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La salud pública de los habitantes del planeta Tierra
se encuentra en peligro por amenazas trasnacionales. El cambio
climático y sus consecuencias, desastres naturales
y el bio-terrorismo son tan sólo algunas de las que
pueden afectar la seguridad sanitaria de cualquier población.
Y hay más, como lo señalara la directora de
la Organización Panamericana de la Salud (OPS), doctora
Mirta Rosés, al referirse el pasado mes de abril al
lema del Día Mundial de la Salud 2007 (Invertir en
Salud para Forjar un Mundo más Seguro): Enfermedades
nuevas y existentes amenazan nuestra salud y seguridad, e
ignoran las fronteras nacionales. La amenaza de una pandemia
global de influenza continúa siendo real, y el recuerdo
del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo) permanece
fresco en la memoria.
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¿Qué
hacer entonces cuando los viajes internacionales son comunes,
las enfermedades pueden desplazarse a la velocidad de los aviones,
y el SARS ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del actual
mundo globalizado? La respuesta a tal interrogante han sido
los acuerdos entre Estados para expandir el acceso a medicinas
y vacunas, fortalecer los controles fitosanitarios, mejorar
la infraestructura de la salud pública de países
en desarrollo y el lanzamiento de programas de mejoramiento
de la educación de los trabajadores de la salud pública
a nivel global, siendo el más famoso de tales acuerdos
el Reglamento Sanitario Internacional (RSI), conjunto de normas
sanitarias para hacer frente a las emergencias de salud pública
de interés mundial, mediante la armonización de
acciones en salud pública, comercio y tráfico;
éste fue materializado en 1969 por la Organización
Mundial de la Salud, ante la necesidad de cooperación
en materia de alerta y respuesta para evitar epidemias mediante
la vigilancia transfronteriza de enfermedades.
Por las situaciones sanitarias de entonces, en la que existían
limitaciones para la movilización internacional de pasajeros
e incluso de carga, este Reglamento sólo hizo frente
a un pequeño número de enfermedades infecciosas
graves como fueron cólera, peste, fiebre amarilla y viruela.
Sin embargo, en el contexto actual es evidente que con la globalización,
hay una mayor facilidad de movilización en la parte comercial
de mercancías, productos, animales y vegetales, así
como de viajeros por todo el mundo, lo que conlleva a que la
diseminación de enfermedades puede ser propagada en una
forma más rápida.
Sumado a lo anterior, la emergencia de nuevas enfermedades como
el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH/ sida),
el SARS, la influenza aviar y la reaparición de otras
antiguas amenazas para la salud pública internacional,
han resaltado claramente la necesidad de ampliar el campo de
aplicación del Reglamento. En atención a ello
se aprobó el nuevo Reglamento Sanitario Internacional
2005 Ajustado, el cual fue adoptado por Colombia, y en virtud
del cual el país se compromete a implementar las recomendaciones
que se establecen en dicho Reglamento; en consecuencia, nuestro
país deberá cumplir con los procedimientos y demás
actuaciones allí determinados, tales como el mejoramiento
de la capacidad nacional para la detección y respuesta
oportuna de eventos de interés en salud pública
internacional y realizar su notificación a la OMS en
tiempo cronológico y real.
El RSI 2005 Ajustado comienza a regir -por lo menos en el papel-
para Colombia y todos los demás países suscriptores
(miembros de la Organización Mundial de la Salud), a
partir de este mes de junio, lo cual representa para el país,
según el representante de la OMS/OPS para Colombia, Pier
Paolo Balladelli, una oportunidad determinante para la
sanidad nacional y la competitividad del país a nivel
internacional. Entre los temas prioritarios a enfocar están
la preparación del país ante enfermedades como
la pandemia de influenza; la importación y exportación
de alimentos; y el transporte de pasajeros y mercancía
a nivel nacional e internacional. |