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La
cirugía de
las EPS públicas
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Se les llegó
el día al ISS, a Cajanal y a Caprecom. No obstante
que las medidas que tomó el gobierno nacional con respecto
de estas entidades corresponden a todo el paquete de reestructuración
del sector público en el que está también
el Invima, Ecopetrol y Fonprecon (Fondo del Congreso), lo
de ellas sí se veía venir. La insatisfacción
de los afiliados, miles de protestas de parte de los proveedores
de servicios, el atraso en los pagos, el disgusto de los trabajadores
a pesar de sus privilegios, entre otras muchas situaciones
incómodas, llevaron a que ineludiblemente el gobierno
procediera como lo hizo; además, con el aplauso de
toda la ciudadanía y seguramente también del
Fondo Monetario.
Estas entidades del sector salud quedaron ahora si encarriladas
hacia su liquidación. Es cuestión de tiempo.
Ya si se les puede leer su destino con alto grado de seguridad.
¿Por qué? Las cosas en el sector público
son demasiado complicadas y llenas de trámites, papeles,
plazos y dilaciones, y no tienen la agilidad del sector privado
ni su dinamismo; por tanto, competir con él les ocasionará
a estas empresas muchos dolores de cabeza y seguramente un
progresivo rezago, lo cual les hará perder, final y
definitivamente, su puesto en el escalafón y no habrá
nada más que hacer. Esto, cuando suceda, llevará
a una recomposición del mercado de la salud con una
preeminencia absoluta del sector privado. Es una privatización
sin querer queriendo.
En el contexto de lo privado, las siete Empresas Sociales
del Estado en que quedan convertidas las clínicas del
ISS, poco tendrán que hacer. Ojalá que esto
no resulte así, pues es bueno que no todo sea privado,
y además, que se conserven las fuentes de trabajo.
Pero si no se modifica el manejo de lo público, la
pelea por el mercado será en poco tiempo asunto resuelto
a favor del sector privado.
No sólo por este lado nos parece que el ISS tiene sus
días contados. La desarticulación de sus negocios
es en sí misma y ni más ni menos, el inicio
del desapego que la entidad y el mismo gobierno tiene por
su campo de la salud, y este es otro argumento en contra de
su supervivencia y premonitorio de su destino. El tema de
la salud, complicado y competido, y difícil y desagradecido
como negocio, pasará a un segundo lugar ante lo trascendente
y comprometedor del asunto de pensiones, y lo lucrativo del
negocio de riesgos profesionales. Porque lo de pensiones tiene
una importancia inmensa: de un lado, por lo sensible que es
el tema, y de otro, porque no hace mucho se le juró
al país que allí no sucedía nada, absolutamente
nada, incluso se trajeron testigos desde Ginebra y se comprometió
el nombre de la OIT y todos, propios y extraños, levantaron
la mano derecha para asegurar que lo que se comentaba en cuanto
a su fragilidad eran cuentos. Es realmente inexplicable como
se tratan asuntos tan delicados en el país, y por supuesto,
para cualquiera o para todos, no es posible entender lo que
hoy se nos dice en el sentido de que en breve no habrá
con que cumplir con los pensionados del ISS. Además,
es inaceptable que las cuentas en temas tan importantes se
hagan con lápiz y borrador, y se enmienden cuantas
veces sea necesario. Por ello, resulta ahora que hay que poner
un impuesto a las pensiones. ¿Qué nos pasa,
qué nos pasa?
Regresando al tema de salud, la propuesta de aceptar capital
privado para Cajanal es osada, y hasta simpática. Sobre
ella habría mucho que decir, pero todo lo que se diga
se cae por obvio y elemental, por su propio peso. Hace poco
las clínicas y hospitales capitalizaron a Unimec, y
finalmente unos y otros tuvieron que concurrir en su liquidación.
Ahí perderán todos mucho dinero. Hacer esto
otra vez no es posible. Nadie tiene dinero para perder y volver
a perder y para que al final, sólo quede la sensación
de engaño, mientras los organismos de control y el
mismo Ministerio, advertidos como los que más, se hacían
los de la vista gorda.
Lo de Cajanal y Caprecom no son sorpresas para nadie. Lo que
sí sorprende y mucho, es la frescura de las entidades
que tienen el deber de intervenir y ni siquiera miran. Esa
burocracia sí es costosa y retardataria de los procesos
de desarrollo y progreso, y a esa si que se le debería
mirar con atención y hacerle de una vez una cirugía
mayor.
Para cuando les llegue la hora de liquidación a todas
estas entidades de salud a que nos estamos refiriendo, es
bueno que se tenga pensado donde irán los cientos de
ancianos y todos los enfermos crónicos y los graves
y delicados que ellas manejan. Los mismos a quienes todas
las otras empresas (EPS) les sacan el cuerpo, porque no son
rentables. No olvidemos que estamos en el negocio de la salud.
La privatización a ultranza no es aceptable, pero tampoco
lo es el desgreño, el mal manejo y la corrupción.
Lo que está sucediendo en el sector, se veía
venir. Ahora resta que quienes tienen la responsabilidad de
poner estas empresas en el punto que todos deseamos, lo hagan,
por el bien de los pacientes, del sistema y de todos sus trabajadores. |
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