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¿Exceso de oferta
de profesionales de salud?
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Buscando
los problemas
donde no están las soluciones
Conrado
Gómez Vélez Especialista en salud pública
y en evaluación social de proyectos. Magíster
en ciencias políticas conradog@aolpremium.com |
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Peor
que los problemas es desconocer su origen y su desenlace. Situación
que no dista mucho de parecerse a la que enfrentan hoy miles
de profesionales y técnicos de la salud, que viendo la
rapidez con la que se deterioran sus condiciones laborales,
no atinan a reconocer la raíz del problema. Y no sólo
eso: ante semejante coyuntura, y por esa misma razón,
ya son dos los lustros haciendo cabildeo en donde no es, o echándole
la culpa a quien no la tiene.
En general, en el sector salud es costumbre responsabilizar
de los cambios laborales a la reforma de seguridad social o
a la Ley 100 que es lo mismo, reclamando soluciones al ministerio
del ramo. Sin embargo, el origen de estos problemas es muy diferente,
pues señalan directamente al sector educativo y a la
explosión de universidades y centros de capacitación
que vienen formando cantidades cada vez mayores de profesionales,
en áreas en las que no existe suficiente demanda de trabajo.
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Según
los datos suministrados por el CENDEX (Pontificia Universidad
Javeriana) y la Universidad de Antioquia, en los últimos
20 años pasamos de 11 a 51 facultades de medicina, veinte
más que en los Estados Unidos. Crecimiento que permitió
triplicar los cupos de matriculados desde hace seis años,
llevándolos de 2.000 a más de 6.000. Este año
cuando estos estudiantes se están graduando, tendremos
cerca de 6.000 nuevos médicos, el triple de egresados
que el año pasado. El efecto de un volumen tan importante
de nuevos profesionales va a comenzar a sentirse y con todo
rigor.
Una cosa que no puede perderse de vista, hablando de empleos,
es que su remuneración y la posibilidad de obtener un
trabajo, están sometidas estrictamente a las leyes de
la oferta y la demanda del mercado. Si la disponibilidad de
recurso humano aumenta o la demanda de trabajadores baja, los
precios (salarios) bajan. Asunto que no es teórico para
nada, sino toda una realidad, mucho más evidente tratándose
de un escenario como el nuestro, en donde la flexibilización
laboral es real y la estabilidad laboral es una especie en vía
de extinción. A lo que sería bueno preguntarse:
¿Qué van a hacer los 4.000 nuevos médicos
sino presionar el precio del trabajo a la baja para poder ubicarse?
Y naturalmente, ¿quién va a contratar un odontólogo
o un médico de dos millones el mes, si con la misma plata
consigue tres de setecientos mil?
Pero no sólo eso. Al aumento de la oferta de profesionales
se suman otros elementos que es necesario tener en mente:
1. La demanda de servicios de salud no va aumentar notablemente
a menos que se reforme a la seguridad social, universalizando
la cobertura. Si la demanda no sube los precios no suben sino
que bajan, porque la oferta de profesionales en cambio si se
ha multiplicado. Este estancamiento de la demanda se debe a
que el gasto en salud en Colombia viene bajando como puede verificarse,
observando que de 10 puntos porcentuales del Producto Interno
Bruto -PIB- en 1999, bajó a menos del 8% el año
pasado.
2. La demanda de algunos profesionales, como los odontólogos
y las enfermeras profesionales, viene reduciéndose porque
pueden ser sustituidos por personal técnico. Otros como
los bacteriólogos(as), están siendo reemplazados
por la tecnología y la automatización. Estas condiciones
en lugar de revertirse se profundizarán, haciendo que
los niveles de desempleo o subempleo de estos profesionales
no sean friccionales (transitorios mientras encuentran el empleador
que los necesita) sino estructurales, es decir, como si el país
ya no los necesitara más.
3. Los costos de los servicios de salud vienen bajando, haciendo
posible ofrecerle más servicios a cada afiliado, a pesar
de que la UPC ha perdido el 6% de su valor adquisitivo en los
últimos cinco años. Adelgazamiento que se observa
en los precios de los servicios como se puede ver revisando
las tarifas de los servicios, que ahora son el ISS menos el
20% e incluso, menos el 40 o 50%, como en el caso de laboratorio.
Pero esa reducción no ha sido a expensas de la tecnología
sino de los profesionales, porque los equipos o los insumos
médico-quirúrgicos están protegidos por
patentes o reflejan su precio en dólares.
4. Ya existen niveles de desempleo alarmantes en algunas áreas,
como rehabilitación que se acerca al 56%, odontología
20%, enfermería 34%, bacteriología 31%. Niveles
que se incrementarán aceleradamente como continúe
la formación de cantidades desproporcionados de nuevos
profesionales, que acabarán subempleados o decepcionados,
dedicándose a otra cosa.
5. Los refugios que se acostumbran, sean convenciones colectivas
o vinculaciones con entidades públicas, bajo la premisa
de que estas entidades no pueden modificar fácilmente
sus costos laborales, ya no sirven para nada. Al contrario:
lo que pasará es que los costos de estas instituciones
serán cada vez más su ruina. Considérese
que para el año 2000 ya se conocía que los hospitales
públicos debían pagar 27 salarios por año
a sus empleados mientras los privados pagaban 20. Brecha que
se agrandará llevando mucho más rápido
a la quiebra a los hospitales públicos, a medida que
los privados contraten cada vez más y más barato
el servicio de los profesionales. Naturalmente la única
opción de estas entidades, si no se modifica el ritmo
actual de crecimiento de oferta de profesionales, será
flexibilizar la nómina y bajar los salarios.
Todos estos hechos deben llamarnos a la reflexión en
varios sentidos. Primero, en entender las fuerzas del mercado
y a actuar donde es, que es frente al sector educativo, buscando
que se planifique adecuadamente el nivel de profesionales que
requiere el país. También se deben cerrar, sin
rodeos, aquellos programas que no cumplan los requisitos óptimos
de calidad. Prioridades que no deben ser solamente de los profesionales,
sino también de las universidades, porque crean o no,
allá también va a llegar la crisis cuando las
gentes se den completa cuenta de estar estudiando una cosa que
no sirve para vivir decentemente, que no le ayuda a la sociedad
y que no sirve ni siquiera para compensar la inversión
que se realizó en tiempo, esfuerzo y dinero.
Ahora que, seguramente, se dirá que no existe ningún
problema porque la verdad es que muchos colombianos carecen
de servicios y que el abaratamiento de los costos lo que va
a hacer es permitirnos dárselos. Al fin y al cabo muchos
requieren los servicios, pero ni ellos ni el Estado pueden pagarlos;
pero si "bajan los costos", la situación se
mejora. Con la misma plata alcanza para más gente, cosa
que en todo caso no ocurre así no más, sino que
es con la pérdida de la calidad en el ejercicio de las
profesiones.
Por todo lo que se ha dicho, es muy importante que los colombianos
pensemos en qué tipo de servicios de salud y qué
profesionales queremos tener. ¿Queremos un servicio masificado
y de mala calidad, de "cargazón"? O, ¿queremos
mantener un nivel científico elevado con salarios dignos
y aunque modestos, capaces para asegurar profesionales bien
formados y competentes, que actúen dentro de los mejores
parámetros éticos?. |

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