MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 59   AGOSTO DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.

La cirugía de
las EPS públicas

Se les llegó el día al ISS, a Cajanal y a Caprecom. No obstante que las medidas que tomó el gobierno nacional con respecto de estas entidades corresponden a todo el paquete de reestructuración del sector público en el que está también el Invima, Ecopetrol y Fonprecon (Fondo del Congreso), lo de ellas sí se veía venir. La insatisfacción de los afiliados, miles de protestas de parte de los proveedores de servicios, el atraso en los pagos, el disgusto de los trabajadores a pesar de sus privilegios, entre otras muchas situaciones incómodas, llevaron a que ineludiblemente el gobierno procediera como lo hizo; además, con el aplauso de toda la ciudadanía y seguramente también del Fondo Monetario.
Estas entidades del sector salud quedaron ahora si encarriladas hacia su liquidación. Es cuestión de tiempo. Ya si se les puede leer su destino con alto grado de seguridad. ¿Por qué? Las cosas en el sector público son demasiado complicadas y llenas de trámites, papeles, plazos y dilaciones, y no tienen la agilidad del sector privado ni su dinamismo; por tanto, competir con él les ocasionará a estas empresas muchos dolores de cabeza y seguramente un progresivo rezago, lo cual les hará perder, final y definitivamente, su puesto en el escalafón y no habrá nada más que hacer. Esto, cuando suceda, llevará a una recomposición del mercado de la salud con una preeminencia absoluta del sector privado. Es una privatización sin querer queriendo.
En el contexto de lo privado, las siete Empresas Sociales del Estado en que quedan convertidas las clínicas del ISS, poco tendrán que hacer. Ojalá que esto no resulte así, pues es bueno que no todo sea privado, y además, que se conserven las fuentes de trabajo. Pero si no se modifica el manejo de lo público, la pelea por el mercado será en poco tiempo asunto resuelto a favor del sector privado.
No sólo por este lado nos parece que el ISS tiene sus días contados. La desarticulación de sus negocios es en sí misma y ni más ni menos, el inicio del desapego que la entidad y el mismo gobierno tiene por su campo de la salud, y este es otro argumento en contra de su supervivencia y premonitorio de su destino. El tema de la salud, complicado y competido, y difícil y desagradecido como negocio, pasará a un segundo lugar ante lo trascendente y comprometedor del asunto de pensiones, y lo lucrativo del negocio de riesgos profesionales. Porque lo de pensiones tiene una importancia inmensa: de un lado, por lo sensible que es el tema, y de otro, porque no hace mucho se le juró al país que allí no sucedía nada, absolutamente nada, incluso se trajeron testigos desde Ginebra y se comprometió el nombre de la OIT y todos, propios y extraños, levantaron la mano derecha para asegurar que lo que se comentaba en cuanto a su fragilidad eran cuentos. Es realmente inexplicable como se tratan asuntos tan delicados en el país, y por supuesto, para cualquiera o para todos, no es posible entender lo que hoy se nos dice en el sentido de que en breve no habrá con que cumplir con los pensionados del ISS. Además, es inaceptable que las cuentas en temas tan importantes se hagan con lápiz y borrador, y se enmienden cuantas veces sea necesario. Por ello, resulta ahora que hay que poner un impuesto a las pensiones. ¿Qué nos pasa, qué nos pasa?
Regresando al tema de salud, la propuesta de aceptar capital privado para Cajanal es osada, y hasta simpática. Sobre ella habría mucho que decir, pero todo lo que se diga se cae por obvio y elemental, por su propio peso. Hace poco las clínicas y hospitales capitalizaron a Unimec, y finalmente unos y otros tuvieron que concurrir en su liquidación. Ahí perderán todos mucho dinero. Hacer esto otra vez no es posible. Nadie tiene dinero para perder y volver a perder y para que al final, sólo quede la sensación de engaño, mientras los organismos de control y el mismo Ministerio, advertidos como los que más, se hacían los de la vista gorda.
Lo de Cajanal y Caprecom no son sorpresas para nadie. Lo que sí sorprende y mucho, es la frescura de las entidades que tienen el deber de intervenir y ni siquiera miran. Esa burocracia sí es costosa y retardataria de los procesos de desarrollo y progreso, y a esa si que se le debería mirar con atención y hacerle de una vez una cirugía mayor.
Para cuando les llegue la hora de liquidación a todas estas entidades de salud a que nos estamos refiriendo, es bueno que se tenga pensado donde irán los cientos de ancianos y todos los enfermos crónicos y los graves y delicados que ellas manejan. Los mismos a quienes todas las otras empresas (EPS) les sacan el cuerpo, porque no son rentables. No olvidemos que estamos en el negocio de la salud.
La privatización a ultranza no es aceptable, pero tampoco lo es el desgreño, el mal manejo y la corrupción. Lo que está sucediendo en el sector, se veía venir. Ahora resta que quienes tienen la responsabilidad de poner estas empresas en el punto que todos deseamos, lo hagan, por el bien de los pacientes, del sistema y de todos sus trabajadores.
 




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