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Sólo en el
Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam, la enfermedad mental
tiene carácter lúcido, creativo y hasta heroico.
En una casa, el loco es un paciente tan digno de amor como sus
familiares, mientras que en un país las patologías
mentales marcan el grado de progreso o de decadencia social.
Tres connotados psiquiatras internacionales que visitaron recientemente
Medellín, analizaron para El Pulso la violencia y el
conflicto interno, dos determinantes del deterioro de la salud
mental en nuestro país, señalaron dolencias mentales
propias del mundo actual y propusieron ampliar el horizonte
de esta rama de la medicina.
En el Estudio Nacional de Salud Mental realizado por el Ministerio
de la Protección Social en 2003, se caracteriza a Colombia
como una sociedad en postconflicto. Veamos el enfoque sico-social
del profesor Antonio Bulbena, profesor de Psiquiatría
en la Universidad de Barcelona (España): Lo que
uno contempla cuando llega aquí es que existe el conflicto,
se percibe sobre todo en las llamadas medidas de seguridad,
hay muchos controles y por tanto el conflicto se detecta como
aquello que pone en riesgo nuestra vida, nuestra intimidad.
Pero si usted fuera a Estados Unidos en un avión, vería
que allí también se respira conflicto, y si encima
llevara un turbante, aún vería más conflicto;
por tanto, no me parece justo decir que Colombia es una sociedad
post-conflicto: lo que aquí se detecta es que se convive
un poco más con elementos de riesgo para la vida, para
la salud, con intereses de grupos a veces ajenos, con experiencias
muy contagiosas de miedos. El miedo es muy contagioso, es una
herramienta que los grupos terroristas utilizan y a veces no
nos damos cuenta, y manejar el miedo que viene de dentro es
propio de todas las sociedades. Aquí en realidad no creo
que haya un antes ni un después: hay una evolución
y espero sea favorable, hacia un conflicto simbólico,
que uno no tenga en riesgo su piel, que no le corten una mano
o una oreja, que no sea secuestrado. La sociedad colombiana
ha tenido que convivir con estos elementos de amenaza, pero
ha avanzado más que otras porque está haciendo
más gimnasia en ese sentido; el objetivo no es eliminar
radicalmente el conflicto, sino ser capaces de superarlo, como
corresponde en nuestro momento evolutivo como primates superiores,
aunque a veces parece que seamos menos superiores de lo que
somos. |
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La psiquiatría solo tiene una
razón de existir: la gente que sufre en la comunidad;
si no sufre, no necesitamos hospitales, universidades, ni
departamentos psiquiátricos.
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Psiquiatra Germán Berríos.
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Mauricio Sierra,
psiquiatra doctorado en psicopatología de la Universidad
de Cambridge, analiza así estas disfunciones: Yo
no creo que Colombia sea una sociedad en post-conflicto; los
estados de guerra, las situaciones dramáticas en la niñez
como el abuso sexual, emocional o físico, son campos
ricos para la producción de psicopatologías, y
desde esa perspectiva, si lo que se llama sociedad post-conflicto
es que la fuente de estas situaciones post-traumáticas
ha disminuido, yo no creo. Sigue siendo muy prevalente, primero,
la desigualdad social, que contribuye a muchas formas de violencia,
y mientras sigan los problemas sociales que caracterizan a nuestra
sociedad, no veo cómo se puede hablar de una sociedad
post-conflicto.
Vencer el estigma
Vencer el estigma fue el tema del XLV Congreso Colombiano
de Psiquiatría cumplido en noviembre pasado en Medellín.
La palabra estigma proviene de un verbo griego que
significa horadar; a fines de la edad media era la marca pública
puesta a un criminal: un buen ejemplo en lo social está
en La Letra Escarlata, novela de Nathaniel Hawthorne, donde
una sociedad hipócrita y puritana señala de por
vida a una mujer por un desliz extra-matrimonial. El texto de
bienvenida al Congreso expresaba: El estigma de la enfermedad
mental contribuye a discriminar a las personas, a no reconocer
sus derechos, a disminuir su participación social y sus
posibilidades laborales. Por algo la sabiduría
popular dice que los locos pobres son encerrados en el manicomio,
mientras que los locos ricos son tratados en clínicas
de reposo. El siquiatra peruano Germán Berríos,
catedrático de la Universidad de Cambridge, propone un
enfoque interdisciplinario del estigma: Antes de preocuparnos
de vencer el estigma, hay que definirlo y entender los linderos
que llevan a la estigmatización en sociedades como la
nuestra, oprimidas y sojuzgadas, con grandes problemas de lucha
de clases; los niveles de estigmatización son múltiples:
en ese contexto donde el pobre, la mujer, y el hombre de color
son estigmatizados con más frecuencia, la estigmatización
del enfermo mental casi palidece en insignificancia.
Es esencial contextualizar el estigma, ponerlo de regreso en
donde debe estar siempre, que es en la dinámica social,
y allí se lo ve del tamaño que es; no hay que
rasgarse las vestiduras respecto del estigma. Debemos saber
si realmente es la enfermedad mental la que se estigmatiza o
es parte de un problema más amplio; y sin involucrar
sociólogos, antropólogos, geógrafos y otros
profesionales, es casi imposible entenderlo y manejarlo.
El doctor catalán Antonio Bulbena, es experto en el manejo
de la ansiedad. Frente al estigma, propone aplicar dos
estrategias: la reducción de ese miedo atávico
que todos tenemos a lo imperfecto, a lo inusual, a lo extraño
y a la casi muerte, y promover contenidos educativos de información,
de contacto y de reconocimiento. Esto nos permitirá comprender
con nuestras herramientas mentales, lo que encierra este fenómeno
que en esencia somos nosotros mismos. |
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Lo que uno contempla cuando llega
a Colombia es que existe el conflicto, se percibe sobre todo
en las llamadas medidas de seguridad, hay muchos controles.
Pero si usted fuera a Estados Unidos en un avión, vería
que allí también se respira conflicto.
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Psiquiatra Antonio Bulbena.
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Enfermedades
modernas
Ubicar la psiquiatría como disciplina social
que trasciende el ámbito neurobiológico es tan
importante como aplicar al loco un diagnóstico y un tratamiento
más allá de una camisa de fuerza y unos choques
eléctricos. Este replanteamiento de la psiquiatría
es una de las tesis que trabaja el doctor Germán Berríos,
uno de los más acreditados psiquiatras del mundo. Especializado
en neuropsiquiatría, su estímulo es el sufrimiento
humano y esto dice: He trabajado en la historia de la
psiquiatría tratando de explicar por qué hemos
llegado al estado presente de cosas. La psiquiatría solo
tiene una razón de existir: la gente que sufre en la
comunidad; si no sufre, no necesitamos hospitales, universidades,
ni departamentos psiquiátricos. Hay gente que sufre,
no sabemos por qué, y hay varias opciones: lo más
fácil es decir que tiene una enfermedad cerebral, los
jugos cerebrales se le han malogrado, tiene un tumor o un problema
genético. Necesitamos articular teorías múltiples
que nos permitan en cada caso, no en grupos grandes, saber cuál
es el problema de ese ser, y ese es el desafío de la
psiquiatría; no es tener más aparatos de neuroimagen,
ni más laboratorios: es ver si lo que hemos heredado
de los últimos 150 años y seguimos usando, sigue
siendo de utilidad.
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La psiquiatría
no se puede ejercer en un hospital o en una clínica separada
de la sociedad, pues aparte de ser una ciencia neurobiológica,
es una disciplina social. Germán Berríos
amplía las fronteras de la psiquiatría actual;
en tal sentido, ahonda en el concepto de psicogénesis,
situación de ciertos trastornos mentales causados no
siempre por cambios en el cerebro, sino por cambios de significado
lingüísticos o simbólicos del individuo.
Igualmente, trabaja con la técnica de neuroenlace (evaluación
y tratamiento psiquiátrico de enfermos neurológicos)
y con el concepto de co-morbilidad (enfermedades mentales que
ocurren simultáneamente). Como un hecho valioso, el Departamento
de Psiquiatría de la Universidad de Antioquia creó
la Cátedra Internacional de Psicopatología
y Clínica Psiquiátrica profesor Germán
Berríos, como reconocimiento a la obra del científico,
quien fue además el mentor de muchos psiquiatras latinoamericanos,
españoles y colombianos.
El doctor Bulbena, con su dedicación especial al estudio
de la ansiedad, penetró en un recinto tan poco frecuentado
del mundo psiquiátrico como los Efectos mentales
de los alimentos, y plantea: ¿Es igual comer
lo dulce que salado? ¿Es igual comer chocolate que pan?
De eso sabemos poco. Un trabajo desarrollado durante 15
años le permitió descubrir que las personas con
ataques de ansiedad, miedos y fobia social intensos, tienen
una característica física que no se conocía:
un colágeno más flexible, más elástico.
Bulbena encontró que eventualmente un cromosoma de cada
15 alberga predisposiciones a ambos trastornos; al respecto
anota: Examinamos si las personas que padecen ansiedad
tenían más esta hiperlaxitud articular; en una
población rural estudiamos un grupo de personas durante
15 años y los que tenían el problema del colágeno
desarrollaron 20 veces más ansiedad, que los que no tenían
ese factor predisponente.
Hombres vs. robots
El antes citado psiquiatra antioqueño Mauricio
Sierra profundizó por su parte en el estudio de los trastornos
disociativos, definidos básicamente como alteraciones
de la conciencia. Uno de ellos es el llamado trastorno de identidad
disociativa, antes denominado trastorno de personalidad múltiple,
el de personas que tienen diferentes estados, cada uno independiente
del otro. Su investigación se centra en el trastorno
de despersonalización, que define así: Primero
que todo, es muy difícil describir para la persona qué
es lo que siente, los pacientes sienten que no son reales; uno
te puede decir: yo estoy hablando con usted doctor, pero yo
siento que no estoy aquí , yo siento que no soy real,
a veces me tengo que tocar para asegurarme de que existo,
es algo angustiante; o te dicen: yo estoy hablando aquí
con usted pero siento que soy simplemente un cuerpo moviendo
una boca, una lengua y emitiendo sonidos, pero yo no tengo conciencia
de estar conversando con usted, porque yo siento que no estoy
aquí. Lo más llamativo es que la persona no está
psicótica o loca: uno podría tener una conversación
muy inteligente durantes horas con ella; si la persona no le
dice a uno qué es lo que esta sintiendo, uno no notaría
absolutamente nada anómalo. Es una fuente de sufrimiento
para una persona, porque es un paciente que nadie lo diagnostica,
que puede ir a su trabajo y llevar casi como un secreto esta
sensación de estar como drogado. Mucha gente dice, yo
siento como si estuviera bajo los efectos del LSD u hongos,
es una experiencia rarísima, no es solamente el cuerpo,
yo lo estoy viendo a usted al frente o el mundo alrededor, y
parece un sueño, no es real, usted está ahí
sentado pero parece como una figura de cartón.
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Yo no creo que
Colombia sea una sociedad en post-conflicto; los estados de
guerra, las situaciones dramáticas en la niñez,
son campos ricos para la producción de psicopatologías.
Sigue siendo muy prevalente la desigualdad social que contribuye
a muchas formas de violencia, y mientras sigan los problemas
sociales, no veo cómo hablar de una sociedad post-conflicto.
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Psiquiatra Mauricio Sierra.
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Después de
12 años de búsqueda, el doctor Mauricio Sierra
concluyó: Algo que descubrimos es que uno entiende
las emociones sólo como sentirse triste o alegre o tener
rabia, pero hay otras formas de emociones que tienen que ver
más con un cierto colorido emocional de las cosas; es
decir, cuando yo veo tu cara por ejemplo, además de yo
saber que estoy hablando con una mujer, pienso, por ejemplo,
tú me caes bien, me pareces una persona muy agradable.
Ese colorido emocional existe presente frente a todo: al ver
un paisaje, me siento conmovido viéndolo, o escuchando
la música; en este trastorno hay una alteración
del cerebro, en la cual esas emociones que son más sutiles,
se pierden, y la persona empieza a funcionar como un robot.
Las investigaciones del doctor Sierra y su equipo permitieron
descubrir que este trastorno es más frecuente en países
no desarrollados: Parece que tiene relación con
la cultura; hay culturas más individualistas que otras;
en culturas individualistas como la anglosajona, el individuo
se experimenta a sí mismo como entidad aislada: yo soy
fulanito, tengo mis atributos y soy así esté donde
estuviere. En culturas más colectivistas como la nuestra
por ejemplo, el Otro tiene un papel muy importante: yo me defino
frente al Otro, me comporto de maneras diferentes dependiendo
de con quien esté hablando; hay un interés muy
grande en agradar a otra persona, en que ella diga qué
persona tan simpática, tan agradable. Lo que ocurre es
que la gran mayoría de países individualistas
son desarrollados; hay excepciones como Japón, un país
muy desarrollado pero muy colectivista, y que curiosamente tiene
menos prevalencia de despersonalización que EU.
Reflexiones cómo éstas deberían servirnos
para corregir el largo rumbo recorrido en materia de salud mental.
Aquí y allá la mente sana no podrá existir
más que en un cuerpo social sano, parafraseando el proverbio
latino. Y siempre, la salud irá hasta donde la política
le dé la mano; al fin y al cabo, como decía el
sabio Séneca, parte de la curación está
en la voluntad de sanar |
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