MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 89    FEBRERO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

Embarazo en la adolescencia:
parir hijos para reproducir la miseria
Juan Carlos Arboleda Zapata elpulso@elhospital.org.co
La Política de Salud Sexual y Reproductiva planteó en el año 2003 reducir del 19 al 14% el embarazo en la adolescencia, pero la tendencia muestra un incremento sostenido: 17% en 1995, 19% en 2000 y al 2005 la cifra estaba en 21%. Es innegable el interés del Ministerio de la Protección Social por enfrentar la situación efectuando análisis y planteando soluciones, más la falta de resultados confunde a los funcionarios, a la opinión publica y a gran parte de la comunidad. Quizás se esté tratando la calentura en las sábanas y la realidad social del país desborda las acciones del Estado.
Embarazo en la adolescencia no es problema de salud
Es claro para los especialistas que el embarazo no puede considerarse un problema de salud, sino una condición de vida, pero el embarazo en la adolescencia es considerado de riesgo mayor debido a la “posible inmadurez corporal”, aunque ciertos estudios mostrarían lo contrario.
La doctora Gladis Adriana Vélez, miembro del CLAP de la Universidad de Antioquia, señala como en investigaciones en Antioquia en 2004, las adolescentes mostraron una mortalidad materna de 40 por cien mil, menor que la general y que la mortalidad de las mujeres entre 20 y 35 años, lo que estaría en contra de lo dicho regularmente; y aunque aún no se tenían las cifras definitivas para 2005, se notaba cierto incremento pero continuaba por debajo en los indicadores; y el doctor John Jairo Zuleta, también del CLAP, indica como según datos del mismo 2004, en Antioquia la mortalidad perinatal en hijos de adolescentes es inferior a la mortalidad en mujeres mayores, sin que ella pueda explicar; según él, lo que indicaría es que ”el problema del embarazo en la adolescente no se debe asumir desde la salud, desde la muerte o no muerte, sino desde la connotación y repercusión social y emocional que produce el que unas niñas sean madres”.
En donde si aparece un indicador de salud preocupante es en el tema de In-fecciones de Transmisión Sexual (ITS); la doctora Liliana Gallego de la Universidad de Antioquia declara que en un 30% de los casos de sífilis congénita en Antioquia, la madre era de 18 años o menos: “Se está viendo como las embarazadas jóvenes son más vulnerables a adquirir ITS y VIH; de los pacientes a los que se hace diagnóstico de VIH, un 50% son menores de 24 años. Es un problema de los adolescentes que no tienen suficientes cuidados y adquieren VIH u otra ITS”. Estas cifras son ampliadas por el doctor Joaquín Gómez del CLAP, quien indica que en sífilis congénita el promedio de edad de las mujeres reportadas en 2005 en Antioquia es de 22 años, siendo la más joven de 13, mostrando que esta enfermedad de transmisión sexual está afectando a gente joven.
Inicio temprano de la sexualidad
La edad de inicio de la actividad sexual entre los jóvenes colombianos ha disminuido; según el doctor Gabriel Ojeda, Coordinador de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) 2005, cuando se consideran las mujeres de todas las edades el promedio de iniciación de las relaciones sexuales son 18 años, mucho más bajo de lo que era antes, pero cuando se concreta a las adolescentes, se observa como empiezan a los 13, y más del 10% a los 14 años. Para el doctor Ojeda, la causa del incremento en la maternidad temprana se debe a falta de una buena educación sexual: “Se piensa que educación sexual es hablarles de métodos anticonceptivos, pero no; una buena educación sexual comprende análisis de cuándo se está en el mayor riesgo para quedar embarazadas, pero también hablarles de autoestima, del papel que pueden jugar como líderes, de la importancia de tener un plan de vida con objetivos y cómo alcanzarlos”.
La doctora Gloria Estela Penagos, Directora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Antioquia, señala que la situación parte de la desprotección de los adolescentes, descubiertos del sistema de salud al clasificarlos a los 18 años como adultos cuando todavía son estudiantes; y al no tener acceso a educación superior y al empleo se convierten en un grupo descubierto, pero además se viola el derecho al acceso a métodos de planificación: “Ponemos el grito en el cielo cuando se habla de incremento en el número de embarazos en adolescentes, pero, si no les ofrecen el recurso de la planificación, ¿cómo quieren que no haya embarazos en la adolescencia?”
Las embarazadas jóvenes son más vulnerables a adquirir infecciones de transmisión sexual y VIH
La doctora Penagos llama la atención sobre el hecho de que el principio básico de la Política de Salud Sexual y Reproductiva son los derechos, y “por tanto si existe el derecho al ejercicio de la sexualidad, ¿cómo negar que los adolescentes la ejerzan? Los jóvenes tienen derecho al ejercicio de una vida sexual, no solo gratificante sino cuidada, libre de embarazos no deseados e infecciones, y para eso necesitan información, educación, acceso al sistema de salud, y dentro del acceso hablamos del suministro de métodos de planificación. Hay que hacer una evaluación más pertinente y de acuerdo con la realidad”.
Sin embargo, la utilización de métodos de planificación por parte de los adolescentes está atravesada por mitos e ideas preconcebidas que la dificultan; la doctora Marcela Rueda, Coordinadora del Programa de Salud Sexual y Género de Profamilia, indica como según datos de la ENDS 2005, en la población joven el condón se asocia con los imaginarios de ser hombre o mujer: “Cuando le preguntamos a la mujer joven por qué no usa condón o por qué no lo exige a su pareja, la mayoría responden no querer ser calificadas como recorridas; en hombres jóvenes, la mayoría respondió que ser hombre (la masculinidad), está asociado al riesgo, y los hombres ('hombres de verdad') toman riesgos, pero además contestaron que no usaban condón cuando clasifican la mujer como una niña seria”.
Hasta hace dos generaciones, un hijo en la adolescencia no era ninguna curiosidad. Es a partir del marcado descenso en la tasa de fecundidad, que sobresalen los indicadores de embarazos a temprana edad
Para el doctor Juan Guillermo Londoño, Jefe del Departamento de Gineco-Obstetricia de la Universidad de Antioquia, el embarazo en adolescentes es un problema social con algunas implicaciones médicas, y propone analizar experiencias exitosas. “En el Reino Unido las estrategias para reducir el embarazo en adolescentes incluyen educación sexual y para la autoestima, manejo del tiempo libre, conocimiento y acceso a métodos anticonceptivos, y tratar de impactar el segundo embarazo en adolescente; si se trabaja un solo tema, como en Colombia, con sólo estrategias de educación y comunicación, se queda corto. Otro ejemplo exitoso es CORA, en Méjico, que educó a los adolescentes haciendo énfasis en los hombres, convirtiéndolos en pares que retransmitieran mensajes para no generar problemas por la figura de autoridad; esto llevo a que un porcentaje importante de jóvenes utilizaran condón, y se bajara el número de embarazos y de ITS”.
Hilando delgado
Para el doctor Francisco Zuluaga Gil, economista especializado en demografía, “la fecundidad a temprana edad es un fenómeno que viene de muchos años atrás, y hasta hace dos generaciones un hijo en la adolescencia no era ninguna curiosidad; es a partir del marcado descenso en la tasa de fecundidad, que sobresalen los indicadores de embarazos a temprana edad: no es lo mismo tasas de 8 hijos por mujer a tasas de 2, en donde el aporte de la población joven significativo. Hay estratos socioeconómicos en los cuales la fecundidad a temprana edad disminuyó, mientras que en poblaciones de estratos bajos, zonas rurales y bajo nivel educativo, hay una marcada presencia de la fecundidad adolescente (ver ENDS 2005)”.
La experta en demografía, Carmen Elisa Flórez, explica en su libro “Las transformaciones sociodemográficas en Colombia” (pág. 36), como “los descensos en fecundidad ocurren fundamentalmente en mujeres de 25 años y más, llevando a un rejuvenecimiento en la estructura de las tasas de fecundidad por edad, a un cambio en la forma del patrón y a un descenso en la edad media”; antes de que comenzara el descenso en la fecundidad en 1969, el pico máximo estaba entre 25 y 29 años, a partir de allí se reduce y a mitad de los 90's estaba en 20-24 años. “Esto implica que la contribución de las mujeres menores de 25 años a la fecundidad total aumentó. Así, mientras en 1950-65 el 30% de la fecundidad total se formaba antes de los 25 años, en 1990-95, a tal edad ya se ha formado el 45%”.
En investigación coordinada por el doctor Juan Guillermo Londoño, realizada en el barrio Manrique de la comuna nororiental de Medellín en la época de mayor violencia, sicariato y narcotráfico de la ciudad (años 80's), se encontró que 86% de embarazos en adolescentes eran deseados; el doctor Londoño lo explica: ”Había una razón de carácter social: esas niñas querían, ante la desesperanza y falta de futuro, perpetuar su existencia; era lo que llaman “cogerle la pinta” al jefe de la banda o por salir y sacar al núcleo familiar de las condiciones de miseria en que estaba, o incluso para darle seguridad a la familia”.
Si bien el doctor Londoño es cuidadoso al señalar que parte de esas condiciones sociales cambiaron y que por lo tanto los datos no pueden ser aplicados completamente, hay que considerar que los índices de pobreza del país aumentaron a más del 60%, y que los actores armados ilegales cambiaron de nombre pero mantienen su presencia en amplios sectores urbanos y rurales del país, lo que hace pensar que para muchas adolescentes quedar en embarazo continua “dando estatus” y se convierte en una opción de vida válida ante la falta de oportunidades que encuentran en su entorno.
El doctor Londoño concluye: “Hablamos de una situación de salud pública que debe solucionarse con perspectiva demográfica, porque romper con el embarazo en la adolescencia pasa por generar posibilidades reales de terminar la cadena de pobreza del país” .
 
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