MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 39   DICIEMBRE DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 
Las universidades abren espacio a medicinas alternativas
Lo que deja ver una puerta entreabierta
Ana C. Ochoa - Periodista, Medellín
Es poco, muy poco, lo que se alcanza a ver cuando algunas universidades colombianas entreabren su puerta a la enseñanza de las medicinas complementarias o alternativas, ofreciendo cursos y otros programas electivos. ¿Por qué lo hacen? ¿Con qué convicción? Algunos dicen ver, allá entre las sombras, el confuso hervor del signo pesos. Y creen que, simplemente, es una respuesta oportunista de las universidades, desprovista de consideraciones serias y críticas frente al asunto. Otros ven en ciertos acercamientos un importante y respetuoso interés; otros, no podía faltar, bajan por los peldaños del escepticismo hasta el pozo de nuestros complejos y ven en ello una tradicional imitación de países como los Estados Unidos, en el cual, de 117 facultades de medicina tenidas en cuenta en estudio de la facultad, 75 ofrecen opciones de formación. No obstante la mayoría opina, como se dijo, que es la respuesta acrítica y sin compromisos al juego de demanda y oferta.
¿Ha sabido la universidad, frente a otros saberes, superar la guerra de calificativos y ha presentado, desde el rigor, su aceptación o su rechazo?
Agenda de citas, incluye Presidente
Pero el consultorio repleto de un bioenergético, con citas copadas para varios meses -y el cada vez más vacío del médico convencional- no son hechos simples, que merezcan solo una respuesta simple de las universidades. Merecerían, antes que respuestas, muchas preguntas. ¿Qué espacio han ganado estas otras medicinas y por qué hoy ocupan casi el 50% de la solicitud de atención médica? ¿Ha perdido la universidad su capacidad de debate, su capacidad de convocatoria para revisar -no sólo su arenosa contabilidad- sino los temas que comprometen su razón de ser, sus paradigmas, la verdad de su deber frente a más de 2.500 hombres y mujeres que egresan cada año? Desde 1992, luego de la promulgación de la Ley 30 que permitió la apertura de nuevos programas, las 21 facultades de medicina existentes entonces se duplicaron. ¿Qué propósitos, qué desafíos han acompañado su surgimiento? ¿Ha sabido la universidad, frente a otros saberes, superar la guerra de calificativos y ha presentado, desde el rigor, su aceptación o su rechazo? Incluso los mismos médicos que practican estas terapias complementarias, afirman que la incorporación, o no, de otros saberes, debe hacerse de manera responsable, cuestionadora, fundamentada y no convirtiendo en cursos de vademécum la enseñanza de estas corrientes que, justamente por la frivolidad con la que algunos las han asumido, han sido a veces desvirtuadas. Comenta a EL PULSO el doctor Jorge Carvajal, reconocido médico bioenergético, que la universidad está en mora de ofrecer estos programas, como ocurre en la mayoría de los países, pero debe hacerlo con calidad y admite en su libro "Un arte de curar", que "debido al relativo desconocimiento del tipo y fundamentos de estas prácticas médicas, con frecuencia se presentan abusos y engaños, no siempre mal intencionados, por parte de individuos sin la formación médica y humanística adecuada(...)" Algunos entrevistados por EL PULSO, creen que hay más de 125 corrientes dentro de estas medicinas. Y, específicamente sobre la Bioenergética, agrega el doctor Carvajal: "No se trata de pases mágicos, ni mentalismo de circo, o exorcismo de demonios. La bioenergética realiza un examen que por lo novedoso parece mágico pero, que poco a poco, se ha ido convirtiendo en una técnica terapéutica definida por protocolos y enfoques que, si bien utilizan un instrumental diferente, son comprensibles a la luz de diferentes sistemas médicos(...) Existen importantes técnicas alternativas, que no sólo no excluyen la visión médica occidental, ni antagonizan con ella, sino que la enriquecen al ampliar sus recursos diagnósticos y terapéuticos". (ver recuadro página 3)
¿Qué espacio han ganado estas otras medicinas y por qué hoy ocupan casi el 50% de la solicitud de atención médica?
Un vistazo
La resolución del Ministerio de Salud 02927 de 1998, por la cual se reglamenta la práctica de las terapias alternativas en la prestación de servicios de salud, señala que por terapias alternativas se entiende “el conjunto de conocimientos y procedimientos terapéuticos derivados de algunas culturas médicas existentes en el mundo, que han alcanzado un desarrollo científico y son empleados para la promoción de la salud, la prevención y diagnóstico de la enfermedad y el tratamiento y rehabilitación de los enfermos, en el marco de una salud integral y considerando al ser humano como una unidad esencial constituida por cuerpo, mente y energía”.
¿La universidad se ha planteado si su interés es sólo brindar información o real formación, con todo lo que ello implica.? ¿Ha analizado la universidad, al menos, si enseñar estas medicinas es más conveniente en posgrado? Hay quienes dicen que en pregrado, una enseñanza real, que vaya más allá de la simple información, es imposible pues un aprendizaje cabal implicaría profundizar en concepciones de la vida totalmente diferentes a las de la medicina occidental. Y se corren dos riesgos grandes. O bien un cruce conflictivo de paradigmas para los estudiantes, o bien una reinterpretación de estas medicinas desde la ortodoxia, que desvirtúe su esencia, como afirmó desde Popayán el doctor Julio César Payán de la Roche, pionero de las medicinas alternativas en Colombia (pagina 5).
"Existen importantes técnicas alternativas, que no sólo no excluyen la visión médica occidental, sino que la enriquecen al ampliar sus recursos diagnósticos y terapéuticos". Jorge Carvajal
En Colombia se conocen centros de formación como la Escuela de Medicina Juan N. Corpas, que por cierto ha sido muy controvertida pues ha ofrecido cursos abiertos, no sólo para médicos. Ascofame (ver recuadro página 5), ha sido clara en precisar que el ejercicio de las terapéuticas alternativas debe ser hecho por médicos. La División de Salud y Educación de Ascofame, coordinada por el doctor Ricardo Escobar, confirma que no han hecho todavía estudios sobre la formación y el ejercicio en estas medicinas en Colombia pero asegura que es un proyecto a realizar. Existen universidades como la Nacional de Colombia, en Bogotá, que ofrece para médicos graduados un curso de terapéuticas alternativas de dos semestres, con un promedio de 80 estudiantes, organizado conjuntamente con la Asociación Nacional de Médicos Investigadores en Terapéuticas Alternativas. También están la Universidad de Caldas con algunos cursos y la Universidad Libre de Cali, que este año gradúa su segunda promoción del diplomado en medicina biológica, con énfasis en homotoxicología, en convenio con la compañía europea Hell, productora de medicamentos alternativos. Se graduaron de la primera promoción 45 médicos y de la segunda saldrán 32. También se gradúan este año 33 médicos del diplomado en homeopatía y el propósito es ofrecer en el futuro cursos de especialización. Y en Cali son conocidos también los cursos de la Clínica del popular médico Arturo O'Byrne. Pero además de cursos para médicos, universidades como la de Antioquia analiza, en particular, una propuesta llamativa, aún no aprobada, para su Facultad de Odontología, coordinada por el estomatólogo Raúl Jiménez, docente y pionero de la odontología bioenergética en Colombia. La Universidad de San Martín en su Facultad de Medicina de Medellín ha hecho a su vez algunos seminarios interesantes y el Instituto de Ciencias de la Salud, CES, estudia varias propuestas de diplomados para capacitar médicos graduados, una de las propuestas también en convenio la compañía farmacéutica alemana Hell.
"Esos señores"
La incorporación de las medicinas alternativas en las universidades se ha dado con la motivación adicional de que la seguridad social ya empezó a incluirla, aunque no siempre la experiencia ha sido satisfactoria. Buenos trabajos han sido bloqueados como el que hizo por más de una década Cajanal y su programa nacional de medicinas complementarias, o su Servicio de Manejo del Dolor en Bogotá, orientado por el doctor Fernando González (página 2). Por las múltiples irregularidades que se han detectado en el Sistema de Seguridad Social, y la deshumanización creciente, alguien se ha atrevido a decir que incluir irracionalmente estas medicinas "es como meter una virgen en un prostíbulo". Según el médico payanés, Julio César Payán, no es un secreto que en las universidades que ofrecen programas electivos en medicinas complementarias, continúa haciéndose una labor superficial, de cursos informativos y sin posibilidades de profundización real en los conocimientos. Además, sigue el desdén por este tipo de práctica, se juzgan deficientes sus soportes científicos y los profesionales son mirados todavía como "esos señores" que, por presión del medio, forzosamente hay que tener en cuenta. Entre otras cosas, porque el conocimiento es un derecho. Y porque es lícito ejercer este tipo de medicina. El acuerdo 50 de 1980 del ICFES señala que los médicos titulados pueden practicar la acupuntura, la homeopatía u otras modalidades terapéuticas. La Ley de Ética Médica (Ley 21 de 1981) señala que los médicos pueden realizar procedimientos diagnósticos o terapéuticos avalados por universidades o entidades científicas debidamente reconocidas. Pero si se trata de seudociencia, como tantas veces se ha calificado ¿ha ofrecido la universidad discusión sobre el tema? Son conocidas muchas fragilidades, muchas grietas en ideas...Pero si en muchos casos, como argumentan algunos, se trata de "una mentira perfecta" ¿ha tenido la universidad espacios para analizarlo? Además, ¿cuál es el peso real de la ciencia de ciertos ortodoxos?, pregunta una inteligencia disidente que corre, como agua, sobre el lecho petrificado de una academia. ¿La gran ciencia es la que hoy aprenden de soslayo muchos estudiantes, a medio camino entre la apatía propia y la del profesor? ¿La que dobla sus conceptos según indiquen las presiones del Sistema de Seguridad Social? Es ahí cuando un académico nos hace caer en cuenta de que es numerosa y de todas las procedencias -desde las más convencionales hasta las más alternativas- la asamblea nacional de charlatanes, "seudocientíficos" y constructores imperfectos de mentiras perfectas, de fraudes alternativos o bien de aquellos fraudes que se sirven en la mesa del rigor. Pero, excesos, aparte hay interés en propiciar el diálogo honesto, la comprensión de la salud como un servicio y la medicina como "arte, ciencia, virtud", que debe repensarse desde la universidad. De lo contrario, como anticiparía un puntilloso observador, volverán a tronar los renglones antiguos de Don Miguel de Montaigne, ilustre enfermo del mal de piedra y autor de los famosos ensayos: "La irresolución médica, la debilidad de sus argumentos, adivinaciones y fundamentos; la rudeza de sus discusiones impregnadas de odio, envidia y egoísmo...es preciso ser ciego de remate para no reconocerse en peligro entre sus manos. En la medicina venero yo su utilidad al género humano; mas, lo que entre nosotros designa, no lo honro ni lo estimo”
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