MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 138 MARZO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co


Lo visible y lo invisible de
la emergencia social: mucho
más que un problema financiero

Juan Darío García Londoño - Profesor Investigador - Grupo de Economía de la Salud, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Antioquia - elpulso@elhospital.org.co - elpulso@elhospital.org.co

Cuando la tecnocracia del alto gobierno central se reunió a finales de 2009 con el propósito de hacer los necesarios y urgentes ajustes a la estructura de gastos e inversiones tras un magro balance macroeconómico, se encontraron con un dato sorpresivo en el tema de salud: las cuentas del Fondo de Solidaridad y Garantía -Fosyga-, mostraban que la subcuenta de pagos por tutelas y órdenes de los Comité Técnico- Científicos -CTC-, no sólo había crecido entre 2008 y 2009 a un ritmo acelerado, sino que mantenía una tendencia francamente ascendente entre 2002 y 2009.
En efecto, en el Gráfico 1 se refleja con plena claridad esta situación considerada por el decreto de la emergencia social (4975 de 2009) como sobreviniente e inusitada, puesto que la Ley 100 de 1993 no incorporó en sus cálculos económicos los costos de servicios y medicamentos por fuera del Plan Obligatorio de Salud -POS-. Sin embargo, expertos investigadores ya venían advirtiendo sobre este preocupante fenómeno desde hacía varios años, haciendo notar que mientras el saldo de compensación del régimen contributivo mantuvo un saldo positivo entre 2002 y 2007, el pago de tutelas y otros eventos pasaba de representar un 0,9% del gasto de la Unidad de Pago por Capitación en 2003, al 4.7% en 2006 (1).
Pero si bien esta preocupante situación sectorial ya era suficiente para prender las alarmas, la crisis mundial del capitalismo financiero igualmente tuvo su aporte indirecto en la declaratoria de la emergencia social.

El bajo crecimiento económico de 2009, además de desajustar los cálculos de ingresos y gastos fiscales, creó un escenario poco propicio para disminuir el desempleo y detener el nivel ascendente de informalidad del mercado laboral. En este orden de ideas, el gobierno pudo haberse preguntado no sin angustia: ¿Cómo detener el inminente colapso financiero del sistema de salud cuando su sostenibilidad depende, en buena parte, de unos ingresos salariales que amenazan con reducirse como producto de los actuales ciclos recesivos y ajustes económicos?
La fórmula de lo excepcional
Ante semejante estado de cosas adversas al funcionamiento del modelo vigente de salud en el país, el Ejecutivo se auto-declaró impotente para resolverlas por las vías ordinarias y apareció la “fórmula mágica”: apelar al artículo 215 de la Constitución Nacional. Aunque el decreto 4975 del 23 de diciembre de 2009 plantea con tono retórico que se trata básicamente de evitar un colapso de la red prestadora de servicios de salud, afectando el derecho a la salud de los colombianos, no es difícil deducir de la cascada de decretos un claro objetivo prioritario: eliminar las fuentes que amenazan el equilibrio financiero del SGSSS y asegurar su sostenibilidad futura.
Con la perentoria necesidad de enfrentar con un pragmatismo arrollador dicho objetivo, al menos tres estrategias están en el corazón de las medidas que produjo la emergencia social: 1) Contener el desangre financiero del No-POS, garantizando con nuevos impuestos su financiación bajo otra denominación: Prestaciones Excepcionales de Salud; 2) Controlar la oferta y racionalizar los costos de los servicios de salud, y 3) Avanzar en la redefinición de un nuevo POS (¿por lo bajo?) a fin de cumplir con la obligación de la Sentencia T-760 de equiparar los planes de salud.
Propuestas alternativas
Ahora bien: es sabido que en todo proceso de toma de decisiones siempre existen opciones o escenarios alternativos para enfrentar una determinada situación crítica. Antes de presentar una serie de interrogantes críticos sobre los eventuales efectos negativos, directos e indirectos, que provocarían algunas medidas tomadas en un escenario bastante improvisado y poco creativo, a continuación se exponen algunas propuestas que, sin descartar una posible declaratoria de emergencia, se pudieron haber implementado con mayor efectividad a fin de enfrentar los reales males que hoy sigue padeciendo el sistema de salud colombiano:
- Fortalecimiento de la rectoría integral del sistema, incluyendo el sólido respaldo a las funciones esenciales de la recién creada Comisión de Regulación en Salud -CRES-.
- Revisión exhaustiva de las tutelas no sólo para determinar abusos e inequidades, sino para incorporar al Plan Obligatorio de Salud -POS- los procedimientos que son vitales y necesarios según las técnicas de costo-efectividad.
- Auditoría rigurosa y efectiva a las EPS, particularmente sobre el incumplimiento de sus obligaciones ante el sistema como un todo, así como de sus compromisos contractuales con sus usuarios (por ejemplo, las tutelas por negación de medicamentos, cirugías y citas médicas incluidas en el POS, así como de las recurrentes barreras de acceso a los servicios de salud, etc.).
- Mayor gestión y eficacia de los entes de control y supervisión, no sólo para mejorar la gestión de flujos financieros existentes en el Fosyga, sino para eliminar la corrupción en toda la estructura estatal y privada.
- Centralización y montaje de un macro- sistema de información, que dé cuenta en tiempo real de todas las novedades del aseguramiento en salud.
- Evaluación general de costo-beneficio de todo el proceso de intermediación del Sistema General de Seguridad Social en Salud -SGSSS-
Peor el remedio
En realidad, la anterior lista puede ser más amplia y precisa. Pero lo que es importante destacar, es que la adopción de este elemental (e incompleto) conjunto de medidas no necesariamente exige crear otras instituciones paralelas o sistemas burocráticos alternativos; incluso, ni siquiera se requeriría crear nuevos impuestos o recursos financieros adicionales. En otras palabras, con las reglas del juego y los recursos existentes del actual sistema de salud, bien podía ser posible intervenir con más audacia e imaginación una situación que a todas luces -como se acaba de mostrar- no se agota en los costos del No-POS y su impacto en las finanzas públicas. Empero, el gobierno optó por el que hoy se avizora como el peor de los escenarios: tratando de resolver un problema financiero real en un contexto económico restrictivo, lo único que hizo fue crear otros, incluso quizás peores que los iniciales.
Son varios los interrogantes y cuestionamientos críticos planteados sobre los efectos no deseados de algunas medidas de la emergencia social. En primer lugar, ¿acaso la creación de nuevas instituciones y mecanismos paralelos a otros ya existentes (el Sistema Técnico y Científico en Salud, el Fondo de Prestaciones Excepcionales de Salud -Fonprés-, el Fondo Colombia Salud-patrimonio autónomo, Focos, etc.), no duplica funciones, hace más dispendioso y costoso el control, debilita aún más la crucial función de la rectoría integral del sistema y termina desvirtuando la lógica del aseguramiento del SGSSS? Sin desconocer que pueden existir serias anormalidades en la oferta y demanda de servicios No-POS, ¿crear como sustituto unas “Prestaciones Excepcionales en Salud” sin ningún análisis técnico riguroso no sólo es un desconocimiento de las nuevas necesidades de salud de la población, sino un verdadero riesgo inminente a la vida misma de muchos pacientes de alto costo?
En este mismo orden de preguntas, los nuevos impuestos, además de pagarlos un grupo importante de la población (por ejemplo, la cerveza y los juegos de suerte y azar), ¿acaso serán suficientes para financiar el Fonprés, cuando en el peor de los casos terminen fomentando el contrabando y la ilegalidad?¿Acaso en el intento desesperado de restringir la oferta de servicios y optimizar el gasto por la vía de la sanción a los médicos y el desahorro de las familias, termine no sólo por socavar la necesaria confianza que tiene que haber entre paciente-médico, sino por dificultar el acceso y la calidad real de los servicios de salud necesarios para gozar del derecho fundamental a la salud? Finalmente, con los nuevos criterios establecidos de contratación entre los aseguradores y los hospitales públicos, ¿acaso no condena a estos últimos a desaparecer, siendo sustituidos por una red privada de propiedad de algunas EPS con posición dominante en el mercado imperfecto de la salud en Colombia?
Lo anterior es igualmente un conjunto limitado de preguntas que siembran muchas dudas sobre las bondades de corto y mediano plazo de las medidas de la emergencia social. Todo ello con el agravante de estar latente una verdadera y real emergencia institucional y sanitaria, debido a una pasmosa improvisación por parte del gobierno de turno y su costoso equipo humano de asesores.
Lecciones
En todo caso, de un rápido análisis sistémico tal vez sea posible extraer algunas lecciones de lo que en el fondo puede estar revelando la emergencia social del gobierno Uribe:
- Que el auge de tutelas y de demandas de servicios y medicamentos no incluidos en el POS pueda ser la expresión de una sociedad que demanda derechos y vida digna frente a una estructura institucional-financiera anclada bajo lógicas e intereses económicos alejados de lo “público”, en sentido estricto. En esencia, el problema no son las ganancias per se de los actores privados, sino de un Estado que permite que la salud, como bien de alto interés público, se encuentre atrapada en la lógica de suma-cero: lo que ganan unos agentes privados, lo pierdan en calidad de vida saludable un número importante de colombianos.
- Que la responsabilidad del desequilibrio financiero de la salud en Colombia no parece resultado exclusivo del “activismo judicial”, de una inducción inmoral de oferta o el riesgo moral de la demanda. También es el sartal de errores, omisiones y negligencias de un ente rector que, por acción u omisión, dejó acumular un conjunto de temas críticos a través del tiempo. Sólo para citar un ejemplo en tono de pregunta: ¿Por qué no ha existido un interés real de actualizar los contenidos del POS en función de las necesidades y soluciones de salud de las personas?
- Que un enfoque dominante que sobrevalora la asistencia a la enfermedad y la curación, reduciendo a la mínima expresión la Atención Primaria en Salud (la salud pública y las acciones clásicas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad), produce una espiral perversa de demanda y alza de precios de los servicios y medicamentos de salud. El resultado final es más siniestro: un estado perenne de enfermedad en crisis financiera latente.
Finalmente, si bien es evidente que esta coyuntura no es más que un claro reflejo de serios problemas estructurales del actual modelo de salud, cobraría mayor significado social y político si -independiente del fallo de la Corte Constitucional o la derogación de algunos o todos los decretos por parte del Legislativo-, se convierte en una valiosa oportunidad para repensar un nuevo modo de organizar un sistema de salud que se ajuste no sólo al Estado Social de Derecho, sino a la disponibilidad de recursos financieros disponibles de la sociedad en un momento dado. A título de propuesta, ¿por qué no soñar, por ejemplo, con el diseño colectivo de un conjunto suficiente y efectivo de acciones y servicios de salud para todos sin distinciones de ninguna índole? Para su financiación se crearía, verbi gracia, un fondo único donde los impuestos generales y progresivos jueguen un papel importante, y sólo baste ser colombiano para gozar del derecho a la salud como una contribución a lo que puede ser bueno y bello: una vida humana digna, saludable, creativa y productiva 6
Nota:
(1) Restrepo, Jairo Humberto y Mejía Aurelio. “Equilibrio financiero y prima del seguro de salud en Colombia (UPC), 1996 2007”. En: Perfil de Coyuntura Económica, No 9, agosto de 2007 (pp. 97 116).

Gráfico 1. Saldo de compensación y pago de otros
eventos y tutelas en el Régimen Contributivo de salud, 1996-2009 abril
(precios constantes 2008) Cifras en millones de pesos.

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