocen sus méritos personales y científicos, su audacia de iniciar, de dar el primer paso para formar lo que es hoy el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses

Pero más allá de la crónica blanda hay quienes viven la muerte de frente, sintiéndola totear como cuentan en los barrios de Medellín donde, en los últimos diez años, han asesinado 42 mil personas. Algunos la han visto crecer como una ola negra que arrastra cadáveres hasta helados cuartos donde los médicos comprueban, muchas veces, que en el país los seres humanos son registros, meros problemas administrativos. Aquí, entre las historias de la medicina forense aparecen numerosos personajes. Uno de ellos reconocido por sus colegas como maestro. Se trata del médico patólogo César Augusto Giraldo. El prefiere pasar por debajo de los calificativos y las untuosas consagraciones públicas de las que decide no participar. Es reservado, hasta el punto de no correr el riesgo de describirse a si mismo con frases abundantes como las que han bordado de insensateces tantas batas blancas. No obstante, la gente reconoce sus méritos personales y científicos, su audacia de iniciar, de dar el primer paso para formar lo que es hoy el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses y, entre otras cosas, hacer los primeros estudios epidemiológicos sobre violencia, suicidio, accidentes, maltrato, farmacodependencia, intoxicaciones...
El establecimiento de la carta dental única y de la red nacional de identificación, la incorporación de tecnología de punta al trabajo del Instituto, la consolidación del primer posgrado en ciencias forenses del país, la elaboración de libros valiosos, constituyen aportes por los que hoy se le reconoce con gratitud. Hoy coordina dos interesantes proyectos de posgrado, uno sobre valoración del daño corporal y otro sobre valoración del daño en la salud mental, los dos primeros en Colombia para especializar al profesional de la salud en el auxilio de la justicia civil.
Algunos aspectos de su vida profesional se recuerdan con interés, como los relacionados con los trasplantes, la donación de órganos y la modernización de su normatividad. "Se consideraba que la existencia de las personas terminaba con la muerte. Tuve la oportunidad de trabajar, con el doctor Mario Giraldo Henao, médico antioqueño, vicepresidente del Congreso de la República, en el tema de la muerte cerebral. De otro lado, con el doctor Antonio Duque Alvarez, logramos introducir en la legislación la llamada presunción legal de donación, para que toda persona sea potencialmente donante, a no ser que haya expresado otra voluntad. Hoy la legislación colombiana es una de las más avanzadas en este aspecto", afirmó el doctor Giraldo.
Cuentan sus alumnos que es un profesor excelente y que su conocimiento sólido, su bondad y las lecciones humanas del quien no se ha propuesto darlas, han sido definitivas para sus colegas. La labor en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín es una muestra de esa capacidad docente que, también, ha ejercido con éxito en varios países de América Latina. El conocimiento lo ha puesto en contacto con personas que recuerda con afecto. Menciona a personajes de la vida universitaria como los doctores Alfredo Correa Henao, Oscar Duque Hernández, Mario Robledo Villegas, Carlos Restrepo Acevedo, Emilio Bojanini, Federico López, entre otros. La doctora Rosa Turizo, directora del Instituto de Medicina Legal, fue una de sus alumnas y, luego de 25 años de trabajo compartido, los recuerdos le sueltan las lágrimas: "Todo, absolutamente todo lo que somos en el Instituto se lo debemos a él. Es un personaje insustituible, lo extrañamos por su sabiduría, por su respeto del conocimiento y su comprensión inteligente de la condición humana." El patólogo Luis Carlos Cano afirma que el doctor Giraldo es un auténtico maestro, del tipo de los maestros-amigos que hacen trascendente cualquier aprendizaje. Es además un hombre de larga formación académica que, ya se dijo, ha impulsado asuntos vitales como la vigilancia epidemiológica.
Es también un buen lector y escritor de libros. Cuando habla o escribe pone a circular pocas palabras con la precisión y prudencia de quien las conoce demasiado. De la literatura, especialmente de esas historias que ha recopilado en sus antologías forenses, recuerda al doctor Juvenal Urbino, personaje de Gabriel García Márquez en El Amor en los Tiempos del Cólera, que estrechaba la mano de sus alumnos antes de cada clase y que hace pensar en cierta poética del oficio: "...el maestro agarró el borde de la manta con las yemas del índice y el pulgar, como si fuera una flor, y descubrió el cadáver palmo a palmo con una parsimonia sacramental. Estaba desnudo por completo, tieso y torcido, con los ojos abiertos y el cuerpo azul, y como cincuenta años más viejo que la noche anterior. Tenía las pupilas diáfanas, la barba y los cabellos amarillentos y el vientre atravesado por una cicatriz antigua cosida con nudos de enfardelar... El doctor Urbino lo contempló un instante con el corazón adolorido como muy pocas veces en los largos años de su contienda estéril con la muerte. Pendejo, le dijo. Ya lo peor había pasado. Volvió a cubrirlo con la manta y recobró su prestancia académica."
El doctor Giraldo sigue con su nutrida vida profesional, la verdad, es imposible sustraerse de un mundo en gran parte creado por él. Continúa escribiendo y su vocación de estudio es laboriosa. Muchas personas han expresado a EL PULSO su complacencia porque se subraye en estas páginas la admiración que se le tiene al doctor Giraldo, aunque ahorran adjetivos porque saben, tal vez, que hay siempre algo barato en las flores de papel. Discretos como él, prefieren encontrárselo en un día de fortuna y decirle, con sincera emoción, qué alegría, qué alegría verlo profesor.

 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Observatorio | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved