MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 70   JULIO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

¿Exceso de oferta de profesionales de salud?

Buscando los problemas
donde no están las soluciones

Conrado Gómez Vélez Especialista en salud pública y en evaluación social de proyectos. Magíster en ciencias políticas conradog@aolpremium.com
Peor que los problemas es desconocer su origen y su desenlace. Situación que no dista mucho de parecerse a la que enfrentan hoy miles de profesionales y técnicos de la salud, que viendo la rapidez con la que se deterioran sus condiciones laborales, no atinan a reconocer la raíz del problema. Y no sólo eso: ante semejante coyuntura, y por esa misma razón, ya son dos los lustros haciendo cabildeo en donde no es, o echándole la culpa a quien no la tiene.
En general, en el sector salud es costumbre responsabilizar de los cambios laborales a la reforma de seguridad social o a la Ley 100 que es lo mismo, reclamando soluciones al ministerio del ramo. Sin embargo, el origen de estos problemas es muy diferente, pues señalan directamente al sector educativo y a la explosión de universidades y centros de capacitación que vienen formando cantidades cada vez mayores de profesionales, en áreas en las que no existe suficiente demanda de trabajo.
Según los datos suministrados por el CENDEX (Pontificia Universidad Javeriana) y la Universidad de Antioquia, en los últimos 20 años pasamos de 11 a 51 facultades de medicina, veinte más que en los Estados Unidos. Crecimiento que permitió triplicar los cupos de matriculados desde hace seis años, llevándolos de 2.000 a más de 6.000. Este año cuando estos estudiantes se están graduando, tendremos cerca de 6.000 nuevos médicos, el triple de egresados que el año pasado. El efecto de un volumen tan importante de nuevos profesionales va a comenzar a sentirse y con todo rigor.
Una cosa que no puede perderse de vista, hablando de empleos, es que su remuneración y la posibilidad de obtener un trabajo, están sometidas estrictamente a las leyes de la oferta y la demanda del mercado. Si la disponibilidad de recurso humano aumenta o la demanda de trabajadores baja, los precios (salarios) bajan. Asunto que no es teórico para nada, sino toda una realidad, mucho más evidente tratándose de un escenario como el nuestro, en donde la flexibilización laboral es real y la estabilidad laboral es una especie en vía de extinción. A lo que sería bueno preguntarse: ¿Qué van a hacer los 4.000 nuevos médicos sino presionar el precio del trabajo a la baja para poder ubicarse? Y naturalmente, ¿quién va a contratar un odontólogo o un médico de dos millones el mes, si con la misma plata consigue tres de setecientos mil?
Pero no sólo eso. Al aumento de la oferta de profesionales se suman otros elementos que es necesario tener en mente:
1. La demanda de servicios de salud no va aumentar notablemente a menos que se reforme a la seguridad social, universalizando la cobertura. Si la demanda no sube los precios no suben sino que bajan, porque la oferta de profesionales en cambio si se ha multiplicado. Este estancamiento de la demanda se debe a que el gasto en salud en Colombia viene bajando como puede verificarse, observando que de 10 puntos porcentuales del Producto Interno Bruto -PIB- en 1999, bajó a menos del 8% el año pasado.
2. La demanda de algunos profesionales, como los odontólogos y las enfermeras profesionales, viene reduciéndose porque pueden ser sustituidos por personal técnico. Otros como los bacteriólogos(as), están siendo reemplazados por la tecnología y la automatización. Estas condiciones en lugar de revertirse se profundizarán, haciendo que los niveles de desempleo o subempleo de estos profesionales no sean friccionales (transitorios mientras encuentran el empleador que los necesita) sino estructurales, es decir, como si el país ya no los necesitara más.
3. Los costos de los servicios de salud vienen bajando, haciendo posible ofrecerle más servicios a cada afiliado, a pesar de que la UPC ha perdido el 6% de su valor adquisitivo en los últimos cinco años. Adelgazamiento que se observa en los precios de los servicios como se puede ver revisando las tarifas de los servicios, que ahora son el ISS menos el 20% e incluso, menos el 40 o 50%, como en el caso de laboratorio. Pero esa reducción no ha sido a expensas de la tecnología sino de los profesionales, porque los equipos o los insumos médico-quirúrgicos están protegidos por patentes o reflejan su precio en dólares.
4. Ya existen niveles de desempleo alarmantes en algunas áreas, como rehabilitación que se acerca al 56%, odontología 20%, enfermería 34%, bacteriología 31%. Niveles que se incrementarán aceleradamente como continúe la formación de cantidades desproporcionados de nuevos profesionales, que acabarán subempleados o decepcionados, dedicándose a otra cosa.
5. Los refugios que se acostumbran, sean convenciones colectivas o vinculaciones con entidades públicas, bajo la premisa de que estas entidades no pueden modificar fácilmente sus costos laborales, ya no sirven para nada. Al contrario: lo que pasará es que los costos de estas instituciones serán cada vez más su ruina. Considérese que para el año 2000 ya se conocía que los hospitales públicos debían pagar 27 salarios por año a sus empleados mientras los privados pagaban 20. Brecha que se agrandará llevando mucho más rápido a la quiebra a los hospitales públicos, a medida que los privados contraten cada vez más y más barato el servicio de los profesionales. Naturalmente la única opción de estas entidades, si no se modifica el ritmo actual de crecimiento de oferta de profesionales, será flexibilizar la nómina y bajar los salarios.
Todos estos hechos deben llamarnos a la reflexión en varios sentidos. Primero, en entender las fuerzas del mercado y a actuar donde es, que es frente al sector educativo, buscando que se planifique adecuadamente el nivel de profesionales que requiere el país. También se deben cerrar, sin rodeos, aquellos programas que no cumplan los requisitos óptimos de calidad. Prioridades que no deben ser solamente de los profesionales, sino también de las universidades, porque crean o no, allá también va a llegar la crisis cuando las gentes se den completa cuenta de estar estudiando una cosa que no sirve para vivir decentemente, que no le ayuda a la sociedad y que no sirve ni siquiera para compensar la inversión que se realizó en tiempo, esfuerzo y dinero.
Ahora que, seguramente, se dirá que no existe ningún problema porque la verdad es que muchos colombianos carecen de servicios y que el abaratamiento de los costos lo que va a hacer es permitirnos dárselos. Al fin y al cabo muchos requieren los servicios, pero ni ellos ni el Estado pueden pagarlos; pero si "bajan los costos", la situación se mejora. Con la misma plata alcanza para más gente, cosa que en todo caso no ocurre así no más, sino que es con la pérdida de la calidad en el ejercicio de las profesiones.
Por todo lo que se ha dicho, es muy importante que los colombianos pensemos en qué tipo de servicios de salud y qué profesionales queremos tener. ¿Queremos un servicio masificado y de mala calidad, de "cargazón"? O, ¿queremos mantener un nivel científico elevado con salarios dignos y aunque modestos, capaces para asegurar profesionales bien formados y competentes, que actúen dentro de los mejores parámetros éticos?.
 
 







 



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