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Por tradición, para
la banca, los gobiernos y la gente
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El hambre:
un vergonzoso secreto
Omaira
Arbeláez Echeverri - Periodista elpulso@elhospital.org.co
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Mientras no se
sienta en el vientre el ruido doloroso del hambre que no puede
saciarse por falta de dinero para adquirir los alimentos,
el problema de la desnutrición en Colombia y el mundo,
que afecta a más de 840 millones de personas, y su
disminución a 400 millones para el año 2015
será un tema de discurso público y de olvido
privado y económico mundial. El escritor inglés,
Oscar Wilde, lo decía: "Las tragedias de los otros
son siempre de una banalidad desesperante

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El coronel
siguió vagando por los alrededores hasta cuando estallaron
truenos y relámpagos remotos. Entonces volvió
por su mujer. No estaba en la casa del muerto. Tampoco en la
suya. |
El coronel calculó
que faltaba muy poco para el toque de queda, pero el reloj estaba
parado. Esperó, sintiendo avanzar la tempestad hacia
el pueblo. Se disponía a salir de nuevo cuando su mujer
entró a la casa. Llevó el gallo al dormitorio.
Ella se cambió la ropa y fue a tomar agua en la sala
en el momento en que el coronel terminaba de dar cuerda al reloj
y esperaba el toque de queda para poner la hora.
- ¿Dónde estabas? preguntó el coronel.
- "Por ahí", respondió la mujer. Puso
el vaso en el tinajero sin mirar a su marido y volvió
al dormitorio. "Nadie creía que fuera a llover tan
temprano". El coronel no hizo ningún comentario.
Cuando sonó el toque de queda puso el reloj en las once,
cerró el vidrio y colocó la silla en su puesto.
Encontró a su mujer rezando el rosario.
- No me has contestado una pregunta dijo el coronel.
- Cuál.
- ¿Dónde estabas?
- Me quedé hablando por ahí, dijo ella. Hacía
tanto tiempo que no salía a la calle.
El coronel colgó la hamaca. Cerró la casa y fumigó
la habitación. Luego puso la lámpara en el suelo
y se acostó.
-Te comprendo dijo tristemente. Lo peor de la mala situación
es que lo obliga a uno a decir mentiras.
Ella exhaló un largo suspiro.
- Estaba donde el padre Ángel dijo. Fui a solicitarle
un préstamo sobre los anillos de matrimonio.¿Y
qué te dijo?
Que es pecado negociar con las cosas sagradas.
Siguió hablando desde el mosquitero. "Hace dos días
traté de vender el reloj", dijo. "A nadie le
interesa porque están vendiendo a plazos unos relojes
modernos con números luminosos. Se puede ver la hora
en la oscuridad".
El coronel comprobó que cuarenta años de vida
común, de hambre común, de sufrimientos comunes,
no le habían bastado para conocer a su esposa. Sintió
que algo había envejecido también en el amor.
- Tampoco quieren el cuadro, dijo ella. Casi todo el mundo tiene
el mismo. Estuve hasta donde los turcos.
El coronel se encontró amargo.
- De manera que ahora todo el mundo sabe que nos estamos muriendo
de hambre.
- Estoy cansada dijo la mujer. Los hombres no se dan cuenta
de los problemas de la casa. Varias veces he puesto a hervir
piedras para que los vecinos no sepan que tenemos muchos días
de no poner la olla.
El coronel se sintió ofendido.
- Eso es una verdadera humillación dijo."
La historia del hambre en la vida de "El Coronel no tiene
quien le escriba" de Gabriel García Márquez
es una patética muestra de lo que viven o han vivido
millares de colombianos en toda su existencia. Algunos lo confiesan
como parte de sus vivencias tristes, como el propio escritor
cuando la vivió en París en 1957; otros hacen
de ella historias jocosas cuando ya se "sienten seguros"
en su nuevo prospecto de vida y tienen la confianza de contar
a sus amigos en una tarde de lluvia como la carne era un lujo
en el plato del almuerzo y la leche un líquido precioso
que a buen juicio de la suerte lograba repartirse en pequeños
vasos, entre ocho o quince hermanitos, y una vez por semana;
y como el sueño de estrenar sólo se cumplía
cuando el hermano mayor dejaba la ropa o los zapatos viejos
-a su vez donados por un primo o conseguidos con el trabajo
de la madre o el padre en una Navidad lejana-, con remiendos
incontables y dobleces y dobladillos que dejaban huella del
paso a paso por cada cuerpo infantil, como un símbolo
de museo de cada generación.
"Que el hambre no se note" fue la recomendación
familiar para muchos de ellos antes de salir de casa y por eso
no era extraño que la ropa estuviera impecablemente limpia,
aunque la huella del uso no dejara de percibirse con resignación
en cada pliegue, y en las visitas se tuvieran siempre presente
la sabia recomendación: "si le pregunta si quiere
repetir diga que no, que muchas gracias" y vaya que no
hiciera caso el chiquillo para recibir un rápido pero
contundente pellizco en el brazo, bajo la discreta sonrisa de
su mamá.
Historias como estas son usuales en la vida del 80% de los colombianos
del siglo XX, nacidos antes de la década de los ochenta
y mediados de los 90´s. Los años sesenta marcaron
un hito en la vida nacional: el nivel de la educación
fue elevándose, se vinculó a las mujeres a la
academia y al sector productivo, la calidad del empleo mejoró
gracias al desarrollo económico interno del país
-que entonces tenía un Estado benefactor que protegía
a su producción nacional- y esto permitió que
para los años ochenta un alto porcentaje de la población
lograra mejorar sus ingresos y participará activamente
en el desarrollo industrial, manufacturero, comercial y científico
de la Nación.
Los sesenta no estuvieron exentos de la influencia y la presión
externa de la banca multilateral y los industriales, entonces
neomalthusianos, que en su afán de reducir el hambre
en el mundo, evitar una explosión demográfica,
la escasez de agua y la gran concentración de emigrantes
en las urbes, presionaron al gobierno -a pesar de la Iglesia
y de la izquierda - a impulsar el control natal y el uso de
anticonceptivos en las mujeres para regular el número
de hijos, que entonces oscilaba por hogar entre 7 y 15 por familia
(los más numerosos en Antioquia).
La implementación de métodos de planificación
familiar, a partir de 1962, se efectuó con la ayuda de
la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina. En
1965 se unió activamente Profamilia y posteriormente,
en 1967, el Ministerio de Salud con su programa de materno-infantil.
Así, lograron que para 1975 el promedio por madre fuese
de 4.2 hijos por hogar; para los 80´s la cifra descendió
a 3.6 hijos y en el 2000 la tasa de fecundidad por mujer bajó
a 2.6 hijos.
Tiempos de guerra
La presión urbana de crecimiento que bajó mediante
el control natal, se incrementó por el conflicto armado
en los campos, la falta de incentivos para el desarrollo agropecuario
y la reforma agraria del "plomo" con sus efectos de
desplazados, "vacunados" y tugurios. Desde finales
de los años cuarenta, con la violencia bipartidista que
se agudizó con el asesinato del caudillo liberal Jorge
Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948, los destierros
no se frenaron en los años cincuenta, sino que crecieron
y se multiplicaron al mismo ritmo que los actores armados colonizaban
territorios y que las ciudades se hacían más llamativas
por su amplio desarrollo en infraestructura e industria, servicios
públicos y sociales, fuentes de empleo y acceso fácil
a la educación, algo que no podía soñarse
en el abandono de las zonas rurales.
A mediados de los 80´s y durante los 90´s la guerra
entró a las ciudades con el auge del narcotráfico
y no faltaron los jóvenes de las comunas más populosas,
quienes desesperados por el hambre, la miseria, el desempleo,
la exclusión social y algunos bajo la influencia de una
ambición pueril, buscaron unirse a los compradores de
motos, tenis y ropa de marca mediante su ingreso a las mafias
locales del narcotráfico, intentando jugarse la vida
para exorcizar el cansancio de la lucha de toda una vida de
sus padres por el pan, aunque esta opción sólo
les diera como respuesta a las madres un inusitado aumento de
cruces jóvenes por visitar en los cementerios urbanos.
Analistas y expertos en el tema de guerras y hambrunas como
Mabel González Bustelo, afirma en su artículo
"Guerra y hambrunas provocadas: un mal de nuestro tiempo",
que "la creciente interrelación entre guerras y
hambrunas se materializa en el carácter de las emergencias
complejas, que combinan guerra civil, hambruna, desplazamientos
masivos y quiebra del Estado. Aunque estos conflictos pueden
verse espoleados o justificados por factores étnicos,
religiosos o culturales, su caldo de cultivo es la crisis económica,
los programas de ajuste estructural y la degradación
ecológica, que hace disminuir la disponibilidad de recursos
naturales. Se trata, por tanto, de emergencias causadas por
el hombre con objetivos políticos, económicos
o sociales, y suponen que, al tiempo que unos se empobrecen,
otros salen beneficiados con la situación".
El presidente Alvaro Uribe Vélez, al reconocer su derrota
en las reformas que pretendía adelantar mediante el Referendo
aseguró el pasado 29 de octubre que "para la democracia
es tan grave que su Estado no pague las deudas, como que sus
ciudadanos aguanten hambre por pagar deudas". Con anterioridad,
el gobierno ya había tenido que reconocer en el Acuerdo
Stand by 2003 con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en
el punto 28 del Capítulo III, en el cual se analizan
aspectos adicionales sobre Programas para el 2004, que "recientemente
la economía se ha desacelerado, y el progreso en el alivio
de la pobreza ha sido insatisfactorio", más ello
no implicó una reasignación de los gastos de guerra
para aumentar la inversión social.
De todas formas el hambre ronda: lo saben los médicos
que reciben a los niños desnutridos y a las madres anémicas;
lo ratifican las maestras que ven desmayarse de hambre a los
niños en las clases; lo guardan bien secreto los estudiantes
que sustraen con discreción en una bolsita plástica
parte de los alimentos de su plato en el restaurante escolar
para llevarle a la mamá y los hermanitos que están
en la casa; lo verifican los periodistas que recorremos caminos
y pueblos y vemos como el "agua de panela" es el líquido
diario y a veces único de muchas familias en el desayuno
y la cena, y como en los barrios populares este es el único
calor que sienten los niños en el vientre antes de ingresar
a las clases matutinas.
Un país hambriento
La preocupación tiene sentido. Hoy se calcula que el
país tiene 43'778.020 habitantes, según datos
suministrado por el gobierno nacional a la Organización
Mundial de la Salud (OMS), y de ellos 59.80% están bajo
la línea nacional de pobreza, siendo un 32% de esta población
menores de 15 años, quienes en efecto, junto a las mujeres,
son la población más vulnerable a las enfermedades
causadas por el hambre y la desnutrición, resultando
más afectados en su salud física y mental los
niños menores de cinco años.
Datos de Planeación Nacional suministrados en el marco
de la Política de Alimentación y Nutrición,
admiten que más del 50% de la población tiene
bajos ingresos y que el 20% no alcanza a cubrir sus necesidades
de calorías y nutrientes, lo que se revierte en problemas
de nutrición y salud, aunque el Plan Obligatorio de Salud
(POS) no contempla al hambre entre sus ítems y los más
afectados por la desnutrición sean los niños campesinos,
especialmente los radicados en Nariño, Cauca y las zonas
rurales de las dos costas.
En 1995 la Encuesta Nacional de Demografía y Salud indica
que los menores de 6 años sufren de desnutrición
crónica un 15%, aguda 1.4% y global el 8.4%. Un estudio
de la FAO revela que en Colombia los niños menores de
cinco años con anemia se incrementaron, pasando de 14%
en 1965 a 23% en 1995, con la curiosa particularidad de una
gran disminución en Bogotá a sólo 5%; que
sufren de bocio el 7% de los escolares del país y que
en 1977 un 24% de los niños tenía menos de 20
µg/d de retinol plasmático mientras que en 1995
se encontró que a tan bajas cifras sólo llegaba
el 14.2% de los infantes. Adicionalmente, debido a la importancia
del papel que juegan las mujeres en la nutrición de los
núcleos familiares y como madres y lactantes, la FAO
también se detuvo en ellas y el estudio reveló
que entre 1965 y 1995 las pacientes anémicas disminuyeron
de 41% a 23% en el país.
Los análisis parten de los años 60 porque a partir
de allí se fue elevando la calidad de vida de la gente
en Colombia y aunque en los últimos años están
bajando los indicadores nacionales y el país en términos
de competitividad descendió del puesto 61 al 63, a escala
mundial la FAO tiene claro que fue por el "crecimiento
económico estable de cerca de 4,5% al año, durante
las pasadas cuatro décadas, combinado con una caída
en la tasa de crecimiento poblacional a 1,6%, lo que facilitó
la mejoría de las condiciones sociales de la comunidad",
es decir, que consecuentemente "el bienestar nutricional
de la población ha experimentado una mejoría."
Hay que tener en cuenta que la tasa de mortalidad infantil por
cada mil nacidos es de 25.6% (Informe de Colombia a la OMS-OPS),
un indicador clave y muy elevado de la pobreza en Colombia a
los ojos del mundo, aunque el avance resulte notorio si se compara
con los registros nacionales de 1989 cuando fallecían
55 menores de un año por cada mil nacidos vivos.
A pesar de todo, la puja que hay en Colombia entre los gastos
de guerra y los de inversión social para luchar contra
la pobreza, la Cepal considera que nuestro país sería
una de las 7 naciones, entre los 18 países de América
Latina y el Caribe, más acondicionado para alcanzar la
meta propuesta en 1996 por la Declaración del Milenio
de las Naciones Unidas de reducir a la mitad, al menos, el número
de sus pobres extremos, la cual deberá alcanzarse antes
del 2015. Esto implicaría sostener un crecimiento del
Producto Interno Bruto (PIB), como mínimo, en un 2.7%
anual.
En esta línea trabajan 189 naciones que se comprometieron
con la ONU a bajar hasta 400.000 millones el número de
pobres en el planeta, que hoy alcanza la suma de 840 millones
y de los cuales 300 millones son niños. Todos ellos viven
con menos de un dólar diario y por eso también
mueren "a diario" 24.000 personas en el mundo, razón
por la cual el secretario general de la ONU, Kofi Annan, afirma
que el hambre es "una de las peores violaciones de la dignidad
humana" y así lo ratificó ante todos los
presentes en Roma, en junio de 2002, durante la Cumbre Mundial
sobre la Alimentación: cinco años después.
De todas formas los infortunios del hambre son anécdotas
cuando pasan y dolor cuando se viven. Miguel Ángel, el
escultor italiano del sano y espectacular David, quien vivió
las glorias del arte y las vicisitudes de sobrevivir de él,
dejó para la posteridad su célebre frase: "Cuando
la necesidad entra por la puerta, la dignidad se escapa saltando
por la ventana". Los hambrientos del mundo son víctimas
del flagelo de gobiernos y políticas económicas
que han sobrepuesto sus intereses transnacionales y de globalización
a los derechos humanos de las comunidades y sería a ellos
a quienes la indignidad los cubriría con vergüenza.
Por acción o por omisión, siempre se actúa.
Alcanzar la meta de rebajar los 800 millones de hambrientos
del mundo propuesta por la ONU para el 2015 se puede ejecutar
por dos métodos: una activa y altruista: otorgándoles
acceso al alimento y a la justicia social; otra "diplomática"
y cruel: reserva e indiferencia, para dejarlos morir de hambre
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