MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 63   DICIEMBRE DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Por tradición, para la banca, los gobiernos y la gente…
El hambre: un vergonzoso secreto
Omaira Arbeláez Echeverri - Periodista elpulso@elhospital.org.co
Mientras no se sienta en el vientre el ruido doloroso del hambre que no puede saciarse por falta de dinero para adquirir los alimentos, el problema de la desnutrición en Colombia y el mundo, que afecta a más de 840 millones de personas, y su disminución a 400 millones para el año 2015 será un tema de discurso público y de olvido privado y económico mundial. El escritor inglés, Oscar Wilde, lo decía: "Las tragedias de los otros son siempre de una banalidad desesperante”
“…El coronel siguió vagando por los alrededores hasta cuando estallaron truenos y relámpagos remotos. Entonces volvió por su mujer. No estaba en la casa del muerto. Tampoco en la suya.
El coronel calculó que faltaba muy poco para el toque de queda, pero el reloj estaba parado. Esperó, sintiendo avanzar la tempestad hacia el pueblo. Se disponía a salir de nuevo cuando su mujer entró a la casa. Llevó el gallo al dormitorio. Ella se cambió la ropa y fue a tomar agua en la sala en el momento en que el coronel terminaba de dar cuerda al reloj y esperaba el toque de queda para poner la hora.
- ¿Dónde estabas? preguntó el coronel.
- "Por ahí", respondió la mujer. Puso el vaso en el tinajero sin mirar a su marido y volvió al dormitorio. "Nadie creía que fuera a llover tan temprano". El coronel no hizo ningún comentario. Cuando sonó el toque de queda puso el reloj en las once, cerró el vidrio y colocó la silla en su puesto. Encontró a su mujer rezando el rosario.
- No me has contestado una pregunta dijo el coronel.
- Cuál.
- ¿Dónde estabas?
- Me quedé hablando por ahí, dijo ella. Hacía tanto tiempo que no salía a la calle.
El coronel colgó la hamaca. Cerró la casa y fumigó la habitación. Luego puso la lámpara en el suelo y se acostó.
-Te comprendo dijo tristemente. Lo peor de la mala situación es que lo obliga a uno a decir mentiras.
Ella exhaló un largo suspiro.
- Estaba donde el padre Ángel dijo. Fui a solicitarle un préstamo sobre los anillos de matrimonio.¿Y qué te dijo?
Que es pecado negociar con las cosas sagradas.
Siguió hablando desde el mosquitero. "Hace dos días traté de vender el reloj", dijo. "A nadie le interesa porque están vendiendo a plazos unos relojes modernos con números luminosos. Se puede ver la hora en la oscuridad".
El coronel comprobó que cuarenta años de vida común, de hambre común, de sufrimientos comunes, no le habían bastado para conocer a su esposa. Sintió que algo había envejecido también en el amor.
- Tampoco quieren el cuadro, dijo ella. Casi todo el mundo tiene el mismo. Estuve hasta donde los turcos.
El coronel se encontró amargo.
- De manera que ahora todo el mundo sabe que nos estamos muriendo de hambre.
- Estoy cansada dijo la mujer. Los hombres no se dan cuenta de los problemas de la casa. Varias veces he puesto a hervir piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días de no poner la olla.
El coronel se sintió ofendido.
- Eso es una verdadera humillación dijo."
La historia del hambre en la vida de "El Coronel no tiene quien le escriba" de Gabriel García Márquez es una patética muestra de lo que viven o han vivido millares de colombianos en toda su existencia. Algunos lo confiesan como parte de sus vivencias tristes, como el propio escritor cuando la vivió en París en 1957; otros hacen de ella historias jocosas cuando ya se "sienten seguros" en su nuevo prospecto de vida y tienen la confianza de contar a sus amigos en una tarde de lluvia como la carne era un lujo en el plato del almuerzo y la leche un líquido precioso que a buen juicio de la suerte lograba repartirse en pequeños vasos, entre ocho o quince hermanitos, y una vez por semana; y como el sueño de estrenar sólo se cumplía cuando el hermano mayor dejaba la ropa o los zapatos viejos -a su vez donados por un primo o conseguidos con el trabajo de la madre o el padre en una Navidad lejana-, con remiendos incontables y dobleces y dobladillos que dejaban huella del paso a paso por cada cuerpo infantil, como un símbolo de museo de cada generación.
"Que el hambre no se note" fue la recomendación familiar para muchos de ellos antes de salir de casa y por eso no era extraño que la ropa estuviera impecablemente limpia, aunque la huella del uso no dejara de percibirse con resignación en cada pliegue, y en las visitas se tuvieran siempre presente la sabia recomendación: "si le pregunta si quiere repetir diga que no, que muchas gracias" y vaya que no hiciera caso el chiquillo para recibir un rápido pero contundente pellizco en el brazo, bajo la discreta sonrisa de su mamá.
Historias como estas son usuales en la vida del 80% de los colombianos del siglo XX, nacidos antes de la década de los ochenta y mediados de los 90´s. Los años sesenta marcaron un hito en la vida nacional: el nivel de la educación fue elevándose, se vinculó a las mujeres a la academia y al sector productivo, la calidad del empleo mejoró gracias al desarrollo económico interno del país -que entonces tenía un Estado benefactor que protegía a su producción nacional- y esto permitió que para los años ochenta un alto porcentaje de la población lograra mejorar sus ingresos y participará activamente en el desarrollo industrial, manufacturero, comercial y científico de la Nación.
Los sesenta no estuvieron exentos de la influencia y la presión externa de la banca multilateral y los industriales, entonces neomalthusianos, que en su afán de reducir el hambre en el mundo, evitar una explosión demográfica, la escasez de agua y la gran concentración de emigrantes en las urbes, presionaron al gobierno -a pesar de la Iglesia y de la izquierda - a impulsar el control natal y el uso de anticonceptivos en las mujeres para regular el número de hijos, que entonces oscilaba por hogar entre 7 y 15 por familia (los más numerosos en Antioquia).
La implementación de métodos de planificación familiar, a partir de 1962, se efectuó con la ayuda de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina. En 1965 se unió activamente Profamilia y posteriormente, en 1967, el Ministerio de Salud con su programa de materno-infantil. Así, lograron que para 1975 el promedio por madre fuese de 4.2 hijos por hogar; para los 80´s la cifra descendió a 3.6 hijos y en el 2000 la tasa de fecundidad por mujer bajó a 2.6 hijos.
Tiempos de guerra
La presión urbana de crecimiento que bajó mediante el control natal, se incrementó por el conflicto armado en los campos, la falta de incentivos para el desarrollo agropecuario y la reforma agraria del "plomo" con sus efectos de desplazados, "vacunados" y tugurios. Desde finales de los años cuarenta, con la violencia bipartidista que se agudizó con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, los destierros no se frenaron en los años cincuenta, sino que crecieron y se multiplicaron al mismo ritmo que los actores armados colonizaban territorios y que las ciudades se hacían más llamativas por su amplio desarrollo en infraestructura e industria, servicios públicos y sociales, fuentes de empleo y acceso fácil a la educación, algo que no podía soñarse en el abandono de las zonas rurales.
A mediados de los 80´s y durante los 90´s la guerra entró a las ciudades con el auge del narcotráfico y no faltaron los jóvenes de las comunas más populosas, quienes desesperados por el hambre, la miseria, el desempleo, la exclusión social y algunos bajo la influencia de una ambición pueril, buscaron unirse a los compradores de motos, tenis y ropa de marca mediante su ingreso a las mafias locales del narcotráfico, intentando jugarse la vida para exorcizar el cansancio de la lucha de toda una vida de sus padres por el pan, aunque esta opción sólo les diera como respuesta a las madres un inusitado aumento de cruces jóvenes por visitar en los cementerios urbanos.
Analistas y expertos en el tema de guerras y hambrunas como Mabel González Bustelo, afirma en su artículo "Guerra y hambrunas provocadas: un mal de nuestro tiempo", que "la creciente interrelación entre guerras y hambrunas se materializa en el carácter de las emergencias complejas, que combinan guerra civil, hambruna, desplazamientos masivos y quiebra del Estado. Aunque estos conflictos pueden verse espoleados o justificados por factores étnicos, religiosos o culturales, su caldo de cultivo es la crisis económica, los programas de ajuste estructural y la degradación ecológica, que hace disminuir la disponibilidad de recursos naturales. Se trata, por tanto, de emergencias causadas por el hombre con objetivos políticos, económicos o sociales, y suponen que, al tiempo que unos se empobrecen, otros salen beneficiados con la situación".
El presidente Alvaro Uribe Vélez, al reconocer su derrota en las reformas que pretendía adelantar mediante el Referendo aseguró el pasado 29 de octubre que "para la democracia es tan grave que su Estado no pague las deudas, como que sus ciudadanos aguanten hambre por pagar deudas". Con anterioridad, el gobierno ya había tenido que reconocer en el Acuerdo Stand by 2003 con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en el punto 28 del Capítulo III, en el cual se analizan aspectos adicionales sobre Programas para el 2004, que "recientemente la economía se ha desacelerado, y el progreso en el alivio de la pobreza ha sido insatisfactorio", más ello no implicó una reasignación de los gastos de guerra para aumentar la inversión social.
De todas formas el hambre ronda: lo saben los médicos que reciben a los niños desnutridos y a las madres anémicas; lo ratifican las maestras que ven desmayarse de hambre a los niños en las clases; lo guardan bien secreto los estudiantes que sustraen con discreción en una bolsita plástica parte de los alimentos de su plato en el restaurante escolar para llevarle a la mamá y los hermanitos que están en la casa; lo verifican los periodistas que recorremos caminos y pueblos y vemos como el "agua de panela" es el líquido diario y a veces único de muchas familias en el desayuno y la cena, y como en los barrios populares este es el único calor que sienten los niños en el vientre antes de ingresar a las clases matutinas.
Un país hambriento
La preocupación tiene sentido. Hoy se calcula que el país tiene 43'778.020 habitantes, según datos suministrado por el gobierno nacional a la Organización Mundial de la Salud (OMS), y de ellos 59.80% están bajo la línea nacional de pobreza, siendo un 32% de esta población menores de 15 años, quienes en efecto, junto a las mujeres, son la población más vulnerable a las enfermedades causadas por el hambre y la desnutrición, resultando más afectados en su salud física y mental los niños menores de cinco años.
Datos de Planeación Nacional suministrados en el marco de la Política de Alimentación y Nutrición, admiten que más del 50% de la población tiene bajos ingresos y que el 20% no alcanza a cubrir sus necesidades de calorías y nutrientes, lo que se revierte en problemas de nutrición y salud, aunque el Plan Obligatorio de Salud (POS) no contempla al hambre entre sus ítems y los más afectados por la desnutrición sean los niños campesinos, especialmente los radicados en Nariño, Cauca y las zonas rurales de las dos costas.
En 1995 la Encuesta Nacional de Demografía y Salud indica que los menores de 6 años sufren de desnutrición crónica un 15%, aguda 1.4% y global el 8.4%. Un estudio de la FAO revela que en Colombia los niños menores de cinco años con anemia se incrementaron, pasando de 14% en 1965 a 23% en 1995, con la curiosa particularidad de una gran disminución en Bogotá a sólo 5%; que sufren de bocio el 7% de los escolares del país y que en 1977 un 24% de los niños tenía menos de 20 µg/d de retinol plasmático mientras que en 1995 se encontró que a tan bajas cifras sólo llegaba el 14.2% de los infantes. Adicionalmente, debido a la importancia del papel que juegan las mujeres en la nutrición de los núcleos familiares y como madres y lactantes, la FAO también se detuvo en ellas y el estudio reveló que entre 1965 y 1995 las pacientes anémicas disminuyeron de 41% a 23% en el país.
Los análisis parten de los años 60 porque a partir de allí se fue elevando la calidad de vida de la gente en Colombia y aunque en los últimos años están bajando los indicadores nacionales y el país en términos de competitividad descendió del puesto 61 al 63, a escala mundial la FAO tiene claro que fue por el "crecimiento económico estable de cerca de 4,5% al año, durante las pasadas cuatro décadas, combinado con una caída en la tasa de crecimiento poblacional a 1,6%, lo que facilitó la mejoría de las condiciones sociales de la comunidad", es decir, que consecuentemente "el bienestar nutricional de la población ha experimentado una mejoría."
Hay que tener en cuenta que la tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos es de 25.6% (Informe de Colombia a la OMS-OPS), un indicador clave y muy elevado de la pobreza en Colombia a los ojos del mundo, aunque el avance resulte notorio si se compara con los registros nacionales de 1989 cuando fallecían 55 menores de un año por cada mil nacidos vivos.
A pesar de todo, la puja que hay en Colombia entre los gastos de guerra y los de inversión social para luchar contra la pobreza, la Cepal considera que nuestro país sería una de las 7 naciones, entre los 18 países de América Latina y el Caribe, más acondicionado para alcanzar la meta propuesta en 1996 por la Declaración del Milenio de las Naciones Unidas de reducir a la mitad, al menos, el número de sus pobres extremos, la cual deberá alcanzarse antes del 2015. Esto implicaría sostener un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), como mínimo, en un 2.7% anual.
En esta línea trabajan 189 naciones que se comprometieron con la ONU a bajar hasta 400.000 millones el número de pobres en el planeta, que hoy alcanza la suma de 840 millones y de los cuales 300 millones son niños. Todos ellos viven con menos de un dólar diario y por eso también mueren "a diario" 24.000 personas en el mundo, razón por la cual el secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirma que el hambre es "una de las peores violaciones de la dignidad humana" y así lo ratificó ante todos los presentes en Roma, en junio de 2002, durante la Cumbre Mundial sobre la Alimentación: cinco años después.
De todas formas los infortunios del hambre son anécdotas cuando pasan y dolor cuando se viven. Miguel Ángel, el escultor italiano del sano y espectacular David, quien vivió las glorias del arte y las vicisitudes de sobrevivir de él, dejó para la posteridad su célebre frase: "Cuando la necesidad entra por la puerta, la dignidad se escapa saltando por la ventana". Los hambrientos del mundo son víctimas del flagelo de gobiernos y políticas económicas que han sobrepuesto sus intereses transnacionales y de globalización a los derechos humanos de las comunidades y sería a ellos a quienes la indignidad los cubriría con vergüenza.
Por acción o por omisión, siempre se actúa. Alcanzar la meta de rebajar los 800 millones de hambrientos del mundo propuesta por la ONU para el 2015 se puede ejecutar por dos métodos: una activa y altruista: otorgándoles acceso al alimento y a la justicia social; otra "diplomática" y cruel: reserva e indiferencia, para dejarlos morir de hambre en el silencio de la "santa paz" nacional.
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