MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 139  ABRIL DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Pandemia A (H1N1):
pánico de muchos,
ganancias para pocos
Juan Carlos Arboleda Z. - elpulso@elhospital.org
Hace un año el mundo entró en pánico al enterarse de la aparición en Méjico de un virus de una gravedad tal, que puso en jaque varios sectores de la economía, copó todo el espacio en medios de comunicación e impuso la moda de andar por la calle con tapabocas. Había llegado el A-H1N1, inicialmente conocido como virus de la gripa porcina, pero cuyo nombre fue cambiado para no estigmatizar la industria del subsector porcino.
A Colombia acaban de llegar 2 millones de dosis de la vacuna que prevendría el contagio, precisamente cuando las cifras muestran un descenso progresivo del número de casos, y se consolida el manto de dudas sobre la verdadera gravedad de la pandemia.
Un experto declaró en 2009 que la pandemia duraría hasta que los medios hablaran de ella y así parece confirmarse: ya no se ven oleadas de personas cubriéndose la boca, las campañas de prevención en los medios terminaron y los boletines epidemiológicos apenas ocupan esquinas escondidas en páginas de algunos periódicos. El silencio de los medios le quitó la peligrosidad al virus de manera más efectiva que la misma vacuna.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 209 países confirmaron casos de influenza A-H1N1 y el punto máximo se alcanzó a fines de octubre y noviembre; la transmisión más intensa se da en norte de África, Asia Meridional y zonas limitadas de Europa oriental. En el norte de África la pandemia sigue activa, aunque la tendencia es a bajar el número de casos, como ocurre en Egipto, Asia occidental, India, Europa y América (con sólo casos esporádicos en regiones templadas del hemisferio sur). El número de muertes llegó a 14.142 en el mundo reportó OMS el pasado 17 de enero, y América reporta la mayor cantidad con 7.094 casos.
En Colombia (según Sivigila), hasta febrero 1º de 2010 se reportaron al Instituto Nacional de Salud 152.560 casos: 139.430 son sospechosos, 2.030 probables, 3.572 confirmados y 7.528 descartados. El pico más alto fue en agosto y septiembre de 2009, con un posterior descenso; se confirmaron casos en 31 departamentos, 4 distritos y 218 municipios, sin evidencias de circulación del virus en Guainía. Las mayores incidencias están en Amazonas, Bogotá, Cundinamarca, Meta y San Andrés, y los casos fatales llegan a 205, procedentes principalmente de Bogotá, Antioquia, Cundinamarca y Valle.
Una vacuna cuestionada
Los 2 millones de dosis de la vacuna llegados al país costaron $30.000 millones y fueron adquiridos por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en licitación internacional para los países de la Región, buscando mejor precio, calidad y seguridad. Su aplicación se focalizará en grupos de mayor riesgo: gestantes, personal de salud, enfermos crónicos (por EPOC, diabetes Mellitus o inmuno-suprimidos). El Ministerio de la Protección Social garantiza la calidad del producto, afirmando que se fabricó con el mismo soporte tecnológico de la vacuna contra influenza estacional y que según seguimiento en Estados Unidos, reporta pocos eventos adversos (menos de un caso por 100.000 dosis aplicadas). OPS ratificó que la vacuna es efectiva para la prevención: Andrea Vicari, asesora internacional de inmunizaciones, dijo que “aunque la ocurrencia de casos de influenza A-H1N1 ha disminuido, el riesgo de que sigan presentándose y que haya una segunda ola sigue vigente”. Y la coordinadora del Programa Ampliado de Inmunizaciones (PAI) del Ministerio, Martha Patricia Velandia, señaló que la vacuna cumplió todos los procesos clínicos pre-mercadeo para probar seguridad y efectividad, así como el registro en países de producción y sigue una evaluación post-mercadeo.
Las críticas actuales recaen en la rapidez
con que OMS declaró la pandemia, desconociendo
uno de los principios básicos para hacerlo:
la gravedad de la enfermedad, y no solo su
dispersión geográfica; incluso el Consejo
Europeo inició una investigación al respecto.
Lo grave del asunto es que la medida
generó un pánico colectivo mundial.
Sin embargo, pese a que OMS y la industria farmacéutica aseguran que las vacunas son seguras y eficientes, la seguridad de la vacuna es cuestionada. Buena parte de europeos y de sus médicos se negó a aplicársela por temor a daños en su salud: países como España, Holanda, Francia y Alemania, echaron para atrás decisiones de compra. La agencia de noticias Checa CTK anunció que el Ministerio de Salud de su país rechazó la vacuna producida por Baxter a causa de los riesgos y la “incapacidad del laboratorio para garantizar que la vacuna sea segura”, luego que el viceministro de Salud, Marek Šnajdr afirmara: “La vacuna puede tener efectos secundarios y podría incluso causar la muerte si se administra”. La ministra de Salud de Polonia, Ewa Kopacz, decidió no comprar la vacuna. Swissmedic, la autoridad de salud suiza, no permitió aplicar una de las vacunas en gestantes, niños o adultos jóvenes (menores de 18 años), y mayores de 60 años.
Según algunas versiones, habría 5 muertes por reacciones a la vacuna en Suecia y se reportaron 200 casos de efectos secundarios, según el diario Tages-Anzeiger. El virólogo Alexander Kékule de la Universidad de Halle, denunció que las vacunas contienen adyuvantes como mercurio en cantidades superiores a las autorizadas por la FDA para los alimentos; y el diario inglés, Sunday Express, afirmó que la vacuna utilizada por Novartis contiene mercurio en grandes cantidades, metal vinculado con el autismo, Alzheimer y esclerosis múltiple. En Estados Unidos, Kent Holtorf, experto en enfermedades infecciosas, afirmó en Fox News: “Estoy más preocupado por la vacuna que por la gripa, ha salido muy deprisa y tiene altos niveles de adjuntos incluyendo phamaerosol, conservante vinculado con el autismo, y que afecta a las personas con disfunción en la barrera remato-encefálica y a personas con fibromialgia”.
Crecen las dudas
Dudas similares sobre la efectividad de la vacuna, se ciernen sobre el origen del virus. El científico australiano Andrew Gibbs, profesor de la Universidad Nacional de Australia y quien trabajó en el desarrollo del antiviral Oseltamivir (Tamiflu), insinuó que el virus A-H1N1 pudo haber sido generado en el marco de investigaciones en laboratorios, con el fin de obtener nuevos virus y probar vacunas. El virólogo, especialista en neurobiología, llegó a estas conclusiones tras formar parte del programa que analizó el virus para encontrar su huella genética: “Tomamos la secuencia de estos genes y encontramos que 6 de ellos están muy relacionados con virus de cerdos en Estados Unidos, otros 2 genes provienen de virus presentes solo en Euro-Asia, y al examinar las secuencias descubrimos que cada uno de esos 8 genes en vez de evolucionar al mismo paso que otros genes asociados, lo hicieron 3 veces más rápido que los normales de la influenza.
Esa evolución se dio hace unos 8 años y uno se pregunta: ¿Por qué nadie lo había descubierto o no se había manifestado antes?”. Adicionalmente, el doctor Gibbs señaló la presencia de genes de la gripa humana así como material del huevo común, utilizado en laboratorios para la reproducción. Sin embargo, el director adjunto de la OMS, Keiji Fukuda, descartó estas afirmaciones y aseguró que el virus tenía un origen natural.
Antecedentes
Lo que pocos saben o recuerdan, es que no es la primera vez que una gripe es asociada con los cerdos. En 1976 se extendió una alarma por gripe porcina en Estados Unidos y cuyo origen se focalizó en el Fuerte Dix del Ejército en New Jersey; el gobierno reaccionó rápidamente con la producción de una vacuna que se aplicaron 46 millones de norteamericanos, luego de la invitación del presidente Gerard Ford; unas 4.000 personas demandaron por efectos secundarios por unos US$3.5 billones de dólares; dos tercios de las demandas son por daños neurológicos, como el síndrome de Guillain-Barré, y en esa ocasión la epidemia solo ocasionó un muerto y 4 infectados que se curaron rápidamente.
Son muchas las dudas frente al manejo dado a la gripa A-H1N1. Menos de una semana después de lanzarse la noticia al mundo, cuando en teoría apenas se analizaba el nuevo virus, Mario Andrés Urán, representante de Roche en el país, anunció en los medios de comunicación que existía un medicamento para enfrentar la enfermedad: Tamiflu; el 30 de abril de 2009, pocos días después, el gobierno adquirió 400.000 dosis de Oseltamivir (Tamiflu) por $15.000 millones, el total de los dineros aprobados solo 2 días antes (28 de abril en el decreto 1453) por la declaración de desastre nacional para enfrentar la enfermedad.
La decisión del Ministerio no incluyó la adquisición de ninguna unidad de Ralenza, el otro fármaco recomendado; la compra se hizo pese a que el Tamiflu era cuestionado internacionalmente, e incluso, el boletín de farmacovigilancia número 15 del Invima (diciembre 15 de 2006), mencionaba su relación con efectos neuro-psiquiátricos, y según otros análisis, podía producir arritmias cardíacas e incluso aumentar la tendencia suicida. Un boletín anterior del mismo Invima, señalaba que este fármaco no ofrecía mayores beneficios frente a otros similares, y que su utilización, como lo dice su registro sanitario, era para acciones de prevención y profilaxis, pero no como tratamiento.
Quienes ordenaron comprar 400.000 unidades de Tamiflu actuaron convencidos por las predicciones catastróficas sobre la enfermedad, como la advertencia del representante de OPS en Colombia, Pier Paolo Balladelli, que anunció la posibilidad de 7 millones de afectados en Colombia en 8 semanas. Ahora, cuando la gravedad de la epidemia no fue la esperada, ¿qué hacer con esas miles de dosis que se vencerán en 4 años? ¿Qué tan cerebral fue la compra? Hay una pregunta lanzada por Observamed: ¿qué tanto se repite la historia con la compra de 2 millones de dosis de la vacuna para gripe A-H1N1?
¿Necesidad de la pandemia?
Las críticas actuales recaen en la rapidez con que OMS declaró la pandemia, desconociendo uno de los principios básicos para hacerlo: la gravedad de la enfermedad, y no solo su dispersión geográfica; incluso el Consejo Europeo inició una investigación al respecto. Lo grave del asunto es que la medida generó un pánico colectivo mundial. En Colombia, por ejemplo, los tapabocas se agotaron en pocos días y las personas caminaban por las calles con el rostro cubierto cuando no se había detectado un solo caso en el país. Ante el panorama apocalíptico, las empresas farmacéuticas recibieron la mayor tajada y la siguen recibiendo: caso concreto es el aumento en el precio de las acciones de Roche, empresa que produce y distribuye el Tamiflu, y que ya habían aumentado cuando se anunció la gripa aviar, que tampoco tuvo las connotaciones anunciadas.
Este tipo de pánico colectivo tiene un antecedente reciente, también con la OMS. En mayo de 1997 se descubre en Hong Kong el primer caso de un humano afectado por la gripe aviar: 7 meses después había 18 personas infectadas y 6 fallecidas. En febrero de 2003 un nuevo brote en Hong Kong terminó con 2 casos positivos y una muerte; en 2005 la OMS anunció que el número de personas que podría morir por gripa aviar en el mundo era de 7.4 millones; en octubre de 2005 se confirmó el caso de un loro en Gran Bretaña; en noviembre, el presidente George Bush vaticina que en Estados Unidos morirán 2 millones de personas; en julio de 2009 ya NADIE hablaba de la gripa aviar. En esa oportunidad, el gobierno de Estados Unidos aprobó US$7.100 millones de dólares para comprar medicamentos: en Estados Unidos a causa de la gripa aviar hubo cero muertes, y en vez de los 7.4 millones de muertos presupuestados por OMS, entre 2003 y 2009 sólo hubo 272.039 casos por año, mientras la gripa normal cobra medio millón de muertes cada año.
Al declarar la pandemia de A-H1N1 se habían presentado 382 muertes en todo el mundo; sin embargo en el planeta mueren cada año 2 millones de personas por malaria, 2 millones de niños por diarrea, 10 millones de personas por enfermedades curables como sarampión. ¿Se apresuró entonces la OMS al generar una situación de pánico que terminó beneficiando a unos pocos? ¿Quién le volverá a creer a la próxima alerta?.
   
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