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Letra
y música
para un TLC
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Se está tratando
de hacer creer que lo concerniente al Tratado de Libre Comercio
(TLC) es simple temor a lo desconocido, que los cuestionamientos
que surgen no tienen ningún fundamento porque de él
no hay nada que temer y que las voces que aparecen, lo hacen
más por simple oposición y falta de información
que por razones valederas. Se argumenta que, en salud específicamente,
no existen limitaciones desde hace tiempo para comercio transfronterizo,
entendido como la prestación de servicios, y que no
obstante su existencia, no ha habido un impacto negativo,
pero que si por alguna razón lo hubiere, por ser preexistente
no puede ser imputado al TLC. En cuanto al consumo en el extranjero,
se conocen los miles de casos de pacientes de acá y
de allá que buscan solución a sus problemas
de salud en el otro país, y existen programas formales
que desde las mismas entidades de salud alientan esta posibilidad;
luego, aquí también pudiera decirse que una
desmejora no sería atribuible a tal tratado. Por otra
parte, la inversión extranjera como otro modo de desarrollo
del tratado, tampoco es un invento de él, puesto que
hoy por hoy y en virtud de normas y disposiciones claras existentes,
ella está permitida allá por los de acá
y viceversa; luego tampoco sería nuevo motivo de inquietud.
Sobre investigación, insumos y productos médicos,
biológicos, moléculas y todo lo referente a
propiedad intelectual como otro ítem importante del
tratado, sí hay preocupación. No quiere decir
esto que en los anteriores puntos no se deba hacer lo necesario
para que se realicen ajustes, porque las cosas obviamente
no son tan simples como se esbozan. En todos los aspectos,
el equipo negociador debe ser cuidadoso y sereno. Dada la
trascendencia de este paso, es seguro que actuarán
con absoluta responsabilidad. Sin embargo, es innegable la
preocupación en salud y en todos los sectores. Entonces
con estos argumentos, se quiere hacer pensar que no hay mayor
peligro, que vendrá bonanza y empleo y dinero para
gastar.
La preocupación que se palpa en el sector salud se
deriva de que los profesionales, las clínicas, los
hospitales y los centros médicos ya han sido fuertemente
lastimados en sus legítimos intereses, por propuestas
también aparentemente magníficas, de desbordante
generosidad y pletóricas de promesas. Ya vivimos la
Ley 10 del 90; la tristemente célebre Ley 100 del 93,
que por fin se modificará después de haber dejado
pésimo sabor por su inequidad y su inexorable desarrollo
excluyente; también vivimos ya la posición hegemónica
del ISS en su época con su manual tarifario, que nos
derrotó a todos y su triunfo finalmente fue su propia
condena, pero que sigue haciendo estragos; hemos sufrido también
la posición irresponsable de muchas ARS, no de todas
por fortuna, y la actitud zalamera, despreciativa y egoísta
de muchas EPS; hemos padecido la sordera de cientos de funcionarios
públicos de todos los rangos, que han pasado por encima
del dolor y hasta de la muerte, obtusamente fieles a la Ley
100; y en fin, hemos sido victimas de todos los gravísimos
problemas e inconvenientes que todo el mundo sabe, por el
desarrollo sin cuestionamientos de una ley que se puso por
encima del hombre. El sector salud entonces, sí tiene
por qué estar receloso con lo que se viene. Sí
tiene por qué estar inmensamente preocupado por lo
que se discute, y sí tiene por qué ser desconfiado
de estos procesos, que entrañan con carácter
de exclusividad, intereses económicos.
Todo indica que este tratado habrá que hacerlo; él
parece una vía de un solo sentido y ya las reuniones
que conducen a su firma se están dando. Eso parece
inexorable. Para no entrar en desventaja, el sector salud
requería previamente de ajustes, porque los beneficios
de un tratado para el sector de la salud son otros diferentes
a los mencionados arriba. El sector de la salud necesitaba
previamente un tratado con los propios, con la misma gente
de aquí, un tratado que estableciera quién se
apersona de los pobres y enfermos, que pese a la promesa,
no tienen seguridad social, y que son el 48% de la población.
El sector salud estaba y sigue estando necesitado de que se
respete escrupulosamente el dinero para la asistencia; requiere
que se dé el debido respeto por el juicio médico;
que se eliminen los intereses de mercado que actúan
sin miramientos ante la enfermedad y la desdicha; igualmente
era preciso, antes de todo, que se eliminara el precio que
se le ha puesto a la dignidad del enfermo y a la del médico.
El tratado vendrá y no sabemos que nos traerá;
hoy lo que se diga es una especulación. Pero lo que
sí sabemos es que internamente en salud nos encontrará
débiles, muy débiles, y otra vez seremos vencidos
y sabremos de la desdicha. No es oposición por oposición.
Queremos ver la letra antes de que le pongan la música. |
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