MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 69   JUNIO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

Letra y música
para un TLC

Se está tratando de hacer creer que lo concerniente al Tratado de Libre Comercio (TLC) es simple temor a lo desconocido, que los cuestionamientos que surgen no tienen ningún fundamento porque de él no hay nada que temer y que las voces que aparecen, lo hacen más por simple oposición y falta de información que por razones valederas. Se argumenta que, en salud específicamente, no existen limitaciones desde hace tiempo para comercio transfronterizo, entendido como la prestación de servicios, y que no obstante su existencia, no ha habido un impacto negativo, pero que si por alguna razón lo hubiere, por ser preexistente no puede ser imputado al TLC. En cuanto al consumo en el extranjero, se conocen los miles de casos de pacientes de acá y de allá que buscan solución a sus problemas de salud en el otro país, y existen programas formales que desde las mismas entidades de salud alientan esta posibilidad; luego, aquí también pudiera decirse que una desmejora no sería atribuible a tal tratado. Por otra parte, la inversión extranjera como otro modo de desarrollo del tratado, tampoco es un invento de él, puesto que hoy por hoy y en virtud de normas y disposiciones claras existentes, ella está permitida allá por los de acá y viceversa; luego tampoco sería nuevo motivo de inquietud. Sobre investigación, insumos y productos médicos, biológicos, moléculas y todo lo referente a propiedad intelectual como otro ítem importante del tratado, sí hay preocupación. No quiere decir esto que en los anteriores puntos no se deba hacer lo necesario para que se realicen ajustes, porque las cosas obviamente no son tan simples como se esbozan. En todos los aspectos, el equipo negociador debe ser cuidadoso y sereno. Dada la trascendencia de este paso, es seguro que actuarán con absoluta responsabilidad. Sin embargo, es innegable la preocupación en salud y en todos los sectores. Entonces con estos argumentos, se quiere hacer pensar que no hay mayor peligro, que vendrá bonanza y empleo y dinero para gastar.
La preocupación que se palpa en el sector salud se deriva de que los profesionales, las clínicas, los hospitales y los centros médicos ya han sido fuertemente lastimados en sus legítimos intereses, por propuestas también aparentemente magníficas, de desbordante generosidad y pletóricas de promesas. Ya vivimos la Ley 10 del 90; la tristemente célebre Ley 100 del 93, que por fin se modificará después de haber dejado pésimo sabor por su inequidad y su inexorable desarrollo excluyente; también vivimos ya la posición hegemónica del ISS en su época con su manual tarifario, que nos derrotó a todos y su triunfo finalmente fue su propia condena, pero que sigue haciendo estragos; hemos sufrido también la posición irresponsable de muchas ARS, no de todas por fortuna, y la actitud zalamera, despreciativa y egoísta de muchas EPS; hemos padecido la sordera de cientos de funcionarios públicos de todos los rangos, que han pasado por encima del dolor y hasta de la muerte, obtusamente fieles a la Ley 100; y en fin, hemos sido victimas de todos los gravísimos problemas e inconvenientes que todo el mundo sabe, por el desarrollo sin cuestionamientos de una ley que se puso por encima del hombre. El sector salud entonces, sí tiene por qué estar receloso con lo que se viene. Sí tiene por qué estar inmensamente preocupado por lo que se discute, y sí tiene por qué ser desconfiado de estos procesos, que entrañan con carácter de exclusividad, intereses económicos.
Todo indica que este tratado habrá que hacerlo; él parece una vía de un solo sentido y ya las reuniones que conducen a su firma se están dando. Eso parece inexorable. Para no entrar en desventaja, el sector salud requería previamente de ajustes, porque los beneficios de un tratado para el sector de la salud son otros diferentes a los mencionados arriba. El sector de la salud necesitaba previamente un tratado con los propios, con la misma gente de aquí, un tratado que estableciera quién se apersona de los pobres y enfermos, que pese a la promesa, no tienen seguridad social, y que son el 48% de la población. El sector salud estaba y sigue estando necesitado de que se respete escrupulosamente el dinero para la asistencia; requiere que se dé el debido respeto por el juicio médico; que se eliminen los intereses de mercado que actúan sin miramientos ante la enfermedad y la desdicha; igualmente era preciso, antes de todo, que se eliminara el precio que se le ha puesto a la dignidad del enfermo y a la del médico.
El tratado vendrá y no sabemos que nos traerá; hoy lo que se diga es una especulación. Pero lo que sí sabemos es que internamente en salud nos encontrará débiles, muy débiles, y otra vez seremos vencidos y sabremos de la desdicha. No es oposición por oposición. Queremos ver la letra antes de que le pongan la música.
 




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