DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 192 SEPTIEMBRE AÑO 2014    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 

Doctor Ricardo Restrepo Arbeláez, apóstol de la rehabilitación
Hernando Guzmán Paniagua Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Ricardo Restrepo Arbeláez es un médico que ha vivido para rehabilitar y para servir. Como cualquier niño, soñaba ser de grande una persona útil, ya fuera bombero, piloto o policía, y jugaba al doctor poniendo inyecciones con tunas de pencas. Entra a la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia -su Alma Máter-, así como el Hospital de San Vicente de Paúl es su “Alma Páter”. El doctor Díaz, uno de sus profesores, le aconseja ser pediatra. “No fui capaz de dedicarme a la pediatría -confiesa Restrepo-, me encantan los niños, pero me llenaba más la rehabilitación, mirar el ser humano integral, las disfunciones familiares y laborales de las que está lleno el país por falta de oportunidades, de frustraciones”. Añora el tiempo cuando no había ancianatos-reclusorios y alguien de la familia cuidaba a los padres, y cuestiona: “¿Cuántas enfermedades llamadas orgánicas, se deben a falta de adaptación a la familia, al trabajo, a la comunidad?”.
Comienza una vocación
De una familia con varios médicos, el doctor Ricardo reclama como herencia familiar su sensibilidad por lo social. Desde joven admiró la imagen del médico y pronto aprendió que ser médico es mucho más difícil que ser “doctor”. Con el libro “Rehabilitación” del doctor Rusk, pionero de esta disciplina en Norteamérica, aprendió a manejar su personalidad tipo A, “con cierta agresividad e inmediatismo en la toma de decisiones”, y asevera: “Con los años uno aprende que si no reflexiona tres veces, como ocurre a la mayoría de los cirujanos, comete errores, y el daño sólo lo recibe una persona: el paciente”.
Para destacar su excelsa labor en medicina y su contribución a importantes organizaciones, el Concejo de Medellín entregó la Orden al Mérito Don Juan del Corral, grado Oro, al médico Ricardo Restrepo Arbeláez, el 2 de mayo de 2014. La Corporación reconoció su brillante carrera en medicina y que en ejercicio de su capacidad profesional y liderazgo asumió importantes responsabilidades, entre las que sobresalen la de presidente de la junta directiva del Hospital Universitario San Vicente de Paúl, de Centros Especializados de San Vicente Fundación y del Comité Regional de Rehabilitación, miembro del Comité Departamental de la Cruz Roja y presidente de la Sociedad Colombiana de Medicina Física y Rehabilitación. Foto: Rodrigo Peláez
Y agrega: “Yo he sostenido que la terapia es educativa, no se debe prolongar sino hacer que el paciente la asuma, con adherencia al tratamiento; no hay que mirar la deficiencia sino el potencial de alguien para su reintegro social y laboral”. Al doctor Restrepo le encanta la palabra “perseveración”, mirar el lado positivo de todo, no especular con la “calidad de vida” en abstracto, sino lograrla con hechos, y dice: “A pesar de ser pobre y marginado, aún donde hay más discapacidad, es posible vivir y ser feliz”. Por esto, una vez declaró: “Me han dicho muchas veces que parezco más una trabajadora social”. El vicedecano de Medicina, Gonzalo Calle, lo puso a escoger el posgrado entre Méjico y Estados Unidos: 3 años estuvo en un instituto de la Universidad Autónoma de Méjico dedicado a discapacidad, por el parecido del país con el nuestro en lo socioeconómico.
El “Hospital Rehabilitador”
En esas, lo llaman del Hospital San Vicente, cuando hacían “rehabilitación” en los sótanos. El doctor Jaime Cano inició las terapias, se necesitaba un programa de rehabilitación en forma y en 1966 nombran coordinador del mismo a Ricardo Restrepo: “Entonces aprendí algo fundamental en la vida: buscar al que sabe; en rehabilitación se necesita saber de pediatría, neurología, quemados, trauma, enfermedades congénitas, deformidad, retardo mental, trastornos de comportamiento. Busqué a los sabios que ha tenido este Hospital: los doctores Jorge Holguín, Federico López, Ernesto Bustamante Zuleta, David Warren”. En 1968, con la ayuda de otro Restrepo, Jorge Emilio, decano de Medicina de la U. de Antioquia, creó el Departamento de Rehabilitación del Hospital San Vicente, con equipo interdisciplinario: trabajadora social, psicólogo, terapista ocupacional, fisiatra, ortesista, protesista, ortopedista, neurólogo, neurocirujano y psiquiatra.
En 1968, con la ayuda de otro Restrepo,
Jorge Emilio, decano de Medicina de la U. de Antioquia,
creó el Departamento de Rehabilitación del Hospital
San Vicente, con equipo interdisciplinario: trabajadora
social, psicólogo, terapista ocupacional, fisiatra,
ortecista, protecista, ortopedista, neurólogo,
neurocirujano y psiquiatra.
“Antes -explica- el médico tenía esa autoimagen de sabio, quien todo lo sabe y el trabajo interdisciplinario no era lo común, excepto las clínicas patológicas de la Facultad de Medicina, donde los patólogos llevaban la cátedra. Entonces, una persona con fractura múltiple tenía que contratar a una fisioterapeuta; en clínicas privadas, el ortopedista lo trataba y lo mandaba a una terapia sin una secuencia adecuada ni control, y prolongando tratamientos a veces, en lo cual prima el interés económico sobre el del paciente”. Así superó Restrepo la “cirugía a la turca”: amputar y no más. “Logramos vender la filosofía de la rehabilitación y el San Vicente se volvió con los años Hospital Rehabilitador. Antes, al amputado le decían que lo rehabilitaban por ponerle una prótesis, trataban una pierna y no una persona a quien le falta una pierna, que es muy distinto”, señala.
El Taller de Aparatos Ortopédicos, la bolsa de empleo con 129 empresas, microempresas de zapatería, panadería, talleres de reparación de electrodomésticos, etc., son hitos de la acción filantrópica del Comité Regional de Rehabilitación que fundó el doctor Restrepo en 1972 y que enfrentó la incomprensión social y gubernamental. Así pudo derrotar visiones como la de unos instructores del Sena que se resistían a apoyar el Comité, diciendo: “No vamos a trabajar con bobos, ni con locos ni con mancos”.
 
“La rehabilitación:
una actitud, una filosofía, una forma de vida”
“Ser doctor es muy fácil, cualquiera puede serlo, pero ser un buen médico, con esa visión humanista e integral de un ser humano que sufre y que nos necesita para rehabilitarse en todos los aspectos, es muy difícil”.
Dr. Ricardo Restrepo Arbeláez
Desde muy joven, el doctor Ricardo Restrepo Arbeláez fundamentó su existir en el mundo, alrededor de la rehabilitación: “Es una actitud y una filosofía, es una actitud del médico en su formación y que se genera dentro del núcleo familiar, dentro de la familia médica de la facultad de medicina y dentro de la especialidad misma, estableciendo la rehabilitación como la prioridad. La medicina física es fundamentalmente la atención a la persona que sufre una discapacidad y debe tener una visión holística de ese ser humano, en su aspecto físico, en lo mental, en lo sensorial y en lo espiritual como razón de vivir. La medicina de hoy es organicista y existencialista, porque restringe la atención a un síntoma o a un órgano, por lo que es necesario recalcar a las nuevas generaciones de médicos, que detrás de un síntoma y de un órgano está un
ser humano que piensa, que siente, que actúa, que socializa, y de ahí la necesidad de considerar todos los aspectos ante cualquier patología de tipo físico, mental o sensorial, para enfocar la reintegración social y laboral de toda persona en situación de discapacidad. Por eso ser doctor es muy fácil, cualquiera puede serlo, pero ser un buen médico, con esa visión humanista e integral de un ser humano que sufre y que nos necesita para rehabilitarse en todos los aspectos, es muy difícil”.
(Fragmento de “Dr. Ricardo Restrepo Arbeláez: una vida entera, por la vida. Un filósofo y gestor de la rehabilitación de las personas con discapacidad en Colombia”, entrevista de Olga Lucia Muñoz López, Medellín, octubre de 2011).
 
“Soy un apasionado
por el sector social”
Ricardo Restrepo Arbeláez nunca ha vivido de alcurnia, sino de servir a la gente, si bien su apellido es prolífico en calidad y cantidad, y se remonta al español López de Restrepo, tronco de la “Restrepería” de Antioquia y ancestro de Ñito Restrepo, del preclaro José Félix, de Carlos Lleras Restrepo, de los Nicanores…“Si se juntaran los Restrepos, no cabrían en ninguna plaza del país”, dice don Ricardo, pero rechaza la idea del pedigree porque para él no hay más sangre que la roja.
Y anota: “Cuando salgo a los pueblos, frecuentemente alguien me abraza y me dice: 'Doctor, usted me ayudó mucho, acuérdese, en el hogar San Luis que había en Robledo...”. Resalta la ayuda del Club Rotario al Comité de Rehabilitación, con más de 1.000 sillas de ruedas en Antioquia, y reitera su llamado en pro de la donación de sillas desbaratadas a cambio de sillas nuevas, con sentido de colaboración, no de paternalismo ni de limosna. En el libro de Roberto Gutiérrez, “Colombianos que cambian el mundo”, dice el doctor Restrepo: “Yo no me he creído inteligente nunca, sino cabeciduro. En estas cosas uno tiene que volverse un culebrero. A mí me llaman el Limosnero Mayor”.
Con las uñas empezó el trabajo que hoy avanza con modernas prótesis y órtesis: “Las órtesis metálicas, en ese tiempo la salvación para la poliomielitis, eran de duraluminio, lo obteníamos de aviones viejos en los aeropuertos. Luego se cambió a materiales plásticos, fibra de carbono, titanio, etc., muchos inaccesibles a gentes de escasos recursos y a las EPS”.
“La rehabilitación empieza en la cama”
Asevera el presidente de la junta directiva del Hospital Universitario de San Vicente Fundación: “Hoy el gran inconveniente son las EPS. Aquí y en muchos otros hospitales, alguien sufre una lesión, la EPS lo envía a otro lugar, donde menos cueste el tratamiento. Aquí la rehabilitación la empezamos en la cama, haciendo caso al doctor Rusk, para quien el proceso inicia cuando inicia la discapacidad”. Y refiere: “Recientemente se hizo la cirugía de un mielomeningocele en el útero, alteración anatómica en la columna vertebral que afecta las raíces nerviosas, con compromiso urinario y ginecológico, parálisis de miembros inferiores y a veces complicación con hidrocefalia. Esto es rehabilitación precoz para prevenir la discapacidad de una persona. También aprendí que no todo es trabajo, la reinserción social es vital. A muchos soldados que sufrieron amputaciones por minas antipersona les pregunto si se rehabilitaron, me dicen 'sí' y me muestran las prótesis. Yo les digo: 'Eso no es rehabilitación'. Temen perder la pensión, pero uno puede rehabilitar integralmente ese ser, con una fami-empresa en donde no pierda la pensión e incremente su ingreso. He tratado de presentar un proyecto nacional a las fuerzas armadas, porque legislación en este campo hay mucha, pero se cumple poco”.
La alegría de vivir
Afirma el doctor Ricardo: “Yo soy un apasionado por el sector social, no sé si filantropía es alimentar el ego, pero me gusta servir, siempre que me piden algo trato de hacerlo, y cuando sea justo y necesario”. Lo enorgullece su participación en el Consejo Superior de la U. de Antioquia en procelosos momentos, su viejo interés por la medicina deportiva que hubo de abandonar porque “había mucha manipulación, al deportista se le maltrataba por desconocimiento suyo y para que rindiera; si tenía una lesión de rodilla lo infiltraban y vaya juegue, en el deporte hay muchos intereses económicos por encima de la persona”.
Destaca su injerencia en Finsocial, fundación que redistribuía fondos de empresas privadas, orientada al crédito educativo: “Yo creo que uno en la vida tiene que llegar a estos 76 años muy satisfecho de lo que ha hecho; he tenido la oportunidad de estar en todos los sectores y de aprender de los demás. Uno en la vida, cuando da con lo que es, con lo que ama, con lo que persevera -a mí me tocó la medicina- se siente realizado”.
A las juventudes, aconseja: “Cuando no sepan algo, consúltenlo al que sabe, no crean que saben de todo. A mí el Hospital San Vicente me ha dado vida. Con mi familia paterna y materna, mi señora y mis hijos que afortunadamente han salido de lujo y con mis nietos, soy muy feliz, para mí tener nietos es volver a vivir. Miro hacia atrás y veo que la vida me dio todo lo que uno necesita, a veces me sobran cosas que ojalá pudiera repartir. Si repartiéramos cada uno lo que nos sobra, mermaría mucho la pobreza y la miseria”.
Para el veterano médico rehabilitador, “Colombia tiene un enfermedad social, una sociopatía tremenda. Vivimos estresados, deprimidos, angustiados. Día tras día, centenares de personas son mutiladas, afectadas sensorialmente y trastornadas mentalmente a causa de la violencia”. Tal es el telón de fondo en el escenario donde actúa una persona que nació para mitigar el dolor del prójimo.
 



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