MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 99  DICIEMBRE DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Un correo electrónico:
p@ciencia o p@ciente
Ricardo Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal Nueva York, Estados Unidos - elpulso@elhospital.org.co
No hay duda de que la tecnología ha cambiado nuestra forma de percibir, sentir e interactuar con los demás. ¿Cuándo se pensó que el mundo socializaría de una manera virtual, que la pantalla del computador se convertiría en el desahogo de nuestras penas y que al mismo tiempo satisfaría nuestros deseos más profundos para hacer realidad lo imaginable? Las librerías que por tanto tiempo fueron punto de encuentro para la tertulia, el diálogo y la convivencia hoy no son más que bellas instituciones a punto de extinción. ¿Qué decir de los cafés, en los cuales el gran atractivo es que se tenga acceso a Internet y se beban sorbos de rápido conocimiento. El wireless o conexión inalámbrica hace honor a su nombre: con él somos autómatas, el computador ocupa todo el espacio en cada mesa y el navegante o ciberlector omite por completo su espacio de convivencia. El único momento de interrupción de este dúo dinámico es quizás la necesidad de una bebida, una necesidad fisiológica ineludible o una mirada furtiva al vacío.
No caigamos entonces en el error de reemplazar el elemento clave de nuestra profesión, el diálogo cara a cara, por una visión virtual de nuestro paciente.
Ya vemos como hoy cuentas bancarias se manejan desde el computador en casa, pagos se hacen sin necesidad de salir de la misma. ¿Qué tal mercar por una pantalla los productos alimenticios que se ofrecen en el supermercado del barrio, comprar la ropa para el próximo año y el libro que tanto deseamos para las vacaciones?
En cuestión de horas lo que cuenta es tenerlo todo a como dé lugar, y ese “clic” es el que nos ahorrará una eternidad. Las ventajas tecnológicas como sabemos son ilimitadas en cualquier campo, pero el costo es muy alto para aquellos que todavía creemos que nuestros cinco sentidos deben prevalecer en cualquier tipo de interacción humana.
En estos días de fin de año, muchos de nosotros haremos caso omiso al lápiz y papel, pero atenderemos al teclado eficientemente. Podremos saludar y hacerle recordar a los que están lejos que todavía de alguna u otra forma están presentes en ese mismo segundo de espontaneidad.
Doctor E-m@il
Ineludiblemente empezamos a observar en nuestra práctica médica o lugar de trabajo, un actor silencioso y eficiente como lo es el computador, y en donde la comunicación paciente-médico por medio del e-mail se hace realidad. Ya hemos visto -gracias a los adelantos de la ciencia-, cirugías a distancia, intercambio de conocimiento de una región a otra, acceso inmediato a información que antes tomaría meses o años en ser conocida, además de consultas y educación a distancia para el bien de la sociedad. Pero no sólo esto ha traído la tecnología: también ha provocado un cambio en el paciente mismo. Sólo recordemos consultas propias de este siglo XXI, donde nuestro paciente solicita con extensas listas los últimos tratamientos farmacológicos o intervenciones médicas “bajados” de Internet, buscando una respuesta inmediata a sus problemas de salud.
El e-mail será uno de esos tantos elementos de trabajo que el médico no podrá ignorar y quizás muchos colegas ya están haciendo uso de ello. Otros tratamos de entender como mantener este elemento de ayuda como un suplemento más de nuestra práctica, pero no como el reemplazo a nuestra interacción real y no virtual con nuestros pacientes. Con todo esto vienen preguntas claves, tales como el de mantener absoluta privacidad y confidencialidad en ese tipo de comunicación.
Al parecer, esa misma persona
que está al frentedel computador ha
decidido convertirse en paciente “virtual'.
En los Estados Unidos, el campo de la salud empieza a entender de qué se trata toda esta historia. La medicina, muchas veces reacia a ser un actor más del rápido mundo tecnológico, decide observar cual es la tendencia del público. Al parecer, esa misma persona que está al frente del computador ha decidido convertirse en paciente “virtual'. ¿Cómo? Miremos un poco de qué se trata todo esto. Recientemente, la Asociación Médica Americana (AMA, American Medical Association) publicó una guía para manejar este tipo de conexión ciberespacial. En ella se hace énfasis en que el uso del e-mail debe ser con pacientes ya conocidos y para situaciones que no ameriten una urgencia; cada médico a su vez se asegura que las leyes estatales no requieran una licencia especial para el uso de este sistema. Luego se contrata una compañía que asegure la privacidad de esta conexión en la red; el clínico paga una cuota anual a esta empresa y el paciente no tiene ninguna relación de tipo económico con la misma. Así, el paciente suministra datos de su seguro de salud a la compañía que maneja la red para agilizar la atención. Posteriormente el médico llega a un acuerdo de sus honorarios, servicios y medidas que garanticen la privacidad con el paciente antes de iniciar las visitas por correo electrónico. Los términos de esta comunicación pueden ir desde acordar una cita o prescribir un medicamento hasta reportar resultados de laboratorio u otro tipo de información más especializada.
El paciente y su demanda de servicios
Una encuesta del Wall Street Journal Online / Harris Interactive, mostró que de 2.624 adultos encuestados, 77% desearían ser recordados por su médico de una cita o un procedimiento pendiente vía e-mail, 74% quisieran hacer uso de este sistema con su doctor directamente y un 67% quisieran recibir resultados de pruebas clínicas. Mas aún, 62% estuvieron de acuerdo en que el correo electrónico influenciaría su decisión sobre qué médico consultar.
Pero miremos en donde esta el médico en esta historia ciberespacial: de 6.600 colegas encuestados telefónicamente en Estados Unidos por el Centro de Estudios de Cambios en el Sistema de Salud, 24% respondió que utilizan e-mail u otro sistema de la red para comunicarse con sus pacientes. Parte de esta diferencia entre oferta y demanda, como lo llamarían los administradores, está en el costo y la falta de remuneración para con el médico en este tipo de servicio. Para sorpresa de muchos, en estados tales como la Florida y California, varias compañías aseguradoras en salud indicaron recientemente que cubrirán los costos de las consultas en la red. A raíz de este paso, la AMA ha establecido un código especial para este tipo de contacto vía e-mail (CPT-0074T), con el cual el galeno se ve compensado económicamente por su servicio a través del espacio con su paciente.
En esta época de luces, promesas, villancicos y natilla, no nos sorprendamos que en años venideros la influencia de la tecnología toque las puertas de nuestros hogares, hospitales o consultorios colombianos. Como van las cosas, en tan solo una generación muy posiblemente el e-mail sea de todos y no de unos pocos. Ojalá para ese momento sepamos que todo gran avance trae consigo sus ventajas y desventajas. No caigamos entonces en el error de reemplazar el elemento clave de nuestra profesión, el diálogo cara a cara, por una visión virtual de nuestro paciente .
 
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