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| Colombia
y el mundo se enfrentan a un problema de salud pública,
en el cual el estigma y las políticas de prohibición
impiden que la sociedad mire más allá de lo definido
como la guerra contra las drogas. Este término
fue creado por la administración Nixon en 1971, declarando
el abuso de las drogas como el enemigo número uno en
Estados Unidos. Este período fue la única vez
en la historia de este país que la mayoría de
los fondos se destinaron al tratamiento, más que al refuerzo
de leyes punitivas en la sociedad. |
El lenguaje político
de las últimas décadas desencadenó que
la salud en torno del tema de las adicciones no fuera prioridad,
invirtiéndose más en la guerra que en la prevención,
la educación y el tratamiento de la población.
Esta visión dificulta la atención del individuo
con problemas de adicción a nivel mundial y más
que nunca a nivel latinoamericano. En Colombia, se pasó
de ser productores a ser también consumidores.
Es por esto que a nivel estatal, el enfoque debería ser
más humano, con énfasis en el aspecto social y
clínico. Con ello, las políticas de salud pública
podrían orientarse a la prevención y tratamiento
del consumo de cualquier sustancia, legal o ilegal. A su vez,
es necesario que la Oficina de las Naciones Unidas contra la
Droga y el Delito (UNODC) y la Organización Mundial de
la Salud (OMS), lideren los cambios necesarios para que la salud
de toda persona expuesta al abuso de sustancias, sea el objetivo
principal de cualquier decisión política nacional
o internacional.
A nivel institucional, se necesita mayor compromiso con población
infantil y adolescente. El consumo de alcohol en las Américas
es aproximadamente 40% mayor que el promedio mundial.
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Cada
año mueren en el mundo 5 millones de personas a causa
del tabaco, alrededor de 2,5 millones por culpa del alcohol,
y unas 200.000 por efecto de drogas ilícitas. Por tanto,
las políticas de atención deben dirigirse a toda
la población, facilitando a los profesionales de la salud
posicionar la medicina de adicciones en la promoción
y el tratamiento de cada uno de sus pacientes.
La legalización de las drogas es tema de muchos amigos
y enemigos, y quienes la sustentan argumentan que seria un problema
menos malo que el actual, pues lograría transformar
un problema de orden público y legal en un problema de
salud pública.
Durante décadas se dejó de invertir en la ciencia
relacionada con las adicciones: muchos políticos y hombres
de ciencia promovieron la falta de carácter y personalidad
como la única razón por la cual alguien es dependiente
de las drogas o el alcohol. A su vez, la criminalización
de la persona que consume evitó que políticos
aprobaran un apoyo logístico y económico para
programas encaminados al tratamiento y la prevención
de cualquier tipo de adicción. Hasta la década
de los 80's, no hubo en Estados Unidos un adecuado énfasis
en la ciencia de las adicciones y más específicamente
en el desarrollo de medicamentos para su tratamiento. La mayoría
de los dólares se destinaba a otros programas, historia
que quizás se asemeja a la de nuestro país en
el momento actual.
A nivel institucional, el gobierno colombiano debería
dar prioridad a la creación de una sección en
el Ministerio de la Protección Social, que promueva la
ciencia como base del mejoramiento en política, prevención
y tratamiento de adicciones y abuso de sustancias.
La salud y la adicción
La adicción es una enfermedad que afecta el cerebro
y el comportamiento: factores biológicos y del medio
ambiente asociados a variaciones genéticas, contribuyen
a la expresión de esta enfermedad. La adicción
se define como una enfermedad crónica, con recaídas,
caracterizada por la búsqueda compulsiva de la sustancia
y su uso, a pesar de los daños que pueda causar. Como
consecuencia se dan cambios cerebrales, a nivel estructural
y de funcionamiento.
En Estados Unidos y en Colombia, la existencia de múltiples
programas para prevención y el tratamiento de abuso de
sustancias deben ser monitoreados para cumplir con unas reglas
mínimas en beneficio del paciente. Y es aquí donde
hago mención a posibilidades de tratamiento existentes,
tomando como ejemplo la institución para la cual trabajo.
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| En el Instituto
de Adicciones de Nueva York (Addiction Institute of New York),
se desarrolla un programa donde el paciente tiene acceso a una
evaluación inicial que determina si es necesaria una
estabilización y desintoxicación en la unidad
especializada para este tratamiento; después de unos
7 días, el paciente puede ser candidato a continuar el
tratamiento en un servicio de hospitalizados o ambulatorio.
El primero consiste en lo que se denomina la Unidad de rehabilitación,
donde el paciente tiene una estadía aproximada de 3 semanas
dentro de una unidad hospitalaria; durante este período,
el paciente es evaluado por un equipo multidisciplinario a nivel
médico y psiquiátrico, que determina la necesidad
de tratamiento farmacológico, promueve terapias psico-sociales
y prepara al paciente para que al final de la hospitalización
junto con su familia, continúe su recuperación
en el servicio ambulatorio. |
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Éste
último consiste en hospitalización parcial o tratamiento
diurno (sin hospitalización), en el que la persona asiste
a tratamiento de 4 a 8 horas por día, pero vive en su
casa. Estos programas generalmente duran mínimo 3 meses
y funcionan mejor con personas que tienen un ambiente estable
y favorecedor en la casa. Otra opción en la recuperación
está en Consulta externa, donde la persona continúa
un tratamiento que requiere diferentes grados de intensidad,
dependiendo de la situación del paciente. El tratamiento
se ofrece en la sede del programa, pero la persona vive en otro
lugar (usualmente su casa).
Además, se ofrece al paciente que no tiene situaciones
estables de vivienda, empleo y/o tiene poco o ningún
apoyo familiar, un programa denominado Residencial,
donde por unos 6 meses el individuo tiene un espacio donde se
concentra en su recuperación y prevención, junto
a un equipo multidisciplinario de atención. Allí
el paciente debe cumplir con reglas muy definidas en cada etapa
de su recuperación, dentro de un núcleo de convivencia
con los demás. Luego se inicia la integración
a la sociedad de ese individuo de una manera productiva, con
la meta de mantener su sobriedad.
Medicamentos útiles en el tratamiento
de adicciones
Es indispensable que el equipo médico tenga la
motivación para trabajar con este tipo de pacientes y
que se integren servicios donde se atiendan las necesidades
médicas, psicológicas, sociales, vocacionales
y legales del individuo para lograr su recuperación.
Existen hoy herramientas farmacológicas en estudio, y
dentro de las aprobadas para el tratamiento de las adicciones
están:
- Tabaquismo: Terapias de reemplazo nicotínico (ej.:
parches, chicles, inhaladores), buproprión y vareniclina.
- Alcoholismo y otras dependencias: Naltrexona, medicación
que reduce el deseo intenso de ingerir licor, además
de disminuir la cantidad de alcohol ingerido si se presenta
una recaída. Además, la Naltrexona se utiliza
también para tratar al paciente dependiente a opiáceos
(ej., heroína, morfina, codeína, oxicodona e hidrocodona
entre otros), pues bloquea los efectos de las mismas. Es importante
que las personas que abusan opiáceos pasen primero por
un proceso de desintoxicación, para que así estén
libres de la heroína u opiáceo antes de empezar
a usar Naltrexona.
Disulfiran es una medicación que ayuda a prevenir el
abuso de alcohol, pues causa una reacción nociva si las
personas toman alcohol mientras lo están usando; la reacción
incluye calores súbitos, náusea, vómito
y ansiedad. Como las personas saben que el medicamento las hará
sentirse muy mal si toman alcohol, tratan de no tomarlo. Esta
medicación también se estudia como alternativa
para el tratamiento del abuso de cocaína.
Y Acamprosato se debe iniciar tan pronto se dé el período
de abstinencia del alcohol, pues ayuda a reducir el malestar
físico y psicológico asociado a estar libre de
alcohol.
-Opiáceos: Para su tratamiento está la metadona,
herramienta eficaz durante los últimos 40 años
en el mundo entero. Recientemente se dispone de buprenorfina,
medicamento que empezó a utilizarse a mediados de los
90's en Europa y fue aprobado en Estados Unidos en 2003 para
el tratamiento de la adicción a opiáceos en un
entorno distinto del tradicional Programa de Tratamiento de
Adicción a Opiáceos (Clínica de metadona).
Esto significa que es la primera medicación opioide aprobada
dentro del marco del consultorio médico en los Estados
Unidos. Y al igual que con cualquier otra medicación
para otros trastornos médicos, la buprenorfina se puede
proporcionar para uso domiciliario: para recetarla, el médico
debe contar con una certificación especial.
En conclusión: Se debe iniciar a nivel global una clara
discusión para lograr diferenciar entre lo que es la
mafia y el crimen, de la adicción como enfermedad.
La eliminación del estigma de la dependencia a las drogas
o el alcohol es vital para ayudar a que todas las personas tengan
acceso a un tratamiento adecuado. Para lograrlo, todos debemos
trazar el objetivo de que se reconozca mas ampliamente que el
abuso y la dependencia a las drogas y alcohol es una cuestión
médica, y no moral. |
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