DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 144 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

La Noche Septembrina
y otros atentados contra Bolívar

Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Dos hamacas y una cama, en tres países distintos, fueron testigos de atentados contra el Libertador Simón Bolívar. La Conspiración Septembrina de 1828, y los ataques de Jamaica y Venezuela dejan más preguntas que respuestas sobre la responsabilidad de los enemigos de Bolívar, y no menos incógnitas sobre la conducta política y militar del “Genio de la Gloria”. Los procesos tienen tantos fiscales como defensores, y ningún juez definitivo.
Santander es piedra de escándalo: un vulgar conspirador y asesino, para cronistas oficiales y bolivarianos a ultranza; para Fernando González, “un falso héroe nacional”; “el organizador de la victoria”, para varios historiadores. Pilar Moreno de Ángel, en la más completa y documentada biografía, lo erige como “fundador civil de la república”. En 1826: Los Diputados de Valencia y Apure (Venezuela) lo acusan de “abusos y usurpaciones” para tiranizar la felicidad de los habitantes (Autobiografía del General Páez). En 1827: Páez, jefe civil y militar de Venezuela, dice que cuando Bolívar parte para Nueva Granada, “Santander comenzaba a mostrársele hostil...”. El 2 de mayo de 1828: Bolívar desconfía de varios de sus viejos generales: “Vea usted la conducta de Santander en Bogotá, durante mi ausencia; la de Páez en Venezuela; la de Bermúdez en Maturín; la de Arismendi en Caracas...” (Perú De Lacroix, “Diario de Bucaramanga”), por sembrar la discordia, fomentar partidos, perder la moral pública e insubordinar el ejército.
6 de mayo de 1828, Casa de campo, Bucaramanga: En carta, el general Pedro Briceño Méndez dice a Bolívar que un asistente de Santander oyó que éste decía a Vargas Tejada, Azuero y Soto, que pretendía enviar a un oficial para asesinarlo. “El asistente, cuando oyó aquel infernal proyecto, estaba componiendo la cama de Santander, como a las nueve de la noche...” (Diario). El coronel O´Leary confirma la versión y pide no dejar solo a Bolívar. Éste contesta que “aunque conocía la exaltación del general Santander y de sus compañeros, no podía creer que llegasen a formar tal proyecto”, que el asistente pudo oír mal o inventar el cuento, que “no les sería fácil encontrar quien se encargase de dicho proyecto, y que muy difícil sería aún la ejecución”. Y dijo que si bien sólo los insensatos ignoran ciertas reglas de prudencia, “hay casos en que toda prudencia es inútil”, y da como ejemplos los atentados de Jamaica y Rincón de los Toros (Venezuela). Oigamos su relato, antes de proseguir con la Conspiración Septembrina.
De Jamaica a Venezuela
6 de mayo, casa campestre, Bucaramanga: Narra De Lacroix: “Todos nos pusimos alrededor del Libertador, sentados a la sombra de unos grandes árboles; nuestros perros hacían la guardia, situados cerca de nosotros, y nuestros asistentes estaban a cierta distancia, contando igualmente sus cuentos”.
Bolívar contó que en 1816, una noche cambió de posada en Kingston, llegó Félix Amestoy, antiguo proveedor de sus tropas, a recibir instrucciones; como no llegara Bolívar, el sueño lo venció y se acostó en su hamaca; en esas llegó el negro Pío, criado de Bolívar: “...Vio mi hamaca ocupada, creyó que el que estaba dentro era yo, se acercó, y dio dos puñaladas al infeliz Amestoy que quedó muerto. Al recibir la primera dio un grito, moribundo, que despertó al negro Andrés, quien al mismo instante salió para la calle y corrió para mi nuevo alojamiento, que sólo él conocía; me estaba refiriendo lo ocurrido cuando entró Pío, que había seguido a Andrés. La turbación de Pío me hizo entrar en sospechas; le hice dos o tres preguntas, y quedé convencido de que él era el asesino, sin saber todavía quién era la víctima. Tomé al momento una de mis pistolas, y dije entonces a Andrés que amarrase a Pío. Al día siguiente confesó su crimen y declaró haber sido inducido por un español para quitarme la vida”.
En 1818, un anochecer en la sabana de Rincón de los Toros (Venezuela), Bolívar acampa con 600 infantes y 800 hombres de caballería, le reportan la presencia de un regimiento español. “Yo estaba sentado en mi hamaca -cuenta Bolívar- poniéndome las botas; Santander seguía hablando conmigo; Ibarra se acostaba, cuando una fuerte descarga nos sorprende, y las balas nos advierten que habían sido dirigidas sobre nosotros: la oscuridad nos impidió distinguir los objetos. El general Santander gritó en el mismo instante: ¡El enemigo! Los pocos que éramos nos pusimos a correr hacia el campo, abandonando nuestros caballos y cuanto había en la mata. Mi hamaca, según supe después, recibió dos a tres balazos; yo, como he dicho, estaba sentado en ella, pero no recibí herida ninguna, ni tampoco Santander” (Diario de Bucaramanga). El 8 de mayo de 1828: Bolívar clasifica a los generales patriotas en 4 categorías, y pone a Santander en la tercera: “Más hábiles en el gabinete que en el campo de batalla”. Otrora reconocía como “organizador del triunfo” en Vargas y Boyacá a quien disciplinó el ejército y cruzó primero el Páramo de Pisba sin un solo muerto.
La Conjuración en marcha
Junio de 1828: Disuelta la Convención de Ocaña, el título de Bolívar como Dictador o Jefe Supremo “se llevó muy a mal por el partido que se titulaba liberal, y ya desde entonces los Brutos y Casios comenzaron a aguzar los puñales que pensaban hundir en el seno del que les había dado patria (…). Los enemigos del Libertador tramaban conspiraciones para asesinarle alevosamente, siendo sus corifeos Juan Francisco Arganil y Augusto Horment, ambos franceses, y el venezolano Pedro Carujo. El 28 de octubre, día de San Simón, debía estallar la conjuración” (Páez).
En un baile de máscaras, alguien dice a Bolívar que un doctor González oculta un arma, al parecer es Manuela Sáenz, quien en otra fiesta quemó a un Judas que representaba al Hombre de las Leyes. El 10 de agosto El Libertador de paseo con pocos amigos en Soacha, iba a ser asesinado, Santander supo el plan y se opuso a él, pero sin enterar a Bolívar del peligro que corría. El general Posada Gutiérrez (Memorias Histórico Políticas), dice que con Bolívar y su séquito, habrían muerto en el acto sus asesinos, a manos del batallón Vargas y las tropas leales; según el autor, Santander se oponía a cualquier acción contra Bolívar, antes de él salir de Colombia en misión diplomática. Descubierto el plan criminal de octubre y arrestado el capitán Benedicto Triana, los demás conjurados precipitaron el complot para el 25 de septiembre.
25 de septiembre de 1828: Joaquín Posada Gutiérrez, general bolivariano y escritor ameno, intenta un juicio justo y ponderado sobre los acontecimientos y sus protagonistas. Su vívida crónica de la Conspiración, supera en mucho al pobre cuento de la historia patria (Ver Ocioso Lector). El complot fue un mar de infiltraciones, traiciones e intrigas, repelido con más afán de venganza que de justicia. “El general Santander contradecía a los fogosos partidarios del asesinato: su programa era la destitución del Libertador por medio de pronunciamientos en las provincias” dice Posada, que “viendo, ya tarde, que cuando se arroja la piedra de la honda no es posible detenerla en el aire” (Memorias), no tenía más recurso para impedirlo que denunciar a los facciosos, no lo hace y pasa la noche en casa de su hermana.
Los conspiradores salen en comisiones a las once de la noche de la casa de Vargas Tejada, secretario de legación diplomática de Santander, la guardia del Palacio de Bolívar son 20 hombres de los Granaderos Montados, con carabinas descargadas, las puertas entreabiertas, el oficial y la tropa duermen. El ataque lo inicia una pieza de artillería (cuerpo infiltrado) abocada contra el Batallón Vargas, al grito de “Viva la libertad, muera el tirano”; matan a puñaladas a 4 centinelas, desarman al resto, hieren al edecán Ibarra, el ex realista Carujo mata de un balazo a su benefactor y edecán de Bolívar -coronel Fergusson-, hacen pasar por conjurados (“falsos positivos”) a los generales Córdoba y Padilla... Tiroteos, vivas, mueras... Se reúne Bolívar con las tropas leales... Aplausos, lágrimas: “¿Queréis matarme de gozo, acabando de verme próximo a morir de dolor?”. El irlandés Croyton, creyendo muerto a Bolívar, corre sin orden de nadie a matar a Santander, regresa al oír la voz “¡Apareció el Libertador!”. Éste vuelve al palacio a las cuatro de la mañana, cita al Consejo de Ministros, manda redactar un decreto de indulto para los conspiradores y decide dejar el país; Urdaneta y otros lo hacen retractar, ejercer su dictadura y ejecutar a 14 personas. Posada cuestiona: “¿Por qué se frustró aquel arranque de generosidad y de alta política?”, y asevera: “Para la gloria personal de Bolívar, habría sido mejor que perseverara en su primera resolución”. Repudia la matanza: “Malísimo efecto causó también el espectáculo de los cadáveres de los beneméritos servidores de la patria colgados, como para afrentarlos vengativamente”, y critica las penas: “No se ve en ellas el castigo de un delito, sino la pasión del que las aplica”.
182 años después, Santander aún no recibe el debido proceso. Para la escritora antioqueña Pilar Moreno de Ángel, se lo juzgó como partícipe en la Conspiración, “hecho del cual era inocente”. Fustiga al Secretario de Guerra, Rafael Urdaneta, juez único de la causa, que “violó flagrantemente el derecho universal y las leyes nacionales durante el desarrollo del proceso cuando, por ejemplo, no permitió al sindicado defenderse ni nombrar defensor”. Y resalta que por un plebiscito a favor del condenado y a solicitud del Consejo de Ministros, el Libertador Presidente le conmutó la pena de muerte por destierro. La historia, Juez implacable, dará el veredicto final; entonces, digamos como en el Areópago de Atenas: “Comparezcan las partes dentro de cien años”.
   
¿Kómo ce dise?
Corrijamos algunas impropiedades de lenguaje muy extendidas. Es incorrecto decir el “doceavo” piso; lo correcto es el duodécimo o el décimo segundo piso. Los sufijos avo, ava sólo se utilizan para números quebrados o fraccionarios, por ejemplo: una dieciseisava parte del territorio colombiano. Los ordinales no utilizan esa terminación, excepto octavo. No es “onceavo” sino undécimo o décimo primero. No es “treceavo” sino décimo tercer o décimo tercero, no es “treintavo” sino trigésimo.
Otra incorrección son las expresiones redundantes. No se dice “como por ejemplo”. Se dice como o por ejemplo, una de las dos formas, no ambas a la vez: hay países ricos como Suecia, o bien: hay países ricos, por ejemplo, Suecia. En el mismo sentido, no se dice “mas sin embargo”. Se dice mas, o sin embargo, en una de las dos formas pero no juntando ambas. La economía verbal es una virtud del buen hablar.
 
Ocioso lector
Una negra noche de septiembre
“El general Bolívar estaba enfermo, y a prima noche se había administrado un baño de pies; la bellísima señora doña Manuela Sáenz, que lo amaba con delirio, le acompañaba y asistía; Bolívar, a pesar de su estado de debilidad, al oír el espantoso ruido y los gritos de “¡Muera el tirano!”, saltó de la cama y a medio vestir se dirigió con espada en mano hacia la puerta de la alcoba. La señora Sáenz lo detuvo, y empujándolo hacia la ventana baja de media reja, que da a la calle del Coliseo, le hizo saltar por ella gritándole como por instinto: “¡Por la derecha, al cuartel de Vargas!”. E impávida abrió la puerta que los conjurados golpeaban y les dirigió la palabra reconviniéndolos con energía…”.
“Mi General, sígame; arrójese por aquí para ocultarnos debajo del puente”, dijo el fiel criado, y sin esperar respuesta se precipitó de un salto y ayudó al Libertador a bajar, casi arrastrándolo tras sí. Un minuto después pasaron artilleros y Vargas por el puente, continuando el tiroteo…”.
(Fragmentos de “Memorias Histórico Políticas”, Joaquín Posada Gutiérrez).
 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved