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Esta base hizo más
fácil revisar las condiciones del sector productivo
colombiano y prepararse de mejor forma. Así han preparado
una matriz de 350 puntos, mediante una metodología
establecida para el fin, en la que se han priorizado los diferentes
aspectos que deben negociarse y las condiciones en las que
se encuentra el país de cara a ese reto. Por supuesto
los temas de salud están incluidos de forma transversal
en la matriz, identificándose como los más importantes:
propiedad intelectual, comercio transfronterizo e inversión
extranjera, movilización de personas, compras estatales
y acceso a mercados.
Al construir una agenda de negociación, se vio con
claridad que esta tiene dos grandes aspectos: uno primero
por todos conocido, consistente en la preparación de
una estrategia negociadora, el diseño de estudios y
documentos, el levantamiento de marcos de condiciones para
cada uno de los sectores y la realización de la negociación
como tal; el otro aspecto es el desarrollo de lo que se ha
denominado la Agenda Interna, que desde mi punto
de vista es tan o más importante que la negociación
misma, y que consiste en la preparación de los diferentes
sectores productivos y sus empresas de cara a los compromisos
de integración comercial. O sea que a la par que se
hace la negociación, deben desarrollarse mecanismos
que permitan que las empresas colombianas se preparen para
enfrentar los retos, compromisos y oportunidades que ofrece
el Tratado. Esta función es básicamente responsabilidad
de gobierno y de los gremios, que deben guiar al sector productivo
en este caso al sector salud- para que vaya construyendo las
previsiones del caso. En el caso de gobierno, éste
debe establecer además mecanismos para estimular el
desarrollo de las cadenas productivas.
El sector privado y el cuarto
de al lado
Por su parte el sector privado colombiano vine organizándose,
consciente de que un tratado de esta naturaleza tendrá
un impacto mayúsculo sobre la economía del país
y sobre el futuro de los diferentes sectores sean de servicios
o bienes. Como reseñamos en anterior columna, el Consejo
Gremial Nacional lidera el proceso y designó al doctor
Juan Carlos Elorza -gran conocedor de temas de integración
y relaciones comerciales- como el coordinador Ad Hoc para
el TLC por parte del sector privado. En el caso del sector
salud, se conformó una mesa para acompañar este
proceso de negociaciones en la que inicialmente participan
la Academia Nacional de Medicina, ASCOFAME (Asociación
Colombiana de Facultades de Medicina), ACFO (Asociación
Colombiana de Facultades de Odontología), ACOFAEN (Asociación
Colombiana de Facultades de Enfermería), ACSC (Asociación
Colombiana de Sociedades Científicas), FMC (Federación
Médica Colombiana), ACEMI (Asociación de Empresas
de Medicina Integral), el capítulo de Salud de ACOPI,
la Cámara de Comercio de Bogotá, la Asociación
de Empresas Sociales del Estado, ASOCAJAS (Asociación
Colombiana de Cajas de Compensación) y la coordinación
de la Cámara Sectorial de Salud de la ANDI. Faltan
aún importantísimos gremios y representantes
de la comunidad de salud, pero confiamos en su pronta participación,
entendiendo que no se busca unanimismo, sino discutir los
diferentes temas de las negociaciones, evaluar sus posibles
impactos y proponer y alertar al gobierno sobre tópicos
específicos.
Durante la pasada cita de Cartagena, encontramos que tanto
en las delegaciones del sector privado del Perú como
de Ecuador, no existía la conciencia de revisar el
tema de salud y estaban concentrados solo en el tema farmacéutico.
Previo al inicio de la ronda inicial de negociaciones, el
Consejo Gremial colombiano presidido por Luis Carlos Villegas,
convocó a los principales gremios de esos países
y se decidió conjuntamente con ellos, conformar una
Coalición Andina del sector privado; en el caso del
sector salud, se iniciaron los contactos para que se integren
las respectivas mesas de salud, pues sería grave para
los intereses de los andinos, ir con posiciones divergentes
o con importantes diferencias de enfoque frente a los norteamericanos.
Traída de la exitosa experiencia en las negociaciones
de México dentro del NAFTA, se conformó un cuarto
de al lado, que consiste en la disposición de
un grupo de unas 100 personas del sector privado, que han
acompañando y asistirán al grupo de negociadores
en cada ronda del tratado. Este cuarto de al lado,
es obviamente cambiante y se irá modificando en la
medida en que se profundice la negociación o de acuerdo
con el énfasis temático en cada una de las rondas.
El cuarto de al lado pretende acompañar
a gobierno, colaborar en las negociaciones, ayudar en la solución
de temas problemáticos, sentar posición del
sector privado, advertir riesgos, en fin, permitir una negociación
más ajustada a la realidad productiva del país
y a los intereses de los colombianos.
Lo que viene
En esta primera ronda de negociación se revisaron los
temas de la agenda, se definieron cronogramas, se ajustaron
metodologías de trabajo y se conocieron los intereses
que traía cada nación. Igualmente se discutir
de forma amplia los diferentes temas considerados prioritarios.
En el caso de Estados Unidos, como era previsible, y atraían
un borrador de texto para el acuerdo sobre el cual querían
que se iniciara la discusión, cosa que no fue aceptada
por las delegaciones andinas que lograron en cambio, una discusión
más abierta sobre los diferentes temas, al tiempo que
la delegación colombiana preparó un borrador
de texto sobre algunos temas que el texto norteamericano no
incluía.
Se realizarán reuniones de una semana de aquí
hasta febrero del año entrante, haciéndose cada
ronda mensual en un país diferente; la próxima
reunión es en Atlanta a mediados de junio, la siguiente
en Lima, luego en Chicago y posteriormente en Quito, reiniciando
otra vez el ciclo. Se viene entonces un arduo trabajo, tanto
para gobierno que debe preparar y realizar extenuantes jornadas
para las rondas de negociación y propiciar el terreno
para el éxito de la misma, para los gremios que deben
levantar cuidadosas agendas de trabajo y documentos de posición,
y para el sector privado que debe desarrollar ajustes organizacionales
y estratégicos para encontrar su mejor posición.
Finalmente, la sociedad civil debe hacerse partícipe
activa del tema, señalando peligros que una negociación
de este talante encierra, proponiendo alternativas que crea
convenientes y aportando al debate bajo las premisas de un
Estado social de derecho.
Las condiciones del TLC no van a ser seguramente iguales para
Colombia, Ecuador y Perú. En buena parte de la negociación,
estos tres países tendrán una posición
unificada y lograrán un acuerdo común, pero
es previsible que en algunos aspectos -denominados como sensibles-
no existan acuerdos entre los andinos o incluso existan posiciones
contrapuestas, caso en el cual cada país tratará
de lograr un acuerdo específico e independiente en
ese punto en particular. Esta situación última
es la menos deseable y deben hacerse los esfuerzos del caso
para lograr consenso antes de llegar a negociaciones de exclusivo
carácter bilateral. Una vez acordado el texto final
del Tratado de Libre Comercio por los equipos negociadores
y sea debidamente autorizado por cada uno de los gobiernos,
cada país deberá presentarlo ante sus respectivos
Congresos, quienes lo aprobarán o improbarán
según sea el caso.
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