MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 38    NOVIEMBRE DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

“Cada genio tiene su propio impedimento:

Bernstein tuvo un padre”
Para muchos ningún músico del siglo XX ha llegado tan lejos. El creador norteamericano de la famosa obra West Side Story, conquistó la severa Europa con sus composiciones de música de cámara, sinfonías y óperas. El mundo aplaudió su música popular para películas, danza y, lo que le reportó gran fama, para obras de Brodway. Fragmentos de una vida frenética de genio, trabajo, desesperación y fama.

Adaptación de un texto de Joan Peyser *
Cierto día de mediados de la década de 1950, después que Leonard Bernstein había dirigido un concierto en Tanglewood, su padre, Sam Bernstein, dijo a un periodista: "Cada genio tiene su propio impedimento; Lenny (Leonard) tuvo un padre." A lo largo de la historia hubo genios musicales que tropezaron con la firme resistencia de sus padres. Pareciera que el apoyo afectuoso provocara la indolencia, y que en cambio este tipo de padres estimularan la agresión necesaria para el combate inherente a una vida en las artes. Durante el siglo XVIII Handel tuvo un padre así; en el XIX fue el caso de Schumann. Pero en el siglo XX, donde la rebelión ha caracterizado una parte tan considerable del tono del arte mismo, el padre negativo es casi la norma. El padre de Varèse cerraba con llave el piano, cubría el instrumento con una mortaja y arrojaba la llave. Boulez tuvo un padre casi tan intransigente como aquel. Al mismo tiempo que alentó a su hijo a estudiar ingeniería, puso todos los obstáculos posibles en su camino hacia la música. El padre de Stravinsky envió a su hijo a la facultad de Derecho. Sólo después que el mayor de los Stravinsky falleció, Igor dejó el Derecho para estudiar composición.
Sam Bernstein tenía aún más razones que la mayoría para combatir la elección de profesión por parte de su hijo. El 1908, a los dieciseis años Sam había huido de su familia en Ucrania para labrarse una vida mejor en Estados Unidos. En su patria había conocido músicos judíos sólo en el papel de klezmers, ejecutantes vagabundos que actuaban en bodas y en los bar mitzvahs a cambio de unos pocos kopecs, algunos alimentos o el alojamiento por la noche. Sam Bernstein no quiso creer que había soportado tres semanas en la sucia bodega de un barco, trabajando duramente en el mercado de pescado de Fulton, de Nueva York, haciendo tareas serviles en una barbería de Hartford, Connecticut, y desarrollando una carrera agresiva para organizar un negocio de suministro de artículos para los salones de belleza de Boston, todo para que su primogénito pasara el tiempo tocando el piano "bajo una palmera en un salón de bebidas".
Sam solía decir a Leonard que todo eso podía aceptarse si "tu fueras un Koussevitzky, un Toscanini, un Rachmaninoff, pero ¿cuántas personas semejantes conoces?" No tenía la más mínima idea de la jerarquía del talento de su hijo. Cuando ya había presenciado años de éxitos de Leonard solía preguntar a los amigos y colegas de su hijo: "¿Creen que vale algo? ¿Les parece que este éxito puede durar?" Una actitud semejante no es única. La madre de Stravinsky censuraba a su hijo porque no "reconocía a los que eran mejores que él, como Scriabin", y no escuchó La Consagración de la Primavera, una de las obras precursoras del siglo, hasta la ejecución con la cual se celebró su vigésimo quinto aniversario, un año antes de morir. Incluso entonces dijo a sus amigos que no preveía que podría agradarle, porque él no componía "la clase de música que a ella la complacía".

"Me diagnosticaron enfisema cuando andaba por la veintena, y casi a mis setenta fumo. Me dijeron que si no abandonaba el cigarrillo, moriría a los veinticinco años. Después afirmaron que moriría a los cuarenta y cinco. Y a los cincuenta y cinco. Bien, he vencido. Fumo, bebo, permanezco de pie la noche entera y copulo. Me excedo en todos los ámbitos", dijo al Usa Today el 4 de agosto de 1986.

Pero el artista necesita recibir apoyo de alguna parte. El de Stravinsky provino de un primo. Bernstein tuvo más suerte. Contó con el amor de su hermana Shirley y de su madre Jennie. Jennie había sufrido durante los primeros años de su vida el mismo tipo de privaciones que afectaron a Sam. Llegó a Estados Unidos a los ocho años y comenzó a trabajar la jornada completa en una fábrica, a los doce años. Pearl Resnick, la madre de Jennie, deseaba que su hija se casara con Sam. El era inteligente, ambicioso, religioso y había demostrado talento para ganar dinero. Al principio Jennie rechazó las atenciones de Sam. Pero cambió de idea cuando Sam fue llamado al servicio, durante la Primera Guerra Mundial, y ella creyó que el joven tendría que combatir en la guerra. Cuando regresó a su casa pocos días más tarde, dado de baja a causa de su mala visión, se sintió tan complacida de verlo que se casó con él. Alquilaron un pequeño apartamento en un suburbio pobre de Boston. Este género de circunstancias rara vez origina matrimonios felices. El de Sam y Jennie fue particularmente ingrato. Jennie abandonó a Sam para vivir con su madre cuando llegó el momento de dar a luz a su primer hijo, el 25 de agosto de 1918. Las atenciones que prodigó al pequeño se acentuaron cuando fue evidente que su salud era frágil. Desde el comienzo, escribe su hermano Burton, "fue especial. Asmático, sensible, inteligente, suscitaba en todos una impresión profunda, por su jadeo crónico o por su inequívoca precocidad". Su vida, recuerda Leonard, cambió cuando una tía, que estaba divorciándose, dejó un viejo piano de cola en la casa de los Bernstein. Cuenta la madre que "Lenny siempre tenía resfríos y necesitaba permanecer bajo techo. A los cuatro años tocaba un piano imaginario sobre el alféizar de su ventana. Cuando al fin tuvo un piano, hizo lo que ya adulto dice que hizo: Le hizo el amor constantemente". De Bernstein es posible contar una historia muy norteamericana, la del muchacho que pasó de las lecciones de piano a un dólar con una vecina, a los premios impensables, a Harvard, a la fama, a ese "estrellato" también financiero y social que supuso, por ejemplo, su llegada a la Filarmónica de Nueva York, su entrada triunfal en la Viena de los grandes músicos...ningún músico del siglo XX ha llegado tan lejos. Como compositor ha creado música de cámara, sinfonías y óperas, así como música para la voz, el cine, la danza y para Brodway. Como director ha ofrecido muchísimas actuaciones memorables. Más aún, sus interpretaciones de las misas de Haydn, la Sinfonía número 1 de Brahms, la segunda, la séptima y la novena de Mahler y la Consagración a la Primavera de Stravisnky revelan que no es sólo una figura de fuerza magnética, sino también un hombre cuya capacidad musical trasciende los límites de una tradición cualquiera. Escribió libros, hizo programas de televisión, dictó clases, actuó como pianista en público hasta avanzada edad. Muchos lo adularon y de esa actitud da cuenta no sólo la crítica norteamericana sino la Europea. En abril de 1986, la Opera del Estado de Viena presentó A Quiet Place & Trouble in Tahiti. En Junio Francois Mitterrand le concedió la Legión de Honor en París, después, en 1987, recibió el premio Siemens, la recompensa más prestigiosa de Alemania en el campo de la música... Bernstein fue un hombre complicado, a quien agobiaron las inquietudes y tensiones que sobrevivieron a muchos años de psicoanálisis. Sobre un fondo de desesperación cada vez más profunda, fue el músico más aplaudido del siglo XX. Comenzó su carrera como compositor de música clásica, pero halló su éxito más popular en Broadway. Como director rehusó a rebajarse descendiendo al foso de una sala en Broadway, pero como compositor alcanzó particular reconocimiento con West Side Story. Al acercarse a los setenta años Bernstein continuaba trabajando con ritmo frenético, dirigiendo, pronunciando conferencias, conquistando, componiendo. Cuando recibió la Lifetime Archievement Award de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación, en 1985, dijo que sentía que su vida y que su obra todavía estaban inconclusas.
En un artículo publicado en la primera página de Usa Today , el 4 de agosto de 1986, Bernstein afirmó: "Me diagnosticaron enfisema cuando andaba por la veintena, y hace décadas que fumo. Me dijeron que si no abandonaba el cigarrillo, moriría a los veinticinco años. Después afirmaron que moriría a los cuarenta y cinco. Y a los cincuenta y cinco. Bien, he vencido. Fumo, bebo, permanezco de pie la noche entera y copulo. Me excedo en todos los ámbitos." Destacaba sus propios excesos para demostrar que se había impuesto a las leyes de la naturaleza. Todo ésto viene a hacer más novelesco el éxito con el cual ha desafiado y ha trascendido.
"Dejarte ser musico podría aceptarse si tu fueras un Toscanini, un Rachmaninoff, pero ¿cuántas personas semejantes conoces?”

 

1922, Jennie, Leonard y Sam
*Adaptación de "Leonard Bernstein, la biografía", de Joan Peyser. Editorial: Javier Vergara Editores.

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