MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 127  ABRIL DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Colombia y el mundo se enfrentan a un problema de salud pública, en el cual el estigma y las políticas de prohibición impiden que la sociedad mire más allá de lo definido como “la guerra contra las drogas”. Este término fue creado por la administración Nixon en 1971, declarando el abuso de las drogas como el enemigo número uno en Estados Unidos. Este período fue la única vez en la historia de este país que la mayoría de los fondos se destinaron al tratamiento, más que al refuerzo de leyes punitivas en la sociedad.
El lenguaje político de las últimas décadas desencadenó que la salud en torno del tema de las adicciones no fuera prioridad, invirtiéndose más en la guerra que en la prevención, la educación y el tratamiento de la población. Esta visión dificulta la atención del individuo con problemas de adicción a nivel mundial y más que nunca a nivel latinoamericano. En Colombia, se pasó de ser productores a ser también consumidores.
Es por esto que a nivel estatal, el enfoque debería ser más humano, con énfasis en el aspecto social y clínico. Con ello, las políticas de salud pública podrían orientarse a la prevención y tratamiento del consumo de cualquier sustancia, legal o ilegal. A su vez, es necesario que la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), lideren los cambios necesarios para que la salud de toda persona expuesta al abuso de sustancias, sea el objetivo principal de cualquier decisión política nacional o internacional.
A nivel institucional, se necesita mayor compromiso con población infantil y adolescente. El consumo de alcohol en las Américas es aproximadamente 40% mayor que el promedio mundial.
Cada año mueren en el mundo 5 millones de personas a causa del tabaco, alrededor de 2,5 millones por culpa del alcohol, y unas 200.000 por efecto de drogas ilícitas. Por tanto, las políticas de atención deben dirigirse a toda la población, facilitando a los profesionales de la salud posicionar la medicina de adicciones en la promoción y el tratamiento de cada uno de sus pacientes.
La legalización de las drogas es tema de muchos amigos y enemigos, y quienes la sustentan argumentan que seria un problema “menos malo” que el actual, pues lograría transformar un problema de orden público y legal en un problema de salud pública.
Durante décadas se dejó de invertir en la ciencia relacionada con las adicciones: muchos políticos y hombres de ciencia promovieron la falta de carácter y personalidad como la única razón por la cual alguien es dependiente de las drogas o el alcohol. A su vez, la criminalización de la persona que consume evitó que políticos aprobaran un apoyo logístico y económico para programas encaminados al tratamiento y la prevención de cualquier tipo de adicción. Hasta la década de los 80's, no hubo en Estados Unidos un adecuado énfasis en la ciencia de las adicciones y más específicamente en el desarrollo de medicamentos para su tratamiento. La mayoría de los dólares se destinaba a otros programas, historia que quizás se asemeja a la de nuestro país en el momento actual.
A nivel institucional, el gobierno colombiano debería dar prioridad a la creación de una sección en el Ministerio de la Protección Social, que promueva la ciencia como base del mejoramiento en política, prevención y tratamiento de adicciones y abuso de sustancias.
La salud y la adicción
La adicción es una enfermedad que afecta el cerebro y el comportamiento: factores biológicos y del medio ambiente asociados a variaciones genéticas, contribuyen a la expresión de esta enfermedad. La adicción se define como una enfermedad crónica, con recaídas, caracterizada por la búsqueda compulsiva de la sustancia y su uso, a pesar de los daños que pueda causar. Como consecuencia se dan cambios cerebrales, a nivel estructural y de funcionamiento.
En Estados Unidos y en Colombia, la existencia de múltiples programas para prevención y el tratamiento de abuso de sustancias deben ser monitoreados para cumplir con unas reglas mínimas en beneficio del paciente. Y es aquí donde hago mención a posibilidades de tratamiento existentes, tomando como ejemplo la institución para la cual trabajo.
En el Instituto de Adicciones de Nueva York (Addiction Institute of New York), se desarrolla un programa donde el paciente tiene acceso a una evaluación inicial que determina si es necesaria una estabilización y desintoxicación en la unidad especializada para este tratamiento; después de unos 7 días, el paciente puede ser candidato a continuar el tratamiento en un servicio de hospitalizados o ambulatorio. El primero consiste en lo que se denomina la Unidad de rehabilitación, donde el paciente tiene una estadía aproximada de 3 semanas dentro de una unidad hospitalaria; durante este período, el paciente es evaluado por un equipo multidisciplinario a nivel médico y psiquiátrico, que determina la necesidad de tratamiento farmacológico, promueve terapias psico-sociales y prepara al paciente para que al final de la hospitalización junto con su familia, continúe su recuperación en el servicio ambulatorio.
Éste último consiste en hospitalización parcial o tratamiento diurno (sin hospitalización), en el que la persona asiste a tratamiento de 4 a 8 horas por día, pero vive en su casa. Estos programas generalmente duran mínimo 3 meses y funcionan mejor con personas que tienen un ambiente estable y favorecedor en la casa. Otra opción en la recuperación está en Consulta externa, donde la persona continúa un tratamiento que requiere diferentes grados de intensidad, dependiendo de la situación del paciente. El tratamiento se ofrece en la sede del programa, pero la persona vive en otro lugar (usualmente su casa).
Además, se ofrece al paciente que no tiene situaciones estables de vivienda, empleo y/o tiene poco o ningún apoyo familiar, un programa denominado “Residencial”, donde por unos 6 meses el individuo tiene un espacio donde se concentra en su recuperación y prevención, junto a un equipo multidisciplinario de atención. Allí el paciente debe cumplir con reglas muy definidas en cada etapa de su recuperación, dentro de un núcleo de convivencia con los demás. Luego se inicia la integración a la sociedad de ese individuo de una manera productiva, con la meta de mantener su sobriedad.
Medicamentos útiles en el tratamiento de adicciones
Es indispensable que el equipo médico tenga la motivación para trabajar con este tipo de pacientes y que se integren servicios donde se atiendan las necesidades médicas, psicológicas, sociales, vocacionales y legales del individuo para lograr su recuperación. Existen hoy herramientas farmacológicas en estudio, y dentro de las aprobadas para el tratamiento de las adicciones están:
- Tabaquismo: Terapias de reemplazo nicotínico (ej.: parches, chicles, inhaladores), buproprión y vareniclina.
- Alcoholismo y otras dependencias: Naltrexona, medicación que reduce el deseo intenso de ingerir licor, además de disminuir la cantidad de alcohol ingerido si se presenta una recaída. Además, la Naltrexona se utiliza también para tratar al paciente dependiente a opiáceos (ej., heroína, morfina, codeína, oxicodona e hidrocodona entre otros), pues bloquea los efectos de las mismas. Es importante que las personas que abusan opiáceos pasen primero por un proceso de desintoxicación, para que así estén libres de la heroína u opiáceo antes de empezar a usar Naltrexona.
Disulfiran es una medicación que ayuda a prevenir el abuso de alcohol, pues causa una reacción nociva si las personas toman alcohol mientras lo están usando; la reacción incluye calores súbitos, náusea, vómito y ansiedad. Como las personas saben que el medicamento las hará sentirse muy mal si toman alcohol, tratan de no tomarlo. Esta medicación también se estudia como alternativa para el tratamiento del abuso de cocaína.
Y Acamprosato se debe iniciar tan pronto se dé el período de abstinencia del alcohol, pues ayuda a reducir el malestar físico y psicológico asociado a estar libre de alcohol.
-Opiáceos: Para su tratamiento está la metadona, herramienta eficaz durante los últimos 40 años en el mundo entero. Recientemente se dispone de buprenorfina, medicamento que empezó a utilizarse a mediados de los 90's en Europa y fue aprobado en Estados Unidos en 2003 para el tratamiento de la adicción a opiáceos en un entorno distinto del tradicional Programa de Tratamiento de Adicción a Opiáceos (Clínica de metadona). Esto significa que es la primera medicación opioide aprobada dentro del marco del consultorio médico en los Estados Unidos. Y al igual que con cualquier otra medicación para otros trastornos médicos, la buprenorfina se puede proporcionar para uso domiciliario: para recetarla, el médico debe contar con una certificación especial.
En conclusión: Se debe iniciar a nivel global una clara discusión para lograr diferenciar entre lo que es la mafia y el crimen, de la adicción como enfermedad.
La eliminación del estigma de la dependencia a las drogas o el alcohol es vital para ayudar a que todas las personas tengan acceso a un tratamiento adecuado. Para lograrlo, todos debemos trazar el objetivo de que se reconozca mas ampliamente que el abuso y la dependencia a las drogas y alcohol es una cuestión médica, y no moral.
 
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