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| Una oportunidad. Es lo que nos
llega a muchos cuando creemos que podemos ser alguien.
Otros se quedan tan solo contemplando lo que hubieran podido
ser. En sociedades estratificadas, donde el color de la piel
y la posición económica continúan siendo
grandes indicadores del futuro de generaciones enteras, seguirán
siendo inútiles las ideas de igualdad si no se llevan
a la práctica. Una solución, sencilla pero compleja,
es la educación. Esta le da al individuo la facilidad
de escoger y decidir, posibilidades que en nuestro medio no
existen para muchos. |
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La reciente muerte de Hamilton
Naki, sudafricano negro, salido de las mismas entrañas
del apartheid, nos demuestra que muchas veces los humanos nos
valoramos por el color y no por la esencia. Se preguntarán
que tiene que ver este negro con Latinoamérica o particularmente
con Colombia. Creo que mucho, pues una gran parte de nuestra
población puede constatar lo que significa ser indio,
negro, mestizo o mulato con un poquito de color.
Talento innombrado y ejercicio
callado
Era el año de 1967, las directivas del Hospital
Groote Schuur en Ciudad del Cabo, le informaron al Sr. Naki
que haría parte de un proyecto médico, pero que
como era negro y se trataba de de la sangre de una mujer blanca,
nadie podía enterarse de su participación.
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| Esa fue la invitación
hecha a este africano de manos esculpidas, diestro en su habilidad
quirúrgica, inteligente, reconocido en la Facultad de
Medicina de Ciudad del Cabo por muchos estudiantes a quienes
enseñó sus técnicas y que hoy son eminentes
cirujanos. El que había sido jardinero y recogebolas
en la Facultad de Medicina de Ciudad del Cabo, ese que un día
a finales de la década del 50 había sido llamado
por el Dr. Robert Goetz, director del laboratorio de investigación
para que ayudara en la operación de una jirafa, terminaría
observando y desarrollando un interés tal en procedimientos
quirúrgicos, que por cerca de cuatro décadas sería
reconocido en silencio como uno de los mejores. |
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En aquel momento
usted tenía que aceptar lo que ellos determinaban,
pues no había otra alternativa para continuar; esa
era la ley de esta tierra.
Hamilton Naki
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| El Dr. Christiaan
Barnard, ¿lo conoce? Sí, es el mismo que realizó
el primer transplante de corazón en el mundo exitosamente.
Ese Dr. invitó al negro Naki a ser parte de su equipo
médico, bajo las condiciones mencionadas pactadas por
el hospital (sos negro y no podés decir en lo que
estás metido). En las fotos publicadas en el hospital
figuraba como empleado de oficios varios. Fue él quien
con su destreza quirúrgica logró extraer el corazón
de aquella mujer que había sido declarada horas antes
en estado vegetativo. Ese diciembre del 67, sus manos negras
cuidadosamente sostuvieron el bisturí para una perfecta
disección del corazón (blanco) que iba a ser transplantado
a otro ser (blanco). Sutilmente colocó luego los electrodos
que mantendrían viva aquella esperanza. A 15 metros,
detrás de un separador de vidrio en el quirófano
contiguo, el Dr. Barnard ansiosamente esperaba dar inicio a
su tan esperada intervención quirúrgica. |
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La mañana siguiente, la
gloria científica del Dr. Barnard era admirada en todo
el mundo. Ese negro, jardinero, asistente de laboratorio, recordaba
a sus hijos que no pudo educar y a su esposa lejos de Ciudad
del Cabo, y dedicó su día de gloria a recorrer
las calles de su ciudad, sonriente, lleno de júbilo interior.
Nadie podía quitarle lo que el sabía, y años
más tarde el propio Dr. Barnard admitiría antes
de su muerte, que el Sr. Naki, técnicamente, era mejor
que él: "Tenía mayor pericia técnica
de la que yo tuve nunca. Es uno de los mayores investigadores
de todos los tiempos en el campo de los trasplantes, y habría
llegado muy lejos si los condicionantes sociales se lo hubieran
permitido".
Al parecer jamás reclamó gloria, no maldijo nunca
ese apartheid. |
En un momento se le preguntó
de su condición y respondió: En aquel momento
usted tenía que aceptar lo que ellos determinaban, pues
no había otra alternativa para continuar; esa era la
ley de esta tierra. Pero quizás en su interior
sí se preguntó por aquella condición que
marcó su vida: la de no haber podido terminar su escuela
secundaria por problemas económicos y la de no haber
sido blanco pero si negro.
Reconocimiento tardío
En el 2003, 12 años después de su retiro
y 3 décadas después del primer transplante de
corazón, se le otorgó a Hamilton Naki el grado
honorario de Médico de la Universidad de Ciudad del Cabo
y la Orden Nacional de Mapungubwe, uno de los honores de más
alto rango en Sudáfrica, recibida al mismo tiempo por
Nelson Mandela; en ese momento manifestó: "Ahora
puedo alegrarme de que todo se sepa. Se ha encendido la luz
y ya no hay oscuridad". Hasta sus últimos días,
uno de los mayores cirujanos del siglo sobrevivió con
una modesta pensión de jardinero (760 rand, or about
$275, a month). Faltarían 2 años más para
que se despidiera en silencio. Su muerte, el día 28 de
mayo del 2005, a sus 89 años de edad, fue registrada
por importantes publicaciones tales como Time y The Economist,
Y hoy, en nuestro continente americano, hay muchos que, como
Naki, se merecen una oportunidad verdadera. |
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