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Se demostró
que el país tenía un margen de negociación
mayor y que hubo una equivocación estratégica;
el gobierno se la jugó toda a complacer a los republicanos.
Con una negociación más agresiva de Colombia,
defendiendo la salud pública, se hubieran perdido votos
republicanos pero ganado demócratas, evitando la vergüenza
de que el país fuera mejor representado por los senadores
demócratas que por los representantes colombianos.
Luis Guillermo Restrepo.
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El Congreso de Colombia aprobó
sin mayores discusiones el protocolo modificatorio al Tratado
de Libre Comercio con Estados Unidos que a fines de junio firmaron
en Washington el ministro de Comercio, Industria y Turismo,
Luis Guillermo Plata, y la representante comercial de Estados
Unidos, Susan Schwab; con esta firma, ambas partes esperan acelerar
el proceso legislativo del tratado en el Congreso norteamericano.
Diversas voces coinciden en que las modificaciones benefician
a Colombia, pero algunos analistas insisten que el silencio
frente a los cambios busca evitarle al gobierno la molestia
de reconocer que los comentarios de las oposiciones al tratado
eran correctas y que sí se podían negociar condiciones
más ventajosas para el país.
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Las
modificaciones
Las modificaciones incluyen compras públicas,
asuntos ambientales, laborales y de propiedad intelectual; en
ésta última se incluyeron las flexibilidades establecidas
en la Declaración de Doha para que los países
puedan atender las crisis en salud pública, tema que
antes sólo aparecía en una carta anexa. A su vez,
la compensación en tiempo por demoras en el trámite
de una patente o registro sanitario de un medicamento, que era
obligatoria, se vuelve opcional; se precisó también
que la protección de datos es sólo para nuevas
entidades químicas, cuya obtención haya significado
un esfuerzo considerable.
Un aspecto significativo es que el tiempo de la protección
se establece explícitamente en 5 años, cuando
antes se mencionaba de al menos de 5 años,
lo cual abría una compuerta para su extensión;
del mismo modo se autorizó que para los productos que
tengan protección de datos de prueba, se pueden aprobar
solicitudes de comercialización de genéricos antes
de vencer la protección, siempre y cuando esté
amparada en estudios de bioequivalencia y biodisponibilidad;
también, si una solicitud de protección en Colombia
se basa en una ya otorgada en Estados Unidos, a los 5 años
se le descontará el tiempo que ya haya tenido de protección
en Norteamérica. |
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El comportamiento
del gobierno es ansioso en el
sentido de que hay que sacar el TLC como sea: cuando
eran los republicanos la mayoría, el gobierno estaba
presionado a firmar para no correr el riesgo del fracaso,
firma, y pasa por alto todas las observaciones al tratado;
ahora cuando la mayoría es demócrata y hay más
interés por ciertos equilibrios sociales, estos temas
se
incorporan al protocolo y el gobierno
colombiano vuelve a firmar.
José Guillermo García.
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Para Colombia los
efectos de las modificaciones pueden ser favorables al flexibilizar
disposiciones del texto inicial; sin embargo, analistas consideran
que el acuerdo continúa siendo desventajoso. Luis Guillermo
Restrepo, quien fuera negociador en propiedad intelectual, cree
que los cambios ofrecen mayor margen de maniobra al gobierno
al volver optativas posiciones que antes eran mandatos, pero
considera que es una victoria inconclusa, por cuanto mecanismos
como la presión unilateral a través de la Ley
de Comercio de Estados Unidos, podría llevar a Colombia
a aumentar beneficios de la industria norteamericana.
Para el doctor Restrepo, la aceptación de la Declaración
de Doha y sus enmiendas dentro del TLC es positiva, al revitalizar
un escenario multilateral con un mayor margen de negociación,
así como la flexibilización en las compensaciones
por demoras; pero señala como vergonzoso que sólo
después de la presión de los demócratas
norteamericanos, el gobierno y el Congreso colombiano aceptaran
los mismos comentarios que la academia y los opositores nacionales
al TLC sostuvieron durante meses: Se demuestra que desde
el principio el país tenía un margen de negociación
mayor y que hubo una equivocación estratégica;
el gobierno se la jugó toda a complacer a los republicanos.
Con una negociación más agresiva de Colombia,
defendiendo la salud pública, se hubieran perdido votos
republicanos pero ganado demócratas, evitando la vergüenza
de que el país fuera mejor representado por los senadores
demócratas que por los representantes colombianos. Además,
que el Congreso colombiano haya aprobado estas modificaciones
era una cuestión cantada: cualquier cosa que digan los
Estados Unidos la hubieran firmado.
Otras visiones no son tan optimistas. El representante a la
Cámara Pablo Enrique Salamanca, miembro de la Comisión
Segunda donde se aprobaron las modificaciones al protocolo,
considera que los beneficios son muy pocos pues terminan siendo
apéndices del tema central, y la conservación
del medio ambiente o el régimen laboral se preserva en
la medida que no altere relaciones económicas y comerciales,
situación que no genera desarrollo para el país:
Desde 1991 Colombia tiene las fronteras abiertas a Estados
Unidos para 5.600 productos y solo exportamos 18 de ellos; el
problema no es de tratados ni de eliminación de aranceles,
sino de incapacidad técnica y económica de Colombia
para competir. El representante criticó la falta
de protagonismo en las negociaciones, tanto por parte del gobierno
como del Congreso: Aquí prevalece la voluntad del
gobierno frente a los argumentos y opiniones del presidente
de la Organización Mundial de Comercio y de Joseph Stiglitz,
premio Nóbel de Economía, que consideran que esos
tratados son nocivos para los países en desarrollo, argumentos
que no conmovieron al Congreso; lo más grave es que Colombia
no fijó topes de negociación: mientras nosotros
simplemente aprobamos, el Congreso norteamericano hace modificaciones.
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Es una vergüenza
que mientras los negociadores
y el Congreso de Colombia no nos atendieron
las observaciones al TLC, sí lo hicieran los
demócratas en Estados Unidos.
Germán Holguín.
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Las
amenazas continúan
Pese a considerarlas convenientes, el doctor Germán
Holguín, de Misión Salud, cree que las modificaciones
al TLC no garantizan desaparición de las amenazas, por
cuanto dependen de cómo el gobierno reglamente con normas
a favor de la población y no de los intereses de multinacionales
farmacéuticas: Podría ocurrir que el gobierno
presionado por las transnacionales y por Estados Unidos convierta
las facultades opcionales en obligaciones, regresando al texto
original y en contra de la salud pública; en la medida
que esas facultades se ejerzan de manera que convenga a la salud,
el protocolo sería favorable. Sí hay que anotar
que es una vergüenza que mientras los negociadores y el
Congreso de Colombia no nos atendieron las observaciones al
TLC, sí lo hicieran los demócratas en Estados
Unidos.
El representante por Cambio Radical, Luis Felipe Barrios, declaró
que el voto positivo de la bancada uribista a las modificaciones
buscaba hacer ajustes para brindar garantías a ciertos
sectores vulnerables, y desestimó las críticas
frente al reversazo dado al aprobar ahora aspectos que antes
fueron señalados por la oposición durante las
negociaciones y las discusiones en el Congreso como peligrosos,
y que llevaron al gobierno a calificar de apátridas
a quienes se oponían al tratado: Esas críticas
se extralimitaron en la manera en que la oposición lo
hacía; además, cuando ellos empezaron con las
críticas ya no se podía hacer nada, porque el
TLC tenía que aprobarse o improbarse como estaba escrito.
Ahora que el texto fue estudiado por los demócratas se
vieron otras conveniencias.
Demócratas: ¿A la defensa
de Colombia?
Que la flexibilización de las condiciones del
TLC provenga de los congresistas demócratas no significa
que su interés sea la defensa de Colombia; para el doctor
Luis Guillermo Restrepo, una carta del senador Kennedy durante
el proceso de negociación explica la razón de
los demócratas para defender esos cambios, como es la
seguridad nacional: La Carta plantea que si se 'aprieta'
demasiado a los países en vía de desarrollo, se
tendrá mayor inmigración e incremento del narcotráfico
y el terrorismo; en otras palabras, es evitar matar la gallina
de los huevos de oro.
Para el director del Observatorio de Economía Internacional
de la Universidad Nacional, José Guillermo García,
inquieta que la negociación gire e incorpore los temas
de interés de la contraparte y no los que resuelven los
problemas del desarrollo colombiano: En la negociación
no se reflejan las asimetrías de desarrollo: parece una
negociación de pares. Además el comportamiento
del gobierno es ansioso en el sentido de que hay que sacar el
TLC, no importa de qué manera: cuando eran los republicanos
la mayoría, el gobierno estaba presionado a firmar para
no correr el riesgo del fracaso, firma, y pasa por alto todas
las observaciones al tratado; ahora cuando la mayoría
es demócrata y hay más interés por ciertos
equilibrios sociales, estos temas se incorporan al protocolo
y el gobierno colombiano vuelve a firmar. Evidentemente lo que
se busca es hacer el TLC a cualquier precio, y por eso en este
momento se hace eco a una exigencia demócrata de la contraparte,
pero no a las mismas exigencias cuando fueron presentadas por
la población colombiana . |
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