MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 109  OCTUBRE DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Tiempo y ajustes demanda la cobertura universal en salud
Yuly Andrea Atehortúa Mira - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Son muchas las dificultades técnicas y financieras no previstas cuando se pensó la cobertura universal, que ahora afectan considerablemente a entes territoriales, clínicas y hospitales. No se sabe si en 2008 los beneficiarios podrán tener servicios de salud.

Desde fines de 2005 cuando empezó a implementarse la cobertura universal en salud en Antioquia, a la fecha, alrededor de 1'400.000 personas sin recursos quedaron cobijadas por los beneficios que ofrece el sistema de salud. Se pasó de tener 1'600.000 afiliados en 2005 a 2'550.000 en 2007, que hacen parte de la ampliación de cobertura, implementada también en Casanare, Arauca, Cesar, Guajira y Huila.
A casi dos años de ejecución de la ampliación, las cifras evidencian el impacto social de esta masiva inclusión de personas en el régimen subsidiado, pero a la vez, las dificultades técnicas y financieras que soportan los entes territoriales y la red pública y privada de Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS), que no estaban preparadas para asumir la avalancha de personas con atenciones de segundo y tercer nivel de complejidad, desbordada en casi todos los departamentos, excepto en Casanare donde es el primer nivel el damnificado.

En Antioquia particularmente, la Dirección Seccional de Salud -DSSA- debe sumas considerables a hospitales y clínicas de segundo y tercer nivel que prestan atenciones no cubiertas por el Plan Obligatorio de Salud -POS-, por lo que éstas están asumiendo las responsabilidades de la cobertura que el Departamento de Antioquia no asume por falta de recursos. Para el director seccional de salud, Carlos Mario Montoya, las fallas que tienen en entredicho la implementación de la cobertura universal provienen de su concepción inicial, donde no se consideró que mayor aseguramiento iba a generar mayor demanda, iba a incrementar la identificación de patologías, y a su vez, la demanda de atenciones de mayor nivel de complejidad no cubiertas por el POS. Esto tiene consecuencias económicas, porque las atenciones no POS corren por cuenta del Departamento; o consecuencias jurídicas, porque muchas reclamaciones terminan en tutelas que también las paga el Departamento. De hecho, en 2006 la DSSA tuvo una facturación por $190.000 millones, de los cuales el 45% eran atenciones no POS subsidiadas, cuando antes sólo llegaban al 20%.
Además, mientras la bolsa de recursos destinada a población pobre no asegurada y atenciones no POS disminuyó, la demanda de servicios aumentó, generando un déficit para la DSSA. Con la cobertura universal esa bolsa tuvo que dividirse en dos, para garantizar el régimen subsidiado junto con los municipios y la Nación, y para los vinculados y atenciones no POS.
Se calcula que este año la DSSA terminará con un déficit de $100.000 millones: $80.000 millones del valor trasladado a cobertura universal y $20.000 millones del déficit de años anteriores. Déficit que significa cobros jurídicos, demandas y cierre de servicios por parte de hospitales y clínicas a los que la DSAA adeuda altas sumas de dinero.
Recursos no fluyen
La cobertura universal fue estructurada para recibir recursos de la Nación en un 70%, del Departamento 15% y otro 15% de los municipios. El municipio y el departamento destinan recursos de rentas propias y del Sistema General de Participaciones -SGP-, y la Nación de Fidufosyga y SGP.
En la forma como fluyen estos recursos en el Sistema está otro escollo que afecta la implementación de la cobertura universal, sostuvo Carlos Mario Montoya, debido a que los tres entes de acuerdo con el número de personas identificadas tienen que destinar los recursos, pero la Nación retiene dineros si su base de datos no concuerda con la del asegurador. “La Nación manda un porcentaje por anticipado para la contratación y el otro cuando cruza la base de datos de las personas afiliadas con la base de la Nación; si ambas no coinciden, retiene en el Fidufosyga la plata que debía enviar; entretanto, las personas bajadas de la base de datos porque no coincide su nombre, su número de identificación o aparecen duplicados, siguen teniendo problemas de salud y solicitando el servicio”, explicó Montoya.
No obstante, aparezca o no la persona en la base de datos, si se enferma hay que prestarle el servicio, facturado al municipio o al departamento, aunque éstos ya hayan destinado recursos para asegurar esa persona. Una razón más para que el director seccional de salud de Antioquia afirme que es urgente hacer ajustes, para que el municipio devuelva la plata de los que no afilió, y si la Nación no envió los recursos pero una persona requirió el servicio, los reembolse al departamento y municipio, y estos a su vez puedan pagar a clínicas y hospitales.
Ajustes en proceso
Algunas estrategias vienen desarrollando las autoridades departamentales para contrarrestar las consecuencias negativas de la cobertura. Montoya enumera que la principal es contener la demanda en el primer nivel, para que al segundo y tercero lleguen sólo los casos realmente necesitados de tales atenciones.
Asimismo, fortalecer el segundo nivel en los municipios para que contengan la demanda y se descongestionen las IPS en Medellín. También se están negociando tarifas con IPS del tercer nivel y se busca recursos para pagarles a través del Ministerio de la Protección Social, para que además de los recursos que les debe la Gobernación, se les entregue sumas que departamentos como el Chocó y entidades como Caprecom les adeudan.
Nada de vigilancia en Huila
En el Huila la cobertura universal puso de manifiesto la falta de vigilancia y control, ya que las Empresas Promotoras de Salud -EPS- del régimen subsidiado no quieren contratar con hospitales de 2 y 3 nivel como el Universitario de Neiva, que viene aumentando sus gastos en procedimientos no incluidos en el POS y atención a personas pobres.
Por esta razón también están en desequilibrio los hospitales de Pitalito, Garzón y La Plata, únicos que prestan servicios de mediana complejidad y cubren el 80% de las camas en la provincia. Estos hospitales aún no están en déficit, pero sólo el de Garzón está dejando de percibir $80 millones mensuales, $1.000 millones al año.
En la esperada intervención de la Supersalud, se ha pedido a los alcaldes que revisen la oferta de servicios e inicien investigaciones. De hecho, una EPS que no podía garantizar la red fue multada por $150 millones, pero sigue operando igual porque recibe utilidades anuales de $3.000 millones.
Otro es el caso del primer nivel, porque los 37 municipios del Huila son descentralizados y cada uno hace sus contratos e invierte en sus propios hospitales. Los municipios no tienen deudas con las EPS y estas han sido presionadas por los mismos alcaldes para que paguen a los hospitales, gracias al trabajo realizado por la Seccional de Salud buscando que las EPS que no estuvieran al día no pudieran contratar en abril pasado.
Según evaluaciones de la Seccional, el primer nivel estaría sobre-financiado, pero se busca acordar los porcentajes de capitación por niveles, para que no haya excesos en el primer nivel y se balancee entre los niveles 2 y 4.
En cuanto a la Dirección Seccional, asegura García, aunque tiene muy aumentado el gasto no tiene grandes deudas por prestación de servicios, las cuales puede manejar con los recursos de regalías que recibe por ese concepto y por ampliación de cobertura.
Falta infraestructura
Aún con las dificultades existentes, para el Huila tener la cobertura universal es el logro social más grande en mucho tiempo, porque pasó de tener 338.000 afiliados en el subsidiado a 715.000 a fines de 2006.
En general, el proceso generó un incremento sustancial en las atenciones de 1, 2 y 3 nivel, en los procedimientos no incluidos en el POS, y en las remisiones en servicios que no presta el Huila, como transporte aéreo de pacientes, trasplantes y quemados. El departamento no posee la infraestructura para atender estos casos y la provincia tampoco cuenta con médicos especializados, porque no quieren trasladarse aunque se les ofrecen sueldos jugosos. No obstante, de departamentos vecinos como Tolima, Putumayo, Caquetá y Cauca están migrando al Huila, pensando encontrar servicios de salud.
Arauca marcha, a ritmo de regalías
La situación de Arauca difiere de Antioquia y Huila, en cuanto los recursos que percibe por regalías le permiten estar al día con las IPS; además, su población de 289.000 personas es considerablemente más reducida. Sin embargo, hay un incremento de servicios de alto costo prestados a personas que llegan de Venezuela, Boyacá, Santander, Cesar, Casanare y Vichada, asumidos todos por la Unidad de Salud.
Si bien no ha alcanzado cobertura del total de la población, Arauca avanza en el proceso y no reporta problemas con los envíos de la Nación, afirma Alberto Fernando Castro, director de la Unidad de Salud de Arauca. Y la Secretaría de Salud municipal de Arauca fue pionera al implementar la cobertura universal a través de regalías, sin cofinanciación con el departamento, mientras los demás municipios si establecieron este convenio.
Hasta ahora, la mayor dificultad es el incumplimiento de las EPS del régimen subsidiado que constantemente devuelven y no atienden las personas, campesinos en su mayoría, aduciendo que el servicio o medicamento que requieren no está en el POS. “Es un problema que tiene todo el país, y mientras no ponga en cintura a las EPS del esfuerzo de la Nación y los departamentos, no habrá resultados”, asegura Castro, quien se plantea otro dilema sobre el futuro de la contratación de 2008, “porque debe haber recursos estipulados en los presupuestos y se desconocen las intenciones de los próximos gobernantes, que podrían excluir del sistema de salud a los beneficiarios incluidos”.
Casanare adolece de primer nivel
En este departamento de 300.385 personas, donde 244.100 pertenecen al nivel 1 y 2 del Sisbén, la cobertura universal llegó para constatar que desde el primer nivel de atención se presentan las fallas más grandes del sistema de salud.
Según el Director de Seguridad Social del departamento, Rafael Garizábal Gómez, la red pública de 16 hospitales de primer nivel adolece de servicios de calidad, de profesionales con especialidades propias de ese nivel y de dotación, caso de los hospitales de Paz de Ariporo, Villanueva y Yopal. Afirma que no poseen recursos propios en los municipios, porque la población es pequeña y la venta de servicios no da para mantener los hospitales y pagar al personal.
Sin embargo, están buscando que la Ley de Regalías les permita transferir un porcentaje al primer nivel y realizar actividades de promoción y prevención que no pueden ejecutar por falta de dinero, como la vacunación de población indígena que está muy dispersa y hay que buscarla en avioneta.
Entre tanto, el hospital de segundo nivel de Yopal, centro de referencia para Arauca, Meta y Vichada, con una sola Unidad de Cuidados Intermedios, vive congestionado porque llegan todas las personas que en el primer nivel no encuentran alivio a sus problemas. Muchas, según la urgencia, tienen que remitirse a Bogotá en avión, ya que por carretera tardarían 7 u 8 horas. Estas remisiones le cuestan al departamento, a un ritmo de 3 viajes cada semana, $1.800 millones al año, que podrían dejar de pagarse a empresas privadas de trasporte y destinarse a cualificar los agonizantes hospitales de primer nivel.
Casanare invirtió en 2006 en cobertura universal $4.951 millones por concepto de regalías y cero pesos de recursos propios de los municipios. Y en 2007 invirtió alrededor de $8.131 millones por concepto de regalías.

 
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