MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 99  DICIEMBRE DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

EL HOSPITAL
Hospital Universitario San Vicente de Paúl
Compromiso integral con
víctimas de minas antipersona
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Al horror de las minas antipersona se opone la lucha valiente de las personas y entidades que no congenian con la empresa de violencia y muerte que ha sembrado los prohibidos artefactos en 31 de los 32 departamentos de Colombia. Una realidad que ha cobrado más de 5.000 víctimas en Colombia desde 1990 hasta hoy, un país primero en el mundo en estas armas por encima de Camboya, Irak y Afganistán, exigen una acción de igual magnitud para atender a las víctimas. Y precisamente en el departamento que encabeza la fatídica lista de afectados por las minas, Antioquia, está el Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín como líder de una red de atención integral a estos pacientes, quizás los más difíciles de recuperar por su complejo cuadro clínico.

El Hospital lleva muchos años prodigando cuidados a las víctimas de las minas explosivas. Al frente de esta labor está la médica jefe de Medicina Física y Rehabilitación de la institución, Diana Marina Molina Molina. Ella participó en nombre del Hospital y de Colombia en la Séptima Reunión de los Países Partes de la Convención del Protocolo II Revisado sobre Armas Convencionales en Ginebra (Suiza), por la experiencia y sabiduría de este centro en este tipo de atención. Así evaluó la experiencia: “Uno de los objetivos era que nosotros que atendemos a las víctimas conociéramos el problema global; uno conoce el de aquí, pero se da cuenta de que es un problema en todo el mundo y todos los países están trabajando fuerte contra él. Por eso nos pareció importante saber cuáles son nuestras fortalezas y debilidades en comparación con otros países. En Ginebra estuvieron voceros de 151 países, mostraron experiencias exitosas en asistencia a las víctimas; fue valioso verificar que vamos por donde están trabajando los demás países y que tenemos las mismas dificultades, sobre todo, en la atención psicosocial, una debilidad común.

En Ginebra se publicó el documento final de la ONU sobre derechos de las personas con discapacidad por minas, para que en todas las naciones se avance más allá de la rehabilitación. Además planteamos la posibilidad de un intercambio con Argentina para la capacitación mutua del talento humano en este campo y tuvimos contacto con ONG internacionales para confrontar nuestros portafolios de servicios y ver en qué nos podemos ayudar”.
Una red de amor y cuidados para las víctimas
¿Cómo una red informal logra generar una atención de tan amplio espectro social? Así lo explicó la doctora Diana Molina: “Primero fue conformar la red que integran además del Hospital, el Comité Internacional de la Cruz Roja, Paz y Democracia, la Asesoría de Paz de la Gobernación de Antioquia, el Comité Regional de Rehabilitación, Ortopraxis y Handicap International. La red empezó cuando en mayo del año pasado la Gobernación de Antioquia hizo un encuentro de víctimas de las minas con todas las instituciones que podían apoyar estas personas; el Hospital puso a disposición cirujanos, fisiatras, enfermeras, terapeutas físicos, salud ocupacional y otros recursos, todo coordinado desde Rehabilitación; a raíz del encuentro se organizó mejor la red para determinar quién hace qué: ya entonces el San Vicente era el único hospital que daba atención integral a estas personas. Cada entidad hace la gestión que le corresponde; por ejemplo, Paz y Democracia remite al Hospital víctimas no atendidas o sin prótesis o audífono. Con la Cruz Roja Internacional se consigue alimentación, alojamiento, medicamentos y transporte; Handicap va a los municipios, hace brigadas de salud y detecta pacientes que requieren nuestra atención. Por toda su labor, el Hospital se volvió centro de remisión de las víctimas de minas en Antioquia y a veces de otras regiones, como Chocó, Bolívar o el sur del país”. El Hospital subsana además el problema de centros asistenciales que rechazan estas víctimas o sólo atienden los heridos militares. Al respecto, la jefe de Medicina Física señaló: “El doctor Julio Ernesto Toro Restrepo, director del Hospital, es enfático: San Vicente siempre atiende a las víctimas de minas, porque es un compromiso social, y con esa filosofía trabajamos. También apoya la Oficina de Cooperación Internacional del Hospital, con trámites, logística y donaciones”.
La mayor necesidad de las víctimas
de minas es la atención psicosocial.
El Hospital es ejemplo en la organización de una óptima atención: “Como médicos reportamos los pacientes de acuerdo con el diagnóstico y conforme con la Clasificación Internacional de Enfermedades, como exige el Ministerio de la Protección Social. Los pacientes entran con diagnóstico de amputación, trauma ocular o de cráneo, pero no con la causa identificada; y como la información no es obligada, ahora estamos trabajando todas las instituciones para lograr que se establezca un registro unificado de las víctimas y para que las minas sean un evento de notificación obligatoria”.
El acompañamiento
El acompañamiento institucional de la campaña anti-minas parte de la Vicepresidencia de la República. Diana Molina destacó al respecto la educación a la población en riesgo sobre sus derechos, en lo cual las ONG aportan mucho, al igual que en asistencia a las víctimas; Paz y Democracia por ejemplo, colabora acompañándolas a las citas, en acopio de documentación, transporte a Medellín, ubicación de las personas, etc.
La atención integral que demanda un lesionado por mina es un apostolado que hace del Hospital San Vicente de Paúl el primer doliente de las víctimas. Esto dijo al respecto la jefe de Rehabilitación: “Encontramos víctimas de minas con traumas oculares a quienes nunca se les dio atención pues no se les había diagnosticado; ahora que tenemos la unidad de audiología empezamos a hacer audiometría por el trauma acústico que sufrieron y encontramos sorderas profundas. El trabajo lo enfocamos hacia un modelo de atención psicosocial, una especie de protocolo donde a las víctimas se les atiendan sus necesidades pero desde una directriz del gobierno, porque juzgamos que no hay nada que dificulte más la readaptación social que la discapacidad auditiva. Como las lesiones más visibles son las amputaciones, todo el mundo quiere donar prótesis a las víctimas pero en Colombia ése no es el gran problema (el sistema de salud las suministra). Concluimos que la mayor necesidad de las víctimas de minas es la atención psicosocial, en lo cual el Hospital no cuenta con recursos para todo el acompañamiento; la idea es apoyar para que las instituciones competentes hagan lo que les corresponde. Ahora, tenemos fortalezas en la atención: urgencias 24 horas, cuidados intensivos para niños y adultos, rehabilitación, coordinación con Pediatría para atención a los infantes, intermediación con las ONG para transporte, alimentación, hospedaje y otras labores, para que los pacientes no estén en el Hospital sin un doliente”.
El Hospital Universitario San Vicente de Paúl prepara un proyecto de investigación para mostrar a la comunidad lo que pasa con la discapacidad auditiva de las víctimas de minas, y lograr una guía integral de atención del paciente por los distintos traumas, como de cráneo, ocular, auditivo, amputaciones, para así brindarles mejor atención.
En el departamento que encabeza la fatídica lista de
afectados por las minas, Antioquia, está el Hospital Universitario
San Vicente de Paúl de Medellín como líder de una red de
atención integral a estos pacientes.
Este es un mínimo retrato de los esfuerzos que hace un hospital y una red informal, en uno sólo de los campos de la labor humanitaria contra las minas: la atención integral de sus víctimas. La vida y la muerte siguen corriendo una al lado de la otra como en el circo romano lo hicieran Ben Hur y Mesala en sus cuadrigas. Tres víctimas dejan cada día las minas antipersona y la munición sin explotar abandonada en Colombia. Con excepción de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, en todo el territorio colombiano, un ciudadano puede morir o quedar lesionado por un explosivo puesto en el campo, en la carretera, colgado de un árbol, en una lata de cerveza, en un tubo de PVC, en un cigarrillo o en un tinto, dentro o fuera de combate, cultivando la tierra, pescando, pastoreando el ganado o recogiendo leña, según las actividades mencionadas por las víctimas en reciente encuesta del Observatorio Nacional de Minas. Ahora se sabe que estas armas también las usan los distintos grupos armados ilegales para proteger los cultivos ilícitos; muestra de ello son las muertes y lesiones de militares y civiles vinculados a la erradicación manual de esas plantaciones, lo mismo que las considerables incautaciones y destrucciones de minas a la guerrilla, las autodefensas y al narcotráfico en zonas afectadas por dichos cultivos. Mientras un grupo armado defiende la mina antipersona al decir que: “es el mejor soldado, no descansa, siempre está atenta, dura hasta 10 años, mutila al enemigo, lo ubica, no come y trabaja a toda hora”, la destrucción y neutralización de explosivos por los diversos componentes de la Campaña Colombiana Contra Minas ha salvado este año cerca de 15.000 vidas.
Es necesario que se establezca un registro
unificado de las víctimas y que las minas sean un
evento de notificación obligatoria.
Para el Hospital Universitario San Vicente de Paúl es claro el compromiso en la atención integral de las víctimas de minas, que nunca será un negocio y siempre un deber, que se cumple igual con toda persona sin importar su condición social. Es una lucha para no desfallecer. Como en los versos de Porfirio Barba Jacob, “La muerte sopla su huracán violento / y fulge más la antorcha de la vida”.
Víctimas entre 1990 y 1° de junio de 2006
Total de víctimas: 5.152 en 8.439 incidentes.
Militares: 3.264.
Civiles: 1.854.
De las 1.854 víctimas civiles hay 187 mujeres y 638 niños y niñas.
Actores armados no estatales: 41.
De estatus desconocido: 2
Muertos: 1.236.
Heridos: 3.916. 88% de las víctimas son jóvenes.
Víctimas en el año 2005: 1.110. Muertos: 288. Heridos: 822
92% de los incidentes de minas ocurren en zonas rurales.
El subregistro de víctimas es superior a 20%.
(Fuente: Informe Monitor de Minas Terrestres 2006. Campaña Colombiana Contra Minas)
 
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