MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 58   JULIO DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

En esta edición...

María Victoria Uribe "La sangre que canta como una gota solitaria"

Programas musicales de León de Greiff

El Remolino

Con motivo de la aparición de su libro “Matar, rematar y contramatar”, la Revista Cromos publicó esta maravillosa foto de Pablo Ramírez, Ux3.
María Victoria Uribe
“La
sangre que canta como
una gota solitaria”*

Ana C. Ochoa, Periodista elpulso@elhospital.org.co
Hay una pregunta que en todos estos años jamás me han hecho los periodistas y que me gustaría, al fin, que me la hicieran. Es: “Cómo está usted?” Esto lo contaba Duchamp a los 79 años, engarzado quizá entre los pegajosos signos de interrogación lanzados por algún untuoso periodista. La directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, María Victoria Uribe, sí que debe saber de preguntas irritantes y repetidas.
La investigadora de la antropología de la inhumanidad y la violencia; la historiadora, la arqueóloga, la pintora, la mujer del teatro y de la música…ella, a la que están entrevistando desde los 20 años, sí que debe saber lo que significa responder las mismas preguntas de los periodistas y no se entiende cómo no se altera cuando ve aparecer en el paisaje la peinada curva de un signo de interrogación, ay, con ese punto en la punta que hace que el preguntador, en ademán petrificado, haga siempre aquella pausa solemne. A ella la están entrevistando desde los 20 años por una circunstancia de la que no quiere acordarse. Y desde esa época, en la que decían que se parecía a irrefutables bellezas desmaquilladas como Mia Farrow “!que yo no me parezco a nadie, hombre!”- no le han dejado de preguntar por el mismo dato que a ella la exaspera, un dato que echa chispas entre las negruras de los párrafos. Un dato insolente como su belleza. Un dato andariego que también se nos metió a nosotros en la mochila y entonces, no aseguramos nada, tal vez se salga por un descosido y se despeñe inevitablemente, con todos sus cristales, unos párrafos más abajo. Pero, silencio. Silencio ya. Entra el rumor de este país por sus ventanas rotas.
Sobre antropología de la inhumanidad, saldrán un artículo suyo publicado por la Revista Public Culture de la Universidad de Chicago y un libro en Francia publicado por la editorial Calman Levy.
“Un grupo de indígenas marchaba hacia la Finca Capacete para reclamar un toro de la comunidad robado presuntamente por alguien de la Finca. El grupo fue interceptado por cerca de 100 hombres. Y varios de sus integrantes fueron asesinados.” En otro lugar, “las víctimas fueron sacadas de sus dormitorios y obligadas a tenderse boca abajo en el patio para ser acribilladas. Los cadáveres fueron hallados en un precipicio.” “En Samaná las víctimas fueron asesinadas mientras esperaban un cadáver”. Otro día las víctimas “fueron sacadas de un taller de mecánica donde trabajaban y halladas atadas de pies y manos, muertas cerca a la represa”.
“Enterrar y callar”, así llamaron María Victoria Uribe y Teófilo Vásquez su polémica investigación sobre las masacres ocurridas en Colombia entre 1980-1993. “Los códigos éticos que se manejan en Colombia no son católicos. Son profundamente paganos”, ha dicho María Victoria. “Con lo que tupe tapa”, dice el refrán. O “el que peca y reza empata”. “No hay culpa” a la hora de “matar, rematar y contramatar, como tituló ella otra de sus obras sobre la violencia, consideradas esenciales para comprender la historia contemporánea del país.
Sobresalen también investigaciones como “Limpiar la tierra. Guerra y poder entre esmeralderos” y otras actuales y de gran valor, que antes de mencionarlas merecen este preámbulo afectuoso: “María Victoria ha sido compañera en este camino intelectual, es una mujer maravillosa, brillante y muy estudiosa a la que respeto enormemente”, comenta María Teresa Uribe de Hincapié, la maestra e investigadora que ha marcado nuestra época con sus contribuciones fundamentales al estudio de la violencia en Colombia. “María Victoria se ha metido con lo más doloroso, con la compleja antropología de la muerte y de la violencia y con esa pregunta terrible: ¿Por qué nos matamos? Ella ha hecho una labor valiosa como investigadora y su impulso a la renovación de estas disciplinas de estudio desde el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, merece todo el reconocimiento.”
Hace ahora un estudio comparado de tres procesos insurgentes en Sri Lanka, Colombia e Irlanda del Norte.
Imagen a partir de una foto de Hernán Díaz. *Son numerosas las publicaciones de María Victoria Uribe ¿Escribe algo ahora?
Sí, quisiera mencionar tres publicaciones recientes. Sobre la antropología de la inhumanidad van a salir un artículo publicado por la Revista Public Culture de la Universidad de Chicago y un libro en Francia publicado por la editorial Calman Levy.
En ambos me ocupo de los procesos de animalización y deshumanización que circundan a las masacres tanto de la violencia como contemporáneas. Se trata de un análisis que podría ubicar en la frontera entre la antropología del cuerpo y el ritual y el psicoanálisis.
El otro tema que me ocupa actualmente es el de mi tesis de doctorado. Se trata de un estudio comparado de tres procesos insurgentes en Sri Lanka, Colombia e Irlanda del Norte. En él comparo las estructuras de oportunidades políticas que dieron origen a los Tamil Tigers de Sri Lanka, a las FARC de Colombia y al IRA de Irlanda del Norte. Se trata de un estudio muy particular dadas las características disímiles y complejas de los tres procesos de formación nacional.
Los primeros libros de María Victoria Uribe forman parte de otras búsquedas. Están por ejemplo su “Estatuaria del Macizo Colombiano” y otras investigaciones que se han vuelto referentes de estudio importantes. Pero de la arqueología de la cultura agustiniana, de los sarcófagos, de la Pendiente de Lavapatas, de Piedra Tajada o Monterredondo, de las regiones volcánicas y las rutas antiguas de San Juan de Santa Gertrudis o el Sabio Caldas…María Victoria Uribe pasó a los territorios de las masacres, donde también tantas teorías han derramado su sangre de corazón destartalado.
*Hace unos años en entrevista con Daniel Samper, usted dijo: “si no encuentro una función social me salgo de esto”. ¿La encontró?
Sí, la encontré en el momento en que dejé la arqueología y opté por estudiar sociedades vivas. A pesar de haber militado en la arqueología social liderada por el arqueólogo peruano Luis Guillermo Lumbreras, nunca le encontré el sentido social a esa ciencia. En cambio cuando se trabaja cara a cara con gente viva que puede controvertir las construcciones que uno como antropólogo hace, el asunto es a otro precio.

“No cambio nada por ver un Hamlet o un Macbeth en versión clásica o de vanguardia, me gustan Becket, Heiner Muller y el teatro contemporáneo en general.”

*Se habla de antropología y modernidad, de cambio en los objetos de estudio, en la mirada exotizante frente a lo indígena, etc. ¿Qué desafíos tiene la antropología hoy?
Durante los últimos diez años la antropología colombiana rompió los paradigmas con que venía trabajando desde la época de los pioneros. Se amplió el objeto de estudio que estuvo centrado en los indígenas para incorporar otras poblaciones, otros temas, otras miradas. La antropología hoy por hoy es una de las ciencias sociales más dinámicas y de ello dan testimonio la proliferación de carreras en el país, la creación de un doctorado en antropología por parte de la Universidad del Cauca y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia y la gran cantidad de publicaciones. Los desafíos son muchos pues la antropología debe seguirle el ritmo al país, analizar fenómenos nuevos como el desplazamiento forzado, las nuevas modalidades del poder, las transformaciones por las que atraviesan los movimientos sociales, etc.
* ¿Qué destacaría de la labor del Instituto Colombiano de Antropología e Historia que usted dirige?
En primer lugar el esfuerzo que hemos hecho investigadores y personal administrativo, por cualificar el nivel profesional y por potenciar la investigación. Los investigadores del ICANH tienen casi todos doctorado y los que no los tienen están en proceso de obtenerlo. Han logrado construir redes tanto nacionales como internacionales que vinculan al Instituto con instituciones prestigiosas y están embarcados en una dinámica de publicaciones ágil y pertinente. Otra cosa que vale la pena destacar es la pelea que hemos dado para convertir el patrimonio arqueológico en un tema nacional. Eso nos hace sentir orgullosos. Logramos inscribir el tema en el imaginario de los colombianos.
*¿Es satisfactoria la vida académica?
Creo que es muy estimulante cuando uno logra establecer interlocución con otras personas con quienes se comparten intereses. Eso en Colombia no es fácil. Somos una comunidad académica cerrada, aislada, llena de resquemores y prevenciones. Finalmente creo que la experiencia es solitaria y que uno ante eso tiene dos opciones: convertir ese semimonólogo en algo productivo o aislarse y llenarse de amarguras. Abundan los ejemplos para un lado y para el otro. Yo personalmente me considero afortunada pues considero que la vida académica me ha enriquecido y me ha hecho crecer.
*Además de estudiar antropología y hacer maestría en historia también estudió artes plásticas…
Justamente le decía en estos días a mi amigo Gonzalo Sánchez que sino fuera por el teatro, la música y la pintura, la vida no tendría sentido. En ese orden. Yo sigo dibujando, oigo música con una particular intensidad y considero que el teatro es el único espacio que le quedó al ser humano en el siglo XXI para seguir siendo humano. Cuando era más joven leía mucha poesía. En fin, si hubiera más tiempo.
“María Victoria ha sido compañera en este camino intelectual, es una mujer maravillosa, brillante, a la que respeto enormemente”, comenta María Teresa Uribe de Hincapié
¿Hace teatro?
Nunca, pero voy mucho a teatro. Mis dos mejores amigos son dos hermanos que hacen teatro y ha sido través de ellos que he podido vivir hasta muy adentro lo que es el teatro contemporáneo. No cambio nada por ver un Hamlet o un Macbeth en versión clásica o de vanguardia, me fascina Becket, Heiner Muller, el teatro contemporáneo en general. Creo que en Colombia hemos sido muy privilegiados por ser sede del Festival Iberoamericano de Teatro que ha traido a los mejores directores del mundo.
*Leí en alguna revista de su admiración por el menos editado pero, en opinión de algunos, el mejor de los poetas colombianos: Aurelio Arturo. ¿Está muy cerca de la literatura?
Aurelio Arturo es uno de los mejores poetas líricos, junto con Rilke y, por qué no, Rulfo. El libro de poemas de Arturo que más me gusta es Morada al Sur. Para mí Aurelio Arturo es la versión poética de Paul Klee, otro gran artista lírico. Juan Rulfo es alguien que me fascina, me inquieta profundamente. Leo Altazor de Huidobro con suma frecuencia, de hecho le hice algunas ilustraciones. Malraux, Pavese, Schob, Durrell (el cuarteto, no sus obras posteriores). No compro casi literatura porque es poco el tiempo que tengo para leer algo distinto a lo que debo leer para mis investigaciones, sin embargo, regreso siempre a los mismos libros. Lacan, Zizek, Dolto, por el lado del psicoanálisis. Tengo muchos libros sobre budismo zen y otra de mis pasiones es leer los koanes o adivinanzas con las cuales los maestros le quiebran la capacidad racional a sus alumnos.
*¿Es Colombia, como decía Fernando González, una 'tierra de gerentes'? Sí es posible ser hoy antropólogo en ejercicio o arqueólogo o historiador?
Cada vez es más dificil vivir en Colombia. Sea uno antropólogo, gerente, campesino, ama de casa o lo que sea. Vivir en Colombia es un permanente acto de supervivencia, a nivel físico y a nivel emocional.
El dato.
“María Victoria Uribe Alarcón, una atípica y bella reina de belleza”. Periódico El Tiempo (archivo).
 
“Admiro mucho el trabajo de ustedes en el Hospital Universitario San Vicente de Paúl”,
afirmó María Victoria Uribe.
“Es lo único que me hace poner colorada. Es un poco ridículo”, le confesó a Daniel Samper siendo ya una arqueóloga reconocida. El reinado aquel se volvió “el dato”, la curiosidad que llenó, en su momento, páginas de prensa sobre una bella rubia de cara lavada que multiplicaba las cosechas colombianas de adjetivos. Las descripciones caían por gajos: “tierna, simple, frágil, dura, con una especie de silencio doloroso detrás de todo lo que dice.” “Un misterio encarnado en la bellísima invención de su cuerpo, de sus movimientos, de su manera de cruzar las piernas, de su voz, de su corte de pelo” .(1).

¿Y sus medidas? Yo que voy a saber…y ni se le ocurra ponérmelas”, contestaba. “No crean en nada de lo que dicen de mí”. No soy de serenatas, anillito de perlas y “todas esas tonterías”. Y, mejor, se clavaba en la piscina y hablaba de su mamá que “no es una larva” porque “trabaja para ganarse la vida”, de un gran danés que le envenenó la “vieja loca que vivía enfrente”, de gatos perdidos, garrapatas, gusanos y de un caballo carmelita y joven, como ella. De un caballo que tenía el nombre que merecía su dueña: “Pólvora”. Han dicho siempre que María Victoria es explosiva y que algo fascinante, que ocurre muy adentro, dejan filtrar sus ojos. Los más dóciles lo han llamado inteligencia, “esa chispa que la providencia repartió con tan prudente mezquindad” (2). Algo tiembla más allá de la inteligencia. Los poetas lo dicen mejor, como ocurre con su leído Aurelio Arturo, que amaba cantar a “toda cosa loable bajo el cielo”, cantar a los cuatro vientos, a los caballos con soles en las ancas y al misterio de aquellas criaturas “en cuyo ojo líquido habita una centella”.
“Y oigo una voz que dice: Eres el potro más bello en tierras de tu padre.”(3)

(*)Morada al sur de Aurelio Arturo, uno de sus poetas preferidos.
1- Prebiografía de una reina, Alvaro Burgos
2- Alberto Lleras Camargo
3- Morada al sur, Aurelio Arturo

Ocioso lector
Programas musicales de León de Greiff
Canciones inspiradas en textos de Shakespeare, series radiales sobre Goethe y Beethoven, especiales sobre Mussorgsky… muchos y sorprendentes fueron los libretos que, de 1940 a 1961 aproximadamente, escribió León de Greiff para sus programas musicales semanales transmitidos por la Radiodifusora Nacional de Colombia, emisora que, por cierto, contribuyó a fundar el primero de febrero de 1940.
La Editorial Universidad de Antioquia publicó este excelente material en impecable edición, con la ayuda de un grupo de melómanos encabezados por el Doctor Darío Valencia Restrepo. Cuenta Hjalmar de Greiff en la presentación, que todas las obras programadas durante esos años estaban grabadas en los perhistóricos discos de 78 revoluciones por minuto (cada cara duraba unos 3). Había muchas dificultades en la consecución de los discos, entre otras cosas por la guerra, y no era posible conseguir en grabaciones, por ejemplo, las Sinfonías 3a,6a,7a,8a y 9a de Mahler. La gran Novena Sinfonía de Beethoven podía ser escuchada gracias a la versión dirigida por Jochum que tenía León de Greiff en su discoteca personal.

3 de las 16 obras de Bellas Artes robadas hace 23 años al Museo Nacional de Bellas Artes en Buenos Aires, fueron recuperadas en Francia. Ellas son: “Camino del recodo”, una acuarela de Cézanne; “Retrato de joven con cinta azul”, óleo de Renoir y “El grito”, grafito sobre tela de Gauguin.

100 años de nacimiento cumple la más original de las Ocampo, la enigmática escritora y traductora Silvina Ocampo, esposa de Adolfo Bioy Casares y hermana de Victoria, cuya obra se reedita ahora con una valoración que no tuvo en vida de la artista. Recomendada su poesía completa.

15 años lleva como profesora de literatura de la Universidad Central de la Florida, la sobrina del mayor intelectual mexicano: Alfonso Reyes. La escritora Marta del Río, publica ahora, con el Fondo de Cultura Económica, una esperada novela basada en episodios familiares llamada “La utopía de María”.

2 datos relacionados con el Caro y Cuervo: La biografía que pretendía escribir sobre Cuervo Fernando Vallejo y que ha causado gran entusiasmo, aunque parece ser un proyecto abandonado por el autor. Y la precaria situación del Instituto, que amenaza con su supervivencia. Mientras tanto, 4 investigaciones atractivas desarrolla el Departamento de Literatura Hispanoamericana del Instituto: Historia social de la literatura colombiana, El modernismo en Colombia, Estudio sobre la obra de Eduardo Caballero Calderón y Presencia de la mujer adolescente en la obra de Gabriel García Márquez.



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