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El nuevo Sisbén, que por estos días se está
adelantando, con seguridad va a dejar ver asuntos muy interesantes
y va a resolver situaciones muy conocidas, que hasta el
mismo gobierno advirtió y aceptó, y en buena
hora se esfuerza en corregir.
Lo primero que veremos es que los pobres son más,
y que además son más pobres. Exceptuando a
Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, se
estima en 19'120.000 las personas de los niveles 1 y 2,
cuando en el primer Sisbén se tenían cuantificadas
en total 17'413.019 personas. Esto puede no ser un descubrimiento,
pues todos, aunque no tuviéramos en mente la cifra
exacta, ya lo sabíamos; pero es importante constatarlo,
pues ello nos permite ganar conciencia en la problemática
tan delicada que tenemos, tanto desde el punto de vista
humano y en primer lugar, como también frente al
mejor estar de la gente y al desarrollo del país
en general.
Si bien en general los subsidios no resuelven el problema
de base de la población, esto es cierto, sí
son una manera de redistribuir, pero sobre todo, son una
vía para brindar oportunidades de acceso a los servicios,
particularmente de salud, oportunidad que en otras condiciones,
es decir dejando que todo trascurra, la gente no tendría.
En esta temática, los colombianos debemos aceptarlo:
el país adelantó sustancialmente, no obstante
que hayan sido ciertos todos los problemas presentados con
el Sisbén, como la manipulación, las deficiencias
en la captura de información, las debilidades en
el índice Sisbén para discriminar pobreza;
en fin, han sido muchos los problemas, unos imputables al
instrumento, pero los más graves, sin duda alguna,
son atribuibles a la corrupción en todos los niveles
y en todos sus pasos. Total: habría que diseñar
y aplicar un instrumento que fuera genial, para que no pudiera
ser violado por la mente perversa de quienes sólo
piensan en sí mismos, sin importarles el daño
que hacen a todos, al país entero. Como obviamente
esto es imposible, es preciso endurecer las medidas de represión,
y los castigos por fraude deben ser ejemplares.
¿Por qué? Las razones son claras, pero se
hacen más contundentes cuando se tiene información
a la mano. Las cifras, en dinero contante y sonante, que
se conocen de desviación de los subsidios, son aterradoras.
Aquí también hay sorpresas, como en el caso
del número de pobres. Se estima que de $24,2 billones
que otorga el gobierno para subsidios en educación,
salud y vivienda, aproximadamente la mitad se le reparte
al 40% de la población del país que posee
mayores recursos. Así no hay dinero que alcance.
Son miles las personas, las familias y las comunidades que
sufren las consecuencias del mal manejo y del abuso del
Sisbén, y somos todos los ciudadanos que contribuimos
los que estamos siendo asaltados. Y de otro lado, son muchos
también los que han sufrido las consecuencias de
un instrumento que en realidad requería ajustes con
carácter de urgencia.
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