EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 81 JUNIO DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

Así no hay dinero
que alcance

El nuevo Sisbén, que por estos días se está adelantando, con seguridad va a dejar ver asuntos muy interesantes y va a resolver situaciones muy conocidas, que hasta el mismo gobierno advirtió y aceptó, y en buena hora se esfuerza en corregir.
Lo primero que veremos es que los pobres son más, y que además son más pobres. Exceptuando a Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, se estima en 19'120.000 las personas de los niveles 1 y 2, cuando en el primer Sisbén se tenían cuantificadas en total 17'413.019 personas. Esto puede no ser un descubrimiento, pues todos, aunque no tuviéramos en mente la cifra exacta, ya lo sabíamos; pero es importante constatarlo, pues ello nos permite ganar conciencia en la problemática tan delicada que tenemos, tanto desde el punto de vista humano y en primer lugar, como también frente al mejor estar de la gente y al desarrollo del país en general.
Si bien en general los subsidios no resuelven el problema de base de la población, esto es cierto, sí son una manera de redistribuir, pero sobre todo, son una vía para brindar oportunidades de acceso a los servicios, particularmente de salud, oportunidad que en otras condiciones, es decir dejando que todo trascurra, la gente no tendría.
En esta temática, los colombianos debemos aceptarlo: el país adelantó sustancialmente, no obstante que hayan sido ciertos todos los problemas presentados con el Sisbén, como la manipulación, las deficiencias en la captura de información, las debilidades en el índice Sisbén para discriminar pobreza; en fin, han sido muchos los problemas, unos imputables al instrumento, pero los más graves, sin duda alguna, son atribuibles a la corrupción en todos los niveles y en todos sus pasos. Total: habría que diseñar y aplicar un instrumento que fuera genial, para que no pudiera ser violado por la mente perversa de quienes sólo piensan en sí mismos, sin importarles el daño que hacen a todos, al país entero. Como obviamente esto es imposible, es preciso endurecer las medidas de represión, y los castigos por fraude deben ser ejemplares.
¿Por qué? Las razones son claras, pero se hacen más contundentes cuando se tiene información a la mano. Las cifras, en dinero contante y sonante, que se conocen de desviación de los subsidios, son aterradoras. Aquí también hay sorpresas, como en el caso del número de pobres. Se estima que de $24,2 billones que otorga el gobierno para subsidios en educación, salud y vivienda, aproximadamente la mitad se le reparte al 40% de la población del país que posee mayores recursos. Así no hay dinero que alcance.
Son miles las personas, las familias y las comunidades que sufren las consecuencias del mal manejo y del abuso del Sisbén, y somos todos los ciudadanos que contribuimos los que estamos siendo asaltados. Y de otro lado, son muchos también los que han sufrido las consecuencias de un instrumento que en realidad requería ajustes con carácter de urgencia.

 




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