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Muchas esperanzas estaban puestas en que la Nueva EPS
que reemplazaría a su homóloga del Seguro
Social que entró en liquidación, resolvería
todas las deficiencias que aquejaban a su antecesora, y
que los usuarios accederían ¡por fin! a un
servicio de salud digno, oportuno y con calidad.
Y fueron muchos los obstáculos que tuvieron que superarse
para que la Nueva EPS empezara a funcionar: los usuarios
de la EPS del ISS, fieles a esta entidad, tuvieron que esperar
23 meses, casi dos años, para ser traslados como
afiliados a la Nueva EPS, que empezó a funcionar
el 1º de agosto de 2008: el decreto 055 del 15 de enero
de 2007, establecía que debían ser trasladados
en julio de ese año; luego se prorrogó hasta
noviembre de 2007, luego a marzo de 2008 y finalmente hasta
agosto pasado.
Y después de esa incertidumbre, tuvieron que enfrentar
el proceso de estar asegurados bajo una nueva entidad, con
nuevos puntos de servicio y grandes dificultades en las
bases de datos y en la información médica
de los usuarios, que no se habían terminado de depurar.
Además, la conformación de la sociedad mixta
entre La Previsora y las 6 cajas de compensación,
pasó por el pulso entre el gobierno nacional y las
cajas por la mayoría de la participación,
ganado por las cajas que quedaron dueñas del 51%
y la dirección de la Nueva EPS. Asimismo, la autorización
de la licencia de funcionamiento por parte de Supersalud,
también tuvo que superar varios escollos hasta ser
aprobada finalmente.
El caso es que hoy, a 9 meses de iniciada la operación
de la Nueva EPS, después de tan difícil gestación,
la entidad presenta dificultades similares a las que atraviesan
las EPS privadas que ya manejan la inmensa mayoría
del aseguramiento en Colombia, pero además arrastra
el lastre de las no muy buenas herencias que
le dejara la EPS del ISS: dificultades en base de datos,
concentración de la población de mayor edad
afiliada al sistema de salud, concentración de los
enfermos de alto costo, avalancha de tutelas por medicamentos
y procedimientos no incluidos en el Plan Obligatorio de
Salud -POS-, dificultades para suministro oportuno de medicamentos
y quejas por falta de atención o por atención
de mala calidad.
Las quejas se han surtido ante la Supersalud y los directivos
de la Nueva EPS han sido citados varias veces al Congreso
de la República a rendir cuentas, cita que apenas
cumplieron el pasado 20 de mayo, para confirmar que sí
persisten algunos de los graves problemas que padecían
los usuarios en la EPS del Seguro Social, y para reafirmar
su voluntad de solucionar estas dificultades en aras de
garantizar un buen servicio a sus usuarios.
Ahí está entonces la Nueva EPS: con todo el
deseo de las directivas de sacar esta empresa adelante,
como último rescoldo de la oferta pública
del aseguramiento en salud en Colombia. El gobierno mantiene
su confianza en que podrá lograrlo y así se
garantizaría a los colombianos una empresa nueva,
que materialice la prestación de servicios de salud
prometida, en condiciones de oportunidad, integralidad,
calidad y eficiencia.
Sin embargo, el lastre es pesado y puede poner en vilo la
viabilidad de la empresa; todos están entonces a
la expectativa: el gobierno, la misma Nueva EPS, los usuarios.
También, todos los colombianos que esperan comprobar
si en Colombia sobrevivirá algo de oferta pública
en aseguramiento en salud que además sirva para regular
el sistema, o si definitivamente la Nueva EPS languidecerá
en forma parecida al Seguro Social, para que solo le reste
optar por la liquidación y consecuente privatización.
Esto cerraría el círculo en el sistema de
salud colombiano, que pasó del monopolio público
al monopolio privado en el aseguramiento en salud.
Y entretanto, a los usuarios de la Nueva EPS, como no hay
mal que dure 100 años, ¿sólo les resta
entonces la resignación a una mala atención
en salud mientras se cumple el pronóstico?
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