MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 9    No. 105  JUNIO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

País y Niñez

Estudio de Naciones Unidas
sobre violencia contra la infancia

Juan Pablo Guerrero Q., MD - Especialista en Gerencia de Calidad y Magíster en Administración - elpulso@elhospital.org.co
Recientemente, Naciones Unidas presentó los resultados del “Estudio de la violencia contra los niños”, primera investigación que ofrece un panorama completo sobre la magnitud del problema en el mundo. Contó con un investigador independiente y el apoyo de diversas dependencias del mismo organismo, la Organización Mundial de la Salud, gobiernos de un buen número de países y organizaciones nacionales e internacionales.
La investigación confirma que la violencia contra los niños existe en todos los países del mundo, independientemente de las culturas, clases sociales, niveles educativos, ingresos y origen étnico y que es socialmente tolerada en todas las regiones del mundo.
La alarmante situación se ve reflejada en diversas estadísticas. En 2002 alrededor de 53.000 niños y niñas de 0 a 17 años murieron como resultado de homicidios. La OIT reveló que en 2004, 218 millones de niños trabajaban y 126 millones realizaban trabajos peligrosos. Y, 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años tuvieron relaciones sexuales forzosas o sufrieron otras formas de violencia sexual con contacto físico en 2002. Entre 100 y 140 millones de niñas han sufrido algún tipo de mutilación o corte genital. La reciente “Encuesta global de salud en la escuela”, revela que entre el 20% y el 65% de niños en edad escolar manifiestan haber sufrido acoso físico o verbal.
La violencia contra los niños se produce en escuelas (incluyendo escuelas militares, hogares infantiles u orfanatos), el hogar, la familia y la comunidad, en el deporte, el lugar de trabajo, instituciones religiosas, prisiones y otros establecimientos de detención, pandillas y en la calle. La mayoría de los actos violentos que sufren los niños la realizan personas adultas que forman parte de sus vidas: padres, compañeros de clase, profesores, empleadores, etc. Para muchos niños y niñas, la violencia forma parte de una rutina y es una realidad cotidiana.
Sin embargo, gran parte del problema permanece oculto por muchas razones, por ejemplo, el miedo a denunciar los episodios por posibles represalias, el silencio del padre de familia si la violencia la ejerce su cónyuge o un familiar, la aceptación de la violencia y la falta de una prohibición legal explícita en muchos países, entre otros.
Las crecientes desigualdades en el nivel de ingresos, la globalización, la migración, la urbanización, las amenazas a la salud -en especial la pandemia del VIH/sida- los avances tecnológicos y los conflictos armados influyen en la manera en que se trata a los menores.
El impacto de la violencia puede ser devastador. Puede provocar mayor susceptibilidad a sufrir problemas sociales, emocionales y cognitivos durante toda la vida y a presentar comportamientos perjudiciales para la salud, como por ejemplo el abuso de sustancias adictivas. Puede presentarse ansiedad, trastornos depresivos, desempeño deficiente de las labores profesionales, alteraciones de la memoria y comportamiento agresivo.
La violencia contra los niños puede y debe prevenirse. La responsabilidad principal en la solución debe recaer en los Estados. Entre las recomendaciones que hace el estudio se destaca que cada país debe formular un plan de acción para hacer frente al problema; las leyes y planes deben cumplir plenamente las normas internacionales de derechos humanos; los planes deben evaluarse sistemáticamente según los objetivos y cronogramas establecidos, y deben contar con los recursos humanos y financieros adecuados para su aplicación; disponer de sistemas nacionales de reunión de datos e investigación; prohibir toda forma de violencia contra los niños; dar prioridad a la prevención abordando sus causas subyacentes; centrar la atención en las políticas económicas y sociales que aborden la pobreza, el género y otras formas de desigualdad, las diferencias salariales, el desempleo, el hacinamiento urbano y otros factores que quebrantan la sociedad; los sistemas de salud, justicia penal y servicios sociales deben abordar las necesidades especiales de los niños; crear sistemas de denuncia y servicios accesibles y adecuados para los niños; y fortalecer los compromisos internacionales.
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