MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 115  ABRIL DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Es urgente un cambio de fondo en la visión y en las políticas para la atención del enorme problema de salud que viene ocasionado el uso de minas antipersona y la presencia de municiones sin explotar (MUSE). Todos los días oímos de más víctimas, y recientemente de municipios sitiados por las minas, así como de la pérdida progresiva del territorio para la agricultura. En la actualidad no existe prácticamente ningún departamento en Colombia que esté libre de este problema. Entre 1990 y lo corrido de 2008, según la Vicepresidencia de la República, se registran 5.170 heridos y 1.554 defunciones. Sin embargo, la mayoría de las víctimas corresponden a los últimos años, dado el crecimiento exponencial del fenómeno, pues desde 2002 se presentan más de 500 víctimas al año, y 2006 fue un año negro con 1.167 afectados; asimismo, ya son 3 los años consecutivos en los que Colombia ocupa el deshonroso primer puesto de lesionados por las minas anti-persona en el mundo.
No se trata de un problema transitorio ni fácil de solucionar: Las minas estarán plantadas durante décadas, ocultas, esperando sus víctimas. Por su parte, los afectados y sus familias vivirán los efectos de este problema hasta el final de sus días. A pesar de que el país viene dándose un nivel creciente de movilización al respecto, tenemos que admitir que el problema nos desborda, que se agrava día a día con la degradación del conflicto, y que ensombrecerá al país durante décadas.
Entre los problemas de inadecuada perspectiva para entender y enfrentar este problema, quisiera destacar dos: el de creer que este es un problema esencialmente militar y no de salud, y en segundo lugar suponer que la rehabilitación se limita a una cuestión médico-asistencial.
A pesar que las fuerzas militares y los actores armados son afectados directamente por este problema, los lesionados retornan rápidamente a la sociedad civil, a sus familias y a sus comunidades, regreso que frecuentemente se hará a lugares alejados y rurales en donde se carece de medios de rehabilitación, sobre todo en el campo psicológico, laboral y social También son centenares los civiles muertos y heridos, alcanzando a 2.036 víctimas entre 1990 y 2008, que incluyen a 638 niños y niñas.
Como se ha dicho, la economía también se ve afectada, una vez que extensas zonas quedan aisladas o inservibles para la agricultura, el turismo o el tránsito. Es decir, quienes piensa que la violencia no es un problema que se deba intervenir desde el área de la salud, debería recapacitar. Pensar que el impacto de las minas y las MUSE debe atender principalmente desde la perspectiva militar, es algo absolutamente equivocado. Se debe, por ejemplo, revisar la resistencia de algunos expertos del sector salud para apropiar mayores recursos a la atención de este problema; un asunto de esta magnitud no puede depender tanto de recursos de cooperación internacional o caridad, como hoy sucede. Además, el sector salud debe encargarse de hacer una vigilancia epidemiológica más enérgica.
Rehabilitación no es sólo médico-asistencial
En segundo lugar, hasta ahora predomina la visión de la rehabilitación como un fenómeno puramente médico-asistencial; bajo esta perspectiva, la solución depende principalmente de auxilios económicos, atención médica o prótesis. Sin duda que los auxilios económicos son esenciales, y la atención médica también, pero frente a un daño tan devastador y duradero, son solo pañitos de agua tibia. Para completar, últimamente se esta acentuando un efecto desolador, que está bien descrito en la literatura, y es la manera como el minado acaba con los terrenos cultivables y al final con las posibilidades de alimentación y sobrevivencia de la misma población.
Es necesario ampliar la visión de la
rehabilitaciónpuramente médico-asistencial.
La atención de las víctimas requiere mucho
más que atenciones asistenciales muy
limitadas del POS, porque el tratamiento
interdisciplinario e intersectorial
es indispensable.
Como se sabe, en Colombia es la Vicepresidencia de la República la que lidera el seguimiento a este problema, con el apoyo técnico del Ministerio de la Protección Social. Aunque en su página de Internet y en otros documentos se presentan datos e información amplia, esta es principalmente descriptiva, y dedicada a registrar eventos y lugares en los que estos artefactos lesionan o matan. Es decir, sabemos muy poco sobre lo que le sucede posteriormente a los afectados por las minas y cuál es su nivel de rehabilitación social y laboral.
El sistema de seguimiento a los accidentes también tiene deficiencias, porque la manera cómo se registran e identifican los casos no tiene la ayuda de un proceso de vigilancia epidemiológica más fuerte, ni de notificación obligatoria. Debe advertirse que los lugares en donde explotan las minas suelen ser muy distintos de los lugares de origen de las víctimas y de residencia de sus familias; por lo tanto, más tarde los afectados se movilizarán a otros lugares buscando apoyo, y sobre todo un espacio propicio para reinsertarse laboral y familiarmente. Sin embargo, las entidades territoriales pequeñas y medianas carecen en general de facilidades ó capacidad para recibir a quien queda discapacitado de manera permanente, generándose así una problemática nueva, que no se resuelve con las pensiones de aquellos que las tengan, y mucho menos para el caso de los desamparados.
La notificación obligatoria de estos eventos
es necesaria para seguir un fenómeno que
atenta contra la salud y el bienestar de manera
grave, para identificar las zonas donde están
plantadas las minas y sobre todo, para dar
seguimiento a la recuperación y rehabilitación
de los pacientes, y conocer los departamentos
y regiones más afectadas como
receptoras de las víctimas.
En el caso de los lesionados por minas anti-persona, lo que ofrece el Plan Obligatorio de Salud es insuficiente, por decirlo de alguna manera, debido a que el concepto de este plan es asistencial. Si bien incluye atenciones médicas y se complementa con auxilios económicos del Fosyga, la atención de las víctimas requiere mucho más que las atenciones asistenciales muy limitadas y reglamentadas del POS, enfocadas en lo biomédico, por lo que el tratamiento interdisciplinario e intersectorial es indispensable. También se requiere la intervención del sector agrícola, porque esta amenaza se cierne sobre las comunicaciones y la producción de vastas extensiones del país, con el agravante que las minas permanecerán sin detectar durante décadas.
Un desminado eficaz y real
Una decisión que vale la pena mencionar es la decisión del ejército colombiano, de hace varios años, de suspender la colocación de minas y el retiro de las que tenía instaladas. Pero no puede esperarse lo mismo de los grupos insurgentes, así lo quisieran ó así se comprometieran; según se ha conocido, estas organizaciones no llevan mapas ni registros de las minas que instalan. La muerte, la clandestinidad ó la simple desarticulación de sus bandas, no van a dejar ningún recurso para conocer las áreas minadas. Este es el caso del ELN, que se han comprometido al desminado, sin que lo hayan hecho como es de esperarse; una cosa es plantar minas, porque para eso no se requiere más que indolencia, y otra muy diferente disponer de la necesaria para el desminado; ubicar y desactivar las minas enterradas durante años es trabajo de expertos bien equipados y organizados. Es ingenuo pensar que los grupos al margen de la ley tienen la gente y la manera de acometer esa tarea ó que se van a comprometer seriamente en hacerlo. ¡Qué legado tan triste el que le están dejando al país, llenándolo de minas, hambre, muerte y enfermedad! Por eso, sin duda, es el Estado y los colombianos quienes tendremos que asumir el peso y el dolor de esta tarea que va a demandar recursos cuantiosos.
Que sean de reporte individual obligatorio
Como decíamos, se requiere además de una nueva manera de ver este problema, cambios en la manera de actuar. Es indispensable por ejemplo, que los accidentes ó las lesiones por minas antipersona y MUSE sean de vigilancia epidemiológica y de reporte individual obligatorio. No puede ser, por ejemplo, que se notifiquen los accidentes con pólvora, pero que las lesiones por minas y MUSE no reciban ese tratamiento. La notificación obligatoria de estos eventos es necesaria para seguir un fenómeno que atenta contra la salud y el bienestar de manera grave, para facilitar la identificación de zonas donde están plantadas las minas y sobre todo, para dar seguimiento a la recuperación y rehabilitación de los pacientes, así como para conocer los departamentos y las regiones más afectadas como receptoras de las víctimas. Obsérvese que muchas regiones consideradas menos afectadas por minas, son el lugar de origen de los muertos o heridos en otros lugares.
Finalmente, es indispensable asumir una actitud de rechazo absoluto y más fuerte contra el minado, tanto del sector salud como de parte de la comunidad y sus gremios y representantes. Las minas no son más que la siembra de ruina y dolor. Sabemos muy bien que muchas veces, por ejemplo, la pérdida económica que dejan enfrentamientos es mucho mayor en costos de recuperación y atención de salud, que en perjuicios materiales. Infortunadamente, hablamos de un daño duradero, que prevalecerá muchos años, incluso si se logra un acuerdo ó el fin de la guerra.
 
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