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En un mundo donde
se tratan de justificar actos en los cuales la muerte es un
protagonista de la justicia, es necesario acudir a esfuerzos
donde los derechos humanos no sean secundarios sino actores
primordiales del cambio.
En nuestro país, los derechos humanos son una etiqueta
que muchos miran con gran recelo y desconfianza, pues históricamente
que la paz y la justicia sólo llegan a bala o que el
diálogo sólo se tiene cuando nuestro enemigo está
arrodillado. El intentar discutir diferencias y el acudir a
procesos, son el hazmerreír de muchos incrédulos
que han aprendido a vivir con la consigna de que nada se puede
arreglar en nuestro país si no pagamos con la misma moneda. |
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¿A quién
hemos recurrido para solucionar nuestras diferencias? Quizás
cada uno tiene su respuesta. Pero en un momento crucial de nuestro
existencia, en donde muchas familias esperan justicia y otros
esperan el perdón por sus actos de barbarie, se requiere
un proceso de preparación con toda la ciudadanía
y la totalidad de sus generaciones, para entender qué
significa hacer justicia con paz.
Varias naciones del mundo adoptaron la aplicación
de la pena de muerte, argumentando que es la mejor vía
para hacer justicia, y otras abolieron la  |
misma para crear un
ambiente en donde exista respeto a la vida, sin olvidar lo sucedido.
Varias naciones del mundo adoptaron la aplicación de
la pena de muerte, argumentando que es la mejor vía para
hacer justicia, y otras abolieron la misma para crear un ambiente
en donde exista respeto a la vida, sin olvidar lo sucedido.
El médico a su vez ha participado en actos irracionales,
los cuales difieren en su contexto pero no en su final. Y es
aquí donde no podemos dejar de condenar que nuestra profesión
se preste a facilitar ejecuciones, torturas o tratos inhumanos
y degradantes a cualquier persona, independientemente de su
condición.
Pena capital
En 2005, un total de 2.148 personas fueron ejecutados
en 22 países según Amnistía Internacional,
la gran mayoría bajo el procedimiento de la inyección
letal. Se calcula que el 94% de estas ejecuciones fueron llevadas
a cabo en 4 países, incluyendo Irán, Arabia Saudita,
China y Estados Unidos.
En los Estados Unidos de este siglo, sorprende darse cuenta
que la pena de muerte continua siendo autorizada en 38 de sus
estados. En tres de ellos, California, Missouri y Carolina del
Norte, jueces federales ordenan a oficiales de prisión
que hagan un llamado a médicos para que se esté
seguro de que el prisionero permanezca inconsciente durante
la ejecución, especialmente la llevada a cabo con la
inyección letal, que en ocasiones al ser aplicada lleva
al individuo a estar consciente y sufrir de dolor al recibirla;
en ninguno de estos 3 estados fue posible encontrar este tipo
de asistencia por parte del gremio médico. En total,
15 estados requieren la presencia de médicos durante
la ejecución y 17 estados permiten la asistencia del
galeno durante el procedimiento; los únicos estados que
prohibieron cualquier participación del médico,
son Illinois y Kentucky.
Hace 30 años, el Dr. A. Jay Chapman en la gobernación
de Oklahoma, definió para un abogado que buscaba humanizar
la ejecución de un condenado, la fórmula para
un cóctel mortal que consistía en tres medicamentos.
Así, este estado se convertiría en el primero
en adoptar la inyección letal, medida que hasta el día
de hoy ha llevado a la muerte a 900 prisioneros y sigue siendo
defendida por su creador, a pesar de varios errores cometidos.
Un reciente estudio en la revista en línea PLoS Medicine,
publicado en abril 24 de 2007, y un estudio en la revista Lancet,
publicado en febrero 20 de 2007, encontraron que los presos
sufren de dolor extremo, asfixia en estado de conciencia y parálisis
durante las inyecciones letales de tiopental sódico (anestésico),
bromuro de pancuronio (bloqueador neuromuscular) y el cloruro
potásico (electrolito), debido a insuficientes y desordenadas
dosis de los medicamentos que se utilizan en este procedimiento.
La Asociación Médica Americana (AMA en inglés),
exige al médico no tomar parte en este tipo de procedimientos,
no estar presente en ejecuciones durante la actividad profesional
ni ofrecer asesoría técnica relacionada con la
ejecución; sin embargo, un pequeño porcentaje
de galenos argumenta que participar en la ejecución de
otros seres humanos puede ser humano y ético. Cualquiera
se preguntaría qué pasa con estos profesionales:
la respuesta es que así la AMA condene este tipo de participación,
las juntas de la profesión médica de cada estado
(Board of Medicine en inglés), no entran en el debate
que podría dejar a varios profesionales en la palestra
para ser sancionados, llevando a una medida en donde se respeta
la decisión de cada profesional, así la gran mayoría
esté en contra.
En un artículo del New England Journal of Medicine en
marzo de 2006, un médico que participa de estas ejecuciones
consideró su papel como paliativo: Un paciente
con pena de muerte no es diferente del paciente que está
muriendo de cáncer, excepto que el primero es por una
orden judicial.
El mundo y la humanidad continuarán un recorrido donde
confluyen el dolor y la esperanza, pero no podemos olvidar que
los derechos humanos son fuente primordial para iniciar un recorrido
que logre traspasar la barrera del dolor. En un día como
hoy, otro ser humano es asesinado y otro reo es ejecutado en
el mundo, pero mientras se piensa en la venganza, reflexionemos
en el por qué de nuestra barbarie: allí iniciaremos
la reconciliación, que para todos tomará décadas
de entendimiento. |
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