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Vieco
Ortiz,
la familia del arte que nació
en una carpintería de Yolombó
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista elpulso@elhospital.org.co
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Don Raphael y Don
Francisco Vieco, dos ciudadanos españoles que llegaron
a Colombia a fines del siglo XVIII, jamás imaginaron
que serían los patriarcas de la mayor dinastía
artística del país, que se confunde con la misma
historia del arte en Colombia y es paradigma del quehacer
espiritual como vocación de familia. En el frondosísimo
árbol genealógico de la familia Vieco Ortiz,
desde el viejo Raphael Joseph Vieco de fines del siglo XVIII
hasta los niños y niñas que estudian hoy en
los semilleros de música y pintura en Medellín,
difícilmente hay un Vieco que no tenga algo que ver
con el arte o la cultura.
Hablar del patriarca de la familia, el maestro Camilo Vieco,
es remontarse a la llegada de uno de los ancestros ibéricos,
Raphael Joseph Vieco, quien figura en 1772 como alcalde del
pequeño villorrio de San Martín de Cancán,
jurisdicción de Nuestra Señora de Remedios,
nordeste antioqueño, como lo documenta el historiador
Carlos Gómez Botero. Raphael contrajo matrimonio con
Marina Escobar Guerra, en tanto que su hermano Francisco Vieco,
casado con María Josefa Gaviria Gallón, sentaba
sus reales en la costa atlántica.
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El tratadista Felipe
Santiago Paz Rey refiere que esos finales del siglo XVIII
están marcados por el auge del cimarronismo, las sublevaciones
de esclavos que generan la desaparición de varios poblados.
Entre ellos estaban San Bartolomé de Buenavista y San
Martín de Cancán en Nuestra Señora de
Remedios. Su declinación provocó el traslado
de los Vieco a Yolombó, solar nativo o patria ancestral
de la casa Vieco Ortiz. Allá en las breñas yolombinas,
geografía ubérrima por donde discurren la marquesa
de Yolombó y otros personajes de don Tomás Carrasquilla,
con sus legiones de esclavos y sus títulos nobiliarios,
figura un señor Teodoro Vieco, desposado con una negra
liberta. Allá, en ese ámbito donde se confunden
de manera prodigiosa la tradición minera, el arte religioso
y la herencia de los plateros, orfebres y talladores de España,
aparecen los Viecos, una dinastía con tantas ramificaciones
como las doce tribus de Israel.
De Yolombó se riega la simiente de los Viecos por todo
Antioquia y sobre todo en Medellín donde se estableció
don Pablo Emigdio Vieco. Él había casado con
doña Dolores Arrubla y son ellos los padres del gran
patriarca Camilo Antonio Vieco Arrubla, el tronco del cual
se desprenden los nueve hijos que escribieron páginas
inmortales de las bellas artes en Colombia.

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El intelectual antioqueño
Juan Luis Mejía Arango, dice con razón que los
Vieco Ortiz nacieron en una carpintería, quizás
el oficio más noble. Basta saber que Elías y
Alejo Vieco Arrubla, hermanos del viejo Camilo, eran carpinteros
y talladores insignes, además de músicos y compositores.
Alejo y Camilo ornamentaron el altar de la iglesia de Santa
Gertrudis en Envigado.
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El pentagrama nacional
es inconcebible
sin las más de dos mil obras musicales de
Carlos Vieco Ortiz, figura cimera de esta familia artística.
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De Elías Vieco,
reconocido fundador del antiguo Museo de Zea (hoy Museo de
Antioquia), se conocen partituras de canciones populares,
en la más culta notación, con letras en varios
idiomas y perfecta caligrafía. Las serenatas que llevó
y su temperamento artístico le valieron a Camilo el
amor de Teresa Ortiz, de cuyo matrimonio nacieron los nueve
grandes artistas, a saber: Luis Eduardo, Bernardo, Carlos,
Roberto, Alfonso, Gabriel, Tulia, Eugenia y Sofía.
Quiénes son
La pléyade artística
que representa la familia Vieco Ortiz ha enriquecido de manera
sinigual la historia del arte colombiano. El patriarca Camilo
Antonio Vieco, quien vivió 105 años, poseyó
la triple maestría de músico, pintor y escultor,
savia vital que irriga el talento múltiple de sus descendientes.
Al lado están sus hermanos Elías y Alejo, y
de ahí en adelante vienen la interminable progenie
de los Vieco Ortiz, las dos ramas Marín Vieco y múltiples
combinaciones de sus vástagos.
Cada uno de los nueve hijos de Camilo Antonio Vieco, a su
vez troncos de otras familias igualmente talentosas, desarrolló
habilidades especiales, además de la música
que fue el talento común. Luis Eduardo Vieco Ortiz,
el primogénito, nacido el 25 de septiembre de 1882,
discípulo de Francisco Antonio Cano y compañero
de Humberto Chávez, fue pintor especialmente a la acuarela,
notable flautista, caricaturista, geógrafo y autor
de una propuesta de pénsum para el naciente instituto
de Bellas Artes. Bernardo, además de guitarrista, fue
uno de los grandes escultores de Antioquia.
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Al elevar a la categoría
de arte la decoración arquitectónica, aportó
a la modernidad en la primera mitad del siglo XX. Se lo reconoce
además como pionero de la fundición, a raíz
de sus estudios en París, adonde viajó con la
plata ganada en una rifa. Bernardo propuso la utilización
de modelos desnudas, cosa que le acarreó, además
del cierre de Bellas Artes, la oposición de las damas
medellinenses, incluso de su esposa quien manifestaba entonces:
¿Cómo aceptar eso? Y con Bernardo tan
buen mozo, ¡mucho menos!. Carlos Vieco Ortiz es
la figura cimera de la dinastía, músico colombiano
del siglo XX, compositor prolífico, intérprete
virtuoso, pedagogo ejemplar, su genio merece mención
aparte. Roberto, notable clarinetista, fue el primer director
de la banda departamental. Alfonso se destacó como
brillante violonchelista, profesor del Instituto de Bellas
Artes y además luthier, lo mismo que Gabriel que fue
un excelente violinista.
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Las tres hijas mujeres
de la familia Vieco Ortiz tuvieron iguales dosis de talento,
no así las oportunidades y los espacios para desarrollarlo.
Tulia Vico Ortiz fue cantante, compositora y guitarrista;
es la madre de Alberto Marín Vieco, artista aquilatado
y cabeza de una de las connotadas familias Marín Vieco
que siguen dejando huella en el arte nacional. Eugenia poseyó
las habilidades de cantante, calígrafa, pianista, tiplista
y artesana de los rollos de pianola. Sofía por su parte
administró los almacenes de música de sus hermanos.
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Bernardo Vieco Ortiz propuso la utilización de
modelos desnudas para la escultura, cosa que
acarreó el cierre de Bellas Artes y la
oposición de las damas medellinenses,
incluyendo a su esposa.
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Carlos Vieco Ortiz,
el más grande
Carlos Vieco nació el
14 de febrero de 1900, según la partida de bautismo
asentada en la Ermita de la Veracruz. Nació con el
siglo XX, del cual fue el músico más importante
en Colombia. Su pro-ducción comprende más de
dos mil obras que abarcan diversos géneros, la mayoría
de ellos de la música andina colombiana, pero también
incluyen la zarzuela Romance Esclavo, fantasías,
romanzas, himnos, marchas y una veintena de villancicos.Además
de su formación autodidáctica en tiple y guitarra,
sus primeras lecciones las recibió de los maestros
Gonzalo Vidal en solfeo y armonía, Jesús Arriola
en piano y Eusebio Ochoa (padre de Héctor Ochoa) en
contrabajo, estudios que ayudó a sostenerse trabajando
en el taller de la familia, reparando pianolas y fabricando
rollos para los mismos instrumentos.
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En forma casi heroica,
Carlos Vieco se escondió para escapar al servicio militar
y de esta aventura nació su primera obra, el pasillo
instrumental Echen P´al Morro. La primera
letra que musicalizó fue Invierno y Primavera
del poeta Carlos Villafañe, y su primera grabación
el pasillo Triste y Lejano, con letra de Enrique
Álvarez. Sus obras alcanzaron gran fama y merecieron
versiones de prestigiosos cantantes nacionales y extranjeros,
entre ellos el doctor Alfonso Ortiz Tirado, quien aprendió
sus canciones Hacia el Calvario, Plegaria
y Sed en el taller que tenía su hermano
Alfonso en el sector de Tejelo, Juan Arvizu (La Ultima
Carta), Carlos Mejía (Al Calor de tu Afecto,
Tierra Labrantía, Ruego, Honda
Pena), Juan Pulido (Invierno y Primavera,
Las Noches de Agua de Dios), Sarita Herrera (Cultivando
Rosas), Agustín Magaldi (En la Calle
y Son de Campanas), José Moriche, Moriche
y Utrera, Luis Alvarez, etc.
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El amor por la música
convirtió su labor pedagógica en apostolado
y muestra de ello es la formación musical impartida
en colegios, universidades e institutos, lo mismo que la creación
y dirección de coros y otras agrupaciones. Todos sus
hijos lo recuerdan como un hombre sencillo, callado y pegado
al piano. Julián decía que el lenguaje de su
padre era el piano.
La huella continúa
Las dos ramas Marín
Vieco de esta dinastía cultural tienen también
honda significación en la historia de Antioquia y Colombia.
Tulia Vieco Ortiz, una de las hijas del patricio Camilo Vieco,
es la madre de Alberto Marín Vieco, insigne violenchelista
y cofundador de la desaparecida Orquesta Sinfónica
de Antioquia. Este maestro casó con Magdalena Vieco
y sus hijos son Norela MarínVieco, cantante, gestora
cultural y directora del Teatro Pablo Tobón Uribe hace
18 años; Alvaro Marín Vieco, pintor abstraccionista,
ganador de la Bienal de Méjico en 1980, de dos salas
regionales de Colcultura y representante de Colombia en las
Bienales de Sao Paulo y La Habana. Otro artista importante
de esta familia es Hernando Marín Vieco, chelista de
la Orquesta Sinfónica de Antioquia y de la Filarmónica
de Medellín y percusionista de la banda de la Universidad
de Antioquia.
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En ese ámbito donde se confunden
la marquesa
de Yolombó, la tradición minera, el
arte religioso y
la herencia de plateros, orfebres y talladores de madera,
aparecen los Viecos, una dinastía con tantas
ramificaciones
como las doce tribus de Israel.
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Hermano de Alberto,
el maestro Jorge Marín Vieco es llamado con razón
el poeta del bronce y su nombre se inmortalizó, incluso
por el famosísimo porro Salsipuedes de
Lucho Bermúdez. Así se llama la hermosa casa
museo a la cual era fácil entrar pero de la cual era
muy difícil salir, sitio visitado por Pablo Neruda,
Manolete y muchos otros personajes foráneos, por León
De Greiff, Efe Gómez y otros pánidas. Gonzalo
Arango, Manuel Mejía Vallejo y toda la intelectualidad
de la época que disfrutaba de interminables tertulias.
Allá estuvo Horacio Longas, quien alentó a Marín
Vieco al ejercicio de la escultura. Inicialmente músico,
Jorge fue intérprete pionero del saxofón en
Medellín. Su producción escultórica comprende
130 obras cinceladas en diez años de dedicación
completa.
Muchísimos otros artistas engalanan esta floración
perenne de los Viecos. Sobresalen Raúl Vieco Sánchez,
hijo de Luis Eduardo Vieco Ortiz y Sofía Sánchez,
gran violinista, y padre de dos importantes artistas: Gloria
Vieco, fundadora de la Orquesta Filarmónica de Medellín,
integrante de cuartetos de cuerdas, profesora de Bellas Artes
y la pintora Olga Vieco. María Victoria Romero Vieco
ganó los festivales Mono Núñez
y Antioquia le Canta a Colombia en la modalidad
de obras inéditas. María Teresa Vieco Guillén
es una magnífica pintora minimalista radicada en París.
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Los acuarelistas Javier
Mario Vieco Zapata y Cristina Vieco Cadavid; la pianista,
gestora cultural y directora de coros infantiles María
Eugenia Vieco; María Victoria Vieco Cadavid, restauradora
del Puente del Común en Bogotá y el pintor Germán
Vieco honran también esta estirpe, lo mismo que una
interminable lista de artistas de diversa índole, intelectuales
y profesionales de todas las ramas del saber. Otto Morales
Benítez expresa: Es una familia que está
presente por todos los lados en la historia del arte y la
cultura. La museóloga e investigadora Lucrecia
Piedrahita señala: Lo más admirable de
la familia Vieco es su dedicación al mantenimiento
del buen arte. El folclorólogo Jesús Mejía
Ossa resalta la sencillez de los ancestros, los Vieco de Yolombó,
que a partir de su condición campesina cimentaron la
grandeza del arte antioqueño.
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Obras emblemáticas
Emblemática es toda
la obra del maestro Carlos Vieco Ortiz, el menor de los hombres
de la familia y el mayor de los artistas. El pentagrama nacional
es inconcebible sin sus más de dos mil composiciones
musicales, ganador de innumerables condecoraciones y distinciones.
El concurso de composición del Departamento de Antioquia,
uno de los más prestigiosos de Colombia, lleva el nombre
de Carlos Vieco Ortiz.
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Representativas de nuestra
plástica son las acuarelas de Luis Eduardo Vieco Ortiz,
entre ellas las del teatro Junín, el cementerio de
San Lorenzo y otras imágenes del viejo Medellín,
Cartagena y otras pinturas en las cuales combinó la
naturaleza con la figura humana y con el entorno citadino,
involucró la arquitectura con el paisaje. No menos
artísticos resultan sus caricaturas y los dibujos publicitarios
para la Pomada Peña, Café
Saturno, Limonada Cristal y Librería
La Pluma de Oro, entre otras razones sociales.
De Bernardo Vieco Ortiz son emblemáticas las estatuas
y bustos de Santander en Bogotá y en la plazuela de
San Ignacio de Medellín, el Monumento del Parque del
Obrero, La Piedad y otras esculturas funerarias
del cementerio de San Pedro y muchas pinturas, entre otras
obras.
De Jorge Marín Vieco son proverbiales su Cristo
de la Paz en el jardín cementerio Campos de Paz,
el Juan del Corral en Santa Fe de Antioquia y sus esculturas
de Simón Bolívar y Rafael Uribe Uribe, para
mencionar solo unos ejemplos. En fin, en cualquier recodo
del largo camino recorrido por los Viecos hay una obra de
arte.
Uno no sabe dónde hay más calidad, más
grandeza artística, más poesía y ternura:
si en las magistrales acuarelas de Luis Eduardo Vieco, en
los evocadores pasillos Adiós Casita Blanca,
Tierra Labrantía y Tierra Buena,
en el gracioso Patasdilo, en el apasionado Al
Calor de tu Afecto, en la calidez y nobleza de la finca
Salsipuedes del maestro Jorge Marín Vieco,
en su Cristo de la
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Paz, en La
Piedad de Bernardo Vieco, en la noble ornamentación
de las mansiones que sobreviven en Prado y en la zona céntrica
de Medellín, o en la dulcedumbre de un ama de casa
como doña Clara Inés Vieco Cadavid. Encima de
todo, tan unidos han sido los Vieco Ortiz, que algunas de
las mujeres sabían hasta los nombres de las amigas
que frecuentaban sus hermanos en el barrio Lovaina, para rematar
la bohemia como buenos serenateros.
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Del Árbol, la Semilla
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Este articulo se basa fundamentalmente en
la investigación y el documental titulados Del
Árbol, la Semilla, magistral realización
de los comunicadores sociales Alba Lucia Madrid y Patricia
Velásquez, Oscar Mario Estrada y Germán Fredy
Valencia, los dos últimos de Nickel Producciones y
todos de la Universidad de Antioquia. El equipo ganó
un concurso del Ministerio de Cultura y de la Secretaría
de Cultura Ciudadana de Medellín.
Adicionalmente, esta crónica tiene aportes de los historiadores
Carlos Gómez Botero y Felipe Santiago Paz Rey, y del
diálogo con miembros de la familia Vieco Ortiz.
La investigación para Del Árbol, La Semilla
duró más de un año, y hace poco se publicó
el primer trabajo de una serie que tendrá cinco videos
documentales sobre la dinastía; los cuatro restantes
versarán respectivamente sobre los grupos musicales
vinculados con la familia, pintura y escultura, arquitectura
y urbanismo y un videoconcierto didáctico. Igualmente,
se organizaron 3 exposiciones: dos de pintura y escultura
y una de réplicas de esculturas de Bernardo Vieco.
También, dos conciertos: La cadencia de una pasión
y Los Vieco: Talladores de música, y 3
conferencias: Del árbol, la semilla, Los
Vieco en la plástica y Los Vieco en la
música.
La difusión de estos materiales se viene realizando
en instituciones culturales y educativas, como una contribución
a la recuperación del patrimonio artístico y
cultural, dentro de esa ligazón de memoria y ciudad.
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