DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 12    No. 158  NOVIEMBRE DEL AÑO 2011    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


“He tenido la desgracia
de haber nacido en elsiglo XX...
Ricardo Cano Gaviria

Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co

"El exilio en mi vida es una categoría congénita", es la autobiografía condensada del escritor Ricardo Cano Gaviria, una existencia marcada por la autoexclusión, y el encierro en un "castillo literario". El sociólogo, novelista, cuentista, ensayista, traductor y editor, narra: "…escribí una novela y me fui a Bogotá con el manuscrito, para el concurso nadaísta de novela, y 10 pesos... Dormía donde podía, incluso en un prostíbulo, y comía de contrabando en la Nacional". La matrícula condicional que le impusiera la Universidad de Antioquia por participar en una huelga en los años 60, parece endosada como un INRI a su cédula colombiana.
Radicado en Barcelona (España) desde 1970, sus obras son una forma inusual de testificar el amor a la patria lejana.
Nacido en Medellín (Antioquia) el 8 de mayo de 1946, hijo de Albán Cano y de Maruja Gaviria, recuerda en su escritura la finura de los trazos de su tío-abuelo Francisco Antonio Cano, el gran pintor de Yarumal. Sobre el relativo vínculo con su plástica, desde Barcelona, el escritor expresó a EL PULSO: "Mi tío abuelo, cuyos cuadros estuvieron sordamente presentes en mi infancia, era un pintor más bien clásico, cuya obra es una muestra de cómo el tesón, el talento natural y la convicción de ser un artista pueden dar resultados de primer orden. En ese sentido, su estancia en París a finales del siglo XIX, financiada como es sabido por las élites culturales y políticas del país -por llamarlas de algún modo- le sirvió para consolidar su técnica y sus intereses pictóricos, haciendo primar en éstos a los que resultaban más compatibles con los gustos estéticos de quienes lo apoyaban.
Aquí el artista está en sintonía no tanto con una época que es ya la del arte impresionista cuando Cano llega a París (en ese momento el impresionismo lleva ya veinte años en la escena), como con el público al que se debe. En este sentido creo que mi tío abuelo fue una especie de héroe, que encarnó a la vez el ideal de un país que aspiraba a hacer del artista y de su arte un elemento civilizador, misión a la que Francisco Antonio Cano entregó en cuerpo y alma, y también el ideal del artista que se forja a sí mismo y que, dentro de sus constreñimientos, se las arregla siempre para que su arte tenga una gran calidad…".
“Qué mejor actitud autodestructiva,
qué mejor burla de sí mismo que verse
como una cucaracha…
La risa del que se burla de sí mismo,
pues la fiesta de la ironía bien puede terminar
en el humor: en la carcajada”.
Ricardo Cano Gaviria.
"En otro sentido el punto de contacto más intenso con mi tío abuelo es la propia presencia de París, de la metrópoli como punto de irradiación… Y seguramente él sabía mejor que yo lo que quería, pues él tenía treinta años y yo solo veinte; él llegó al París de la resaca del impresionismo y el simbolismo, yo al de mayo del 68… En cuanto a los resultados, no me atrevo ni siquiera a comparar los míos con los que él obtuvo, él, que se convirtió en una referencia nacional, ¡imagínese usted! Lo que sí creo que tenemos en común, es la idea de situar lo local siempre en referencia a lo universal… Cualquiera que lea La puerta del infierno (que por cierto parece un título apropiado para la época de mi tío abuelo), sabrá de qué hablo. Por lo demás, seguramente otros paralelismos surgirían si se planteara el tema histórico como tema común: mientras a Francisco Antonio Cano le tocó celebrar a los personajes y héroes patrios, yo me puedo dar el lujo de desmontarlos de su pedestal y reírme un poco de ellos. Mientras él celebra el futuro, como en ese cuadro que me inspira tanta ternura llamado Horizontes, yo celebro el pasado en la asamblea de cucarachas con la que termina mi novela… Nos estrechamos la mano en lo único suyo que tengo, un retrato a lápiz de Garibaldi que hizo cuando era joven, y que miro en este mismo momento…".
 
Genoma cultural colombiano y desarraigo

Como rebelde, a Ricardo Cano Gaviria le sobran causas: a Marcos Fabián Herrera, de "Con-Fabulación", le dice: "…Es como si en la fórmula del genoma cultural colombiano faltase un ingrediente, el cívico que empezó a implantarse en Europa tras la revolución francesa", y afirma: "Colombia, más hija de Santander que de Bolívar, ha sido maestra en leguleyos y pobre en hermeneutas: nadie diría que Uribe y sus seguidores son hermeneutas. Pues lo que hacen ahora con la Constitución es una obra maestra de leguleyería". Ésta es la temática de "Prytaneum" (1981), su primera novela.

En la entrevista a EL PULSO, Cano Gaviria retoma este punto: "Supongo que hablé de genoma porque va a resultar muy difícil encontrar la explicación psicológica y sociológica de tanta violencia y tanto cinismo… Y también hay que tener en cuenta que lo decía en un momento en que el uribismo asfixiaba la política colombiana… Hoy, creo yo, la situación ha variado un poco y han surgido iniciativas para poner coto a tanta infamia. Ojalá prosperen; para que sigan haciéndolo, los gobernantes solo tendrán que mirar a lo que ocurre en Latinoamérica, de la que los expertos dicen que atraviesa un momento muy bueno. Y de Colombia se han llegado a hacer cábalas muy positivas: que si los gobernantes aprovechan la coyuntura, Colombia podría ponerse detrás del Brasil… Y el hecho es que, mirado el panorama mundial, Latinoamérica tiene muchas mejores perspectivas que Europa, en la que hoy por hoy están fallando muchas cosas.
¿Quién podría preservar mejor la enorme herencia cultural de Europa que los propios latinoamericanos? Siempre he creído que seremos nosotros los bárbaros los que mejor encarnaremos en el futuro los grandes ideales europeos, tan necesitados hoy de sangre nueva. Pongamos por caso el derecho internacional humanitario, que es un producto europeo, hijo de Nuremberg y de Kant: ¿Dónde se podría aplicar mejor que en Latinoamérica? Hoy el Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional es un argentino que participó en el juicio contra las dictaduras militares de su país, ojalá que pronto pueda haber en esa Corte algún colombiano con méritos análogos, y así Colombia no se distinguirá solo por la crueldad y avaricia de sus criminales sino también por ser una avanzada en la justicia universal… Es hacia allí hacia donde todos deberíamos mirar".
No en vano, en otra declaración, el literato colombiano fustigaba a "…un estrato de intelectuales y escritores que viven en su faceta más descarnadamente zoológica: animales de presa, que no sólo se quedan con los mejores trozos sino que vigilan para que la pitanza se mantenga siempre entre los mismos. En ese sentido, Colombia es un modelo; cambian los presidentes, cambian los partidos en el poder pero la gente que controla las cosas a nivel cultural e intelectual es siempre la misma". La justificación de su "exilio congénito", la amplió Cano a este periódico:
"Sabido es que Colombia está llena de criminales que han hecho que otros se desarraiguen para poder quedarse con su espacio, sus tierras, y todo lo que haga el presidente actual para corregir esos crímenes es digno de apoyo y elogio. En el polo opuesto de ese desarraigo criminal, está el autodesarraigo, que es un hecho solitario, de héroes solitarios… Mi desarraigo ha sido solitario, por motivos psicológicos y culturales talvez, pero nunca por motivos políticos, aunque en mis opiniones políticas siempre he tomado partido por los desarraigados políticos… En cuanto a cómo vivo mi destierro, le diría que bien por lo que se refiere a los europeos y españoles, entre los que me encuentro muy cómodo. Por lo que se refiere a mis propios compatriotas, me desconcierta un fenómeno muy raro… Sí, es un fenómeno muy raro el que uno, fuera de España, se sienta más saboteado por los propios compatriotas que ocupan puestos de influencia que por los propios españoles, que normalmente, por el contrario, son muy cooperantes y receptivos. No sé lo que diría un etólogo… hablaría tal vez de lucha por el espacio vital o algo así. Finalmente, a un nivel más amplio, diré que para el escritor el desarraigo es la base de una forma de vida en gran parte buscada, en la que hay pocos hechos casuales, y en ese sentido se puede decir que, en efecto, el desarraigo es un triunfo. Sin duda existe en mí una poética del desarraigo, interpretada en términos kafkianos, a la que ya me he referido en otras ocasiones, y que, como escritor, me permite acceder a una atalaya desde la que se ven muchas cosas raras, que quizás tienen que ver más con el futuro que con el pasado…".
En la misma perspectiva, EL PULSO planteó al escritor colombiano la inquietud acerca de opiniones que lo ponen en la posición de escritores como Borges, Mújica Lainez y Puig, por su propuesta estética de una literatura que reflexione sobre sí misma, una especie de eterno retorno a los clásicos de la novela. A quien ha preferido seguir su propio camino, ¿eso le resulta válido o incómodo?, ante lo cual Cano Gaviria contestó: "No me resulta incómodo que me pongan al lado de Borges y esos otros dos escritores más que por el miedo de que alguien le vaya a decir a quien lo hace: '!Hombre, no sea usted exagerado!'. Por lo que yo sería el culpable de que alguien pasase un mal rato…".
 


Los poetas suicidas

Ciudadano del mundo, castellano de su fortaleza literaria, Ricardo Cano Gaviria ha resistido toda suerte de denuestos contra unos supuestos "afrancesamiento" y falta de valores propios en su escritura. Ante los falsos profetas del "realismo" y lationoamericanistas a ultranza, el artista desmonta la inútil disyuntiva que plantean las modas literarias: "¿Los escritores que en Colombia escriben sobre el narcotráfico posiblemente son mejores que Flaubert o Stendhal, por no haber tenido que guardar esta regla? El tiempo lo dirá".
A nuestra pregunta sobre la visita permanente a los clásicos de las letras francesas, respondió: "Tengo que decir en primer lugar que esa selección de nombres no ha sido una selección cerebral, surgida del laboratorio. Ha sido una selección por así decirlo, vital: mi vida me ha llevado a ser el lector de esos autores: si cuando descubrí a Julio Verne a los doce años, ya hice una especie de viaje alrededor del planeta, subido a un palo de mandarinas, que era mi sitio preferido de lectura, cuando leí a Proust a los veinte casi me quedo a vivir en ese mundo que acababa de descubrir… A los quince años ya me obsesionaba un poema de Baudelaire, 'A una Madonna'. Luego vinieron mis tres suicidas favoritos, Silva, Walter Benjamin y Madame Bovary, pero he de decir que me quedé a vivir en ellos no por suicidas sino por sus escritos, en el caso de los dos primeros, que me han ayudado no a morir sino a vivir… ¿Qué hubiera sido de mí sin esas lecturas? Nada, ellas me dieron vida, ellas me permitieron verme a mí mismo.
La tontería mayúscula es la de quienes juzgan a un autor por haber leído muchos libros, y lo critican; ellos simplemente ignoran esa experiencia, porque no la han tenido y al parecer nunca la tendrán: el buen lector es un bicho raro, que tampoco abunda mucho. Valery Larbaud hablaba del progreso del lector como los cristianos hablaban del progreso del peregrino: por eso uno puede entender que las cacerías de brujas y el fanatismo surgen siempre de la ignorancia… Cuando alguien dice 'quememos a fulano', o 'condenemos a Perano', es que ignora que tiene un tornillo suelto: el que persigue a otro denota siempre una carencia, una inferioridad respecto del perseguido… Así, lo más terrible y grotesco es ver a los poetas jóvenes persiguiendo a Mallarmé el oscuro… Como si la poesía radicara en el dedo que señala y no en la luna señalada por el dedo… ¿Se atrevería alguien a perseguir la luna, o el cielo estrellado, so pretexto de que es oscuro, ese cielo estrellado que ha hecho posible la poesía de Mallarmé?".
"… las cacerías de brujas y el
fanatismo surgen siempre de la ignorancia…
Cuando alguien dice 'quememos a fulano',
o 'condenemos a Perano', es que ignora que
tiene un tornillo suelto: el que persigue a
otro denota siempre una carencia, una
inferioridadrespecto del perseguido…".
Ricardo Cano Gaviria.
En "José Asunción Silva, Una vida en clave de sombra" (1992), Cano transita por París, Londres y Caracas, tres anclajes de un espíritu errabundo, redescubre al poeta "simbolista, dandy y decadente", al decir de Orlando Mejía Rivera; revela, entre otras cosas, que el modelo para el personaje Helena Scilly Dancourt, en la novela "De sobremesa" no fue María Bashkkirseff sino Julia Holguín Caro, sobrina de dos expresidentes colombianos, y que su obra sólo se entiende en el marco de La Regeneración de Núñez, y rescata las últimas lecturas de Silva, previas al suicidio.
Esta biografía guarda cierta hermandad con la novela "El pasajero Benjamin" (1989), recrea las postreras horas del escritor Walter Benjamin, que puso fin a su vida con morfina, oficialmente por "hemorragia cerebral": "Tan ruda y traidoramente lo golpeó esta vez la evidencia, que en un gesto automático alargó su mano hasta el nochero, donde estaba el frasco de pastillas, y lo cogió; luego, no supo cuánto tiempo estuvo contemplando pensativamente su contenido, como si calculara fríamente la manera de sacar de él el máximo provecho, hasta que al fin se decidió".
El suicidio es algo más que un ingrediente temático en la obra de Ricardo Cano, como él explica a EL PULSO: "En cuanto al suicidio, yo creo que he practicado cierto culto del suicida en La lección de abismo, en mi biografía de Silva y en mi novela sobre Benjamin, en efecto… No sé si ese culto ha terminado, lo que sí sé es que ahora ha sido un poco reemplazado por el culto de la autodestrucción: ella está presente en La puerta del infierno del mismo modo que el humor… Qué mejor actitud autodestructiva, qué mejor burla de sí mismo que verse como una cucaracha… La risa del que se burla de sí mismo, pues la fiesta de la ironía bien puede terminar en el humor: en la carcajada. La risa es terapéutica y por su parte la ironía es algo más que una figura retórica: es una fórmula para la supervivencia del ser humano. Sí, yo diría que la ironía ayuda a sobrevivir. Por eso, lo más seguro es que uno se suicida simplemente por falta de ironía…".
 


Una nueva gótica en Cano Gaviria

En una neo-gótica epistolar, donde dialogan la historia y la ficción, aparecen en distintos momentos "Una lección de abismo" (1991), y "La puerta del infierno" (2011), última novela de Cano Gaviria, quien declara a EL PULSO:
"Como podría adivinar cualquiera que lea mi novela 'La puerta del infierno', publicada hace poco en Colombia en Sílaba editores, entre las lecturas con las que me formé intelectualmente hay una fuerte presencia de Freud, descubrimiento que le debo fundamentalmente a mi hermano mayor, Eduardo, que en los años sesenta giraba en la órbita de Estanislao Zuleta, el Gran Zubiela de mi novela. Muy tempranamente, creo recordar, cayó en mis manos 'Lo siniestro', el ensayo que el fundador del psicoanálisis le dedicó a 'El hombre de arena', de Hoffmann, del que más tarde leí decenas de relatos…
En cuanto a 'El hombre de arena', puede decirse que 'Una lección de abismo' se debe a este relato no sólo por su contenido, al contar una historia en la que un fantasma erótico es al mismo tiempo un fantasma real (un fantasma literario, un personaje real), sino también por su forma, que es la de una narración epistolar. De modo que si algún día alguien demuestra que 'Una lección de abismo' es la primera novela epistolar escrita en Colombia -ojalá no me surja un competidor-, detrás de ese hecho están las lecturas de Freud y de Hoffmann…
Por otro lado, de este último parte mi interés por el romanticismo alemán y el romanticismo en general (movimiento en el que, como es sabido, hay una recuperación de la literatura gótica), y también por una serie de elementos que también se hallan presentes en 'Una lección de abismo', como la ópera, un género también de inspiración romántica… y hasta la pintura (básicamente por Fussly y sus cuadros pesadillescos, y el retrato titulado 'Kate la loca' que quiero que figure siempre en la portada, porque esa novela empieza en su portada). De modo que cuando hoy los estudiantes de literatura descubren esa línea de influencia no hacen más que ir en el camino correcto, a diferencia de los que, sin conocer esas fuentes, y despreciándolas, como si en los estudios literarios no fuera importante conocer las fuentes de un autor o de una corriente, condenan a un autor por haber sido diferente, so pretexto que quiere hacerse el interesante, como se ha escrito de mí al aplicarme esa categoría de 'distinción' heredada de ese mal sociólogo y peor crítico literario llamado Pierre Bourdieu… Yo no he querido ser distinguido, he tenido simplemente la desgracia de haber nacido en el siglo XX, el siglo de Freud, y haber levantado la cabeza para mirar en mi derredor. Y, claro está, cuando uno levanta la cabeza para mirar en derredor, uno ve en función de lo que tiene en la cabeza: si uno no tiene nada, ve solo piedras y desierto, pero si uno tiene a Freud puede ver muchas cosas: esa es talvez la diferencia entre ser un escritor diferente o ser un escritor repetitivo…".
Rosita Catalina Isaza Cantor, profesional colombiana en Estudios Literarios, coincide con este análisis y señala: "En el alma gótica no hay armonía. En ella el mundo interior y el mundo exterior permanecen inconciliados". Ve la estructura epistolar como ingrediente del suspenso, y al sueño o alucinación que devienen en pesadilla como tránsito a la inmensidad del yo, "escenario principal". En esa atmósfera neblinosa irrumpe un vampirismo reelaborado. En este contexto, el co-protagonista, Jasmin, expresa:
"Anoche soñé que seguía a una hermosa muchacha de aspecto salvaje hasta lo profundo del bosque, era noche de luna llena. Al llegar a una especie de calvero, ella se descalzaba, se desnudaba y se ponía a bailar. Luego entraba en una especie de trance frenético, corría hasta un gruesísimo árbol, lo abrazaba y lo besaba apasionadamente, terminando por rodearlo con sus piernas mientras, mirando hacia el cielo, aullaba a la luna como una loba en celo… Al verla sentía miedo, pero también una excitación imposible de definir. ¡Ah, si ese sueño anunciase algo nuevo en mi vida…!"
París, infierno y paraíso
El sueño de ir París para ser alumno de Roland Barthes, ese "ritual viaje iniciático" de Severo Sarduy, Córtazar, Vargas Llosa, Tulio Bayer, Julio Ramón Ribeyro, Héctor Bianciotti... lo realizó Ricardo Cano en 1968. Allá nació su más reciente novela "La puerta del infierno" (Igitur, 2011).
La "ciudad luz" lo vio dormir en los bancos de sus parques: "París la puedes surcar geográficamente, pero la puedes recorrer también hacia abajo, en sus subsuelos y catacumbas, y es ahí -pienso- donde uno adquiere una conciencia más punzante de la condición humana". Cano ha revelado que en "La puerta del infierno", Madame de Grégoire es su amiga de París, Victoria de Silva, y el Gran Zubiela, nadie menos que Estanislao Zuleta.
He aquí un fragmento de "La Puerta del Infierno":
"… Ugliano -reflexionó- nunca hubiera sido capaz de tanta erudición; además, por esa época su especialidad era la dialéctica de las réplicas y contrarréplicas, que se daba especialmente en la improvisación, como ocurría en aquellos cursillos de filosofía en los que uno ponía por ejemplo una tesis de Feuerbach, y otro al que el cerebro se le iluminaba en ese sacrosanto lugar la glosaba. Fue así como, en el mes de noviembre de mil novecientos sesenta y seis, al final de una tensa y luminosa disertación sobre la 'Crisis de la razón dialéctica' de Sartre, alguien que luego no fue difícil de identificar hizo sonar un nombre nuevo en una rara secuencia de palabras: "Sartre tiene los días contados, ya llegó Althusser...".
La presencia literaria de hombres como Ricardo Cano Gaviria es una permanente "Lección de abismo", siempre tendrá mundos insondables para los cenáculos culturales y corrientes de moda. Es el artista que se resiste a todas las muertes, incluyendo el olvido: "A lo que en realidad me estoy resistiendo es a que mi muerte literaria ocurra en un callejón oscuro y no en la plaza pública, con todos los requisitos marcados por la ley; es decir, que si he de ser eliminado por alguien como ella, quiero para mí un fusilamiento en regla y no un vulgar homicidio".
 

Ocioso lector


“Esperando a Garibaldi”
“Tengo en mi estudio un retrato de Garibaldi. Está en un sitio prominente, que sin embargo no le asegura ningún protagonismo, pues la pared que el sol ilumina a una hora del atardecer se lo traga, salvo en aquellos días, como hoy, en que una luz especial, o un apremio innombrable, trae al ángel de la melancolía hasta mi estudio. (…)
“No podía de ningún modo suponer mi tío abuelo al dibujar a Garibaldi que, más de un siglo después, el espíritu de los disgregadores, por la fuerza de las armas, volvería a manifestarse en Colombia frente al de los defensores oficiales de la unidad, corroídos secretamente por una división entre sus palabras y sus intereses, e incapaces de poner éstos a la altura de aquéllas. Ni tampoco que los liberadores del pueblo volverían convertidos en mercaderes de niños y extorsionistas, y se reclamarían las ideas de Bolívar para justificar el ajusticiamiento de la gente humilde por la cual dicen luchar, pues ésta ha llegado a adquirir para ellos el mismo valor que hace tanto tiempo tiene para una oligarquía estúpida y miope: carne humana medible y cuantificable, a la que, mediante la sangre y el terror, se puede exterminar o manipular a voluntad.
Esa carne humana, que hoy circula por las más apartadas veredas colombianas bajo la forma de trémulos campesinos, es una de las más desamparadas del mundo, en cuyo mercado de valores ha alcanzado el precio más bajo. Sorprendida entre dos fuegos, como siempre lo ha estado, esa carne sabe que nada ha mejorado desde los tiempos en que era reclutada a la fuerza para alimentar el Moloch de las guerras civiles que diseñaban los cachacos en sus confortables haciendas bogotanas, pues hoy no es más que la materia prima con la que quienes dicen negociar su justicia y libertad se extorsionan unos a otros, como si de un moderno comercio de esclavos se tratara. Pues poca diferencia hay entre el antiguo tráfico de esclavos y el moderno tráfico de muertos que se ha instaurado en Colombia; los barcos negreros que antes atravesaban el océano cargados de seres moribundos, tan parecidos a aquellos voluntarios de las guerras civiles colombianas, a los que la recluta secuestraba y llevaba atados hasta los cuarteles, han sido reemplazados por las piras de ejecutados inocentes con los que, una y otra vez, los asesinos uniformados se demuestran su capacidad de matar”.
(Extractos del ensayo “Esperando a Garibaldi”, de Ricardo Cano Gaviria. Versión completa en: www.periodicoelpulso.com)
 
¿Kómo ce dise?
Apóstrofe y apóstrofo
Son muy distintos los términos apóstrofe y apóstrofo, y solemos confundirlos. Apóstrofe es una figura retórica o literaria que consiste en dirigir la palabra vehementemente en segunda persona, a una o varias personas, presentes o ausentes, a seres abstractos o inanimados, incluso a sí mismo: “Y vosotros, rosal florecido, lebreles sin amo, luceros, crepúsculos” (Barba Jacob), “Si aprisionaros pudiera el verso, fantasmas grises cuando pasáis” (Silva), “¡División: armas a discreción, de frente, paso de vencedores!” (Córdova).
El apóstrofo es un signo ortográfico, especie de coma aérea o superior, que indica la elisión (carácter elíptico o tácito) de una o varias letras o cifras. Tiene varios usos: como escritura abreviada que reproduce el habla popular: pa´que, pa´ onde; para abreviaciones de nombres extranjeros: D´Aleman, D´Annunzio, O´Connell; para escribir razones sociales inglesas con el signo de posesión: Chapman´s, Gregory´s. Es incorrecto tomar este signo de posesión para nombres nuestros. ONG´S, lo correcto es las ONG. También incorrecto, para abreviar años: ´82 en vez de 1982 o simplemente Barcelona 82 o Barcelona-82.
 



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