MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 35  AGOSTO DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Academias de medicina

El saber en constante movimiento

Paula López - Periodista, Medellín
Hoy, las tareas más importantes de las academias de medicina tienen que ver con el estado de salud de los municipios y la crisis hospitalaria.

Las reuniones de médicos para discutir problemas de la salud y la ciencia no son nuevas. En el territorio de la Nueva Granada, a principios del siglo XVI, los frailes, bachilleres, médicos y científicos que se dedicaban al estudio y práctica de las ciencias naturales y de la salud, se veían obligados a estudiar conjuntamente y proponer ideas que confrontaran los problemas que les traían los territorios conquistados: la insalubridad de un clima tremendamente ardiente y húmedo, las enfermedades trasmitidas por insectos y desconocidas por los españoles, las mordeduras de serpientes y arácnidos, y las consecuencias del veneno que los indígenas ponían en las flechas causando múltiples bajas en las filas de los invasores, eran sólo algunas de las dificultades que buscaban solucionar.
Hoy las circunstancias son otras pero la necesidad es la misma: pensar, servir y conceptuar en torno a los problemas y situaciones a los que estén sujetas la práctica médica y la salud pública.
"Las principales funciones de la Academia de Medicina de Medellín, por ejemplo, son defender los intereses de la profesión médica, propender al adelanto de la medicina, servir de órgano de consulta a las entidades públicas y privadas en cuestiones médicas, y opinar sobre cualquier tema médico-social o de ética profesional cuando lo estime conveniente", señala el cirujano J. Mario Castrillón Restrepo, presidente de la Academia de esta ciudad. Aclara además que hay dos características de este tipo de agremiaciones que se deben mencionar: "la independencia, pues aquí ninguno de nosotros está sujeto a intereses políticos, institucionales o económicos que repriman la emisión de conceptos u opiniones; y la calidad que se exige para aceptar a nuevos miembros".
Entre la historia y el presente
"Actualmente, la importancia de las academias radica en su peso histórico", advierte el médico e historiador Tiberio Alvarez y señala que ahora cada rama de la profesión tiene una asociación que vela por sus intereses, lo cual significa que aunque las academias siguen luchando por intervenir en la legislación del país, la presión no es tan fuerte como antes. Además, se han creado otras instituciones que buscan los mismos fines como el Comité de Ética Médica Nacional y la Asociación de Facultades de Medicina, que también hacen aportes importantes al ejercicio de la profesión.

El pasado 7 de julio la Academia de Medicina de Medellín, la segunda más antigua del país, cumplió 114 años de actividades ininterrumpidas. Esta entidad forma parte del Consejo de Seguridad Departamental de Salud Pública.
"Hace años este organismo abanderaba campañas muy importantes sobre el uso de la pólvora o la importancia de una buena nutrición por ejemplo. Hoy, se trata de una reserva moral donde algunos acuden a buscar luces", manifiesta Alvarez, y continúa, "lo que sigue ahora es replantear el paradigma de la Academia, no mostrarlo como un museo o una enciclopedia anquilosada sino de una manera que resulte atractiva ante los ojos jóvenes".
Y sería lo más acertado, pues en las aulas pulula el desdén: "a muchos de nosotros no nos interesa participar de la programación de la Academia porque nos parece una organización de privilegiados y además provoca cierta frustración el elevado nivel de exigencia que requieren en la admisión", confiesa Javier Darío Ramírez, estudiante de sexto semestre de medicina. Otros estudiantes argumentaron su renuencia aludiendo a la falta de tiempo o porque sencillamente prefieren la autopista de la información al auditorio. "Ahora hay formas distintas de saber, de comunicarse, de asociarse, de compartir conocimientos. Es posible que más adelante la Academia se expanda a través de Internet por ejemplo. Así como la religión, que pasó del púlpito al chat", puntualiza Alvarez.
Preparación y seriedad
Para ser uno de los 60 que forman parte de la Academia se requiere tener el título profesional y un gran interés médico por la enseñanza y la investigación, además, es necesario presentar al pie de las normas un trabajo de ingreso inédito que llene los requisitos en cuanto a calidad e importancia para ser publicado. Asimismo, el interesado debe cumplir con altas condiciones éticas y de conducta que serán estudiadas por un comité de garantías.
"Lo que buscamos con estas exigencias es que la Academia conserve la filosofía que ha tenido desde sus orígenes: recoger la experiencia de los que han dedicado la vida a este oficio, de los que han enseñado y quieren seguir haciéndolo, de los que tienen voluntad de trabajo e investigación", conceptúa el médico Oriol Arango Mejía quien ha sido presidente de este grupo en seis ocasiones.
"Por eso tenemos la imagen de un grupo de viejitos que se reúnen a tertuliar, porque la idea es opinar con base en la experiencia profesional y personal", añade Arango. Pero los jóvenes también están llamados a formar parte de la Academia y en general, todos aquellos que tengan un trabajo de investigación de reconocida calidad.
Aportes suspendidos
En un principio, y por haber surgido gracias a una motivación del Gobierno, la Academia solía recibir de éste un aporte periódico, pero a partir del año 1936 no se recibe ningún tipo de auxilio oficial, y su sostenimiento ha corrido por parte de algunos aportes de la empresa privada, de la venta de artículos y textos referentes a la salud, y del bolsillo de los mismos miembros ad honorem. A pesar de que en estas agrupaciones no hay un interés de lucro personal, sí son necesarios una serie de ingresos que van ligados a la publicación de la revista médica Anales de la Academia, que tiene ediciones cada año y, en general, a las actividades que se realizan quincenalmente como conferencias, congresos o exposiciones.
En el caso de Bogotá, la Academia cuenta con un contrato anual con el Ministerio de Educación, quien aporta unas partidas que deben ser estrictamente destinadas para la investigación, el estudio y la publicación de textos médicos.
Los logros se ven
Según el vicepresidente de la Academia Nacional de Medicina, el neurólogo Juan Mendoza Vega, los proyectos más destacados que han mostrado la importancia de estas instituciones han oscilado entre temas como las consecuencias que trae para la salud el consumo de chicha, el aporte en la fundación de hospitales, el estudio sobre el impacto que la Ley 100 ha tenido en el ejercicio de la medicina, los médicos y los pacientes; y la organización de un fondo de publicaciones con el cual es posible producir seis o siete libros al año.
Las únicas academias del país que cuentan con personería jurídica son las de Manizales, Cartagena, Medellín y Cali, las demás son capítulos o sedes de la Academia Nacional de Medicina con sede en Bogotá, pero todas, por ley, forman parte de la oficina central y son controladas por la Superintendencia de Salud, puesto que son entes oficiales.
Barranquilla, Bucaramanga, Cúcuta, Pereira y Pasto, son las otras ciudades que cuentan con la representación de la Academia Nacional. En total son 10 organizaciones de este tipo en todo el país, donde alrededor de 500 personas mantienen en constante movimiento las ganas de apoyar un trabajo que busca todos los días la salud nacional.
 



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