Recientemente, Naciones
Unidas presentó los resultados del Estudio de la
violencia contra los niños, primera investigación
que ofrece un panorama completo sobre la magnitud del problema
en el mundo. Contó con un investigador independiente
y el apoyo de diversas dependencias del mismo organismo, la
Organización Mundial de la Salud, gobiernos de un buen
número de países y organizaciones nacionales e
internacionales.
La investigación confirma que la violencia contra los
niños existe en todos los países del mundo, independientemente
de las culturas, clases sociales, niveles educativos, ingresos
y origen étnico y que es socialmente tolerada en todas
las regiones del mundo.
La alarmante situación se ve reflejada en diversas estadísticas.
En 2002 alrededor de 53.000 niños y niñas de 0
a 17 años murieron como resultado de homicidios. La OIT
reveló que en 2004, 218 millones de niños trabajaban
y 126 millones realizaban trabajos peligrosos. Y, 150 millones
de niñas y 73 millones de niños menores de 18
años tuvieron relaciones sexuales forzosas o sufrieron
otras formas de violencia sexual con contacto físico
en 2002. Entre 100 y 140 millones de niñas han sufrido
algún tipo de mutilación o corte genital. La reciente
Encuesta global de salud en la escuela, revela que
entre el 20% y el 65% de niños en edad escolar manifiestan
haber sufrido acoso físico o verbal.
La violencia contra los niños se produce en escuelas
(incluyendo escuelas militares, hogares infantiles u orfanatos),
el hogar, la familia y la comunidad, en el deporte, el lugar
de trabajo, instituciones religiosas, prisiones y otros establecimientos
de detención, pandillas y en la calle. La mayoría
de los actos violentos que sufren los niños la realizan
personas adultas que forman parte de sus vidas: padres, compañeros
de clase, profesores, empleadores, etc. Para muchos niños
y niñas, la violencia forma parte de una rutina y es
una realidad cotidiana.
Sin embargo, gran parte del problema permanece oculto por muchas
razones, por ejemplo, el miedo a denunciar los episodios por
posibles represalias, el silencio del padre de familia si la
violencia la ejerce su cónyuge o un familiar, la aceptación
de la violencia y la falta de una prohibición legal explícita
en muchos países, entre otros.
Las crecientes desigualdades en el nivel de ingresos, la globalización,
la migración, la urbanización, las amenazas a
la salud -en especial la pandemia del VIH/sida- los avances
tecnológicos y los conflictos armados influyen en la
manera en que se trata a los menores.
El impacto de la violencia puede ser devastador. Puede provocar
mayor susceptibilidad a sufrir problemas sociales, emocionales
y cognitivos durante toda la vida y a presentar comportamientos
perjudiciales para la salud, como por ejemplo el abuso de sustancias
adictivas. Puede presentarse ansiedad, trastornos depresivos,
desempeño deficiente de las labores profesionales, alteraciones
de la memoria y comportamiento agresivo.
La violencia contra los niños puede y debe prevenirse.
La responsabilidad principal en la solución debe recaer
en los Estados. Entre las recomendaciones que hace el estudio
se destaca que cada país debe formular un plan de acción
para hacer frente al problema; las leyes y planes deben cumplir
plenamente las normas internacionales de derechos humanos; los
planes deben evaluarse sistemáticamente según
los objetivos y cronogramas establecidos, y deben contar con
los recursos humanos y financieros adecuados para su aplicación;
disponer de sistemas nacionales de reunión de datos e
investigación; prohibir toda forma de violencia contra
los niños; dar prioridad a la prevención abordando
sus causas subyacentes; centrar la atención en las políticas
económicas y sociales que aborden la pobreza, el género
y otras formas de desigualdad, las diferencias salariales, el
desempleo, el hacinamiento urbano y otros factores que quebrantan
la sociedad; los sistemas de salud, justicia penal y servicios
sociales deben abordar las necesidades especiales de los niños;
crear sistemas de denuncia y servicios accesibles y adecuados
para los niños; y fortalecer los compromisos internacionales.
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