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La distancia modifica
la percepción de las formas, de los sonidos y de los
acontecimientos. De hecho, una cosa es lo que el resto del
mundo, que está enterado del sistema de seguridad social
colombiano, por supuesto, piensa, y otra lo vivido aquí.
En lo que llevamos, muchos de los temas conocidos por todos
se agudizaron o son recurrentes; es el caso de la crisis hospitalaria,
de la problemática de los medicamentos en cuanto a
calidad y precios, del ejercicio actual de la medicina poco
estimado, mal pagado y alienante, del discreto repunte en
cobertura de vacunación posterior a la vergonzosa crisis,
de la alta mortalidad materna, del aumento de embarazos en
adolescentes, del estancamiento en el desarrollo de saneamiento
básico, de las reformas laborales y pensionales y su
consecuente e innegable desmejora de las condiciones para
los trabajadores, y además de todo lo anterior y de
la incertidumbre que estos hechos despiertan, el aumento inocultable
de la pobreza.
Todo esto es percibido por los observadores, igual que la
decadencia del ISS, maquinada de tiempo atrás desde
la altas esferas de aquí y de allá y orientada
por el interés privatizador, que no sólo por
soterrado es malo, sino también por la indiferencia
y quizás desprecio que conlleva por las acciones de
favorecimiento de las condiciones de vida de muchas personas.
Y este sistema, al que todos los colombianos, tanto creyentes
como incrédulos, escépticos y apasionados, padecientes
y defensores, le hemos puesto tanto sudor y lágrimas
porque al fin y al cabo es el sistema que tenemos, compendió
lo que encontró y pudo resolver, lo que no pudo y lo
que a disgusto generó. Y en ese ambiente se hacen campo
a codazos los profesionales para construir lo necesario para
que por encima de todos los imposibles, se presente, ahí
si todos con orgullo de patria, ante propios y ante el mundo,
los logros interesantes que se obtienen, como en lo tocante
al desarrollo de los programas de trasplantes, incluido el
de células madre, para mencionar uno, lo cual, la verdad
sea dicha, responde exclusivamente al interés y a la
motivación humana y científica de nuestras gentes,
porque por el sistema todo está dado para que no. Es
decir, los logros que se dan en ciencia y tecnología,
en capacitación y desarrollo, en formación,
en acompañamiento, en consuelo y apoyo, no es ni propiciado
ni favorecido por el régimen de seguridad social en
sus once años, como no lo hará en adelante puesto
que ello no está ni en sus premisas ni en sus intereses
y ni siquiera en sus consecuencias evitables. Y esto es así
porque ya sabemos que el sistema está apuntalado en
la creencia de que se logrará la ampliación
de coberturas por la vía de controlar los costos a
ultranza y en el contexto de la compra-venta de los servicios
asistenciales, como se compra y se paga cualquier otro servicio
que no involucre al ser humano, y también porque se
cree a ciegas en la acción redentora y mágica
del mercado y de su promesa de utilidades, porque, ¿para
qué son los mercados?
Y haciendo caso omiso del sentir humano, puesto que eso no
está tabulado y más que ingresos operacionales
puede generar gastos de operación, entonces mejor no,
el modelo colombiano y particularmente el régimen subsidiado
se elogia, a sabiendas que la cobertura universal se quedó
en la promesa.
No obstante lo anterior, y de la cobertura por los alrededores
de la mitad, el modelo sigue manteniendo buena imagen en el
exterior, advirtiendo y aceptando todos, propios y extraños,
que este no es un modelo perfecto sino en construcción
y en depuración.
Entre tanto, la fórmula añorada por el mundo
entero de encontrar un sistema con equilibrio financiero para
sí, con cobertura total como subproducto, y gruesas
utilidades para los operadores, como producto principal, sigue
siendo buscada, como una especie de Dorado del
cual sólo algunos han hallado su pedazo. |
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