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Reflexión del mes
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El silencio
no tiene límites.
Los límites los pone la palabra

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Marcel Marceau (1923-23 de septiembre
de 2007).
Murió a los
84 años el mejor mimo del mundo, que en cada
una de sus caracterizaciones dejó constancia
de la vulnerabilidad de la condición humana.
Su genialidad se sustentaba en el modo de escribir
frases silenciosas en el espacio y de imprimirle
poesía al silencio. Con su personaje Bip
creado en 1947, de rostro pintado de blanco, dos lágrimas
negras esbozadas bajo los ojos, su clásico sombrero
con una flor marchita y camiseta a rayas cruzada por
un tirante, era capaz de invocar cualquier sentimiento,
recuerdo u objeto y darles vida en absoluto silencio,
sin romper la atmósfera mágica que la
ausencia de las palabras produce.
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Damaris Arango tiene 23 años y está en la semana
34 de su segunda gestación. Vive con sus padres hace
4 semanas en el municipio de Guarne (Antioquia) en el área
rural: Llegó allí después de terminar
una relación de 7 años con su compañero,
con el cual vivía en Medellín en un barrio popular
(Santa Cruz). Su seguridad social en salud se limita a una
encuesta del Sisbén de Medellín. Es ama de casa
y sólo se emplea por temporadas, en oficios domésticos.
La gestación cursa de forma normal, excepto por cefaleas
severas a repetición: tiene antecedentes de migraña.
En el primer semestre del embarazo se hizo dos controles prenatales
y una ecografía en forma particular (en el municipio
de Rionegro), con resultados normales.
Consulta en la ESE de Guarne la realización de un control
prenatal y le dicen que sólo puede hacerlo en forma
particular porque su Sisbén es de otro municipio: La
alternativa sería cancelar el Sisbén de Medellín
y solicitar en la Alcaldía de Guarne que la encuesten
en su nuevo sitio de residencia. En su estado actual de seguridad
social, sólo le ofrecen atención de urgencias
o sea el parto, y esto si llega en expulsivo, porque de lo
contrario tiene que irse a terminar su trabajo de parto al
municipio que aparece en el Sisbén. La señora
no hace el trámite porque no sabe en donde vivirá
al terminar el embarazo, y lo más probable es que se
independice de sus padres y busque empleo en Medellín.
Después de una intensa cefalea decide buscar la consulta
de Alto Riesgo Obstétrico en un hospital de alto nivel
de complejidad de Medellín, donde la atienden por consulta
de urgencias y le ordenan exámenes de laboratorio:
VIH, serología, creatinina y hemograma, y una ecografía
que realizan inmediatamente. Se diagnostica una migraña,
el resto del examen está bien, la paciente está
en buenas condiciones y la ecografía es normal.
Cuando va a facturar la cuenta le dicen que para cargarla
a la Dirección Seccional de Salud de Antioquia -DSSA-,
debe traer una declaración extra juicio de que es madre
soltera cabeza de familia y una constancia de no afiliación
a una EPS-S. La paciente no tiene idea de cómo y dónde
se hacen los dos trámites, la empleada le da instrucciones:
la manda a una Notaría para la declaración y
a la Alpujarra para la constancia de No-EPS-S, de allí
la remiten a otra oficina en el centro de Medellín.
Después de cumplir los requisitos le explican que debe
buscar la afiliación a una EPS-S, pero la paciente
no lo hace porque el dinero que tenía lo gastó
en los trámites y pasajes.
Le dan una cita para revisión y para mirar el resultado
de los exámenes. Después de 5 horas de recorrido
para conseguir su objetivo puede irse a su casa, debiendo
tomar el Metro, un bus intermunicipal, un colectivo veredal
y al final del recorrido caminar dos kilómetros para
lograr descansar en su hogar y atender a su otro hijo.
Cuando la paciente busca que le hagan los exámenes
en otra visita al hospital de alta complejidad, la persona
que llama a la DSSA le dice que no le autorizaron los exámenes
en esta institución (no dan el código desde
la DSSA), y que debe ir a la Unidad de salud más cercana
al lugar en donde le realizaron el Sisbén, es decir
en Santa Cruz.
La paciente acude allí según las instrucciones,
pero le dicen que esos exámenes no se los hacen ahí,
que se los tiene que realizar en el sitio donde los ordenaron
(hospital de alta complejidad) o particularmente. Su costo
es $50.000. La paciente vuelve al hospital y consigue que
le rebajan los costos en un 66%. Damaris asume la diferencia
y se los hace en un nuevo viaje a Medellín, ya que
de ese día ha corrido toda la mañana y en la
tarde no se pueden tomar las muestras. Los resultados fueron
normales.
Cuando vuelve al hospital a revisión, la empleada de
Atención al Usuario le dice que no le dieron código
para la atención desde la DSSA, ni a otras 3 pacientes
con Sisbén que esperaban Consulta de Alto Riesgo Obstétrico.
Al preguntar sobre una solución, le responden que no
se puede atender a nadie del Sisbén sin código
en consulta externa. Las alternativas serían: pagar
la consulta particular, ir a pedir cita a la Unidad Intermedia
de San Javier (Metrosalud) o irse a su casa sin consulta y
perder el viaje.
El médico que hacía la consulta, por solicitud
de la enfermera de Alto Riesgo Obstétrico le miró
el resultado de los exámenes, para no despacharla sin
decirle nada y le mandó otros: estudio para hepatitis
B y cito-químico de orina. Con el fin de que le autorizaran
los nuevos estudios, Damaris fue enviada a la oficina del
Sisbén en el hospital, donde le dijeron que estuviera
averiguando en los próximos 20 días y que le
dirían dónde se los debía hacer; para
ese entonces tendrá 37 semanas de embarazo.
La paciente estuvo en el hospital durante 5 horas y no le
hicieron la consulta ni le autorizaron los exámenes
debido a las innumerables barreras de la Ley 100, y tampoco
le es fácil volver para averiguar cuándo y dónde
tiene que tocar las puertas en su próximo desplazamiento
a Medellín, debido a la distancia y a las dificultades
de comunicación.
Actualmente piensa que no vale la pena salir de su casa para
hacer otros intentos de consulta o de realización de
exámenes de laboratorio, porque se cansa demasiado
y no tiene más dinero. ¿Y que piensa del parto?
Que suceda lo que tiene que suceder el día que
se llegue la hora.
Durante la mayoría de estos pasos la paciente fue acompañada
y orientada por quien transcribe este relato: Médica
Epidemióloga de la Oficina de Garantía de Calidad
del hospital de alta complejidad, quién además
de narrar los acontecimientos quiere dejar a quienes se interesaron
en la historia la siguiente reflexión:
La Cumbre del Milenio en el año 2000 fue refrendada
por 149 jefes de Estado, entre ellos el de Colombia. Una de
las 8 metas planteadas en esta reunión es la de reducir
en tres cuartas partes la mortalidad materna entre 1990 y
2015. El gobierno de Colombia incluyó la reducción
de la mortalidad materna como prioridad de salud pública
y en 2003 formuló la Política de Salud Sexual
y Reproductiva. El Conpes Social 91/05 formula las metas y
estrategias para el logro de los Objetivos de Desarrollo del
Milenio. El objetivo 5 es mejorar la salud sexual y reproductiva,
y tiene estas metas: Reducir la mortalidad materna a 45/100.000
nacidos vivos; incrementar a 90% el que se tengan cuatro o
más controles prenatales por embarazo; conseguir el
95% de la atención institucional del parto y por personal
calificado; utilización en 75% de métodos modernos
de anticoncepción y 65% de ellos en población
de 15 a 19 años; mantener la cifra de adolescentes
en embarazo en menos de 15% y llevar la mortalidad por cáncer
de cérvix a 5.5/100.000 mujeres.
El 17 de marzo de 2004 fue firmado por el Consejo Departamental
de Seguridad Social en Salud, la Dirección Seccional
de Salud de Antioquia, la Secretaría de Salud de Medellín,
las Direcciones Locales de Salud del Departamento, los gerentes
de Entidades Promotoras de Salud y Administradoras del Régimen
Subsidiado, el gobernador de Antioquia y el alcalde de Medellín,
el Pacto por la Salud Pública en Antioquia.
El primer compromiso que aparece en este documento es el siguiente:
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Entonces,
después de revisar tantos pactos y compromisos a nivel
mundial, nacional y departamental quedan muchos interrogantes:
Es difícil comprender como una paciente obstétrica
deba realizar la consulta de alto riesgo en un sitio de la ciudad,
los exámenes de laboratorio en otro y la ecografía
en otro. ¿La persona que regula las atenciones del Sisbén
no puede conocer cuales exámenes de laboratorio se hacen
en determinada Unidad de Salud, antes de mandar las pacientes
a que las devuelvan sin atención? ¿Cómo
es posible que al llegar la embarazada a cita de revisión
programada de Alto Riesgo Obstétrico, le digan que no
le dan Código y tenga que perder el viaje? ¿Cuál
es la atención sin barreras para la paciente obstétrica
en Antioquia? ¿Para qué inducir la demanda al
control prenatal si no las atienden? ¿Cómo vamos
a aumentar la atención institucional del parto? ¿Será
posible reducir las complicaciones obstétricas y la mortalidad
materna en la región con tantas barreras y tramitología?
El mensaje que queda claro a las pacientes en circunstancias
similares a la de Damaris, es que deben dejar progresar bastante
su trabajo de parto y consultar cuando el niño esté
próximo a salir, para que no las pongan a dar muchas
vueltas.
Las palabras son llevadas muy fácilmente por el viento
al último rincón del olvido; es así como
en nuestro país las mujeres, especialmente las de escasos
recursos económicos, solo pueden recurrir a una dura
y realista frase de un autor anónimo, el cual, seguramente
es un conocedor profundo de nuestra triste realidad: Voy
al mar a recoger a mi nuevo hijo; el viaje es largo y peligroso
y tal vez no vuelva. |
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Bioética
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No
todo lo que brilla es oro
Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
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| La
historia de todos los tiempos nos enseña muchos personajes
que se destacan en diferentes épocas, cuyas imágenes
en bronce perpetúan sus ejecutorias, aún cuando
no siempre sean modelos de bondad, de verdadero bien para el
género humano, para el ser humano como individuo o como
comunidad. Y si hiciéramos un balance, quizás
tendríamos que aceptar que son muchas menos las que nos
recuerdan y conmemoran la existencia de personajes que sí
llevaron a cabo acciones de Bien, acciones que realizaron en
su momento y que continúan haciendo bien a la persona
humana individual y al género humano en general. |
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Frente al conocimiento del común de las gentes sobre
Nabucodonosor, Herodes, Atila, Gengis Kan, Nerón, Diocleciano,
Stalin, Hitler, etc., y sus respectivas imágenes -actuales
o pretéritas-, ¿cuánto se conoce? Y,
¿cuántas imágenes -también actuales
o pretéritas- de Francisco de Asís, Pasteur,
Alexander Fleming, Miguel de Cervantes, Maimónides,
Edward Jenner, Christian Neethling Barnard, Mozart, Antonio
Vivaldi, del Greco, Diego de Silva Velásquez, Omar
Rayo, Fernando Botero, Tomás Carrasquilla, Rafael Pombo,
Marco Fidel Suárez, Miguel Antonio Caro, Manuel Uribe
Ángel, Alejandro Echavarría, etc., y cuya lista
podría extenderse? Estoy seguro que muchos de ellos
son desconocidos y que han merecido, no obstante su obra humana
y humanitaria, el reconocimiento sólo de unos pocos.
Sí, no todo lo que brilla es oro. Se puede pasar al
recuerdo de la humanidad por acciones reprobables desde todo
punto de vista, como lo atestigua la historia, porque un grupo
aunque pequeño -dadas los intereses particulares y
los vientos culturales que predominen-, exalta como modelos
a quienes han transitado por caminos de sangre, de desprecio
a la dignidad del ser humano, pero que adquieren fama por
su osadía, a veces por su desvergüenza. Personajes
o personalidades que se convierten en hitos culturales o históricos
pero cuyas actuaciones no podemos aconsejar como ejemplos
para imitar si luchamos en defensa de la dignidad incondicional
del ser humano, de todos los seres humanos y de cada ser humano,
sin discriminación del período de desarrollo,
de raza, de sexo, de credo político o religioso, desde
la concepción hasta la terminación natural de
sus recursos vitales.
No todo lo que brilla es oro y, más grave aún,
es que el brillo del oropel puede ser tan deslumbrante que
oculte el pobrísimo acervo de ideales humanos nobles
que ostenta el paradigma -ejemplo o ejemplar- que se nos propone
como hito cultural, como hito histórico para la humanidad.
Antes de aceptar lo que se nos propone como ejemplo, es necesario
reflexionar y elegir entre el brillo del oropel y el brillo
del verdadero oro.
Sí. No todo lo que brilla es oro.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano
de Bioética -Cecolbe-
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